Amanecer en la Antigua Persia.
Las Creencias de los Zoroastrianos
Ahura Mazda, el Espíritu del Bien, y Angra Mainyu, el Espíritu del Mal, luchan por el dominio del mundo. El alma del hombre es su último campo de batalla. Por lo tanto, es deber de cada hombre consagrar su vida al bien: decir verdad, ser honrado, ser leal, ser generoso y bueno. Es su deber, asimismo, luchar contra el mal y la corrupción de Angra Mainyu donde quiera que se encuentren.
Así el alma, a la hora de la muerte, si en ella predomina el bien, irá al reino de la eterna luz, pasando por un puente ancho como un cabello; pero los malvados se hundirán en el abismo.
Esto enseñó Zoroastro seiscientos años antes de Cristo; esto enseña su libro sagrado, el Zend-Avesta; y esto creen los parsis y los zoroastrianos de hoy, últimas y nobles reliquias de una religión que ha influido mucho en las otras religiones del mundo.
Historia de los Zoroastrianos
"Así habló Zarathustra".
Hoy sus palabras tienen todavía un extraño poder, una misteriosa autoridad, aunque el iranio Zarathustra —Zoroastro, como los griegos pronunciaban su nombre— es una figura tan legendaria que nosotros apenas si sabemos algo de su vida, y la noble religión que fundó no cuenta más que con unos 125,000 creyentes. Los parsis de la India y poco más de 10,000 fieles en Persia viven aún por la verdad del Zend-Avesta, libro sagrado de los zoroastrianos. Numéricamente, pues, el zoroastrismo parece insignificante en comparación con los centenares de millones de cristianos, hindúes, budistas, mahometanos y creyentes de otros grandes sistemas religiosos.
Sin embargo, merece su lugar al lado del judaísmo: Estas dos religiones fueron las primeras que movieron al mundo hacia la verdadera virtud, las dos corrientes que vertieron su inspiración en el caudaloso río del cristianismo.
Centenares de años antes de Cristo, Zoroastro concibió la idea de un Dios único y el modo recto y virtuoso de vivir. Inspirándose en lo más profundo de su propia conciencia, predicó a los hombres la necesidad de elegir el bien y rechazar el mal, porque Dios es bueno y nosotros necesitamos mantenernos a su lado. Las circunstancias históricas convirtieron este mensaje en la religión del imperio más poderoso del mundo oriental; entró en contacto con los judíos desterrados en Babilonia; y cuando quinientos años después Jesús enseñó en Galilea y Jerusalén, aquellas ideas, que brillaban a través de la fe judaica, fueron la base de muchas de sus enseñanzas.
Sabemos muy poco de la vida de Zoroastro. La época en que vivió es fijada por diversos investigadores en fechas que discrepan en siglos. Según algunos, vivió unos 1,000 años antes de Cristo; según otros, 800 años y la fecha que tradicionalmente aceptan los zoroastrianos es la de 660-583 antes de Cristo; pero hay indicios que permiten fijar una fecha posterior y ciertos eruditos afirman que nació el año 630 antes de Cristo y vivió hasta mediados del siglo siguiente, cuando Ciro el Grande estaba iniciando la creación del imperio persa. Parece, pues, lo más seguro que vivió en el período comprendido entre fines del siglo VII y comienzos del siglo VI antes de Cristo, época en que surgió el gran poderío persa.
Fue su patria la tierra que ahora llamamos Turkestán Ruso, vasta llanura que se extiende al norte del Afganistán y al este de Persia. Allí estaba establecido el pueblo iranio, formado por agricultores y ganaderos que llevaban una vida muy sencilla en pequeñas aldeas. Hacia el lejano oeste, las ciudades-estados de los valles mesopotámicos luchaban entre sí por la hegemonía; hacia el este, la China, de vieja civilización y viejas artes, pasaba un período de luchas interiores, anterior a la venida de Confucio. Las perturbaciones de aquel tiempo tuvieron ecos en las llanuras del Irán, mediante las incursiones de tribus nómadas bárbaras que se lanzaban sobre las pacíficas aldeas arrasándolo todo y desapareciendo en seguida, obligando a las pequeñas comunidades iranias a levantar de nuevo sus aldeas sobre las ruinas que dejaban los invasores.
La religión consistía entonces en un confuso politeísmo de culto a la naturaleza, vaga consecuencia de la admiración y el temor que sentía el hombre ante las pavorosas y desconocidas fuerzas cuya acción sentía en torno suyo. El fuego y el agua y la tierra fecunda, el rayo destructor y la voz del trueno, las estrellas majestuosas y, más que nada, el sol, señor de la luz, de quien todo depende: todas esas cosas tenían sus deidades propias, en opinión del primitivo pueblo iranio, como en opinión de todos los pueblos primitivos.
En torno de su culto y de su propiciación los magos, sabios sacerdotes, elaboraron un complicado ritual de sacrificios y ceremonias. Unos estudiaban los cielos para descubrir signos y símbolos y otros hacían sus predicciones basándose en augurios terrestres. Algunos, vestidos con ropajes de ceremonial, dominaban al pueblo sencillo y atemorizado y de este modo gobernaban las aldeas.
En este mundo se crió el niño Zoroastro. Las leyendas que después corrieron acerca de él dicen que nació de una virgen, que era, pues, un niño de origen divino, y que su padre era Ahura Mazda, señor del cielo. A la hora de su nacimiento se vieron en el cielo señales milagrosas, y cuando fue muchacho asombro a los magos, confundiéndolos con sus preguntas y su conocimiento de las cosas sagradas y espirituales. A la edad de quince años se retiró a la soledad para consagrarse a la meditación y permaneció otros quince en el retiro, contemplando los misterios espirituales, antes de empezar sus predicaciones. Dicen también las leyendas que fue llevado al cielo, donde permaneció aquellos quince años y donde recibió directamente de Ahura Mazda las palabras sagradas que fueron la base de sus doctrinas y de los Gathas, sagrados poemas que él mismo compuso.
Así, pues, Zoroastro comenzó sus enseñanzas cuando tenía treinta años y durante cuarenta y siete más comunicó su mensaje al pueblo. Era un mensaje revolucionario, valiente, retador. Dejaba a un lado el viejo politeísmo y predicaba la creencia en un solo Dios, creador de todo lo que es bueno, verdadero y bello, saludable, placentero y constructivo o útil. Contra esta bondad se levantaba la fuerza del mal, unida a todo lo que es destrucción, desorden, crueldad. El primer punto de las enseñanzas de Zoroastro era esta doctrina de la oposición del bien y el mal y su incesante lucha por el predominio en el mundo. Pero el bien triunfaría al fin y la fe de Zoroastro era firme, optimista y amante de esta vida de lucha por el bien.
Más importante aún que esa idea abstracta era la afirmación de que cada hombre y cada mujer eran individualmente responsables de la parte que tomasen en esa lucha. Era un pensamiento nuevo y maravilloso. Cada persona tiene una voluntad libre y debe elegir entre Ahura Mazda, bueno y sabio, y Angra Mainyu, malo. El Dios del Bien tiene seis grandes cualidades asociadas a su ser: buena intención, rectitud, fuerza, humildad, salud, obediencia. Como concesión al viejo politeísmo, estas cualidades se representaban como otras tantas personas asociadas a Ahura Mazda, y con el transcurso del tiempo fueron cada vez más claramente personificadas; pero, como Zoroastro mismo enseñaba a quienes eran bastante sabios para entenderlo, estas A mesha-Spentas eran cualidades que cualquiera que se alistara del lado del bien tendría a su disposición para luchar contra las fuerzas del mal. En guardia contra el politeísmo, Zoroastro limitaba específicamente esos seres a seis y los consideraba como simples auxiliares para vivir una vida virtuosa.
Esta unión del culto con la vida consagrada al bien era la más notable de las enseñanzas de Zoroastro. Hoy día nosotros consideramos como cosa ya sabida que eso constituye la verdadera esencia de la religión; pero en los días de Zoroastro era una idea revolucionaria, pareja en importancia con las de Moisés, primer legislador del pueblo hebreo. Ella constituye la prueba de toda religión verdadera, y en tal sentido el zoroastrismo es una de las más altas. Porque definió cuidadosamente lo que debe ser esa vida consagrada al bien. El hombre debe ser activo, limpio, industrioso; debe cultivar la tierra, conservar su cuerpo en perfecta salud por la observancia de las leyes de la higiene, decir verdad, ser escrupulosamente honrado, cumplir las promesas, ser generoso con los pobres y bueno con los animales domésticos, y estar siempre dispuesto a ayudar a las buenas gentes que sufren aflicciones y desgracias. Igualmente, debe luchar contra el mal. Angra Mainyu ha inspirado a los hombres y a los animales dañinos sus malas inclinaciones, que deben ser incesantemente combatidas y sojuzgadas. Los invasores nómadas, el leopardo que se lanza sobre el útil e indefenso ganado, el holgazán, el sucio, el creyente de otras religiones: todos estos están del lado del mal, y su misión consiste en perturbar la paz y el bien del mundo. No debe haber piedad para ellos. La doctrina fundamental del zoroastrismo era ésta: lucha por el bien, lucha contra el mal. A lo último triunfará Ahura Mazda, y es deber de los hombres contribuir a anticipar la victoria.
No tenemos informaciones auténticas acerca de cómo fueron recibidas estas extrañas enseñanzas. Se dice que pasaron diez años antes de que Zoroastro hiciera su primer prosélito, pero la verdad tenía que ser enseñada y él nunca se desvió de este camino. Al fin llegó el éxito cuando Zoroastro convirtió al rey Hystaspes, y la nueva religión sobrevivió, aunque poco después de ese acontecimiento el arrollador poder de Persia invadió la tierra del Irán. Realmente, al contemplar el vasto campo de la historia parece como si esa conquista estuviera destinada a servir a la causa de la religión. Desde entonces la gran revelación dejó de ser algo local y remoto, pues se convirtió en la religión nacional de los persas mientras estuvieron en la cumbre del poder, y, como hemos visto, entró en contacto con el judaísmo cuando los judíos fueron también vencidos por las armas persas, y así el zoroastrismo rindió su tributo al cristianismo.
Entre tanto tuvo sus días grandes. Durante mil doscientos años, desde 550 antes de Cristo hasta el siglo vil después de Cristo, el zoroastrismo fue la religión del grande y culto pueblo persa. En los comienzos de ese período eran vencedores en todas partes bajo el mando de Ciro el Grande que conquistó a los medos en 553, después, a los lidios, después a los babilonios, y así fundó el gran imperio de los Aquénidas. A comienzos del siglo V, bajo Darío y Jerjes, dominaron todos los países del Medio Oriente, hasta que los griegos los derrotaron en la famosa batalla de Salamina. Durante siglo y medio todavía, hasta que lo derribó Alejandro el Grande, el poderío persa se extendió desde las fronteras de la India hasta el Mediterráneo.
La religión de Zoroastro cabalgó sobre la cresta de las olas de la conquista persa y se extendió como no hubiera podido hacerlo si hubiera seguido siendo una religión local de las llanuras del Este. Al extenderse, inevitablemente se corrompió: reapareció el viejo politeísmo; los sacerdotes volvieron a practicar la antigua magia; la vida de bondad y de sencillez quedó eclipsada por el lujo y la licencia de una nación poderosísima y dueña de inmensas riquezas. Sin embargo, siguió dando su luz una llamita de esta religión, y cuando llegaron los tiempos malos con la conquista de Alejandro, y en los años de sangrientas luchas que siguieron a su muerte, el pueblo volvió otra vez sus ojos hacia el zoroastrismo. Los sacerdotes enseñaban un formulismo más rígido, un ceremonial más complicado, la observancia más escrupulosa de las formas externas del culto. Hubo un espléndido renacimiento de la fe en el siglo ni después de Cristo, cuando el rey Artabano, fundador de la noble dinastía Sásanidas, se alió con los magos y restauró el zoroastrismo, que fue religión oficial de Persia hasta que los mahometanos, cuando invadieron el país en el siglo vil, lo persiguieron despiadadamente. Algunos creyentes se establecieron en ciertos lugares del sur de Persia y otros huyeron a las costas occidentales de la India En esos mismos lugares los encontramos hoy y es una verdadera gloria para sus creencias el hecho de que los parsis (la palabra significa persas) de la India sean quizá el pueblo más recto, más culto y más honrado de cuantos se agitan en el inmenso tumulto de religiones de la India.
El libro sagrado de los zoroastrianos se titula Avesta, o más propiamente Zend-Avesta, porque incluye un comentario que fue añadido durante el renacimiento que ya señalamos bajo el rey Artabano. En aquel tiempo fue traducido al idioma pahlavi o pelvi, y entonces se creó también la enciclopedia zoroastriana, Bundahishn, que intentó incluir todos los fenómenos del mundo en la órbita de su sistema religioso El Zend-Avesta contiene algunos capítulos de Gathas, poemas cuya composición es tradicionalmente atribuida al mismo Zoroastro, así como las antiguas oraciones escritas por los primeros discípulos del gran maestro. Esas partes fundamentales de la religión están escritas en un dialecto que corresponde a los siglos VII y VI antes de Cristo, pero las últimas partes del libro corresponden a un período comprendido entre aquél y el tercer siglo de nuestra era.
Entre las muchas cosas de estos libros que son confusas y legendarias, se destacan como más importantes el culto del fuego como símbolo de la purificación y el culto de Ahura Mazda. Se leen allí raras doctrinas acerca de la inmortalidad, pues cada hombre posee un espíritu guardián (fravashi) que es como un doble de sí mismo. Además, tiene su alrna que revolotea sobre el cuerpo físico durante los tres días que siguen a la muerte, mientras se celebran los ritos funerales, los dramáticos ritos de las Torres del Silencio, a las cuales es llevado finalmente el cuerpo para que los buitres monden los huesos. Hay también la interesante concepción de un juicio que se celebra en un puente que une a la tierra con el cielo, y en el cual se pesan las acciones buenas y malas ejecutadas durante la vida. Si predominan las buenas, el puente que conduce al reino de la eterna luz es amplio y cómodo; si predominan las malas, el puente se hace estrecho como un cabello y el malvado cae al abismo. Antes de pasar el puente que lleva al reino de la eterna luz, donde reina Ahura Mazda, las almas buenas tienen que cumplir ciertas penitencias, que las limpien de sus faltas veniales.
Como puede esperarse de escritos tan antiguos, abundan en ellos las cosas maravillosas y los milagros. Una rara y oculta relación une a cada uno de los seis Amesha-Spentas, arcángeles que rodean a Ahura Mazda, con cada uno de los seis elementos del mundo: fuego, agua, tierra, metales, animales y plantas. Fantásticas leyendas rodean la vida Aura Mazda, como la que refiere la conversión del rey Hystaspes, cuyo caballo favorito estaba enfermo. Zoroastro se comprometió a curarlo si el rey adoptaba su religión. Zoroastro, en efecto, curó al caballo y el rey se convirtió. También contiene extrañas profecías sobre el fin del mundo: la lucha de tres mil años entre el bien y el mal debe precederle, el terrible dragón queda, al fin, libre y el tremendo final sobrevendrá cuando Mazda envíe a Sraoshyant para destruir al dragón e inaugurar el reinado de la luz.
Por grande que sea el interés folklórico de esas leyendas, no son ellas lo que nos atrae en el zoroastrismo, sino el hecho de que, como hemos visto, fue una de las primeras religiones que exigieron al hombre una vida de bondad como verdadero culto de un Dios de toda la tierra cuya naturaleza era la bondad. Obligado a definir la bondad como práctica de la vida diaria, el zoroastrismo formuló un código de limpieza, honradez, laboriosidad, lealtad, generosidad e integridad social. Esta poderosa doctrina ética vertió sus virtudes, gracias a determinados acontecimientos históricos, en el judaísmo, el cristianismo y el mahometismo; así, pues, la religión de Zoroastro siguió actuando sobre el mundo mucho tiempo después que su fuerza original se había disipado.
Hoy no quedan de ella más que bellas reliquias, pero sus creyentes aun merecen el respeto más profundo de sus vecinos a causa de la pureza de sus vidas.
"Donde quiera que encontréis cultura en la India, encontraréis a los parsis. Ellos son casi los únicos que cultivan las artes. Ellos son el único pueblo que dedica una parte de su riqueza a servicios sociales, fundando hospitales y bibliotecas, estableciendo parques y campos de juego. La India sin los parsis sería como un huevo sin sal."
Esto dice el autor de un libro reciente sobre la India. Es un justo tributo a unas gentes que se han convertido en los industriales, los banqueros y los navieros de la India sin mancharse con la explotación de sus semejantes.
Por lo tanto, no son sólo aquellas románticas Torres del Silencio donde el fuego y las aves limpian los huesos de los muertos y preservan a la tierra y al hombre de la corrupción; no es sólo la grandeza literaria del Zend-Avesta; no es sólo el admirable pasado; es, sobre todo, la verdad y la belleza de una religión que aun sigue influyendo sobre la humanidad en reducida esfera propia y con amplitud mucho mayor bajo otras formas: su Dios único aun es adorado bajo su nombre de Ahura Mazda en sus propios templos, y bajo otros nombres y en otros templos por otros adoradores que conocen su virtud.
Sabiduría del zoroastrismo
"Tú, Ahura Mazda, en el principio creaste con tu pensamiento a los seres y a los hombres, y las inteligencias; por ti la vida se vistió con los cuerpos; por tus acciones y enseñanzas, cada uno puede elegir según su propia y libre voluntad."
"Todos aquí abajo en el mundo pueden alcanzar la pureza por sí mismos cuando se limpian con buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras."
"La religión de los seres sagrados es la verdad y su ley es la virtud, y desean el bienestar de las criaturas y son compasivos con ellas."
"Como es buena para el alma la liberalidad, así es buena para el mundo la verdad; para el Ser sagrado, la gratitud; para el hombre mismo, la sabiduría."
"Sólo es bueno el hombre que no hace a otro lo que juzga que no es bueno para sí mismo."
"Estas cuatro costumbres son los principios de la religión de Zarathustra: ejercer la liberalidad con quien la merece; hacer justicia; ser un amigo para todos; ser sincero, decir verdad y arrojar lejos de sí la mentira."
"Vale más un solo hombre que dice la verdad que todo el mundo que habla falsedad."
Fuentes: Horacio Shipp "Creencias que han movido al mundo".
