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Ceremonia Secreta -MarcoDenevi link+resumen+biografia+Frases


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Resumen

Leonides Arrufat una soltera de 58 años una mañana sale a la calle, vestida de negro. Dejo una flor en la casa de un niño paralítico y rezo. Deja una rama de vincapervinca en la casa de Ruth, Edith y Judith y oró. Arrojo hojas de cineraria en un chalet donde días antes vio un cortejo fúnebre. Luego llega a la casa de Natividad y le dejo una rama de ortigas lo que significaba una forma de invitarla a que se mudara a otra parte, ya hace varios meses hacia este rito; y la odiaba a Natividad porque era protistuta. Pero ese día Natividad se planto frente a Leonides y la insulto. Leonides sale corriendo como una loca y toma el tranvía y jura nunca mas pasar por la casa de la mujerzuela. Al lado de su asiento había una chica que la miraba fijamente a Leonides, pasaban los minutos y la seguía mirando, tanto que Leonides se sentía amenazada.
Después la muchacha comenzó a llorar, pero sin parar de mirar a Leonides. El tranvía se detiene y Leonides desesperadamente, camina por la calle y entra a una iglesia. La muchacha la había seguido, Leonides se da cuenta y se va de la iglesia y se dirige al cementerio, y visita la tumba de sus parientes. La chica nuevamente la había seguido, y abraza a Leonides, la suelta y luego las dos salen del cementerio. Llegan a Suipacha y llegan a una casona. Entran y se dirigen hasta el dormitorio. Leonides comienza a ver unas fotos que estaban ahí y en una de ellas ve a una mujer parecida a ella, y a una niña parecida a la extraña muchacha. Leonides entiende que la chica pensaba ella era su madre. Luego de observarse una a las otras, la chica preparo un almuerzo y comenzaron a charlar. Luego la joven leyó un poema. Leonides se durmió y cuando despierta cree que todo era una pesadilla. Mientras las dos estaban en el dormitorio, Leonides probándose vestidos, alhajas y collares, Leonides comenzó a llorar sin saber porque. Luego escucharon unos golpes, resulta que eran dos mujeres Encarnación y Mercedes. Leonides le rogó a la niña que no dijera que ella estaba allí, pero la niña ya había desaparecido, la chica había bajado para recibir a las visitas. Las dos viejas le reclamaban a Cecilia de haber ido al cementerio a visitar la tumba de su madre, y que no había ni una flor (Cecilia es el nombre de la chica, y tenia 23 años). Las viejas le ordenaron a Cecilia que les haga el té y después de varios reproches se fueron. Luego Cecilia corre hasta donde estaba Leonides y alegremente le dice que las viejas creen que ella estaba muerta. (Todavía Cecilia creía que Leonides era su madre).
Días después Leonides en un buzón encuentra dos cartas: uno dirigido a Andrés Jorgensen con un sentido pésame y otro dirigido a Cecilia con el saldo de la cuenta bancaria de 4 millones. Leonides no entendía nada, cuando regreso vino con muchos billetes en la mano y le dice a Leonides que ya vino del banco, y Leonides le dice que seguro fue a ver a Fabián, pero Cecilia no entiende quien era Fabián.
Pasan dos días y regresan Mercedes y Encarnación y quieren llevarse unos vestidos de la mamá de Cecilia. Leonides se encierra en el baño para escucharlas hablar. Días después sale a la calle para buscar a las viejas que vivían en la calle Cochabamba. Cuando vio la Mercedes se cayó al suelo de la impresión que le causo pensar que era Guirlanda Santos, la madre de Cecilia. Cuando las viejas le preguntaron el nombre a Leonides ella le dice Anabela Santos; se hace pasar por la prima del padre de Cecilia. Las viejas le comentaron que Belena (prima de Cecilia) vino a vivir con Cecilia cuando su madre murió, pero le mezquinaba todo, era tacaña como su padre Jam. Belena prima de cecilia contrato a 3 hombres para matar y robar a cecilia, creo una carta, y dijo que tenia que ir al el medico por que se sentía mal.
Al regresar, encontraron todo revuelto como si hubieran robado, Cecilia estaba viva, pero la habían violado. Aparecieron Encarnación y Mercedes a la historia, amigas de Guirnalda Santos, le cuentan un supuesto romance que tenia cecilia con Fabián uno de los hombres que contrato, pero la foto era del marido de Belena.
Pasaron los meses y Leonides ya la llamaba hija a Cecilia, salían juntas, se divertían, y Leonides se parecía aun más a Guirnalda. Una noche Cecilia recupera la conciencia y desconoce a la supuesta Guirnalda, y se da cuenta que ella no es su madre. Le cuenta toda la historia a Leonides y muere.
Leonides pone un aviso en el diario sobre el funeral de Cecilia para que Belena aparezca en la funeraria. Leonides la espero escondida y la mata. En el dormitorio de Guirnalda deja el estilete, el vestido manchado de sangre y se puso su vestido negro y su sombrero y su cartera y se va de la casona.
El título de la novela se debe a que al final de ésta, la protagonista prepara toda la ceremonia secretamente para vengar la muerte de un inocente, Cecilia, y no porque conviven en una ceremonia.
Fin.

Biografía de Marco Denevi :


Nació en Sáenz Peña, provincia de Buenos Aires, el 12 de mayo de 1922, y falleció en la Ciudad de Buenos Aires el 12 de diciembre de 1998.

Cuentista brillante, pensador agudo e irónico, hombre retraído de las fiestas literarias, Marco Denevi, se abrió paso en las letras argentinas hasta ocupar un lugar relevante por la originalidad y la madurez de sus obras, y no por la publicidad personal, a la que era particularmente reacio.

Desde muy niño sintió una fuerte atracción por la música -tocaba muy bien el piano- y la lectura. Cuando llegó a ser miembro de la Academia Argentina de Letras, en 1987, agradeció a sus padres que en sus manos de chico "depositaron un billete de un viaje que desde entonces no ha dejado de emprender: el de la lectura, con un atracón, a los 12 años, de Stevenson, Dumas, Pérez Galdós..."

Su primera y siempre recordada novela, escrita a los 33 años "Rosaura a las diez", (una novela policial en la que introduce el perspectivismo, por el cual cada protagonista narra la misma historia desde su propio enfoque, su particular punto de vista) obtuvo el Premio Kraft en 1955, iniciándolo en el camino de la literatura. (En esa ocasión un jurado de muy alto nivel observó la calidad de la narración de un escritor novel, un abogado que se desempeñaba en el área legal de la Caja Nacional de Ahorro Postal). "Rosaura a las diez" también fue llevada al cine por Mario Soffici en una versión en la que se destacaron Susana Campos y Juan Verdaguer.

Posteriormente (1960) recibió el Primer Premio de la revista Life en español para escritores Latinoamericanos, por el cuento "Ceremonia secreta" (entre 3000 concursantes). Ese relato fue traducido al inglés, al francés, al italiano, al japonés y a otros idiomas, y en 1968 fue llevado al cine por Joseph Losey, en Hollywood. La versión cinematográfica fue protagonizada por Elizabeth Taylor, Robert Mitchum y Mia Farrow.

También recibió el Premio Argentores en 1962 por "El cuarto de la noche". A partir de allí, conquistó un justo prestigio internacional basado en una obra profunda y deslumbrante. (El Kraft y el Life, que lo hicieron conocido en el país y en el mundo, fueron los únicos premios a los que se presentó Denevi. Recibiría muchos otros, como el de la Comisión de la Manzana de las Luces, que le llegaron sin buscarlos).

Aunque no se sabe si quiso ser dramaturgo, una obra suya, "Los expedientes" (1957), ganó el premio Nacional de Teatro, también escribió luz "El emperador de la China" (1959) y "El cuarto de la noche" (1962). Otras obras suyas son las novelas y cuentos "Un pequeño café" (1967), "Manuel de historia" (1985), "Enciclopedia secreta de una familia argentina" (1986), "Hierba del cielo" (1991), "El jardín de las delicias" (1992) y "El amor es un pájaro rebelde" (1993).

Con María Angélica Bosco escribió el guión de un programa de televisión: "División homicidios".

Desde 1980 practicó el periodismo político, actividad que, según él, le ha proporcionado las mayores felicidades en su oficio de escritor. Enfocaba sus artículos, con coraje y fervor ciudadano los problemas de la sociedad, las fallas en la representación política, la corrupción, la burocracia o los excesos de "viveza criolla", siempre mostró su respeto por valores que vio vivir en su casa y en el medio circundante y cuya erosión y decadencia en la vida argentina no dejó de lamentar. Contaba sobre su padre: "A fines del siglo pasado vino jovencito a la República Argentina. Aquí no contaba ni con parientes ni con amigos, pero disponía de un carácter decidido, de una voluntad de hierro y de una honradez insobornable. Trabajó, fue todo lo que hizo. A los cincuenta años, ya casado con una argentina, ya padre de siete hijos, se retiró de los negocios y vivió de rentas. Contribuyó al progreso de un pueblecito en los alrededores de Buenos Aires y en 1949 murió ignorando qué eran la viveza, la especulación, el engaño, la usura."

Los títulos de algunos de sus artículos muestran claramente el motivo de sus diarias preocupaciones: "Los monarcas de la República", "¿Gobernantes cuerdos o gobernantes locos?", "Me gusta ser argentino", "El argentinglés y otras amenidades" (sobre la creciente influencia inglesa en el idioma) o "Perplejidades de un argentino apolítico", en el cual decía que no era hombre de partido, y afirmaba: "Mi único proselitismo es en favor de la democracia". En 1990 fue presidente honorario del Consejo de Ciudadanos, entidad que promovió para incentivar la inquietud cívica.

En 1986 dijo que hacía 18 años que vivía de lo que escribía, "lo que en estos tiempos ya es bastante".

"Me valgo de la ironía en la novela como la uso en la vida -admitió alguna vez-: para disimular que soy un sentimental, un blando de corazón, alguien a quien resulta fácil conmover."

"¿Qué condiciones debe reunir una novela para atraer al lector?", le preguntó a Denevi una vez María Esther Vázquez. "Que la lectura sea una felicidad", le contestó.

"Mi mayor ambición es que el acto de la lectura sea de disfrute, de goce para quienes me leen -dijo en una entrevista-. En estos tiempos en que tanto dolor y humillaciones nos inferimos unos a otros, hacer feliz a alguien es tan hermoso... A mí no me importa más que eso."

Y señalaba que no pasaba de cinco mil lectores fieles, "que no me harán rico, pero me hacen feliz".

"Vivo de lo que escribo, pero no todo lo que escribo es literatura. Incluyo periodismo, guiones de televisión y de cine, y no incluyo cartas pidiendo dinero porque no las escribo", dijo en 1986.

Frases del libro :

La iglesia la acogió como siempre la recibían todas las iglesias:
como el asilo secreto que la ponía a salvo de los infinitos males de este mundo.

El segundo disgusto: los muchachones. No hay, en todo el universo de galaxias y nebulosas, nada tan temible como una horda de muchachones. No se sabe cómo se forman, de dónde provienen, pero allí están más unidos que los bulbos de una raíz, enredados en un intrincamiento de palabrotas y ademanes obscenos, adheridos unos a otros hasta formar una sola masa coralígena. Mírenlos. Se saludan a zarpazos. Casi no hablan. Se entienden con risitas, con guiños, con fórmulas en clave. Adoptan un aire sigiloso y taimado como si estuvieran tramando quién sabe qué complot. Y si una mujer pasa junto a ellos, todos la miran, ya torvamente, ya con arrogancia, como si le conocieran algún secreto y la amenazaran con divulgarlo. Pero nunca .son más feroces que cuando están instalados en sus esquinas como en un aduar. Hay que ser mujer y atravesar ese campo minado
para saber lo que es el ludibrio y el vejamen del sexo. Créanle a la señorita Leonides.

No se llora porque sí.

Pero no hay que interferir en la delicadísima mecánica de la magia con un pedido de explicaciones. Hay que someterse y dejarse gobernar.

Acaso alguna pareja de novios, durante la noche, se acoge a su amparo, pero es para besarse, no para ocuparse de arquitectura.


Un olor a humedad, a encierro, a medicamentos, a podredumbre, y a muerte, un olor que era la suma y el producto de todos los malos olores de este mundo, fue lo primero que le salió al encuentro, arruinándole la emoción que experimentaba

Cuando no se encuentra la salida, se grita y se da un puñetazo.

El mundo es hermoso. La gente es simpática. Hay que vivir. Así son de profundos los efectos de un tremendo desayuno.

Se reía estúpidamente. Como lo que era. Como una loca.

Pero qué suplicio, qué suplicio el de esos ojos que se rehuyen, se buscan, se separan, se acosan, se vigilan, merodean, espían, languidecen, se aduermen, despiertan, resucitan, se estudian, se exasperan, se desafían, chocan, luchan, se agreden, sucumben, piden perdón, huyen y vuelven a buscarse para empezar otra vez).

todo integraba uno de esos intrincados mecanismos de los que nunca sabremos quien es el relojero, si Dios o nosotros.

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