Antes que nada, quiero aclarar, que he visto un muy buen post en Taringa sobre el mismo tema, pero me parecio que quizas este articulo podria aportar algo más a lo ya expuesto, y por eso lo posteo. Espero que mi humilde aporte les guste.
De Africa al Plata
Los negros exclavos en Buenos aires y en el interior.
Por ROMUALDO LAFUENTE
Los negros exclavos en Buenos aires y en el interior.
Por ROMUALDO LAFUENTE
A poco de instalarse los europeos en el Río de la Plata, introdujeron como mano de obra a los negros capturados en África y sometidos a esclavitud. Entre 1597y 1607entraron 5.639 negros en esas duras condiciones. La Asamblea del año 1813, al decretar la "libertad de vientres ", puso término a la esclavitud en estas latitudes. Los negros actuaron con bizarría en las luchas por la
Independencia.
Con Pedro de Mendoza vino a Buenos Aires un negro esclavo a su servicio, de nombre Juan Galán. Cuando el Adelantado regresó a España, en abril de 1537, llevaba varios negros esclavos para servir en el monasterio de Barrameda durante seis años, al cabo de los cuales quedarían libres. A García Tello le dejó dos esclavos, a Juan de Mendoza , una esclava , y a Diego de Zárate, un esclavillo de corta edad, llamado Cristovalico.
Cuando el genovés León Pancaldo llegó a Buenos Aires, un año después, en 1538, con una nave llena de mercaderías con destino al Perú, traía dos esclavos negros a su servicio, llamados Vincenzo (Vicencio) y Bastían. Las autoridades le embargaron todos los bienes y estos dos escla¬vos fueron vendidos en remate público el 10 de enero de 1539: por Vicencio pagaron 145 ducados de oro y por Bastían 85 duca¬dos. Esta fue la primera venta pública de esclavos negros en Buenos y en el Río de la Plata.
En 1588 llegaron procedentes del Brasil y destinados al obispo Francisco de Vitoria, 6 negros esclavos, tasados en 100 a 125 pesos cada uno. En 1590, el apoderado de la ciudad de Buenos Aires, Beltrán Hurtado, solicitó introducir 500 esclavos de Guinea, pero no sabemos si logró el permiso del Consejo de Indias.
En 1596 arribaron a Buenos Aires 51 esclavos procedentes del Brasil. Los por¬tugueses Pedro Gómez Reynel y Juan Rodríguez Coutinho obtuvieron el Primer Asiento de Negros en América en el año 1596 y se les autorizó a entrar al Río de la Plata 600 negros por año.
Entre 1597 y 1607 estos mercaderes introdujeron 5.639 negros. En 1605 se pagó por una negra llamada Marta, y dos hijas, Juana e Inés, la suma de 800 pesos. Entre 1612 y 1615 se trajeron de Angola y de la costa del Brasil 3.463 negros. La epidemia de 1605 y 1606 había causado la muerte de muchos indios y con tal motivo se intensificó el tráfico de negros. Se calcula qua entre 1606 y 1680 llegaron a Buenos Aires 22.892 esclavos, sin contar los introducidos en forma clandestina.
• El "Contrabando ejemplar"
Entre los años 1601 y 1620 un grupo de deshonestos funcionarios y comerciantes de la ciudad realizaban lo que se dio en llamar "el contrabando ejemplar". Simulaban expropiar los cargamentos de esclavos y otras mercancías y después los vendían en remates públicos, donde ellos mismos los adquirían a precios ínfimos para enviarlos a Potosí, haciendo ganancias fabulosas. Juan de Vergara, Diego de la Vega, Simón de Valdés se destacaron en estos manejos.
Juan de Vergara era un poderoso comerciante de la ciudad, alcalde de primer voto y notario del Santo Oficio. Los gobernadores compraban el cargo en la Corte y querían recuperar su dinero de alguna forma y ésta era una de ellas. Cuando alguna vez un gobernador era honesto y se oponía al tráfico ilegal era enviado a mejor vida por esta gavilla mediante el rápido expediente de "darle bocado", es decir envenenándole. Así le ocurrió al gobernador Diego Marín de Negrón, en 1613, quien fue "despachado" al otro mundo durante un banquete en Santa Fe.
Hernandarias trató de detener estos abusos, sin éxito.
Un noble francés, Bartolomé de Massiac, trajo de Angola 200 esclavos en 1660, pues en Luanda le habían dicho que en Buenos Aires se pagaban 500 escudos por cada negro. Cuando llegó, el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta le embargó todo el cargamento. Massiac pudo apartar dos negros que vendió a un fraile, quien le pagó 900 escudos por ellos. Con esa suma instaló un garito frente a la plaza, donde se jugaban naipes y truques (billar) en forma desenfrenada; en dos años amasó una fortuna y regresó a Francia.
•Las compañias introductoras de exclavos
Entre los años 1701 y 1712 la Real Compañía Francesa de Guinea obtuvo de la Corte española la concesión de introducir esclavos en Buenos Aires y en ese lapso llegaron unos 3.500 negros. Los franceses levantaron unos amplios galpones "sobre las barrancas que hay entre el río y la ciudad", en las proximidades del actual Paseo Colón y Chile. Estas construcciones figuran en el plano de Joseph Bermúdez, del año 1713, con la leyenda: "Casa de la Compañía de Guinea, donde tienen a los negros".
Por el Tratado de Utrech, los ingleses de la South Sea Company obtuvieron el asiento de negros de Buenos Aires entre los años 1713 a 1730, pero en el año 1771 continuaban con el mismo. Para alojar a los negros compraron una gran casona en el Retiro, llamada "El Retiro" y construida en 1698 por el gobernador Agustín de Robles. Este la vendió a Miguel de Riglos en 1703, quien a su vez la cedió a los ingleses en 1718 en la suma de tres mil pesos plata. Era una gran casa, de dos pisos con cuarenta habitaciones y un gran terreno que llegaba hasta el río, por donde eran desembarcados los negros. En el lugar hubo hasta 1617 un viñedo con mil cepas y bodegas con barriles para procesar el vino. Sus terrenos llegaban hasta las actuales calles Callao, Arenales, entre Maipú y Esmeralda, En este vasto caserón se instalaron los directores de la factoría, en los pisos altos, y sus empleados. En las cocheras y otras dependencias descansaban los negros hasta ser vendidos y enviados al Alto Peru por las rutas del Tucumán. El pintor y marino inglés Emeric Essex Vidal, quien visito Buenos Aires en 1816, recorrió la casona, que estaba en pie todavia, y destacó la gran portada de la factoría, observando que "el gran můro que circundaba el predio ya había desaparecido". En el solar se levanta hoy el edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores. En el aňo 1771 era director de la factoría un inglés llamado Williams Higgins, quien en verano acostumbraba baňarse en el río, en la barranca del Retiro. Un platero, llamado Manuel Miltos, que le tenía ojeriza, lo insultaba y provocaba cuando regresaba de sus baňos por la barran¬ca, Ilegando a atacarlo con un espadín, y ambos terminaron en la cárcel, una tarde del verano del aňo citado.
• Como eran tratados los negros exclavos.
Los pobres negros, que llegaban después de un agotador viaje amontonados en las bodegas de las navěs negreras, eran marcados con un hierro al rojo, llamado "carimba", en los brazos o en el pecho, con las marcas del patron que los adquiría. Cuando las tropas de Buenos Aires tomaron la Colonia del Sacramento, en agosto de 1680, se apoderaron en esa plaza de 50 esclavos negros que remitieron a Buenos Aires. Todos tenían su marca: H-Luis, de 22 aňos, con la marca en el brazo izquierdo; A-Juan, de 18 aňos, con la marca en medio del pecho, etcétera.
Varios sacerdotes se ocuparon de Ilevar consuelo a los infelices negros en los depósitos y entre ellos figuro el jesuita Lope de Castilla (1595-1680), un limeňo que vivió desde niňo en Buenos Aires y aprendió los dialectos de los negros. Escribió un libro sobre la Lengua de Angola. Otro jesuita, Andrés Agrícola (1579-1649), cuyo verdadero nombre era Andrés Feldmann, un alemán de Costanza, vino desde Mendoza para llevarse gran cantidad de negros para las chacras de Cuyo; aprendió las lenguas de los negros y los llevó a Mendoza en muchas carretas. El padre Ignacio Chomé (1696-1768), belga, decía en 1730: "Háce casi un aňo que me ocupo de catequizar a los negros esclavos de Buenos Aires“.
Los negros destinados al servicio de las tradicionales casonas porteñas, recibian un trato que podemos llamar benigno, las cocineras, amas de leche y otros sirvientes eran tratados bien y Ileva-ban el apellido de la fami¬lia para la cual trabaja¬ban. Pero, en general, los azotes estaban a la orden del día y no había mayor insulto para un porteño que ser llamado "mulato".
A veces, los negros realizaban actos desesperados por el mal trato que les daban sus amos. En 1777, la negra Dominga, vejada por su patrona de todas formas, la asesino de veinte puñaladas. El virrey Cevallos ordeno rever el proceso judicial, pues el alcalde interviniente era cuñado de la muerta. En 1813 un negro llamado Joaquín asesino a su dueña, doña Donata Pieres, y fue condenado a la horca; antes de ejecutarse la sentencia, fue llevado a la casa donde cometió el crimen y allí le fue cortada la mano derecha.
•Los "candombes de los negros.
En 1776 había 7.500 negros y mulatos en Buenos Aires; en 1810 sumaban unos 10.000 y en 1836 había 15.000 personas de color en la ciudad. En 1780 se calculaba que la mitad de la población era de color. Esta gran cantidad de negros esclavos fue motivo de preocupación para gobernadores y virreyes. Los bailes o candombes que realizaban los negros en los días festivos en los huecos (baldíos), bajos del rio y extramuros, causaban no pocos desordenes. En 1764 el gobernador Cevallos ordeno "que los negros y mulatos no pueden realizar sus bailes indecentes en la ciudad".
En 1770 el gobernador Vertiz prohibió "los bailes indecentes que al toque del tambor acostumbraban los negros, mulatos y mestizos". Los negros se reunían en 1788 en el Retiro, en el bajo del rio, donde había estado el Asiento de los Negros, y el Cabildo protesto diciendo que "esos bailes son verdaderos lupanares donde la concupiscencia tiene el primer lugar por los indecentes y obscenos movimientos que ejecutan alentados por sus instrumentos". Parece que los porteños de ese tiempo acudían a los lugares de las fiestas de los morenos para divertirse con sus bailes. Por ello el Cabildo dice, siempre en 1788, que "la asistencia a esos sitios de los negros, de adultos, jóvenes y niñas son de escándalo y mal ejemplo, principalmente las niñas, porque abren los ojos y entra la malicia, anticipándose a aprender lo que de modo alguno debían saber...". El Cabildo afirma que "los negros entregados a estas pervertidas ceremonias, no sirven a sus amos con fidelidad y se pasan los días inquietos esperando que llegue el día del baile".
Los negros se fueron agrupando en sociedades de acuerdo con sus lugares de origen: congos, angolas, lubelas, mozambiques, minas, cabindas, etcétera.
En 1802 ya había una Casa y Sitio del Tango en el barrio de la Concepción.
En 1827 había siete sociedades y para 1842 se habían multiplicado, especialmente en las calles Chile, México e Independencia. El vocablo tango o tambo indicaba por igual el baile negro y el recinto en que lo realizaban.
En el "Diario" de María Sáez de Vernet, esposa de Luis Vernet, gobernador de las Malvinas, encontramos una referencia al candombe bailado por los negros en 1829 en la isla Soledad: "A la tarde prepararon los negros sus tamboriles y las negras vistieron su mejor ropa, adornándose con abalorios que les traje de Buenos Aires. Su baile no se puede oír por mucho tiempo y los alaridos que dan todo el tiempo que dura el baile. A las doce se les mando callar...".
En tiempos de Rosas, es decir, entre los años 1830 y 1851, los negros gozaron de amplia libertad para realizar sus candombes.
El 25 de mayo de 1836, más de seis mil negros bailaron el candombe en la Plaza de La Victoria, con el beneplácito del gobernador. Rosas vivía rodeado de negros y mulatos.
Su cocinera preferida era una morena, llamada María Rosa, a quien envió en varias oportunidades a la cárcel "porque presento al mediodía un pato y un pollo que no fueron de su agrado"(Marzo 7 de 1844). Los "locos" o bufones que acompañaban a Rosas en su residencia eran morenos, en especial sus preferidos, Don Eusebio y Biguá, a quienes hacia objeto de toda clase de bromas. La Banda de Restauradores estaba integrada por 75 negros "destinados". El tambor mayor, con su alto morrión de crin renegrida, era un fornido negro que marchaba mudo y solemne al frente de la banda, agitando su bastón con regatón de bronce, lleno de municiones, que sonaban al moverse.
La Asamblea de 1813 promulgo la liberación de los esclavos a partir de la fecha de ese decreto, pero los nacidos anteriormente quedaron esclavos. El periodista ingles Thomas Love recordaba que en 1820 conocio a un negro que había nacido un día antes de promulgarse el decreto y se lamentaba que solo 24 horas le impedían ser un hombre libre. Por esta razón, continuaron los remates de esclavos en Buenos Aires durante muchos años.
El periodista napolitano Pedro de Angelis publico el 24 de diciembre de 1831 en el diario "Le Flaneur", que el redactaba en trances, la descripción de un remate que presencio. Se vendían muebles y esclavos de un rico propietario porteño arruinado. Entre los esclavos había una vieja cocinera negra que provoco una puja entre un portugués y un representante de una sociedad de negros, quien finalmente se la llevo por 1.700 pesos, por supuesto para darle la libertad.
Entre los años 1827 a 1850 actuó en Buenos Aires un pintoresco negro norteamericano llamado Joseph Williams Davis, bailarín de profesión. Tenía una escuela de danzas en la calle Potosí 61 y publico una "Cartilla" de danzas. En 1833 fue enviado por error como soldado con destino al ejercito de Rosas contra los indios y desembarcado en Bahía Blanca; aclarado el error, lo enviaron de regreso a Buenos Aires. Era natural del estado de Rhode Island y en 1841 propuso formar con "todos los caballeros de color de habla inglesa", una sociedad de protección. Este proyecto se llevo a cabo en la década de 1870, al fundar el capitán Casildo Thompson la Sociedad Fraternal para personas de color. En 1877, un negro muy rico, llamado Eugenio Sar (1828-1882), fundó la "La Protectora", primera sociedad de socorros mu¬tuos para gente de color en Buenos Aires.
• Los negros despues de 1852
Después de la caída de Rosas, en 1852, los negros no realizaban ya sus ruidosas reuniones y su presencia se fue apagando lentamente. En 1863 los negros porteños no pasaban de seis mil. En enero de ese año, "El Nacional" hace referencia a los morenos: "Los benguelas, los mozambiques, los casanches, los minas y principalmente los congos adornaban las salas de sus sociedades los días de Reyes, bailaban y cantan en sus candombes al son de la marimba y el tambor y salen a las calles vestidos de negros. Olvidan la ingratitud de los blancos con la chicha y el tango...".
En "La Tribuna" de marzo de 1867 se describe un entierro de negros congos como algo curioso: "Anteayer presenciamos algo curioso en las calles de Buenos Aires. Una gran comitiva de negros llevaba un muerto al cementerio. Detrás del muerto marchaban unos 150 negros, de gran galera la mayor parte. Una banda compuesta de un rarísimo "chinchín", una pandereta, una vihuela, tambores y otros instrumentos acompañaban los cantos más extravagantes y cadenciosos que puedan imaginarse...". Los negros porteños, como los de Nueva Orleans, acompañaban a sus muertos a la última morada con acompañamiento musical y cantos.
Pero estas eran las últimas manifestaciones de los negros porteños. Las campañas militares de la Independencia, las guerras civiles y las enfermedades los fueron diezmando. El moreno porteño no pudo enfrentar al aluvión inmigratorio y fue sumergido por los italianos, españoles, franceses y otros inmigrantes que llegaron a partir de la década de 1870, los desplazaron de sus humildes oficios y se instalaron en sus barrios tradicionales. En el carnaval de 1875, una amarga letrilla se difundió entre los negros reflejando toda la gravedad del problema social que los afligía: "Napolitanos usurpadores/ que todo oficio quitan al pobre/ ya no hay negros botelleros/ ni tampoco changador/ ni negro que venda fruta/ mucho menos pescador/ porque esos napolitanos/ hasta pasteleros son/ y ya nos quieren quitar/ el oficio de blanqueador/ ya no hay sirvientes de mi color/ porque bachichas toditos son/ dentro de poco, Jesús por Dios/bailara “cemba” en el tambor.
Los negros en la milicia, las artes y otras actividades
Durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 los negros lucharon en los distintos cuerpos y formaron un "Cuerpo de Negros Esclavos" que se distinguio por su bravura, armado solamente de chuzas y cuchillos.
Durante la guerra de Independencia formaron la infantería de los ejércitos patriotas. Los batallones 7 y 8 del Ejercito de los Andes estaban formados por negros y muchos murieron en Chacabuco y Maipú. San Martin después de Chacabuco, se descubrió ante un montón de negros muertos en esa batalla exclamando: "Pobres mis negros!". Las bandas del 8 y del 11 que pasaron a Chile, estaban formadas por negros uniformados "a la turca". Cuando ocurrió la sublevación de las fortalezas de El Callao, en febrero de 1824, el negro Antonio Ruiz (1795-1824), llamado "Falucho", se negó a izar la bandera realista y fue fusilado gritando "Viva Buenos Aires!". Este valiente negro porteño fue recordado por los generales Guido, Zapiola y Miller en diversos escritos: "Era un soldado de Cazadores del batallón 8, bajo de estatura, que solía llevar su gorra inclinada sobre la oreja izquierda...".
En el Ejercito de los Andes, los soldados blancos llamaban "faluchos" o "catingas" a los soldados negros, con gran disgusto de San Martin.
Otro negro, bravo soldado, fue Lorenzo Barcala (1795-1835), nacido en Mendoza, hijo de esclavos africanos. Su patrón era un español llamado Cristóbal Barcala, quien le enseño a leer y escribir y le dio su apellido. En 1815 se alisto en el Ejercito de los Andes y quedo en Mendoza con la tropa de guarnición. Era muy culto y el viajero ingles Samuel Haigh lo vio bailar en un salón mendocino, vistiendo lujoso unifor¬me azul con enormes charreteras doradas, con una hermosa niña blanca, al compas de un vals, en se¬tiembre de 1817. Participo en las luchas civiles como teniente coronel y en 1830 organiz6 con 800 esclavos mendocinos el batallón Cazadores de la Libertad, que lucho contra Quiroga. Fue fusilado por el "fraile" Aldao en 1835.
Otros negros que se destacaron en la milicia fueron: Manuel Mendonio Barbarin (1781-1836), nacido en Angola, casado con una esclava de Sarratea con la que tuvo siete hijos. Alcanzo el grado de teniente coronel de Pardos y Morenos. Domingo Sosa (1784-1862), coronel de la Guardia Nacional y diputado en 1856. Jose Maria Morales (1818-1894), soldado de Lavalle y coronel en Tuyuti y general en 1880. Casildo Thompson (1826-1873), militar y músico, padre de Casildo G. Thompson (1856-1928), notable militar, poeta y payador.
En la música se distinguieron los negros en nuestro medio en forma notable. La mayoría de los maestros de música eran, desde los tiempos coloniales, negros o mulatos. Remigio Navarro (1808-1868), fue notable pianista y como director de la orquesta del Coliseo Provisional (frente a la Merced), estreno en Buenos Aires el primer vals de Strauss, en 1838. Roque Rivero (1802-1863), compuso la famosa canción de los unitarios: "A la lid, a la lid argentinos", en 1839. Su hijo, De¬metrio Rivero (1822-1889), compuso la primera Opera escrita por un argentino, "El primo de California" (1855). Un negro hermoso, llamado Zenón Rolón (1856¬1902), alto, elegante, con un par de enormes mos¬tachos, fue uno de los músicos argentinos más no¬tables de su tiempo. Alumno de Mabellini en Florencia, fue autor de Operas, zarzuelas, música sacra, etcétera. El moreno Cayetano Alberto Silva (1868-1920), oriental, fue el autor de la vibrante marcha de "San Lorenzo", en 1902. Federico Espinosa (1820-1872), pianista y compositor, fue llamado "el Strauss argentino" por sus valses y mazurcas, de mucha popularidad en los salones porteños.
Fueron distinguidos escritores: Froilán P. Bello (1833-1893), Horacio Mendizábal (1847-1871) y Casildo G. Thompson (1856-1928). Tomas B. Platero (1857¬1925), se destacó como escribano de prestigio, y su hijo, del mismo nombre, fue el único medico de raza negra en nuestro país, cirujano en el Hospital Rawson. Murió en el año 1928.¬
Revista Autoclub