Después del golpe de 1976, se intimó a la señora a que renuncie y viva una placentera vida en España. La señora Perón respondió: “no renuncio aunque me maten”. Fue la primer jefe de estado que ante un golpe no presentó su renuncia…
Por esa valiente actitud la señora presidente fue 6 años secuestrada, sometida a todo tipo de vejaciones.
¿Cómo mantener presa a la presidente sin causa? Re trayendo a colación el tema del cheque presidencial. Pero el problema era que la señora ya había sido sobreseída.
Entonces era necesario inventar que los jueces que la absolvieron acudieron en prevaricato. La condena de quienes habrían prevaricado para salvar la responsabilidad de la ex presidente era absolutamente indispensable para que el quebrantamiento de la cosa juzgada tuviera sostén jurídico, desde que el fraude procesal invocado para anular el sobreseimiento dictado por el juez Nocetti Fasolino, consistía precisamente en el prevaricato imputado.
La aberración jurídica era que a la presidente la tenían presa mientras no se demostraba el prevaricato de los jueces… lo que era un mamarracho… la tenían presa: “por las dudas”. Primero debía demostrarse el prevaricato de los jueces por lógica lo que recién ahí haría cosa juzgada en el tema del cheque.
En fin… volviendo a lo que decía… ahora resulta ser que “la Cámpora” está organizando el operativo retorno de Firmenich… causa extrañeza la desigualdad jurídica que hay en este país… si la señora Perón pisara suelo argentino, inmediatamente quedaría detenida…
Este tipo por su parte llegaría con honores. Creo que tendrían que ser honores militares porque mejor servicio de la marina no pudo haber sido. Yo no me las agarro del todo con los que irían a recibirlo… después de todo son tan usados como los usaron en la década del ’70 para matarlos a todos. Ahora, un error cometido una vez es un error. Un error cometido dos veces es una equivocación… y hay mucho equivocado dando vuelta…
Por su parte, volviendo a Videla , que éste no se venga a hacer el católico que redentor del país y mucho menos el restaurador de las leyess… lo mismo hizo Lonardi… después sus acólitos dijeron que la culpa no era de ellos, sino que fue de quienes lo rodeaban: Massera al primeramente enunciado, Rojas al segundo…. Pero si Lonardi puso a Prebisch como primer acto político de gobierno, y el segundo puso a Martínez de Hoz, no nos vengan con que fueron engañados con “diferencias tácticas”….
Y casualmente el poder que defendía Ber Gelbard mientras fue ministro y lobbie, era el mismo poder que defendieron luego los militares después de 1976… los extremos se juntan… digo esto, porque no fue muy secreto que cierta vez el ejército captura al inglés John Bishop trayendo armas desde Inglaterra para la subversión… y no le dijeron ni “pío”. Inglaterra solamente se “disculpó”.
Después, se atrapa a agentes del Mossad con el mismo fin en córdoba… y otra vez, Harguindeguy los deja escapar del país…
Por último en este imán de extremos, Alfonsín deja escapar a Horacio Paino.
Derechas, Izquierdas… una mano que lavó la otra… y las dos que lavaron la cara…
Tenemos para ver por ejemplo la actitud cómplice del Partido Comunista con los golpista de 1976, como lo fueron con el de 1955…. Una prueba al canto es el artículo publicado por la revista “Acción” del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (MOVILIZADOR DE LOS FONDOS DEL PC - HOY "PARTIDO SOLIDARIO"-), donde en pleno Proceso de Recolonización Nacional dicen que Videla y Viola eran “progresistas”. El partido comunista cobraba el 3 % del valor de los embarque de granos que hacia Martínez de Hoz exportando cereal a Rusia…
Otra prueba es lo que dijo el Partido Comunista inmediatamente acaecido el golpe de estado.
LA PRENSA
Sabado 27 de marzo de 1976
Diario de la mañana. fundado por José C paz 18 octubre 1819
Director desde 1896 a 1943 Ezequiel P Paz
Clausurado y confiscado el 16 de enero 1951
reenició sus edicciones el 3 de febrero de 1956
Director, Alberto Gainza Paz
Orden, seguridad, confianza
En dos horas, sin el asomo de una sola falla, al cabo de una operación impecable, precisa, sin estridencias vanas y sin disparar un solo tiro, las Fuerzas Armadas de la Constitución pusieron término al desempeño ilegítimo del gobierno instaurado el 25 de mayo de 1973. Lo hicieron para salvar - como dice la proclama dada a conocer en la madrugada del día 24 - "un tremendo vacío de poder" y tras de "serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la adoptada". El documento inicial de la revolución reviste el significado de una cabeza de proceso, no menos que el carácter de una exposición de los móviles fundamentales que lo inspiran, cuando puntualiza las "reiteradas y sucesivas contradicciones" del gobierno depuesto, la "falta de una estrategia global", la "carencia de soluciones", el "incremento permanente de todos los extremismos", la "ausencia total de ejemplos éticos y morales", la "manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía", al "agotamiento del aparato productivo", la "especulación y la corrupción generalizadas".
Estas líneas de fuerza de la proclama revolucionaria constituyen la base de un "trascendental compromiso" para "terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo", rechazar "la acción discordante de todos los extremismos", y "el efecto corruptor de cualquier demagogia", ciñendo su acción a "pautas determinadas" entre otras, "el orden, el trabajo" y la "observancia plena de los principios éticos y morales", al servicio de una finalidad manifiesta, esto es, "erradicar definitivamente los vicios que afectan al país", y "combatir la delincuencia subversiva, abierta o encubierta".
Por su carácter afirmativo, algunos enunciados principistas de la proclama parecen inspirarse en las promesas liminares de la Constitución, cuando en su preámbulo formula el propósito de "Constituir la unión Nacional"; "Afianzar la Justicia", "consolidar la paz interior", "proveer a la defensa común", "promover el bienestar general" y "asegurar los beneficios de la libertad". Esa identificación de lenguaje aparece corroborada por la unidad de pensamiento que se advierte en otros documentos de la Junta Militar, caracterizados por la mesura de sus términos, la claridad de sus conceptos, la brevedad de sus juicios, la ausencia. de toda altisonancia. Apreciándolos en su conjunto, se advierte que nada ha quedado librado a la inspiración del momento, por más alta o feliz que fuese. La improvisación, la mera frase, el párrafo sonoro, la vanilocuencia no han tenido cabida en estos documentos.
Hay además aceptación plena, dictada seguramente por una convicción profunda, de las mejores tradiciones cívicas e institucionales. del país, sin que una sola expresión o término proyecte la menor duda en contrario. No se han invocado dogmas, ni ideologías ni recurrido a difusos trascendentalismos. Solo la idea de patria aparece como el común denominador de una ciudadanía ávida de reparaciones salvadoras, como la suprema invocación, destinada a que todos concurran a la realización de una "tarea ardua y urgente", emprendida con el "absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo".
Ese documento, pues, por los males que condena, las ideas que consagra, los fines que proclama y los métodos que preconiza, está destinado a presidir y guiar una acción histórica de incalculables proyecciones. Es un documento programa, necesariamente global, insertado en la tradición viva de nuestras instituciones republicanas y democráticas. Necesitará ser desarrollado y ejecutado con vigor de pensamiento y energía de conducta, sin desmayos ni vacilaciones, ceñido en todos sus aspectos y detalles a los rumbos fundamentales que surgen del texto. La jerarquía y la competencia de sus futuros colaboradores podrán coronar equilibradamente esa calidad del poder que acaba de instaurarse.
La revolución del 24 de marzo no sólo ha puesto fin a una época de ignominia y a un régimen corrupto y corruptor, sino que ha abierto el cauce por el cual podrá ir derramándose un nuevo modo del comportamiento colectivo. Basta recorrer la ciudad, terciar en la conversación del grupo callejero, prestar oídos a la tertulia del café, de la sobremesa, anotar los comentarios en el ámbito del trabajo o de la familia, para percibir en todos una sensación de alivio, un aflojamiento de la tensión psíquica un despertar de la pesadilla en que fue envolviendo todo, aun a los propios usufructuarios del régimen abatido; la prolongación de una situación de insostenible defensa. Simple, repetida, estremecida a veces, la queja era común: "¡Esto no puede seguir!"
Ahora se necesita orden, ese orden que sólo es fecundo cuando nace como una manifestación de la propia conducta y precede a los hechos. Ese orden, así concebido y puesto en práctica, hará bien al país después del desvarío desatado por el gobierno iniciado en mayo de 1973 y tras el frenesí verbal que asomó a los actos de la gestión oficial. Hay que restar espacio al fanatismo, a la adhesión servil, al rito adulatorio. Hay que elevar la condición del ciudadano y mejorar no sólo el nivel de vida sino también la dignidad de vida.
La revolución del 24 de marzo ha comenzado por prometer seguridad al que trabaja, estímulo al que produce, garantías a la existencia individual y colectiva. Se ha propuesto desterrar los miedos. La delincuencia y la subversión ya no habrán de deslizarse a través de las fisuras cómplices del mundo oficial.
Los primeros pasos, actos y palabras de la Junta Militar han generado confianza. No es poco. El comienzo es alentador. Su andar cauteloso y sin embargo firme, la mesura de su lenguaje, no exento de energía, la claridad de sus objetivos y el sereno vigor - la democracia no es un profeta desarmado- con que ha iniciado su marcha, abren un ancho pórtico de expectativas y anhelos que expresan el deseo profundo de un pueblo ansioso de vivir en paz, al amparo de la idoneidad y del derecho.
LA NACION
Fundada por Bartolomé Mitre el 4 de Enero de 1870
"LA NACION será una tribuna de doctrina", (Núm.1, Año1)
En la madrugada de ayer concluyó el desmoronamiento de un gobierno cuya única fortaleza consistía, en Ios últimos seis meses, en el empeño que para sostenerlo pusieron quienes no compartían sus propósitos. Nunca hubo en la Argentina un gobierno más sostenido por sus opositores. Tal paradoja se produjo porque donde las autoridades ahora sustituidas sólo vieron el botín de un vencedor electoral, la totalidad deI país vio la posibilidad de una consolidación institucional. Ayer, también, se clausuró un proceso político que, como tal, se abrió en 1971, y no es menos evidente que se ha cerrado una época signada a Io Iargo de casi tres décadas por Ia presencia activa de Perón , primero, y después por los hechos y situaciones que tuvieron una relación de causalidad inmediata con Ia presidencia por él dejada vacante.
Este final inexorable había sido presentido por vastos sectores de la opinión pública. En Ias últimas semanas tal presentimiento era una convicción reafirmada a diario por síntomas de la más diversa naturaleza.
Hubo, ciertamente, insensibilidad y obcecación en quien asumió en 1974 la presidencia de la República, así como la hubo en el grupo que guió su pasos con desprecio del renunciamiento que en su momento pudo haber salvado el proceso hacia Ia unánimemente deseada consolidación institucional.
Eran tan hondos los deseos de alcanzar ese objetivo, que la Nación entera pudo haber absorbido aquella carga negativa de la insensibilidad y la obcecación, si no fuera porque ella se acrecentó con un intolerable lastre de corrupción, despilfarro, incompetencia e inseguridad colectiva a través de un '"contraproceso institucional" que incluye a todo el gobierno peronista a partir de mayo de 1973.
Cada vez más, el gobierno justicialista se abandonó a sus propias obsesiones. La más absurda de éstas fue la conversión de la República en una suerte de monarquía en la cual la viuda de un caudillo pretendió que el poder fuese un bien casi computable en el juicio sucesorio. Esta ambición femenina, propia de la reyecía del siglo XVIII, fue alentada por un "pequeño grupo de amigos" puestos actuar como un núcleo empresario de las emociones populares atribuidas aI eco del apellido convocante. Así sobrevinieron las reyertas intestinas entre la depositaria del nombre y los que pretendían ser beneficiarios de una nebulosa herencia política. Primero se fragmentó el Frente oficialista en el cual el peronismo apadrinó a aliados de poco vigor numérico. Luego se escindió el peronismo. Más tarde se produjo un cisma parlamentario que privó al gobierno de su mayoría en la Cámara joven, no obstante lo cual el Parlamento diluyó sus propias posibilidades creativas. En último término el sector gremial - única, franja donde subsistía un vestigio de organización - cayó en la ficción que desconectó a los dirigentes de la realidad popular. De tal modo, sólo quedó la fachada del edificio gubernamental. Es lo que acaba de caer. Nada de Io que rodeaba al gobierno conservó poder de convocatoria...
Pero al sector gremial le cabe una gran responsabilidad. El fue el creador del principio de la "verticalidad" a ultranza. Suponía que a través de la verticaIidad iba a deslizarse suavemente hasta las manos de los discutidos jefes sindicales Ia llave de las decisiones principales. Mientras especulaban con el "paso atrás" que aguardaban de la entonces titular del Poder Ejecutivo, se sucedían Ios cambios de ministerios, se destruía el aparato productivo de la RepúbIica, la indisciplina social crecía como una maleza parásita y la crisis económica asumía caracteres catastróficos.
La crisis ha culminado. No hay sorpresa en Ia Nación ante la caída de un gobierno que estaba muerto mucho antes de su eliminación por vía de un cambio como el que se ha operado. En lugar de aquella sorpresa hay una enorme expectación. Todos sabemos que se necesitan pIanes sólidos para facilitar la rehabilitación material y moral de una comunidad herida por demasiados fracasos y dominada por un escepticismo contaminante. Precisamente por la magnitud de la tarea por emprender, la primera condición es que se afiance en Ias Fuerzas Armadas la cohesión con la cual han actuado hasta aquí. Hay un país que tiene valiosas reservas de confianza, pero también hay un terrorismo que acecha.
LA OPINIÓN (27/3, tapa)
Director: Jacobo Timerman
Reflexión
Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores - aun dentro del ex oficialismo-, agradecen aI Gobierno Militar el haber puesto fin a un vasto caos que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que también le agradecen la sobriedad con que actúan.
De una etapa de delirio, donde torpes y vanas figuras gritaban sus amenazas a voz en cuello, vivían en el desplante y Ia impunidad, o daban Iecciones de moralidad exhibiendo sus encendedores o sus corbatas, la Argentina se abrió en pocos minutos a una etapa de serenidad de la cosa pública.
Porque las nuevas autoridades demuestran un pudor, un recato tan beneficioso para ellos como para su relación con Ios gobernados. No han añadido títulos pomposos y huecos al nombre de su Gobierno, ni lemas rimbombantes a sus objetivos; no hacen rendir culto a su personalidad ni se halagan con la propaganda. Y no se prestarán a ser incluidos en esa especie de álbum familiar deI Poder que el semanario Gente ha dedicado a los altos funcionarios de todos los regímenes.
Pero no solamente los periodistas opinaban. También opinó la "intelliguentsia". Y como para muestra basta un botón, vayan aquí algunos de los pensamientos que tuvo Ernesto Sábato en la ocasión:
ENESTO SÁBATO
*** Mayo De 1976. "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvo al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país", dijo Jorge Luis Borges, y los periodistas de Casa de Gobierno se sonrieron: ya tenían un titulo para sus notas.
** El miércoles 19, Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y Leonardo Castellani almorzaron durante más de dos horas con el general Jorge Videla y con el general José Villarreal, secretario general de la Presidencia.
** Todos pasaron al comedor privado. "El desarrollo de la cultura es fundamental para el desarrollo de una Nación", dijo Videla varias veces, y los demás asentían. A la derecha del presidente estaba el padre Castellani. A la izquierda, Ernesto Sábato. Enfrente Borges. Y a sus lados Ratti y el general Villarreal.
** Videla , dijeron después los escritores, se dedicó a escuchar y les repitió varias veces que para él era un honor compartir esa mesa con tan importantes personajes.
** Dijo a la salida a la prensa Ernesto Sábato: "Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica y tampoco caímos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados:
** Siguió diciendo Ernesto Sábato: "Fue una larga travesía por la problemática cultural del país. Se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de una necesaria renovación de su cultura".
** Después le preguntaron su opinión sobre Videla : "-El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresiono la amplitud de criterio y la cultura del presidente".
** En 1978, Sábato explicaría su posición en un articulo de la revista alemana Geo: "La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos", dijo, para explicar el golpe de marzo.
** Y, mas adelante dijo: "Desgraciadamente ocurrió que el desorden general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque entre tanto, los crímenes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los extremistas de izquierda habían llevado a cabo los mas infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes".
** Y, para concluir dijo Ernesto Sábato: "Sin duda alguna, en los últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control".
DOCUEMENTO ANEXO I:
El “Somatén”
(Tomado de la obra no publicada, "No Jodan con Perón ", que Gentilmente nos enviara el Dr. Juan Gabriel Labaké, ex diputado 1973-1976, preso político tras el golpe de estado y ex abogado defensor y representante en Argentina de Doña María Estela de Perón ).
La historia del Somatén es por demás pintoresca y constituye una prueba notoria de la capacidad ilimitada para inventar leyendas negras que tiene el amplio y bien publicitado sector “peronofóbico” (en buen romance, gorila). También es una muestra palmaria de que los extremos se juntan, se necesitan, se justifican mutuamente, se aman y se ayudan. Dicha historia (tentado estoy de llamarla historieta) del Somatén fue inventada por el “izquierdista” Bonasso, y usada para sus frívolos escritos por el “derechista” Yofre. Una mano lava la otra, y las dos tratan de ensuciar la cara de Perón .
Según el enemigo acérrimo de Perón señor Bonasso (pág.436), Gloria Bidegain visitó al General, junto con su padre Oscar, mientras éste era gobernador de la Provincia de Buenos Aires. En la charla de los Bidegain con Perón estuvieron presentes López Rega y su hija Norma, y “algunos extraños que Gloria no conocía”. Según el ex dirigente montonero:
“Perón se volvió hacia don Oscar (Bidegain) y dijo algo extraño, que la jovencita (se refiere a Gloria Bidegain) tardaría años en descifrar:
‘Lo que hace falta en la Argentina es un Somatén’”.
Luego Bonasso “fabula” en versión libre al expresar que:
“Mucho después, la hija de Bidegain creyó recordar que el Somatén había sido un cuerpo represivo no oficial, probablemente creado por Franco que había actuado después de la caída de la República Española. En realidad el Somatén es una institución armada de Cataluña que se remonta al siglo XI, fue reflotada en 1876 por el brigadier Joaquín Mola, y cobró un nuevo impulso en 1923, cuando el general Miguel Primo de Rivera, padre del creador de la falange, encabezó un golpe de estado”.
Y para rematar su fábula maliciosa, Bonasso saca la antojadiza conclusión que le conviene para enlodar a Perón :
“La sombra de aquella charla se extendería sobre los cadáveres que la Alianza Anticomunista Argentina sembraría en los bosques de Ezeiza, alimentando una sospecha que Gloria no podría confesarse nunca: la idea de la Triple A no había nacido en la cabeza de López Rega, sino en la del propio Perón”.
No hay que ser muy perspicaz para descubrir el truco de Bonasso, empeñado, como buen montonero resentido con el General, en denigrarlo y manchar su figura. Obsérvese que:
1.- Gloria era casi una adolescente: tenía apenas 20 años y nada sabía de política, tal como el propio Bonasso lo informa poco antes de la parrafada transcripta.
2.- La propuesta de crear un Somatén que, por lo visto, es la “proto Triple A”, la formula Perón nada menos que a Bidegain… uno de los dirigentes “de superficie” de los montoneros.
3.- La jovencita Gloria retuvo en su memoria el nombre Somatén durante años (“tardó años en descifrar”, dice Bonasso), lo cual para una muchacha de esa edad e inexperta en política resulta bastante extraño, salvo que se tenga una memoria más que privilegiada.
4.- La jovencita Gloria “creyó recordar (es decir, nada seguro) que el Somatén había sido un cuerpo represivo no oficial, probablemente (tampoco seguro) creado por Franco”. De modo que la memoria privilegiada de Gloria, que pudo retener durante años esa palabreja, no alcanza sin embargo para recordar si el Somatén era un cuerpo represivo y si lo había creado el dictador Franco. Pero el objetivo del calumniador de Perón estaba logrado: con esa frase ambigua deja la sospecha de que Perón se refería a la futura Triple A, y la llamaba crípticamente Somatén.
5.- La malicia y el odio con que Bonasso escribe esta historia tiene su punto de mayor gravedad en esa frase final…”La sombra de aquella charla se extendería sobre los cadáveres…” Ahora resulta que la matanza de Ezeiza fue producto del crimen de uno solo de los bandos, y no una carnicería mutua. Y, para colmo de la leyenda, ese bando criminal era… la Triple A, por lo cual, el 20 de junio de 1973 cometió su primer horrendo crimen una organización que, según el propio montonero Bonasso, nació en diciembre del mismo año (es decir, seis meses después).
El turno de la farándula.
Juan Bautista “Tata” Yofre es un viejo conocido nuestro. El ex presidente Menem, apenas asumió, lo designó como jefe de los espías argentinos, es decir de la SIDE.
Con el poco serio historial que tiene la SIDE, no debería extrañarnos que el presidente Menem haya designado para dirigirla al señor Yofre.
Una vez terminado su ciclo de espía secreto (no tan secreto), Yofre fue designado, siempre por Menem, como embajador en Panamá, y luego en Portugal, para culminar su periplo menemista como asesor presidencial. Recién en 1998 dejó la función pública menemista y regresó a la actividad privada. De modo que Yofre vivió del favor de Menem, y al parecer con mucho gusto, durante nueve años. Y en ese prolongado lapso jamás se le escuchó o se leyó una palabra suya de oposición a las barbaridades que se estaban cometiendo, ni de denuncia sobre la corrupción galopante que reinaba. Recién hoy surgen sus inquietudes “moralistas” tan sugestivas.
Veamos.
Las notas de Ámbito Financiero
En dichas notas, y como buen extremo de un lado, Yofre se abraza al extremo del otro lado y parte, para redactar su fantasía, de las “enseñanzas” de un historiador tan poco serio como Miguel Bonasso. Para ello transcribe, como si fuera la Biblia, el párrafo íntegro del ex montonero:
“Perón se volvió hacia don Oscar (Bidegain) y dijo algo extraño… ‘Lo que hace falta en la Argentina es un Somatén’”… “La sombra de aquella charla se extendería sobre los cadáveres… la Triple A no había nacido en la cabeza de López Rega, sino en la del propio Perón”.
El “Tata”, a continuación, le enmienda la plana a su maestro: en lugar de colocar el origen del Somatén en el siglo XI, se muestra un poco más modesto en historia y jura que la idea fue del teniente general Alejandro Agustín Lanusse, quién, siempre según Yofre, “la lanzó en presencia del general Alberto Samuel Cáceres, jefe de la Policía Federal. El diálogo, dice el “Tata”, fue presenciado por tres testigos:
“Lanusse: ¿No habrá llegado el momento de formar grupos reducidos para la lucha argentina contra el terrorismo? Ir al terreno que ellos (los terroristas) nos plantean.
“Cáceres: Mi General, si eso se hace, al día siguiente no controlo a esa gente. No lo aconsejo.
“Lanusse dejó pasar unos segundos y finalmente aceptó el consejo: Haga de cuenta que no dije nada. Délo por olvidado”.
Yofre no nos dice quiénes fueron los testigos. Y, como los protagonistas de ese diálogo ya no existen, nos quedaremos con las ganas de saber si fue real o sólo se trata de un invento más o de un “chimento” que le hicieron llegar los servicios de Inteligencia Militar.
El “Tata” cita a continuación al periodista y editorialista frecuente del diario La Nación Marcelo Larraquy (“Fuimos soldados”, Ed. Aguilar, Buenos Aires, 2004) quien, según Yofre,
“En su biografía sobre López Rega, relató que la obsesión de Perón era liquidar al Ejército Revolucionario del Pueblo-ERP, y que ‘en diciembre de 1973 le había propuesto a (Rodolfo) Galimberti conducir un grupo de represión ilegal contra la guerrilla marxista’”.
En este caso, el alumno Larraquy, discípulo del alumno Yofre, le mató el punto al maestro de ambos, Bonasso, en cuanto a la envergadura del invento transcripto. Hasta el propio Yofre estima prudente despegarse de su alumno Larraquy y reconoce que:
“El dato parece confuso…porque para ese diciembre de 1973…Galimberti estaba replegado sobre las extrañas de la ‘orga’ Montoneros (en la Columna Norte), como consecuencia de su traspié al anunciar la formación de ‘milicias populares’ en abril de ese año, provocando la furia del propio Perón”.
De todos modos, Yofre se olvida de que, en diciembre de 1973, Galimberti estaba “replegado” no sólo por su disparatada propuesta de las milicias populares, sino porque Montoneros como tal ya había enfrentado abiertamente a Perón al asesinar dos meses antes a Rucci. Es que, para Yofre, la Triple A cometió crímenes bastante antes de nacer, y Montoneros seguía al lado de Perón después de haberse separado de él. Cosas de la fantasía del “Tata”, que resuelve de un plumazo dos imposibles metafísicos: que algo exista antes de existir, y que siga existiendo después de haber dejado de existir.
Pero, como entre bueyes no hay cornadas, el maestro Yofre, defensor de los militares “procesistas”, trata de salvar la ropa de su alumno Larraquy, y concluye:
“De todas maneras, hay que tener en cuenta que Larraquy escribió una extensa biografía de Galimberti y de allí que haya podido escuchar una confidencia del propio dirigente montonero”.
En definitiva, Larraquy asegura, y a Yofre le parece posible al menos, que Perón , en el colmo de la estupidez humana, en diciembre de 1973 (insisto, dos meses después del asesinato de Rucci por Montoneros, y también dos meses después de la declaración pública de la dupla Montoneros-FAR sobre su ideología marxista) le haya encargado al dirigente montonero Rodolfo Galimberti “la represión ilegal de la guerrilla marxista”. O Perón estaba loco, que no lo estaba con toda seguridad, o estos dos “historiadores” han llegado mucho más lejos que su maestro Bonasso.
Es de destacar que Yofre basa buena parte de su relato también en un trabajo de Carlos Manuel Acuña, quien fuera un destacado periodista del diario “La Prensa” en la época en que sus propietarios pertenecían a la familia Gainza Paz, destacados y ancestrales antiperonistas de siempre. Es Acuña quién más insiste en el famoso “Somatén”. Está todo dicho.
El “Documento Reservado”
Siempre según el “Tata”:
“El Acta Fundacional de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) es del 1º de octubre de 1973, seis días más tarde del asesinato de José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT, durante una reunión que presidió el propio General Perón como presidente electo de la Nación, y la presencia de Raúl Lastiri (presidente interino); los ministros del Interior, Benito LLambí y de Bienestar Social José López Rega; el Senador Nacional y Secretario General del PJ, José Martiarena; y los gobernadores, sin excluir a los cinco que estaban enrolados en la tendencia revolucionaria, y los vicegobernadores”.
En esa reunión se habría leído:
“un Documento Reservado que fijaba directivas para terminar con el ‘entrismo’ de la izquierda”.
A esta altura de mi relato, es bueno aclarar que efectivamente Perón (a simple título de jefe del Movimiento, pues aún no era presidente), alrededor de esa época efectivamente dio directivas internas al Movimiento para evitar la acción disolvente de los montoneros, que pretendían copar el peronismo… en nombre de Perón , e imponiéndole una ideología extraña y reemplazando la conducción del General por la de Firmenich, según he demostrado en los capítulos anteriores. Insisto, las directivas las dio Perón en persona, o en todo caso como jefe del Movimiento, y para uso de sus dirigentes, de modo que ni era una orden oficial ni, mucho menos, la orden era matar. Para mayor ilustración de mis lectores, al final de este capítulo transcribo en forma íntegra el tal documento, titulado muy claramente INSTRUCCIONES DEL COMANDO SUPERIOR AL MOVIMIENTO JUSTICIALISTA. Con un simple cotejo de su texto, se puede inferir la malicia de Bonasso, Yofre y Larraquy.
La trampa de Yofre consiste en no aclarar con precisión que eran directivas internas y tergiversar las palabras de Perón , para hacer creer que la orden era asesinar montoneros. Insisto, lo mejor para desenmascarar al “Tata” es analizar el famoso Documento atribuido a Perón , y la interpretación que este fabulador hace caprichosamente. Yofre asegura que la interpretación que él usa se la solicitó a un oficial retirado del Ejército, “especialista en cuestiones de inteligencia y estrategia”, pero no nos da su nombre. Ésa es una muy original forma de hacer historia, sin citar la fuente o reservándose el nombre de ella. Y tal prueba, en un personaje como el “Tata”, o resulta totalmente increíble o hay que atribuirla, una vez más, a “carne podrida” entregada “generosamente” a Yofre por algún servicio de Inteligencia Militar, de los cuales este “historiador” parece sugestivamente muy amigo. Aún así, veamos lo que dice el “especialista” consultado por Yofre:
a) Donde el Documento (de muy dudosa existencia) afirma,
“…la agresión de los grupos marxistas-terroristas en forma sistemática importa una guerra desencadenada contra nuestra organización y dirigentes… y tilda a los montoneros de enemigos…
el “especialista” asegura que debe interpretarse que Perón está ya justificando su matanza.
b) Donde el Documento dice,
“Ese estado de guerra… no puede ser eludido y nos obliga… a atacar al enemigo en todos sus frentes y con la mayor decisión…”
el “especialista” decide interpretar que Perón está preparando el terreno para justificar la matanza de montoneros.
c) Donde el supuesto Documento anuncia que,
“Se organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha”,
el “especialista” dice que el General está creando “estructuras de Inteligencia paralelas a las institucionales del país”.
Pero se olvida que Perón no habla como presidente, ni trata de formar una SIDE privada, sino que dispone que en su Movimiento se haga la lógica y necesaria inteligencia sobre el movimiento de agentes provocadores. Si el “especialista” es realmente especialista en estos temas, sabrá mejor que todos nosotros que en cualquier organización (política, sindical, empresarial, deportiva, social, barrial) sus directivos tienen la obligación de averiguar si hay provocadores para evitar el daño que podrían ocasionar. Si la comisión directiva de un equipo de fútbol no investiga (es decir, no hace “inteligencia”) a los “barrabrava” que perturban el desarrollo de los partidos, está faltando a su deber.
d) Donde recomienda,
“Utilizar todos los medios que se consideren eficientes en cada lugar y oportunidad…”
el “especialista” deduce que Perón está hablando de matarlos…
e) Donde el Documento ordena,
“Los compañeros peronistas en los gobiernos nacional, provincial o municipales deberán participar en la lucha, haciendo actuar a todos los elementos de que dispone el Estado para impedir los planes del enemigo y para reprimirlo con todo rigor”,
el “especialista” interpreta que: “Eso puede ser considerado como un antecedente documental de los decretos que dos años más tarde involucraron a las FF.AA. en la lucha contra el terrorismo”.
He ahí un original y nada tímido intento de justificar las matanzas de la dictadura militar: ¡los procesistas, según el “especialista” de Yofre, habrían matado y torturado porque Perón se los ordenó ya en octubre de 1973…!
Obsérvese que el supuesto Documento indica a “los compañeros peronistas” que “hagan actuar a todos los elementos de que dispone el Estado”, y El estado, lo sepan o no Yofre y el “especialista”, sólo disponía de elementos que estaban dentro de la ley, porque nuestro Estado era un Estado de Derecho, y no una dictadura o gobierno “de facto” como el que al parecer defienden ambos “seudos”: historiador y especialista.
Pero lo más arbitrario y desopilante es lo que viene: el ”especialista” ignoto, sin otras pruebas o indicios que las antojadizas interpretaciones citadas, saca la siguiente “Conclusión general” (que el “Tata” acepta con gusto) :
“En ese marco, las Tres A constituyeron el instrumento paralelo del gobierno peronista que se resistió a ser trasvasado ideológicamente y a ceder el espacio de poder disputado y ganado en las urnas. Constituyó una respuesta oficial, apreciada como necesaria, aun en la forma, a los grupos terroristas que enfrentaban el gobierno y la sociedad.
Y la remata “dignamente”:
“Este documento analizado podría ser definido como la ‘partida de nacimiento’ de la Triple A., oficializado directamente por el General Perón con la aprobación de los máximos dirigentes del movimiento”.
Lo que antecede es de una insondable mala fe. Nunca las Tres A fueron “el instrumento paralelo del gobierno peronista”, sino que, fueron creadas, dirigidas y operadas por los futuros golpistas genocidas, comandados ya por el general Videla , en ese entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto. Un ministro, López Rega, les prestó cobertura política, haciendo las veces de “perejil”, aunque con una terrible culpabilidad personal. Y cuando Isabel fue informada en forma fehaciente y creíble para ella de que López Rega andaba en esas “aventuras”, suscribió su separación del Gabinete. De ahí, a decir que “la Triple A fue instrumento del gobierno peronista”, hay un abismo que este pintoresco seudo historiador y su sedicente “especialista” rellenan con bastante malicia.
Además, afirmar que ese supuesto Documento fue la “partida de nacimiento de la Triple A, oficializado directamente por el general Perón” es una calumnia y un dislate que escapan a todo parámetro de salud mental, según he demostrado al rebatir cada afirmación del “especialista” y del “historiador”.
El testimonio de un protagonista
Es interesante destacar que el propio Perdía reconoce la verdad sobre el supuesto Somatén. En la pág. 200 de su libro afirma:
“Antes de asumir, el 1º de octubre, en una reunión con los gobernadores, Perón , Lastiri y el ministro del Interior -Benito LLambí- formularon durísimas críticas a nuestro accionar. Hacia la opinión pública trataban de asemejarnos e identificarnos con el ERP, y hacia adentro –movimiento y gobierno- decidieron cerrarnos todas las puertas y procurar nuestro aislamiento.
“Era la respuesta de Perón a un hecho que había conmovido a toda la sociedad. El 25 de setiembre, 48 horas después de la victoria electoral de Perón , José Ignacio Rucci –secretario general de la CGT- fue muerto, a la salida de una casa… la mayor parte de las miradas apuntaron hacia nosotros…”
A pesar de que Perdía dice no conocer a los autores de ese asesinato, al cual él llama sólo “muerte”, está demostrado (hasta Bonasso lo reconoce) que fueron ellos mismos, los montoneros, quienes “le cortaron las patas” a Perón con el atentado contra Rucci, su mano derecha en el campo sindical.
Al margen de eso, lo que interesa ahora es comprobar que Perdía, al referirse a la reunión del 1º de octubre (la del fantasmal “Somatén”), afirma que sus participantes trataban, hacia la opinión pública, de asemejar los montoneros con el ERP, y hacia adentro, de cerrarles todas las puertas y aislarlos (objetivos totalmente razonables, dados los ataques de Montoneros a Perón y al peronismo). Nada dice el ex número dos de Montoneros, en cambio, sobre la fantasiosa aseveración de Bonasso, Yofre y Larraquy (hoy repetida por Hugo Gambini y cuanto “historiador” peronofóbico existe) de que ese día y en esa reunión Perón haya ordenado matar a todos los montoneros, es decir al propio Perdía y a sus amigos. Ello constituye una verdadera confesión de parte (en este caso, de la supuesta víctima, que libera de toda culpa a los acusados de ser sus victimarios), y es una prueba más de cómo y cuánto se miente cuando se trata de enlodar al peronismo y a sus dirigentes auténticos y leales.
Cuando la Justicia hace trampas
Nadie se opone a que los jueces argentinos investiguen con libertad total. Al contrario, el criterio de justicia que todos llevamos impreso en nuestro ser, y el legítimo reclamo de los deudos de que se descubra quiénes fueron los culpables y se los castigue condignamente, exigen que la investigación de los actos terroristas siga adelante hasta el final. Lo que sí tenemos derecho a pretender, y vamos a reclamar su cumplimiento siempre, es que se investiguen todos los crímenes terroristas, especialmente los cometidos durante nuestro gobierno constitucional, y no sólo los de un sector, y que no se aproveche la investigación para manosear prejuiciosa y calumniosamente la imagen de personas que han sido moralmente intachables, como Perón e Isabel. No negamos sus eventuales errores políticos (que, por otra parte, siempre fueron menos y menores que los que conocimos después), sino que ratificamos su inocencia en aquellos horribles crímenes de los cuales, en realidad, ellos fueron víctimas y no victimarios. Errores pudo haber como los hay en toda actividad humana, ya que eran seres humanos y no ángeles del Cielo, pero delitos, no. Eso es lo que surge de la realidad histórica, cuando ella es vista y analizada sin prejuicios dictados por el odio, el rencor o los intereses inconfesables, y cuando la Justicia investiga y juzga con ambos ojos vendados.
Miente, miente, que algo queda
Los peronistas ya tenemos larga y triste experiencia de cómo sus enemigos tratan de enlodar a Perón con calumnias groseras. Al poco tiempo, como siempre sucede, la verdad prevalece y la maniobra vil queda al descubierto, pero los “peronofóbicos”, debido a que dominan la prensa nacional (y sus socios mayores del extranjero, dominan la internacional), dan amplia publicidad a la calumnia, mientras que apenas si mencionan en la página 19 ó 27 y con letra minúscula la verdad descubierta posteriormente.
En 1955, la CIA norteamericana preparó un informe tan “verídico” como el de las armas de destrucción masiva de Irak y el de las “células dormidas” de nuestra Triple Frontera. En ese informe, el gobierno norteamericano trataba de demostrar la cuadratura del círculo: que Perón había sido un agente nazi y que había traicionado a su propio país. El brulote fue usado como uno de los pretextos para derrocar al General ese año. Un radical gorila, el diputado nacional Silvano Santander, pagado por la CIA, puso su firma a ese cuento y así se editó un libro llamado “Técnica de una traición”. Dos años después, Arturo Jauretche publicó su libro “Los profetas del odio”, en el cual demostró en forma irrebatible que el libelo firmado por Santander no era de Santander sino de la CIA, y que se trataba de una mentira completa y grotesca. Sucedió lo de siempre: el libro de Santander gozó de una publicidad descomunal, y la desmentida de Jauretche no fue publicada ni en un periódico de barrio.
Para la misma época tuvimos otro ejemplo de esta canallesca forma de calumniar. La dictadura de Aramburu y Rojas promovió juicio penal contra Perón por los gravísimos y socialmente descalificantes delitos de violación y perversión de menores. Se lo acusó de haber mantenido relaciones sexuales con una menor llamada Nelly Rivas. Se lo condenó y, tanto el proceso como su final, tuvieron la imaginable publicidad. Con el tiempo, y una vez que regresó la libertad de expresión a la Argentina, la propia Nelly Rivas y su familia desmintieron las acusaciones. Pero, tales desmentidas no se publicaron, y ya sabemos que lo que no se publica “no existe”.
Con la actual campaña de calumnia contra Perón e Isabel sucederá otro tanto: las calumnias han gozado del favor de toda la prensa nacional y extranjera. Cuando el Estado Nacional, ante el abismo del papelón mundial que podemos pasar, “cajonee” los expedientes judiciales abiertos por dos jueces irresponsables y funcionales, nadie lo publicará. Y si el gobierno continúa con su aventura de solicitar la captura internacional de Isabel y de extraditarla, cuando España niegue la extradición, como lo hará con toda seguridad, tendremos que revisar minuciosamente cada diario para encontrar esa noticia.
Esa es la técnica de la difamación y de la calumnia, que comenzó a usar la CIA (y antes aún, Spruille Braden) contra Perón en 1955.
Los absurdos del señor “Tata” Yofre
El señor Yofre, aventajado discípulo del señor Bonasso, comete algunas incongruencias tan groseras que no puedo pasar por alto.
1.- Trata de hacernos creer que Perón , siendo general de la Nación, destacado estratega e historiador militar, reconocido como un hábil político con treinta años de experiencia en esa materia, cometió la chiquilinada (más parecida a una estupidez) de difundir un “Documento Reservado” (mejor dicho, reservadísimo, ultra-secreto y más que confidencial y comprometedor, según el propio Yofre) en una reunión multitudinaria: la plana mayor del PJ y del Movimiento, y todos los gobernadores y vice gobernadores.
2.- Pero el más truculento de los absurdos de Yofre, como ya expresé, no es la multitud ante la cual él dice que se leyó el Documento, sino que jura que en esa muchedumbre estaban los cinco gobernadores que respondían de una u otra manera a Montoneros… a los cuales se ordenaba asesinar.
3.- Remarco que, según este seudo historiador, el Documento Reservado es del 01-10-73, (“La Opinión” lo publicó al día siguiente). Pero resulta que Perón , de acuerdo a lo que he demostrado con citas de autores intachables en este caso, entre octubre de ese año y su muerte ofreció más de una vez a los Montoneros reincorporarse al Movimiento y darles generosos espacios políticos. ¿Cómo se compagina ese ogro que pinta el “Tata”, con el Perón real, el casi paternal que invita a los hijos pródigos a volver al hogar común, incluso luego de que éstos insultaron a su propia esposa?
¡Si todas las acusaciones contra Perón son como las de Bonasso, Yofre y la del “especialista”…!
Una perla muy sugestiva
En la época en que Perón lidiaba con la ley en la mano para reprimir a los subversivos terroristas sólo con la policía, los amigos, defensores, protectores y, aun, cómplices de la dictadura militar, alentaban ya los métodos que pronto usaría la Triple A. A ellos, por rara casualidad y muy extrañamente (mejor dicho, con total coherencia), nunca nadie les ha iniciado juicio penal alguno, ni ninguna organización extranjera o local de derechos humanos ha reclamado que se los juzgue y condene.
Al respecto, veamos lo que llegó a escribir quien fuera unos años después ministro de Economía del Proceso, y uno de los hombres más promovidos por la prensa “seria” nativa y extrajera. Me refiero al Dr. Roberto Alemann, el cual en su diario “Argentinisches Tageblat” (escrito en idioma alemán), editorializaba poco antes de morir Perón :
"...se llega a la conclusión de que el Gobierno podría acelerar y facilitar ampliamente su victoria actuando contra las cabezas visibles (de la subversión), de ser posible al amparo de la noche y la niebla y calladamente, sin echar las campanas al vuelo. Si Firmenich, Quieto, Ortega Peña entre otros, desaparecieran de la superficie de la tierra, ello sería un golpe fortísimo para los terroristas. Las guerrillas tendrían que buscarse nuevos líderes y sería mucho más difícil encontrar gente para cubrir esos puestos, si todo aquél que actuase pública y políticamente como dirigente de la izquierda armada supiese que automáticamente firma su propia sentencia de muerte. Si Perón se dejase aconsejar por sus vecinos, (¿Pinochet?) estos seguramente le darían el consejo de obrar así. Pero, evidentemente, Perón ve las cosas de otro modo"..
Respuesta de un PERONISTA PURO a un KIRCHNERISTA PURO y VERDADERO y COMPLETO NAC & POP, el ADELANTADO y ESCLARECIDO PIONERO del PROCESO A"K"TUAL: JORGE RAFAEL VIDELA .