InicioCiencia EducacionHacia dónde va el coaching


Considerada por muchos una disciplina confusa, en la que conviven profesionales con diferentes formaciones
y clientes que no siempre saben qué esperar como resultado, el coaching sigue reforzando su identidad y creciendo en todo el mundo: cada vez más, empresas de todo el mundo lo aplican. El entorno, con sus cambios acelerados, feroz competencia y exigencia de resultados inmediatos, así lo exige.


Hacia dónde va el coaching

Las empresas tienen el tamaño de su gente.
Tal es el lema del coaching: un modelo orientado a abrir ventanas para ampliar la visión y los resultados de la gente. Sin duda suena bien; lo difícil es ponerlo en práctica. El coaching pasó una etapa de indefinición, con dificultades para ser entendido. Muchas veces, aun hoy, se le confunde con otros tipos de intervenciones
organizacionales, y los clientes no saben exactamente qué esperar de él. Sin embargo, sigue siendo bien visto por las grandes empresas que quieren desarrollar su visión de negocios, y en ese marco la disciplina crece
y define su identidad. Las tendencias actuales muestran a un coaching que precisa mejor sus variables de compromiso mutuo y los indicadores de medición de gestión. También se centra más en los sistemas
de valores de las empresas y muestra parámetros más claros de intervención organizacional. Pero, ¿qué es el coaching, del que tanto se habla? Como quien inicia un juego, el coach se enfoca en el resultado extraordinario que la persona, el grupo o la empresa quiere alcanzar. Y lo hace mediante la construcción de una visión diferente pensada para alcanzar metas jamás obtenidas. Consiste, por así decirlo, en un intento de «destapar» la potencialidad de todos. La idea es que a partir de una escucha desarrollada surge una nueva interpretación
de la realidad, un replanteamiento de las convicciones personales y la concepción del trabajo, que propicia cambios posteriores en todos los ámbitos. Lo cierto es que, cada vez más, empresas de todo el mundo aplican el coaching. El entorno, con sus cambios acelerados, feroz competencia y exigencia de resultados inmediatos,
así lo exige. Al decir de Fernando Flores (pensador y político chileno, uno de los impulsores del coaching en América Latina):








«El coaching no busca sólo mejorar, sino transformar la cultura organizacional y las conversaciones para que la gente no quede atrapada en las historias que llevan a que se siga haciendo siempre lo mismo».
Nuevos paradigmas
«El coaching toma un poder extraordinario en la medida en que se comprende el valor agregado que la gente es capaz de dar a las empresas», señala la mexicana Elena Espinal, experta en el uso y la creación de la cultura del coaching ontológico, en conversación con Debates IESA. Los paradigmas empresariales han ido cambiando, lo que ha llevado a nuevas formas de desarrollo organizacional con mayor cabida para el coaching. Como explica
Espinal: «Hace veinte años a la gente se le pagaba por ocho horas de trabajo, pero luego las empresas privilegiaron el cumplimiento de metas. Antes, las relaciones con el personal se basaban en el control, pero esa forma de gerencia da como esultado ”más de lo mismo”, con muy poco crecimiento.

Los coaches dan poder a la gente para que obtenga resultados destacados y con frecuencia inesperados, mientras que los gerentes tradicionales interpretan como su responsabilidad el dirigir y controlar el desempeño del personal para obtener resultados predecibles.





Etimología y algo más

La palabra coaching tiene sus orígenes en Kocs (ciudad húngara a unos setenta kilómetros de Budapest), en el siglo XV. En esa ciudad se utilizaba un carruaje particular denominado kocsi (se pronuncia «cochi»), cuyo conductor (coach) facilitaba el desplazamiento del cliente, pero no decidía el rumbo que debía seguir.

Al coaching también se le encuentran raíces en la filosofía antigua, siendo quizás la mayéutica socrática su primer antecedente. Sócrates, mediante preguntas reveladoras, orientaba a sus interlocutores en la búsqueda de la «verdad». De alguna forma se interpreta que los diálogos platónicos constituyen un antecedente del método
del coaching, basado en preguntas y respuestas. En el mundo moderno, el método fenomenológico de Husserl, el existencialismo de Sartre y la psicología humanista moldean las bases filosóficas del coaching. Esto se evidencia en la toma de conciencia sobre lo que ocurre y el planteo de un proyecto de vida, sin censuras ni prejuicios.

En la escena contemporánea los aportes constructivistas a la filosofía del lenguaje sientan las bases del coaching ontológico. La disciplina también recibió gran influencia de la psicología del deporte, sobre todo de Timothy Gallwey, quien desarrolló el método del «juego interior». Desde la década de los ochenta, el coaching se difunde
mundialmente como disciplina reconocida y, en los noventa, los administradores de empresas y las escuelas de gerencia se interesan crecientemente en el tema, continuando su forma conceptual e integral a la fecha.



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