HOLIS TARINGUEROS!
Este es mi PRIMER POST, y va teledirigido a toda aquella teleaudiencia simpatizante de la Historia Americana (de ésa que no te hablan mucho en el cole, y que seguro te suena al miriñaque, la mazamorra caliente que quema los dientes, y otras yerbas).
En esta primera entrega les alcanzo este excelente material del Período Colonial, en los aspectos concernientes a la implementación del sistema socio-económico español en América.
Está dividido en cinco apartados subrayados y señalados con viñetas (y resumido y adaptado lo más posible para que no se saturen y me salgan con lo de las pirañas, pero recuerden que al hablar de hechos históricos, resumir en demasía es un error).
Y quisiera destacar que este humilde aporte a la cultura, la enseñanza, la sapiencia y otros tejes, es un mini homenaje a mi ex profesor de Americana 1 del Instituto Joaquín V. González:
Daniel Omar De Lucía
Espero que lo encuentren interesante y lo disfruten!


SOCIEDAD Y ESTADO EN IBEROAMERICA
El Orden Colonial Consolidado
El sistema económico de Indias: minería y circuitos comerciales
Los españoles organizaron la economía de su inmenso imperio americano en función de los intereses de la metrópoli. Sus dominios más importantes eran Nueva España y Perú de donde provenía la riqueza minera que sostenía el imperio, financiaba las guerras europeas de los reyes, y permitía comprar todas las cosas que España no producía.
El gran centro andino de la minería fue Potosí en el Altiplano donde en 1545 se descubrió oro. Más al norte, en la sierra peruana, el principal yacimiento de mercurio era Huancavelica, componente vital para la amalgama de oro y plata. En mesoamérica los grandes centros mineros eran Zacatecas y San Luis Potosí.
Según las leyes de Indias las minas y demás riquezas subterráneas eran propiedad de la Corona, que le entregaba concesiones a particulares (Azogueros), los cuales tenían derecho a explotarlo pagando el quinto real o canon perteneciente a la Corona, equivalente al 20% de las ganancias.
La mano de obra de las minas estaba constituida por indios sometidos a distintas formas de prestaciones. El “repartimiento” en Nueva España y la “mita” en los Andes conformaban un sistema de prestaciones rotativas a las que estaban obligadas las comunidades indígenas de las provincias cercanas a los centros mineros.
Este sistema aceleró el proceso de desarticulación de algunas comunidades al provocar la muerte de muchos hombres sometidos a las duras condiciones de trabajo en la mina y fomentando la dispersión de los mitayos que huían de sus obligaciones, o que no regresaban a sus comunidades una vez terminado su turno.
En los Andes, hasta después de terminado el período colonial, el sistema de “mita” continuó proveyendo el grueso de la mano de obra.
La riqueza minera y todos los productos que los españoles importaban de América convergían en dos puntos que concentraban todo el comercio de Indias con la metrópoli, éstos eran Veracruz, que concentraba todo el tráfico de Nueva España y Centroamérica, y Porto Belo (actual Panamá) que concentraba todo el tráfico de América del Sur, hasta que a comienzos del siglo XVIII fue suplantado en esa función por Cartagena de Indias (Colombia). De la misma forma, del otro lado del océano, la ciudad de Sevilla y luego la de Cádiz concentraban todo el comercio de Indias con destino a España. Este sistema garantizaba la llegada del oro y la plata a Europa. En zonas alejadas del imperio, o donde la actividad languidecía, se autorizaba (o toleraba) algún tipo de comercio con España sin pasar por los dos únicos puertos autorizados. Como tal es el caso del puerto de Buenos Aires que desde fines del siglo XVI hasta 1622 estuvo autorizado a vender cueros y comprar esclavos.
A partir del siglo XVIII el centro de la economía se desplazó de los ejes mineros hacia las zonas con economías primarias exportadoras que producían cultivos u otras materias primas requeridas por la metrópoli (cacao en Venezuela, azúcar en las Antillas, añil y colorantes en Centroamérica, cuero en el Río de la Plata, etc.)
Esta política atlántica fue completada por la reforma del sistema de puertos del rey Carlos III (Auto de Libre Internación de 1778) donde autorizaba a varios puertos de la península y de Indias a comerciar entre sí, terminando con el sistema de dos únicos puertos en América (Veracruz y Porto-Belo/ Cartagena de Indias) y el puerto único en España (Sevilla-Cádiz).
La sociedad colonial
La complejidad de las relaciones sociales desbordó el esquema original basado en la oposición entre República de españoles/República de indios. Los esquemas heredados del medioevo - que dividían a la sociedad en castas, órdenes y status múltiples- fueron los ordenadores con que las autoridades coloniales intentaron encuadrar un cúmulo de procesos y situaciones entre conquistados y conquistadores.
A la hora de intentar clasificar la sociedad colonial nos encontramos con una mezcla de situaciones entre los procesos de producción, el origen racial y el status heredado dentro de cada grupo étnico.
Y nos encontramos con:
a) Españoles
b) Criollos
c) Castas
d) Nobleza indígena
e) Indios del común
f) Esclavos
a) Españoles:
Los nacidos en la península gozaban de una serie de privilegios de tipo legal y del monopolio de algunos espacios corporativos, y predominaban en determinados nichos económicos por sobre los criollos blancos sin mezcla de sangre.
Este predominio era más marcado en las altas esferas eclesiásticas y en buena parte de la oficialidad del ejército.
b) Criollos:
Los descendientes de españoles sin mezcla de sangre eran el grueso de la elite económica y social en Indias, de la misma manera en que estaban en desventaja con los españoles ante la ocupación de posiciones en la burocracia, el clero, el ejército, y algunas actividades económicas específicas. No obstante, eran privilegiados en el sistema de tenenencia de tierras, no estaban sometidos al pago de tributos y prestaciones (que sí pesaban sobre los indios), no podían ser sometidos a tormentos, podían portar armas, eran el grupo dominante en el comercio mayorista y del menudeo en muchas ciudades.
Durante los siglos XVII y XVIII llegaron a ocupar espacios importantes y asì defender sus intereses. En general, los municipios o cabildos fueron un espacio de poder para la oligarquía criolla descendiente de los primeros pobladores.
c) Castas:
Los nacidos entre cruces de blancos, indios y negros (mestizaje) eran un mundo complejo y heterogéneo, donde existía una verdadera tabla de categorías.
Aquellas castas donde la presencia de sangre blanca y el fenotipo racial indio o africano no era visible, tenían mayor posibilidad de ir borrando su pasado con el tiempo.
La legislación española les impuso una fuerte barrera en la posibilidad de ascenso social, aunque nunca fue una frontera del todo infranqueable. Tenían fuerte presencia en profesiones de cierto prestigio al que no podían acceder indios y negros puros (mayordomos, cirujanos, sastres, empleados de municipios, pintores).
En el mundo rural, no estaban sometidos a tributaciones y cargas como los indios. Fueron campesinos arrendatarios, aparceros y peones temporales. Y en las minas, conformaron el grueso de la mano de obra libre temporaria.
d) Nobleza indígena:
Los linajes con una posición predominante fueron reconocidos en sus privilegios por las leyes de Indias, dado que eran los garantes del cumplimiento de las prestaciones indígenas, de la fidelidad a la Corona y para que los misioneros pudieran llevar a cabo su misión. A cambio, los caciques, curacas o indios principales constituían una casta dentro del mundo colonial, estaban exentos de tributar con trabajo y continuaban gozando de las prestaciones que los indios de su clan le debían antes del período prehispánico.
También, bajo esta elite, se ubicaba un sector medio cuyo poder político y económico tenían un marco local. Eran caciques o curacas de pequeños pueblos de indios que usufructuando las prestaciones brindadas por éstos lograban convertirse en pequeños hacendados o comerciantes.
e) Indios del común:
El grueso de los indios del común formaba la masa campesina que explotaba la tierra y estaban obligados a pagar tributos especiales a la Corona o particulares.
En las zonas más densamente pobladas de Nueva España y los Andes, la mayoría de las comunidades estaban encomendadas a españoles e incluidas en las obligaciones de la mita y el repartimiento.
Desde los principios de la conquista hubo indios desarraigados a sus comunidades y sometidos a servidumbre personal en las haciendas españolas. Eran los “yanaconas” andinos, y eran tomados como prisioneros de guerra o descendientes de sirvientes prehispánicos.
Nota:
Desde los principios de la conquista la Corona prohibió convertir a los indios en esclavos, tal como ocurrió con los negros africanos. Sin embargo había excepciones: se podía esclavizar a los indios Caribes, que eran antropófagos, a las tribus pertinazmente insumisas como los Araucanos del sur de Chile (mapuches), e indios cautivos comprados a tribus que los habían tomado como prisioneros durante guerras étnicas.
f) Esclavos:
Los esclavos negros eran africanos cautivos de guerra y vendidos como tales por los traficantes o negreros para ser usados como mano de obra en América, principalmente en las plantaciones de las zonas tropicales.
Trabajaban bajo coerción en una tierra ajena de la que no sacaban ningún beneficio, eran alimentados con el excedente de lo producido en la plantación, y una propiedad del amo que lo compraba. Podía ser vendido y castigado físicamente. Desde el punto de vista social, el esclavo era un ser desprovisto de todo derecho. Su condición se heredaba, incluso si era hijo de un ex esclavo y actual hombre libre. El estigma de la ascendencia afro era más difícil de borrar que el de ascendencia india.
La situación de los esclavos rurales era más dura aún que las de los esclavos urbanos.
En las ciudades los que eran diestros en oficios manuales solían ser alquilados por sus amos en talleres o comercios (esclavitud rentista). De este modo podían trabajar por su cuenta y así juntar dinero para comprar su libertad. Los amos solían liberarlos si pagaban la suma y si promediaban los cuarenta años, ya que el tiempo de aprovechamiento de su fuerza de trabajo estaba terminando.
También existía una minoría de esclavos domésticos (mayordomos, choferes, niñeras, etc.) que conformaban una minoría privilegiada.
Tipología de los conflictos sociales en la Hispanoamérica colonial
Los conflictos sociales eran muchos y muy variados, y cada región tenía sus conflictos específicos que reflejaban los equilibrios y tensiones producto de su propia estructura económica y social.
En las zonas de predominio de las relaciones esclavistas los conflictos típicos eran el “cimarronaje” (huida de esclavos de las plantaciones y posterior adaptación a una vida de fugitivos en zonas selváticas o montañosas) y la revuelta violenta.
En las zonas de predominio de campesinado indígena o mestizo, las características del conflicto eran más complejas. En Nueva España y los Andes las comunidades luchaban contra los hacendados que ocupaban sus tierras, se rebelaban contra encomenderos y corregidores, y en ocasiones contra representantes de la Corona cuando la presión tributaria contra ellos aumentaba.
La resistencia y huida ante la mita y el repartimiento fueron un conflicto recurrente en las áreas mineras. En San Luis de Potosí (Nueva España) y en la ciudad de homónima de Potosí del Altiplano, los trabajadores temporarios mestizos realizaron distintos tipos de motines y desórdenes en los siglos XVII y XVIII.
Algunas ciudades indianas también conocieron motines de hambre de la plebe multirracial. Tal fue el caso en 1692 cuando la ciudad de México atravesaba una hambruna rural y fue invadida por una masa de indios, mestizos y mulatos que asaltaron los graneros estatales.
Las zonas de predominio de campesinado español o criollo también tuvo sus conflictos: levantamientos anti-fiscales contra monopolios públicos y privados que pesaban sobre los agricultores, y por conflictos de intereses con hacendados y otros grupos más poderosos.
Las instituciones del imperio español en América
Una vez consolidado el orden colonial se terminaron de definir las líneas generales de lo que será el aparato estatal en América. Estaban divididas en instituciones con sede en España y con sede en América.
Sede en España:
• Casa de Contratación:
La primera institución desde la metrópoli en ser creada para el gobierno de Indias
fue la Casa de Contratación establecida en Castilla en 1503.
Su función era la de organizar las comunicaciones y transportes de la Corona y de los particulares entre Europa e Indias, además de la recaudación de tributos y rentas que le correspondían a la Corona por este tráfico. También era el tribunal donde se apelaban los pleitos comerciales con jurisdicción en Indias.
• Consejo de Indias:
En las primeras décadas posteriores al descubrimiento este organismo fue ganando importancia por sobre la Casa de Contratación. Su primer origen se remonta a 1495, pero se consolida en 1524. Su función era la de aconsejar a todos los funcionarios que iban a Indias, redactaba las cédulas reales y leyes para los dominios americanos (Leyes de Indias), aprobaba las bulas papales y designaba a los obispos, era tribunal de última instancia en causas civiles y criminales ocurridas en América y centralizaba toda la información que llegaba del Nuevo Mundo.
Sede en América:
• Gobernaciones:
La provincia conquistada era provista de un gobernador designado por la Corona, por un plazo usual de tres a ocho años. El gobernador estaba dotado de funciones administrativas, judiciales y a veces militares.
Pronto las zonas fronterizas o conflictivas pasaron a denominarse Capitanías Generales, y su gobierno estaría a cargo de militares.
• Audiencias:
Las Audiencias tenían funciones judiciales y de gobierno, y administraban grandes regiones que abarcaban varias gobernaciones.
Eran el tribunal para los pleitos civiles y criminales; y con el tiempo fue el consejo asesor de los virreyes. Fueron la primera forma de gobierno centralizado antes que se consolidara el sistema de virreinatos, con los que tendrían fuertes conflictos de poderes.
• Virreinatos:
Hacia la segunda mitad del siglo XVI, la Corona decidió centralizar el gobierno de sus dominios en dos grandes unidades al norte y al sur del istmo panameño: los virreinatos de Nueva España y del Perú, los dos únicos hasta el siglo XVIII en que se crearían nuevos rangos.
El gobierno de un virreinato fue confiado a un solo magistrado que reunía todos los poderes políticos y militares en representación del rey. Los caciques y autoridades étnicas debían jurarle fidelidad.
Sus conflictos con las Audiencias se debían a que las Leyes de Indias no delimitaban claramente las funciones de ambos organismos, debiendo dirimir sus conflictos muchas veces ante el Consejo de Indias.
• Cabildos o Municipios:
Según las Leyes de Indias un municipio estaba formado por una ciudad y su campana, y era gobernado por un Cabildo.
Esta corporación estaba integrada por regidores (consejeros municipales), alguacil mayor (jefe de policía), alcalde de la hermandad (jefe de policía rural), fiel ejecutor (intendente), escribano (secretario y notario), y el alférez (heraldo público). Se encargaban del gobierno edilicio de su ciudad, del abasto y reglamentación comercial, de otorgar mercedes de tierras y permisos de explotación de los recursos naturales de la comuna.
Eran la única institución donde resonaban las voces de las elites locales al presionar por sus intereses, a pesar que los Cabildos no eran democráticos ni por su modo de elección ni por los límites legales de quienes tenían derecho a formar parte de él.
Nota:
Según las Leyes de Indias sólo eran “vecinos” aquellos que fueran descendientes de los fundadores de la ciudad y que contaran con un solar con casa puesta en el tejido urbano, los demás eran sólo moradores y no tenían derecho a intervenir en los problemas del municipio.
Cuando la Corona estableció que los regidores salientes eligieran a los nuevos, hacia el siglo XVIII los Cabildos se convirtieron en un espacio monopolizado por oligarquías que se perpetuaban en el poder. Así, los clanes familiares que ocupaban un espacio en el Cabildo eran los árbitros de la vida social de cada región.
• Gobierno de los Pueblos Indios:
Luego de la conquista los pueblos indios pasaron a ser administrados de forma indirecta por un funcionario español denominado corregidor. La Corona no les asignaba un sueldo por sus funciones (ser el garante de las prestaciones que los indios le debían a los españoles), pero tenían un derecho tácito a acumular dinero utilizando la autoridad que le daba su cargo sobre las obligaciones de los indios antes citada. Así, se convirtieron en personajes corruptos que acordaban sobornos con los azogueros para enviar a la mita a contingentes de indios mayores de lo que la ley establecía y por mayor cantidad de tiempo. Era común que corregidores y curas doctrineros obligaran a las indias a ejercer la prostitución, y estas actividades contaban con la complicidad del curaca indio, quien obtenía migajas a cambio de su colaboración.
En Nueva España, pero aún más en los Andes, el corregidor representaba para los indios el rostro más siniestro del sistema colonial.
El Estado español en América, teoría y práctica
Es difícil ensayar una definición ya que fue un sistema en continua transformación, donde los rasgos que llaman la atención son:
a) las borrosas fronteras entre la administración burocrática estatal y la esfera en que actuaban los particulares, y
b) la superposición de funciones entre distintos organismos de estado y los conflictos que esta situación creaba.
Este sistema, extraído de las tradiciones jurídicas y políticas del medioevo europeo, fueron adaptadas para intentar solucionar los problemas de un continente no hecho a escala humana y habitado por poblaciones que hablaban distintos idiomas, tenían otra cultura y otras concepciones de las relaciones sociales y de poder.
Este sistema, pensado para cumplir los objetivos de la Corona, muchas veces entraba en conflicto con los intereses y objetivos de las elites españolas en América.
A su vez, el imperio español se diferenció de otros imperios por el grado de mestizaje cultural, proceso que dio origen a una identidad y solidez cultural propia a pesar de las reglas de exclusión y los límites etnocéntricos que la cultura española trasplantada compartía con el resto de las sociedades europeas occidentales.
Esta cultura colonial, marcada por el absolutismo y catolicismo militante del período de la Contrarreforma, que repudiaba a los católicos disidentes (protestantes), a las minorías étnicas no cristianas (moros, judíos) y que mantenía distintos grados de prevención ante el legado de las culturas prehispánicas, no pudo sin embargo detener el surgimiento de una rica y original cultura criolla y mestiza a lo largo de todos los dominios españoles en América.
Fuentes:
• De Lucía, Daniel Omar; Tres modelos de evangelización católica en la América colonial, Cuadernos del C.E.E.R., N III.
• De Lucía, Daniel Omar; Economía, sociedad e instituciones en el orden colonial consolidado. (Materiales para uso interno de la cátedra)
• Haslip Viera, Gabriel; La clase baja en Hoberman, Louisa y Socolow.
• Susan M.; Ciudades y sociedades en Latinoamérica colonial; Bs. As.; FCE, 1993; pags. 331-364.
Bueno, eso es todo por ahora!
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Gracias por pasar, disculpen si salió mas o menos
Besitos y ...