InicioApuntes Y MonografiasKarl Marx Reinterpreta la Historia





Si le pidiesen a uno que nombrase el libro profano que mayor influencia está ejerciendo en la formación del mundo actual, sólo podría dar una respuesta: El capital, de Karl Marx. Este libro de economía, pesado, voluminoso y semitécnico, resultado de años de estudio en la sala de lectura del Museo Británico, casi es ilegible en el sentido popular de la palabra. Es extraño, pero muy pocos entre los que sustentan una filosofía de la vida y de la sociedad derivada de sus páginas y de los principios del autor, han leído este libro. Muchos de ellos ni siquiera lo tienen. Sin embargo, son "marxistas" declarados; y las atrevidas doctrinas que este gran revolucionario alemán de mediados del siglo pasado expone en sus páginas, actúan como fermento en la vida política y social del mundo de nuestros días.
Productos suyos son Hitler y Mussolini, así como Lenin y Stalin. El Mein Karnpf de Hitler intentó recoger el gran reto de Marx. Miles de libros, escritos en todos los idiomas civilizados, propagan su mensaje o lo refutan con violencia. Los coolíes de la remota China, los mineros del Perú, los peones de México, lo mismo que los obreros de los sindicatos de los sofisticados países de Europa y de América del Norte, han absorbido su capitosa doctrina. Las cancillerías de los gobiernos y los consejos de administración de las industrias de todo el mundo deben tomar nota de sus demandas. Una sexta parte de la superficie de la tierra ha revolucionado su régimen de vida y de gobierno de acuerdo con las concepciones de Marx.
Podemos aplaudir u odiar El capital, adherirnos a él o creerlo una insensatez; pero lo que no podemos hacer es ignorarlo, en un mundo que se tambalea bajo su empuje.
Sin embargo, cuando su autor, una vez terminada la enorme labor que su libro representa, quiso ir a Hamburgo para entregar el manuscrito al editor, tuvo que escribir a su amigo más allegado:
"Ante todo, tengo que sacar de la casa de empeño la ropa y el reloj. Y no puedo dejar a mi familia en el estado de necesidad en que se encuentra, porque no tiene ni un centavo y los acreedores se hacen más exi¬gentes cada día."

Aquel amigo, Friedrich Engels, suministró el "subsidio de guerra", como llamaba a su ayuda, lo suministró como lo había hecho durante toda la vida de Marx, vida de lucha, deudas, enfermedades y dificultades. Así salió al mundo el primer volumen de El capital en 1867; y cerca de veinte años más tarde, cuando ya había muerto el autor, fue Engels quien editó los dos tomos siguientes de la obra,
"extremadamente importante, sabia y profunda, aunque muy abstracta",
según dijo Bakunin, primero compañero de Marx y después enemigo suyo.
La historia de la vida de Marx es la historia de una heroica dedicación a un solo designio. Piense uno lo que quiera acerca de la justicia o injusticia de su propósito, o sea, de la causa comunista; por mucho que uno condene las intrigas y los procedimientos dudosos empleados por Marx para realizarlo, o la vanidad y egoísmo de aquel hombre, sólo puede tener admiración para la absoluta devoción que le consagró y maravillarse ante la fuerza de voluntad para sacrificarle salud, riqueza y todas las ventajas del mundo, así las propias como las de los seres que le eran más queridos, según hizo en todo el curso de su vida.



Nació el año 1818 en Tréveris, Alemania, de una familia judía que poco después del nacimiento de Karl se hizo protestante. Educado en la Universidad de Bonn primero y después en la de Berlín, se dedicó desde muy joven al periodismo político, y sus artículos en la Rheinische Zeitung (Gaceta del Rin), publicación socialista, lo enfrentaron con las autoridades y tuvo que irse a París. Se había casado poco antes con una joven aristócrata, Jenny von Westphalen, y a los veinticinco años, habiendo conocido en París a algunos de los pensadores socialistas más importantes de la época y hecho amistad con Engels, Marx decidió consagrarse al estudio y exposición del socialismo científico. Nunca quebrantó esa decisión; y la abnegación de su mujer para él y para su obra durante cuarenta años de persecuciones, destierros, pobreza, enfermedades y todo género de dificultades concebibles, es uno de los episodios heroicos de la historia humana. También fue extraordinaria la devoción que Engels consagró a su amigo. Este compatriota suyo, hijo de un comerciante en algodón, era relativamente rico, tan entusiasta del socialismo como el mismo Marx y, finalmente, consagrado a su servicio, aunque indirectamente, mediante la administración de los negocios que su familia tenía en Inglaterra, lo que le permitía suministrar a Marx dinero para la propaganda de sus ideas.
Los detalles de la lucha para fundar el primer partido comunista no son de este lugar. Llevó a Marx y a su mujer, en compañía de Engels, a Bruselas, en el año 1845, al ser expulsado Marx de París por las autoridades francesas a consecuencia de sus artículos en el Vorwárts (Ade-lante). Inmediatamente, Bruselas se convirtió en el centro del creciente movimiento comunista, bajo su jefatura. Fundaron una sociedad llamada Sociedad de Educación Obrera, que tuvo por objeto el estudio del socialismo desde un punto de vista filosófico y científico, y ellos mismos evolucionaron rápidamente desde los viejos tipos del socialismo utópico y ético hacia un socialismo fundado en la idea de que la base de la sociedad humana es económica, y que es esencial destruir el sistema capitalista imperante para establecer el gobierno de los trabajadores. Esta era la idea esencial de Marx y Engels, y después de fundar una organización titulada Liga Comunista, escribieron conjuntamente el asombroso e histórico documento titulado Manifiesto Comunista, que es la raíz del comunismo contemporáneo. Tuvo esto efecto en el año 1848, año de fermentación revolucionaria en toda Europa. Marx y Jenny volvieron a Alemania, donde el movimiento revolucionario parecía propicio a su causa; publicaron otro periódico revolucionario, de nuevo fueron desterrados y regresaron a París al ser suprimido el partido comunista en Colonia. En París tomaron parte en un efímero levantamiento comunista, fueron desterrados y finalmente buscaron refugio en Inglaterra, donde, ya en 1848, la tradición de libertad de palabra y de imprenta les permitió proseguir su obra. En este tiempo, Engels ya estaba establecido en el norte de Inglaterra como hombre de negocios, y dispuesto a facilitar los necesarios "subsidios de guerra", a la vez que tomaba parte muy activa en el movimiento cartista.



En 1849 Karl Marx fue a Londres con Jenny y su familia, y desde entonces tuvo allí su hogar, si es que puede aplicarse la palabra "hogar" a una existencia torturada por la pobreza y la miseria. Marx permaneció en Londres durante treinta y cuatro años, ganándose difícilmente la vida escribiendo en los periódicos socialistas; fundando organizaciones revolucionarias e intrigando con los revolucionarios en intentos para establecer el comunismo en diversos países; riñendo; pidiendo prestado; empeñando todas sus cosas; casi muriendo de inanición; enfermo de pertinaces desarreglos digestivos; irritado por deslealtades reales o desatenciones imaginarias. La pobreza extremada le obligó muchas veces a acudir a Engels en demanda de dinero.
"Durante diez días no hemos tenido en casa ni un centavo. . . Durante semanas enteras hemos ido tirando penosamente, y hemos empeñado todo lo empeñable."
Así escribió en una ocasión. Y en otra:

"Mi mujer está enferma, y también mi hija Jenny, y Lenchen padece una especie de fiebre nerviosa. No puedo llamar al médico, porque no tengo dinero. En los ocho o diez días últimos he mantenido a la familia con pan y patatas, pero dudo si hoy tendré nada que darles."
Edgar, su amado hijo de nueve años de edad, murió en sus brazos, y Marx quedó destrozado, porque adoraba a sus hijos y a su mujer, que tanto sufrían por él, empeñado en su campaña contra las desigualdades sociales. Al darle cuenta a Engels de la muerte de Edgar, le escribió:
"Desde el entierro vengo sufriendo dolores de cabeza tan fuertes, que no puedo pen-sar, ni ver, ni oír. En medio de las desgracias de estos días, me han tenido en pie el pensar en ti y en tu amistad, y la esperanza de que tú y yo todavía encontraremos posible hacer algo digno de hacerse en el mundo."
Esa era la fe que sostenía a Marx.
Entre estos épicos sufrimientos nació El capital. Día tras día, mes tras mes, año tras año, Marx salía de su alojamiento, desesperadamente triste, en Soho, y se iba a la sala de lectura del Museo Británico a reunir el enorme material para su libro. Con el característico afán exhaustivo del pensamiento alemán, acumuló demasiado. Engels ya desesperaba de que el libro se acabase algún día. "El día que el manuscrito vaya a la imprenta, pescaré una gloriosa borrachera", escribía- y en su correspondencia llama a la obra "el condenado libro", mientras el mismo Marx confesaba que era "una pesadilla". Ocurrieron todas las causas posibles de retraso: enfermedades, disgustos domésticos, la necesidad de ganar algún dinero con otros trabajos, la organización de la Internacional política, que fue creación de Marx, las riñas y disgustos con los rivales que le disputaban la jefatura del nuevo socialismo. Más por encima de todo estaba el propósito de que el libro resultase perfecto y de fundar el nuevo socialismo sobre hechos científicos y verdades filosóficas.



Eso fue lo que dio tanta importancia a El capital. Karl Marx examinó la historia humana desde sus orígenes y encontró una nueva explicación de todos los acontecimientos, de todos los sistemas de gobierno, de todos los cambios en la estructura de la sociedad, y hasta, según él pretendía, de todos los sistemas de pensamiento, de cultura y de religión. Creyó también haber descubierto el método por medio del cual se producen la evolución y los cambios en la vida social. Era una nueva filosofía de la historia. Marx rompió con el pasado e hizo en el campo de la historia lo que el libro de Darwin, publicado poco antes, hizo en el campo de la biología: suministró una explicación única para todas las cosas y reunió un inmenso caudal de pruebas para demostrar la teoría.
Esa explicación es lo que nosotros llamamos "interpretación materialista de la historia". El método según el cual opera en la evolución social lo tomó Marx de su antiguo maestro, el filósofo Hegel, cuyas enseñanzas rebasó impetuosamente: el método dialéctico. Este método afirma sencillamente que cada fase de la evolución crea inevitablemente su propia antítesis; por lo tanto, se produce una tensión entre las dos situaciones opuestas, de donde resulta una situación nueva, una especie de transacción o síntesis entre las dos anteriores, la cual constituye, por sí misma, una reiniciación del proceso. Veamos cómo:

La situación A inicia el proceso; esta situación crea su antítesis o sea la situación B; de la tensión entre A y B procede C, especie de compromiso entre aquéllas. Pero C, a su vez, crea su antítesis, o sea una situación D; de la tensión C y D nace la situación E, síntesis de aquéllas; y así sucesivamente.

Ese es el mecanismo según el cual se desenvuelve el proceso de la historia. Si examinamos los hechos contemporáneos a la luz de esta teoría, vemos que los excesos del capitalismo en tiempos de la revolución industrial engendraron su antítesis, el comunismo; el comunismo produjo el fascismo, y actualmente estamos en espera de un nuevo orden que pugna dolorosamente por nacer de la lucha entre los dos anteriores.

Otra idea de Marx, aun más fundamental que la expuesta, es que toda la historia de la humanidad se explica por la lucha para obtener bienes materiales. Para él, el hombre vive sólo de pan. La fuerza que informa a la historia humana reside, según él, en los medios por los cua-les una sociedad produce los recursos necesarios para su existencia, y en la lucha que tiene lugar entre los diversos grupos sociales para apropiarse dichos medios y emplearlos en su provecho. Una sociedad cambia de estuctura —por ejemplo, la sociedad europea, que pasó del feudalismo al capitalismo moderno y al trabajo libre —porque un nuevo grupo se ha posesionado de los medios de producir bienes materiales. En su libro, Marx destaca la tremenda prueba que había descubierto para justificar su doctrina, de suerte que la historia, que hasta entonces había parecido un conglomerado confuso e inexplicable de luchas por el poder entre las dinastías reinantes y entre las religiones, tomó un aspecto completamente nuevo. Marx quizá a causa de la dura lucha por la existencia en que consistió su vida personal, exageró la importancia de esta base material, con la cual explica toda la historia. Atribuye a causas materiales toda la cultura, la religión misma, todos los movimientos intelectuales y es-pirituales. Por lo tanto, el advenimiento del cristianismo no es más que la consecuencia del movimiento, consciente y subconsciente, de los esclavos para lograr la igualdad con los amos; y cuando el movimiento pareció que iba a triunfar, los amos tomaron la dirección, lo canalizaron y contuvieron, y se instituyeron en sus jefes, conservaron en sus manos el poder y usaron sus mismos principios y consignas para su ventaja material. . . Marx llegó a verlo todo como manifestaciones de la lucha entre la clase poseedora y la clase desposeída.

Los seguidores de Marx acentuaron esta idea y se obstinaron en ella. Historiadores y sociólogos menos parciales pusieron esta teoría en su verdadero lugar, considerándola como una contribución extraordinariamente valiosa para la interpretación de la historia humana. Esto está mucho más cerca de la verdad, y es bastante para que reconozcamos nuestra deuda con aquel infatigable investigador y pensador social.

Armado con esta teoría del progreso y de los cambios sociales, Marx examinó la estructura de la sociedad de su tiempo y vio en ella la lucha que sostienen los poseedores de toda la riqueza del mundo y de los medios para producirla (capital) y los que no poseen más que su fuerza de trabajo. En esta lucha, el capital iba dominando cada vez más, principalmente a causa de que los inventos de aquel siglo trajeron a la liza el maquinismo y la estupenda fuerza del vapor. De esta suerte, estuvieron cada vez más fuera del control del trabajo la producción de bienes y su distribución, factores de los cuales depende el capital. Las máquinas creaban una enorme "plusvalía", como llama Marx a la ganancia que revierte al capital después de haber pagado la fuerza de trabajo, las materias primas, los impuestos y la maquinaria. Los ricos eran cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. Aumentaba el poder de los ricos y disminuía el de los pobres.

Marx no culpa de este estado de cosas ni a los capitalistas ni a los trabajadores. Sobre él no actuaban motivos sentimentales o morales como los que movieron a socialistas del tipo de Robert Owen en Inglaterra, o a los precursores de la Revolución en Francia. Para él, aquello era el resultado inevitable de la lucha que perpetuamente tiene lugar entre los propietarios y los desposeídos. Lo consideraba como el punto culminante del período social en que la producción se realizaba por aquellos procedimientos, y todo su interés estaba en impulsar a los desposeídos a adueñarse de los medios de producción.



Debemos de recordar que este libro fue escrito en Inglaterra a mediados de la época victoriana, país y tiempo en que el capitalismo se mostró en sus peores aspectos. Se usaron las máquinas para abaratar la mano de obra y pagarle jornales de hambre; y para emplear a mujeres y niños, depreciando el trabajo por todos los medios posibles. Parecía que todas las ventajas del maquinismo revertían a los capitalistas; mientras que el desarrollo de la gran industria y de la gran finanza que la sostenía producían la ruptura entre patronos y trabajadores y destruían las relaciones que en tiempos pasados daban a ambos un sentido de mutua dependencia y de responsabilidad compartida. Además, en medio de la anarquía absoluta de la libre competencia en que se movía la industria, cada diez años se producían regularmente crisis generales, debidas a la sobreproducción de todo género de artículos. Estas crisis les traían a los trabajadores los horrores del paro forzoso mientras los mercados estuviesen abarrotados del exceso de artículos que ellos mismos habían producido. En realidad, aquella fue la peor época de capitalismo desenfrenado. Los sindicatos, recién nacidos aún, eran demasiado débiles para proteger a los trabajadores. No tenían éstos en el Parlamento ningún partido que representase sus intereses, salvo algún miembro generoso de la clase gobernante que, como Shaftesbury, defendiese su causa. Esta sociedad es la que Marx retrató en su libro. Había presenciado las enérgicas represiones de todos los intentos revolucionarios de las clases trabajadoras, lo mismo en el continente que en Inglaterra, y concluyó que lo fundamentalmente injusto era "el divorcio entre el trabajador y la propiedad de los medios de producción", y, según hemos visto, su libro era sólo una parte de la obra de su vida, consagrada a instruir a los trabajadores acerca de lo que era injusto y de los medios para corregirlo.

Como análisis de aquel período de la historia social, El capital es un libro maravilloso. Como estudio de las fuerzas económicas y como guía de la historia, nunca lo estimaremos bastante. La doctrina de que la dialéctica es el método según el cual operan las cosas, es una contribución igualmente valiosa.
Felizmente, hemos vivido lo bastante para comprobar que El capital mismo y las doctrinas de Marx están sujetos al método dialéctico. Su extremismo es una de esas cosas que, como el mismo Marx decía, producen su propia antítesis. De manera muy extraña, los seguidores de Marx olvidan este hecho, y creen que traicionan sus ideas si aceptan cualquier modificación de sus consignas más violentas, cuando en realidad demostrarían la verdad de su teoría aceptándola. La historia de la humanidad posterior a la muerte de Marx se ha producido precisamente de acuerdo con estos lineamientos. El capitalismo desenfrenado del período de la revolución industrial, durante el cual escribió, suscitó la fuerza opuesta del comunismo. Éste, triunfante en Rusia con Lenin, su discípulo más destacado, en los días tumultuosos de finales de la primera Guerra Mundial, produjo a su vez el fascismo y el na-zismo. La segunda Guerra Mundial fue la manifestación de esa lucha. De ella —y realmente de la misma Rusia aún antes de que estallase la guerra—- está surgiendo una modificación del comunismo que viene a ser una transacción entre el viejo y el nuevo comunismo, y que probablemente será el punto de partida de una nueva era en la historia de la humanidad.
Hoy comprendemos mejor y con más claridad estas cosas, porque hace cerca de cien años aquel hombre, en medio de la pobreza y de la enfermedad, desterrado y perseguido y agotado por el trabajo excesivo, sacó de sus sufrimientos y de su talento un libro que nos enseña un modo nuevo de leer la historia humana.
"Así como Darwin descubrió las leyes de la evolución en la naturaleza orgánica, Marx descubrió las leyes de la evolución en la historia de la humanidad: descubrió el sencillo hecho. . . de que la humanidad debe ante todo comer y beber, vestirse y tener un albergue, antes de que pueda dedicarse a la política, a la ciencia, al arte, a la religión, etc."
Palabras de Federico Engels ante la tumba de Marx.



Sabiduría de Marx

"La prensa libre es el ojo siempre alerta del espíritu del pueblo, la encarnación de la con-fianza del pueblo en sí mismo, el vínculo hablado, que une al individuo con el Estado y con el mundo; es la encarnación de la cultura, que transfigura las luchas materiales y las convierte en luchas espirituales e idealiza su tosco contenido material. Es el espejo espiritual en que un pueblo se observa a sí mismo, y el conocerse a sí mismo es la primera condición de la sabiduría."
"La prensa convierte la lucha material en lucha ideal, convierte la lucha de la carne y la sangre en lucha de inteligencia, la lucha de las necesidades, de la codicia, de la indigencia, en lucha de teorías, en lucha de la razón."
"En un verdadero Estado no hay propiedad de la tierra, no hay industria, no hay ningún interés concreto que, como elementos materiales, busquen un acomodo con el Estado; no hay más que fuerzas espirituales."

"La filosofía más reciente considera el Estado como un gran organismo en que tiene su realización la libertad jurídica, moral y política, y en que el ciudadano individual obedece, al obedecer a las leyes del Estado, a las leyes naturales de su propia razón, de la razón humana."
"Al estudiar las situaciones políticas es muy fuerte la tentación de desdeñar las circunstancias materiales para explicarlo todo por la voluntad de las personas implicadas. Pero hay circunstancias que determinan los actos de las personas privadas y de los funcionarios, tan independientes de sus voluntades como el acto de respirar. Si uno parte de este punto de vista, no supondrá que hay una buena o mala voluntad excepcional en un lado o en el otro, sino que advertirá el efecto de las circunstancias donde a primera vista sólo parecía haber personas."
"Únicamente interpretando el mundo de un modo nuevo podremos entenderlo y hallarnos en situación de dar el primer paso para cambiarlo."



Teoría de Karl Marx y otros autores reumida:

Marx (1818-1883) y Engels (1820-1895): Las clases sociales en el capitalismo son dos: la burguesía que es la dueña de los medio de producción y el proletariado que es la clase que vende su fuerza de trabajo a la burguesía por el pago de un salario, para Marx no hay posibilidades de que estas clases puedan convivir en armonía, por lo tanto son antagónicas e irreconciliables. Si conviven en armonía es porque el proletariado esta alienado, peo si el proletariado adquiere conciencia de clase entonces el paso siguiente será la revolución. La política burguesa para Marx no representa al proletariado, sólo lo engaña. Es un Estado clasista. Nunca los intereses de la clase obrera estarán en las representaciones de la burguesía, ya que es la clase que explota al proletariado. Una clase en sí: Es aquella que se autodefine, toma conciencia de su posición y luego actúa en consecuencia, pero para asumirse como tal no debe estar alienada. Para enunciar esta teoría Marx observa lo que ocurre en Inglaterra, cuna de la industrialización. Para Marx el Estado capitalista es un instrumento al servicio de la clase dominante. Propone la destrucción del Estado en tanto este sea un instrumento de la burguesía. Aunque el primer paso es el establecimiento de un tipo de Estado que es la dictadura del proletariado. Dicha dictadura se encargaría de eliminar los privilegios de la burguesía, luego de lo cual sin explotadores ni explotados no es necesario el Estado. Marx observa las contradicciones de clase que tiene en su interior el capitalismo y decide llevarlas al extremo para que se produzca la dictadura del proletariado. La base de la teoría de Mark es una crítica al Estado capitalista.

El estado es el instrumento de la burguesía para explotar a la clase trabajadora.
La política burguesa es ineficaz para la emancipación del proletariado porque oculta las verdaderas intenciones y condiciones; la participación en la política burguesa es una falsa alternativa.
Organización y autogestión del proletariado para que tome el Estado y lo destruya:
Dos clases: burguesía y proletariado.
Dos esferas: - De la producción: Actividades económicas (civil)
- Superestructura: Garantiza la seguridad y reproducción del capitalismo (jurídico-político).
Las formas burguesas aparentan ser neutras.
Plusvalía: El trabajador está obligado a vender su fuerza de trabajo a un menor precio del que produce.
Propiedad de los medios de producción versus propiedad de la fuerza de trabajo.



Eduard Bernstein (1850-1932): Realiza una revisión del Marxismo.
El Estado burgués legisla en parte a favor de los obreros, por lo tanto hay que reformular el marxismo.
El estado es una organización densa y compleja.
Al presentar estas características el Estado capitalista pasa de ser clasista a ser neutral.
En Alemania los obreros se organizan, acceden al poder (partido social demócrata) por métodos burgueses, entonces crecen en el Estado como herramientas para acceder a la prosperidad en vez de revolucionar (reformismo versus revolución).
Tomar las herramientas que provee el estado capitalista para llegar a la equidad.



Vladimir Illich Ulianov Lenin (1870-1924): Retoma el marxismo tal cual lo planteo Marx.
Las concepciones revisionistas de Bernstein están equivocadas.
El estado debe ser destruido
Dos elementos del Estado: - Represivo: debe ser destruido (burgués)
- Técnico administrativo: Corre a cargo de empleados proletarios y debe mantenerse para la construcción de la nueva sociedad socialista.



Antonio Gramsci (1891-19379): Redefine al marxismo sin recurrir a la revolución típica.
Estado: Trinchera avanzada tras la cual hay un poderoso sistema de fortalezas y casamatas a través de instituciones privadas.
Sistema complejo de dominación.
Instituciones que median entre el Estado y las masas.
No es suficiente tomar el Estado por la fuerza, por la existencia de estas instituciones.
Inversión de la estrategia revolucionaria: primero dar batalla en el seno de la sociedad civil, ser dirigente antes de conseguir el poder.
Estado ampliado. Interrelación entre el Estado y la sociedad civil.
Hegemonía: Dirección política y cultural.
Recurrir a la fuerza como última instancia; el sistema funciona como si esta potestad de la dominación no existiera.
Estado: Funciones de coerción y consenso.
La ideología se reparte entre la sociedad civil y el estado; la violencia pertenece solo al Estado.
Estado. Lugar donde se estructuran las relaciones entre dominantes y dominados.



Esquemas y Mapas conceptuales:







Fuentes: Horacio Shipp "Libros que han movido al mundo"
Marcelo Garabedian "El Estado moderno. Breve recorrido por su desarrollo teórico.










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