Shortbus es el nombre de un local imaginario situado en el Nueva York actual donde todo lo relativo al sexo está permitido. Allí coinciden varias personas de vidas muy diferentes pero a las que, de una u otra forma, les obsesiona el sexo: la dominatrix-punk Severin; James y Jamie, una pareja gay en crisis (con uno de sus miembros colgado de su pasado como actor de teleseries) que busca un chico para hacer un trío; Sofía, la sexóloga con frustraciones sexuales, y su marido Rob.
Porno suave: Shortbus
Las historias de los protagonistas, James y Jamie, confluyen en el momento en que deciden acudir a terapia por la mala situación de su relación, y así conocen a su sexóloga, Sofía, que esconde un secreto curioso si tenemos en cuenta su profesión: nunca se ha corrido. James y Jamie deciden hacer algo al respecto y la llevan al Shortbus con intenciones de acabar con su problema: creen que allí, en medio de relaciones sexuales de todo tipo, algo la estimulará lo suficiente para hacerla llegar al orgasmo. Allí conocerá a Severin, una dominatrix profesional con una sexualidad muy intensa que la enseñará los secretos de la sumisión y el sadomasoquismo.
El dueño del club, una especie de drag queen llamado Justin Bond, lo define como un lugar para el placer y el intercambio, donde se puede mirar, participar en orgías, tríos, tener sexo en solitario practicar sadomasoquismo disfrazado de hombre-donut: cualquier forma de sexo y cualquier gusto sexual por extraño que sea es bienvenido en Shortbus, y esto es precisamente lo mejor de la película, la cantidad de prácticas diferentes que podemos ver. Muchas veces al cine porno le falta variedad, y las películas acaban siendo una repetición de escenas muy parecidas: felación, sexo anal y sexo vaginal con eyaculación externa. Eso nos gusta, pero también nos gusta la paella de nuestra madre y no la comeríamos siete veces a la semana.
Otro punto fuerte de la película es su casting: el bajo presupuesto obligó al director, John Cameron Mitchell, a que algunos de los actores no fuesen profesionales, así que publicó anuncios en la prensa y en internet para seleccionar a gente normal y corriente que estuviese dispuesta a hacer cine porno. Esto hace que las escenas sean muy creíbles, ya que si no fuese porque la película es americana, podrían ser incluso nuestros vecinos.