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LA RUPTURA DE LA CRISTIANDAD




1. LA VIDA EN UN MUNDO SACRALIZADO



Por sacralización se entiende la subordinación de la vida terrena, con todos sus valores, a la vida que se creía eterna y duradera. Se fabricaba una escala de valores, de acuerdo con estas prioridades, en la que la vida, la tolerancia, la libertad o la razón apenas tenían entrada. La secularización, por el contrario, se empeñó en la autonomía de la existencia, en la separación de los órdenes naturales y sobrenaturales. Estas realidades no se vivían de la misma manera por todos, porque había diferentes culturas e incluso tipos de religión.

Desde la Edad Media, la existencia disponía de un sistema de seguridades que no dejaba resquicios a la interacción de lo sobrenatural. El matrimonio, protestante o católico, como sacramento o como acto civil, no se contraía por amor y la boda se veía como un contrato con finalidad reproductiva. El catecismo en España hablaba de él como de un vínculo para criar hijos para el cielo. Los modelos de los santos prácticamente nunca eran casados y la Iglesia solía regular hasta el momento de la abstinencia o de la procreación. El amor a la infancia estaba prácticamente ausente (se trata de una época de fuerte mortalidad infantil y no se tenía demasiado aprecio por la vida de los niños y menos aún por la de las niñas). El bautismo se veía como un ceremonial y vía para la salvación y el nombre era una especie de distintivo social, económico, cultural y colectivo. Los nombres compuestos se usarán preferentemente por personas de elevada categoría social y en Europa, siguiendo costumbres judías, muchos provendrán del Antiguo Testamento. Las poblaciones musulmanas o moriscas suplantan el obligado nombre bautismal por otro familiar. Las órdenes religiosas borran los apellidos del nuevo nombre en la vida religiosa. Con la Reforma, muchos protestantes se llaman con nombres de personajes bíblicos, por su animadversión a todo cuanto se relacione con los santos. Pero el catecismo de Trento reafirma la modalidad del culto a los santos, al preceptuar que en el bautizo se imponga el nombre de alguien que haya merecido, por su piedad y forma de vida, estar en el catálogo del santoral, para que el bautizado imite sus virtudes.

Cuando se registre el primer intento serio de secularización, uno de los objetivos será hacerlo también con la identificación personal. Durante la Revolución Francesa se imponen nombres como Rosa, Narciso, Termidor, Montaña o Victoria.

El tiempo se medía por las advocaciones del santoral y en las fiestas de santos o de la Virgen se aprovechaba para echar las cartas o hacer contratos. Aunque los protestantes clamasen contra la cuaresma de ayunos y abstinencias, ellos mismos se preocupaban de comerciar con productos como salazones para satisfacer las necesidades de los católicos cuando por sus hábitos no podían comer carne.

La fiesta se veía como un fenómeno revolucionario y ocasión a veces de revueltas, pero también era el momento para el ocio, presidido por los sermones y procesiones religiosas. La Reforma quiso acabar con este tipo de manifestaciones y lo único que logró fue que en la Contrarreforma se multiplicasen. El calendario estaba determinado por referencias religiosas, lo mismo en el mundo cristiano que en el musulmán o el judío, y el Papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano, aunque los ortodoxos le pusieron problemas y otros lo rechazaron, pero la fecha del cómputo anual siempre era Pascua de Resurrección. Los intentos jacobinos de cambiar la medición anual y mensual del tiempo no tuvieron efecto y la experiencia sólo duró doce años.

Desde la Edad Media el espacio era variado en su percepción, según la ubicación, rural o urbana, o las situaciones profesionales o religiosas. Algunas comunidades, conventos y monasterios tenían su propio microcosmos y en la ciudad había espacios inmunes al fuero civil, verdaderos lugares de refugio que permitían el “acogimiento sagrado”. La imagen sacra de las ciudades no cambiará hasta la Revolución Industrial, las exclaustraciones del Imperio en el siglo XVIII y las desamortizaciones del XIX en España. Lo mismo ocurrió con la decoración de interiores o manera de hacer los testamentos.

La percepción del ambiente es otro de los objetivos de la historia de las mentalidades, porque el grado de cultura, riqueza, condiciones personales y colectivas, explican la vivencia en un ambiente que estaba determinado por un profundo dualismo: la lucha entre Dios y el Diablo. Porque tan arraigada como la presencia de Dios lo estaba la de Satanás y se creía en las brujas, redactando en algunos lugares como Alemania antídotos contra ellas. No importaba que fuese en la Europa católica o en la protestante, porque la Reforma misma contribuyó a incrementar la persecución de las brujas y las matanzas más inhumanas no ocurrieron en España, como cabría pensar, sino en muchos lugares de Europa y las colonias. Las sociedades sacralizadas se proveían de todo un arsenal de defensas contra brujas y demonios, lo mismo en Castilla que en la Alemania luterana. Pero la más importante de estas defensas era el exorcismo y la imprenta se dedica a impulsar la publicación del Malleus Maleficarum o Martillo de las Brujas, escrito por Sprenger en el siglo XV, al que se le van añadiendo tratados. Los demonios rurales actúan de forma indirecta, como instrumentos de la ira de Dios, provocando accidentes atmosféricos y desgracias colectivas.

También las actividades laborales se encontraban protegidas por lo sobrenatural y el éxito en la actividad agrícola se supeditaba tanto a la buena climatología como a la protección celestial. Estudios hechos de aldeas en tiempos de Felipe II demuestran que muchas de ellas estaban comprometidas por voto con algún santo porque bajo su advocación habían tenido buenas cosechas. En la producción artesanal, el gremio se enlaza con la cofradía bajo la protección de un santo y los archivos están llenos de pleitos a causa de concurrencias en entre el gremio, la cofradía y el protector. Las cofradías tenían funciones de caridad y hospitalarias.

La historia de la salud y la enfermedad se fija no solo en los avances de la Medicina sino también en los grados de morbilidad de una sociedad acostumbrada a estar enferma. La cirugía no se acaba de perfilar entre sus técnicas y muchas veces actúa negativamente, causando malformados. La Ilustración será testigo de las disputas en torno a la modernización de la medicina. En mentalidades sacralizadas, tan importantes o más que los médicos lo eran los cirujanos-barberos y los abogados celestiales, naciendo la advocación de santos para determinadas enfermedades (San Blas para la garganta, Santa Lucía para la vista…). La religiosidad popular en este sentido a menudo era combatida por las élites, que la veían como una desviación del Evangelio. Además de los protestantes, también la Iglesia católica de la Contrarreforma se valía de sus propios pensadores, como era el caso de Erasmo de Rótterdam, para luchar contra estas costumbres.

En el Antiguo Régimen, la muerte era la principal protagonista. Vovelle estudia las mentalidades colectivas a este respecto. Había diferencias en la manera de tratar el tema de la muerte entre los países, según su confesionalidad, e incluso entre las personas, por la clase social y el nivel de riqueza. Se conocen las reacciones ante las muertes catastróficas provocadas por la peste, el miedo ante la muerte imprevista o la reacción ante la muerte de los monarcas, con todo un ceremonial encaminado a la propaganda. Pero la desaparición de niños, por ejemplo, salvo en casos de la aristocracia en que afectaba a herederos, se tomaba como un momento alegre porque se contaba con un intercesor más en el cielo. Los pobres, que a veces morían solos y abandonados, recibían cristiana sepultura gracias a las cofradías. Hay que insistir en dos muertes que eran estereotipos: los santos y los réprobos. Las de estos últimos fueron esgrimidas como escarmiento para los vivos y, en el caso de los santos, eran ya sujetos de la hagiografía y se hablaba de “morir en olor de santidad”. A continuación y como consecuencia de la muerte del santo se procedía a su despojo en forma de reliquias, llegando a veces al descuartizamiento. Todos estos comportamientos eran coherentes con la realidad que se vivía: la convivencia humana con el más allá, de los vivos con los difuntos, estableciendo una serie de intercambios. Se habla del Limbo como algo extraño entre los dos mundos, el Cielo y el Infierno, y el Purgatorio es un anejo de la tierra en que se prolonga el tiempo de la vida y la memoria. Las almas en el Purgatorio se encuentran desvalidas y por eso se intercede por ellas. Las indulgencias servían para restar días al sufrimiento de las almas. Las reliquias también se utilizaban para reforzar la intercesión por la salvación eterna. Había muchos centros que las ofrecían como indulgencia a cambio del correspondiente óbolo, siendo Roma el principal expedidor.



2. CRISIS DE LA RELIGIOSIDAD MEDIEVAL Y PRIMERAS TENTATIVAS REFORMISTAS




Fue precisamente por las reliquias y el tráfico de indulgencias por lo que empezaron los problemas. Erasmo y los erasmistas, que centraban su religiosidad en el Evangelio y en Cristo, no podían tolerar todo esto. Místicos como San Juan de la Cruz no ocultaron su rechazo a la proliferación de milagros y devociones inconsistentes. El Barroco pareció ceder un poco en las hostilidades entre una y otra postura, pero se extremó la intolerancia católica, imponiéndose la espiritualidad monástica como modelo. Con la Ilustración llega la auténtica crisis de la religiosidad popular y la presencia de los laicos fue el primer signo de secularización de la religión, que se tradujo en autonomía y el dios de los ilustrados era más racional y respetuoso con la naturaleza humana. Se luchó contra la religiosidad rebosante de supersticiones, en tantos milagros que se explicaban por leyes físicas. Los curas, confesores y predicadores vieron amenazado su monopolio.

A finales del Medievo, el término reforma significaba la purificación interior que cada cristiano había de operar en sí mismo y las transformaciones que se esperaban de la Iglesia. Pero a partir de Lutero se designa con esta palabra la renovación de la Iglesia iniciada en 1517, desde fuera de Roma y en contra de la misma.

Con ello se rompe la unidad cristiana de Europa. Cuando en 1483 nace Martín Lutero, toda Europa es católica y obediente al Papa, excepto los países dominados por el Islam y el gran ducado de Moscú, unido a Constantinopla. Pero en 1546, cuando Lutero muere, casi la mitad de Europa se ha separado de Roma. Entre estas dos fechas ocurren varios hechos importantes:
- La reforma luterana
- La reforma calvinista
- El cisma de enrique VIII en Inglaterra.

La principal causa del luteranismo fue el mismo Lutero, pero sólo él es imposible que arrastrase a naciones enteras. Mucho antes se desarrollaron hechos, se propagaron ideas y se despertaron sentimientos que provocaron y facilitaron una sublevación contra la Iglesia.

Algunas causas que condujeron a la Reforma:
- La disolución del orden medieval y de los supuestos que lo sostenían.
- Intentos del pontificado de romper el equilibrio de poder que había existido con el Imperio.
- Destierro a Avignon de los papas, con lo cual se despreocupan encierta medida de la Iglesia universal, aunque organizan un sistema fiscal para sacar dinero de todos los países de Occidente.
- El conciliarismo se ve como una salida a la decadencia del Papado. Después del concilio de Constanza de 1414 se hacen alianzas entreestados o concordatos para defenderse de la reforma.
- Después del concilio de Basilea se da el sistema de Iglesias nacionales, es decir, la dependencia de la Iglesia de los poderes seculares, que intervienen en las decisiones eclesiásticas.
- Clericalismo excesivo y demasiados privilegios, lo cual les lleva a una superioridad que va más allá de lo estrictamente religioso.
- La Iglesia y sus clérigos toman posiciones caducas que el hombre moderno se ve obligado a abandonar mediante la secularización.
- Abusos del clero con el pueblo e imprecisión en los dogmas.
- Época de malos papas, como el Médici León X.
- Unión de varios obispados u otros cargos en una sola persona, como fue el caso del cardenal Alejandro Farnese, nieto de Paulo III.
- Las sedes episcopales solían reservarse a los segundones de las familias nobles, carentes de vocación.

A medida que disminuía el espíritu religioso de la curia aumentaba la fiscalidad de la Iglesia, con lo cual estos abusos produjeron un gran descontento que fue subiendo de tono hasta convertirse en resentimiento e incluso odio hacia Roma. Durante un siglo se clamó por una reforma en la cabeza de la Iglesia y sus miembros, pero no la hubo. En 1455 se presentan los gravamina de la nación alemana, conjunto de quejas contra el papado que luego se expuso reiteradamente, aunque Roma no tomó ninguna medida. En su escrito A la nobleza cristiana de la nación alemana, Lutero hizo suyas estas quejas, al igual que Zwinglio explotó este descontento y ordenó a sus discípulos no predicar primero sobre la doctrina, sino sobre los abusos y la necesidad de una reforma.

Pero lo más decisivo como causa de la Reforma fue la falta de claridad en el dogma. El campo del error y la verdad no estaban suficientemente deslindados.

Cuando Lutero califica al Papa de Anticristo no tiene noción de estar todavía fuera de la Iglesia. Y en la Confesión de Ausgburgo de 1530, Melanchton pensaba que no había contradicción con la Iglesia romana, sino sólo algunas diferencias de opinión.

A causa del Cisma de Occidente no quedaba claro que la figura del Papa fuese esencial en la Iglesia y, al no poder afirmar quién era el papa legítimo, se dejó de pensar en ello y la gente se acostumbró a estar sin él.

3. LUTERO Y OTROS REFORMADORES PROTESTANTES.
LA SEGUNDA GENERACIÓN DE REFORMADORES. CALVINO



Lutero es de origen humilde y en su fuerte personalidad se conjugan a estos orígenes una profunda conciencia religiosa, aunque sus ideas están más basadas en el corazón que en la razón. En oposición a los humanistas, conforma una visión pesimista del hombre subrayando el carácter irremisiblemente pecaminoso de la naturaleza humana y la necesidad de la gracia divina para salvarla. Lutero niega el libre arbitrio humano y todo lo remite a la misericordia divina, a la justificación por la fe. Desarrolla su crítica contra las indulgencias, que favorecían una piedad superficial y alejaban al cristianismo de las verdaderas fuentes de salvación.

En 1517, ante la predicación de las indulgencias de León X, concedidas a quienes contribuían con limosnas a la reconstrucción de San Pedro, Lutero invita a los teólogos a que reflexionen sobre el tema y expone las Noventa y cinco tesis sobre la virtud de las indulgencias. Afirmaba en ellas que sólo Dios puede perdonar las culpas de los que se arrepientan sinceramente, de forma que la absolución dada por el sacerdote es útil aunque no indispensable. Niega también a la jerarquía poder suficiente para borrar las penas del purgatorio y afirma que el cristiano tiene una doble naturaleza: el hombre interior, que halla su plena libertad en la fe, en la relación con Dios y en la lectura de la Biblia, y el hombre exterior, que se pone en relación con otros hombres en el marco de la vida social. Las obras buenas no sirven para salvar al hombre interior, que se salva sólo por la fe, sino para gobernar al hombre exterior y ayudarle a vivir en armonía con el interior.

Esto supone un diálogo directo del hombre con Dios, desvaneciéndose el papel de los sacerdotes como intermediarios. Lutero afirma que el sacerdocio es universal entre todos los bautizados, sin que exista diferencia entre eclesiásticos y laicos, y la lectura e interpretación de la Biblia es un derecho de todos los creyentes, no un monopolio de los sacerdotes. La doctrina del sacerdocio universal deriva de una valoración de los sacramentos diversa, por lo que los siete sacramentos de la iglesia católica Lutero los reduce a tres: Eucaristía, una cierta forma de Penitencia y Bautismo. Los demás, afirma que son fruto de las distorsiones de la autoridad eclesiástica.

Todo esto provocó una enorme reacción y, mientras el obispo de Maguncia y los dominicos, encargados de la Inquisición, denunciaban a Lutero ante la curia romana, en Alemania se desencadenaba la polémica.

El proceso a Lutero se suspende por la muerte del emperador Maximiliano I y las dilaciones de León X. Se reanuda después de la elección de Carlos V como emperador y se publica la Bula de León X en la que se le amenaza con la excomunión si no se retracta en sesenta días. Lutero responde quemando la Bula. En la Dieta de Worms de 1521, inaugurada por el nuevo emperador, se convoca a Lutero para que se retracte, pero se niega a obrar en contra de su propia conciencia. En un edicto imperial se le proscribe en el Imperio. Lutero abandona Worms y su protector, el príncipe elector Federico de Sajonia, le lleva a Wartburg, donde pasa seis meses escribiendo sus principales obras. Cuando se le convoca a la dieta de Worms ya tiene numerosos adeptos, que le veían como un liberador de la vida religiosa. Entre ellos se encontraba Felipe Melanchton, su discípulo predilecto. Algunos artistas como Durero y Holbein también se inclinaron por la Reforma, al igual que parte de la burguesía y de la pequeña nobleza. Después del edicto de Worms, numerosas ciudades y príncipes se niegan a acatarlo, abrazando la Reforma. Cuando en 1529 se intenta poner nuevamente en vigor, hay un conjunto de seis príncipes y catorce ciudades que protestan y de ahí viene el nombre de PROTESTANTES.

El otro gran centro reformador fue Suiza, donde triunfaron las nuevas doctrinas introducidas por Zwinglio. Canónigo de la catedral de Zurich y humanista seguidor de Erasmo, subrayó siempre su independencia de Lutero y en 1525 reformó ampliamente la iglesia de esa ciudad: abolió las imágenes, anuló el celibato de los sacerdotes, suprimió los conventos y destinó sus bienes a la asistencia pública, sustituyó la misa por otro rito más simple y negó la presencia de Cristo en la eucaristía. Atacó el servicio militar mercenario que los campesinos suizos más pobres estaban obligados a practicar, por considerarlo impropio de cristianos. La reforma de Zwinglio tiene amenazas, como los anabatistas, dirigidos por Honrad Grebel y Félix Manza, que inmediatamente y con mayor celeridad que Zwinglio querían dar vida a una comunidad de santos, puros y fieles, negando el bautismo a los niños y afirmando que los verdaderos fieles deberían ser rebautizados, de ahí su nombre. Zwinglio intentó convencerles de que renunciasen a sus ideas y entrasen en la Iglesia de Zurich, pero se opusieron, por lo cual condenó a muerte a muchos de ellos. Los demás cantones de Suiza veían todo esto con temor y preocupación y un ejército católico atacó Zurich en 1531, venciéndoles en Kappel, donde murió el mismo Zwinglio. La difusión de su reforma sólo alcanzó a Ginebra.

En Ginebra también se desarrolla el trabajo de Juan Calvino, francés huido de la represión contra los luteranos. Se establece luego en Basilea y entra en contacto con la doctrina de Zwinglio, algunas de cuyas ideas recoge en Institución de la Religión Cristiana.

Las relaciones de Calvino con Ginebra no siempre fueron fáciles, aunque al final consigue hacer de la ciudad una especie de estadoiglesia calvinista.

Su doctrina experimenta una importante evolución. Al principio afirma que la Iglesia es esencialmente invisible y el sacerdote o pastor no es más que un delegado de los fieles. Pero con el paso del tiempo revaloriza la iglesia visible y ordena mantenerse en su comunión. Precisa también la teoría de la predestinación: Dios encamina a unos a la vida eterna y a otros a la condenación. La salvación no depende de los méritos del individuo, sino de la gracia divina. Pero a pesar de todo el individuo no debe resignarse al propio destino, sino que debe ejercitarse en el bien día a día.

Para dar vida a esta comunidad usa los instrumentos de la política: un consistorio, con doce laicos y algunos pastores vigilaba la conducta de los ciudadanos en las cuestiones doctrinales y la disciplina eclesiástica. La conducta moral y la observancia religiosa de los magistrados ciudadanos estaban sometidas a un estricto control. Se prohíben los juegos de azar, los espectáculos de lujo, tabernas. Los pecadores eran excluidos de la comunidad.

Ginebra se convirtió en el punto de referencia y refugio de todos los que son perseguidos por sus ideas religiosas. Calvino era muy intransigente y a veces usó la tortura y condena a muerte, como ocurrió en el caso del español Miguel Servet, acusado de hereje por negar el misterio de la Trinidad.

La reforma anglicana, a continuación, no está incluida en el temario.
La reforma anglicana no se puede comparar con las otras reformas del siglo XVI. Lo que se buscaba era subordinar la vida eclesiástica a los intereses del Estado y no hubiera sobrevivido si en Inglaterra el papado no hubiera estado tan mal visto. En 1527 Enrique VIII desea que Roma anule su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con una de las damas de la reina, Ana Bolena. Roma no accede y el rey hace que el Parlamento apruebe el Acta de Supremacía, que convertía al monarca en jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra.

De momento, la separación de Roma no afectó de manera sustancial a la doctrina, sino que se limitó a suprimir los monasterios y a nacionalizar sus bienes, cuya venta creó una aristocracia muy adicta a la reforma, mientras la jerarquía eclesiástica estaba sometida al poder político.

Durante el reinado de Eduardo VI se hizo general el pensamiento protestante y las nuevas fórmulas de fe se introdujeron en la vida religiosa bajo la forma de una nueva liturgia, aunque se mantuvieron muchas de las maneras tradicionales.

La sucesora de Eduardo VI es su hermana María Tudor, hija mayor de Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón. Debido a la educación católica recibida de su madre, se empeñó en restaurar el catolicismo, aunque actuó con cierta cautela debido al odio a los papistas por parte de los ingleses y a los intereses creados por la secularización de los bienes eclesiásticos.

Contrajo matrimonio con el hijo de Carlos V, el príncipe Felipe de Austria, lo cual es un punto más en el apoyo al catolicismo. Se abolieron por el Parlamento todas las leyes votadas en contra de la autoridad pontificia, aunque no se tocaron los bienes secularizados. Pero la resistencia protestante fue más firme de lo esperado y la reina, que al principio había actuado con tolerancia, emprendió el camino de la intransigencia, por lo cual es conocida por sus adversarios con el nombre de Bloody Mary (María la Sanguinaria), y de esta manera el odio hacia el papismo se hizo todavía más intenso.

A la muerte de María sube al trono su hermana menor, Isabel Tudor, hija de Enrique VIII y Ana Bolena. Con una política exterior muy cauta y la nueva acta de supremacía y uniformidad de 1559 puso en vigor diez leyes eclesiásticas de Enrique VIII y Eduardo VI, que su hermana había abolido. Los obispos nombrados bajo el reinado de María fueron depuestos y los pocos monasterios restaurados se suprimieron. La persecución despiadada no comenzó hasta que en 1570 Pío V lanza sobre la reina la excomunión y deposición. La ruptura estaba ya consumada. En sus últimos años de reinado, Isabel resumió la doctrina y constitución de la iglesia anglicana.



5. LA REFORMA CATÓLICA. EL CONCILIO DE TRENTO




¿Reforma o Contrarreforma? ¿Lo que surge en el siglo XVI es una reacción contra el protestantismo posterior a Lutero o algo que ya existía en el interior de la Iglesia? Para la historiografía tradicional protestante es una simple reacción contra su reforma, lo cual va en contra de las explicaciones de la Iglesia Católica. La historiografía actual afirma que en la Iglesia del siglo XVI se detecta una tendencia espontánea hacia la reforma y también una reacción contra los protestantes que se desarrolla bajo la guía del papado. Jedin designa Reforma Católica a la primera actitud y Contrarreforma a la segunda, precisando que ésta sofocó no solo los errores cometidos sino también los fermentos positivos contra el luteranismo y las ideas de otros humanistas cristianos, como Lefevbre.

En Italia y España, los precedentes de la reforma católica a finales de la Edad Media se mantuvieron a pesar de la reforma protestante. Su desarrollo fue posible cuando, bajo el pontificado de Paulo III, triunfó en Roma el movimiento reformista, aunque después el concilio de Trento extendería la reforma a toda la Iglesia. En Italia, los inicios de la reforma van unidos a las hermandades o cofradías que proponen la caridad hacia los pobres y enfermos y la piedad eucarística. Los miembros de estas asociaciones llevaban una vida religiosa muy estricta y fundaron diversos institutos religiosos. Con Paulo III empezó a prevalecer el espíritu de reforma y el modelo de lo que más tarde sería Trento vino de la mano del obispo de Verona, pues organizó su diócesis de manera que era obligatoria la predicación y la instrucción religiosa, además de la cura de almas, y procuró elevar el espíritu moral del clero y su nivel cultural, estableciendo un seminario sacerdotal. El concilio Lateranense fue el único intento de reformar la iglesia en vísperas de la escisión protestante, pero sus resultados fueron escasos.

En España, el episcopado, las órdenes religiosas y los Reyes Católicos, protagonizaron la renovación. En el concilio nacional de Sevilla de 1478 se llegó a un acuerdo entre los monarcas y obispos sobre la reforma de la Iglesia, que se ejecutaría por ambas partes, evitando colaboraciones foráneas. La reina Isabel se preocupó de nombrar obispos adecuados y, en Granada, el obispo Hernando de Talavera fue uno de los precursores de la reforma. Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo, impulsó la reforma del clero secular y en la universidad de Alcalá de Henares creó un centro de humanismo que llevó a cabo la Biblia políglota. En la universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria inicia la renovación de la teología escolástica. De aquí salieron los grandes teólogos del concilio de Trento.

Paulo III creía en la eficacia de luchar contra las herejías, pero no fue insensible a los que pedían una reforma en el catolicismo. En 1536 creó una comisión para analizar los motivos de la crisis y se elaboró un detallado inventario de los males del catolicismo, a la vez que se apuntaban propuestas de carácter disciplinar y moral. Se quería recuperar toda la vida católica y por eso se necesitaba un concilio que afrontase globalmente los problemas de la reforma y pusiese remedios a todos los males.

Los papas del siglo XV habían obstaculizado la convocatoria del concilio, pero con el éxito de la Reforma se hizo necesario para restaurar la unidad cristiana.

El concilio se convocó en Trento en 1542. Se escogió esta ciudad para no molestar ni a católicos ni a protestantes, porque, aunque era una ciudad italiana, territorialmente pertenecía al Imperio. A causa de las guerras entre Carlos V y Francisco I, los trabajos se alargaron veinte años y, antes de que el concilio empezase, ya se habían acabado las ansias de reconciliación. Los protestantes decidieron no participar, porque no aceptaban la preeminencia del Papa, en contradicción con el sacerdocio universal.

La participación fue muy restringida y desde el primer momento se enfrentaron dos tendencias: la que pretendía que se tratasen de forma preferente los problemas de carácter institucional y disciplinar, que era la postura del emperador, y los que querían dar más importancia a las cuestiones dogmáticas y teológicas. Para evitar enfrentamientos, se decidió organizar los trabajos de modo que los dos aspectos, dogmático y disciplinar, se tratasen paralelamente.

En el plano doctrinal, el concilio precisó la fe católica en contra de la interpretación protestante:
- Se reafirma la validez de los siete sacramentos.
- Se confirma la presencia real de Cristo en la eucaristía y el bautismo a los niños.
- Se acentúa la separación entre laicos y clérigos frente a la idea del sacerdocio universal.
- Sólo la Iglesia y su jerarquía pueden interpretar la Biblia.
- Se declara como oficial la versión latina de la Biblia conocida como Vulgata.
- La salvación se obtiene por medio de la fe y las obras.
- Se recomienda el culto a la Virgen y a los Santos.

En el plano disciplinar, se toman también importantes medidas para resolver los problemas que habían creado malestar:
- Obligación del celibato eclesiástico.
- Se impone la residencia a todos los titulares de beneficios con cargas pastorales (obispos y párrocos).
- Se prohíbe la acumulación de beneficios.
- Obligación de los obispos de efectuar visitas regulares a sus parroquias para controlar a los eclesiásticos.
- Se crean seminarios para combatir la incultura del clero.
- Se elabora un catecismo por Carlos Borromeo.
- Los curas tienen que enseñar a los fieles la doctrina cristina en lengua vulgar.

El concilio no consiguió restablecer la unidad, aunque no disminuyó esto su importancia histórica, porque muestra la fuerte capacidad de recuperación de la Iglesia y su unidad teológica y disciplinar.

Paralelamente a estas acciones, también se emprendió una represión y el papa Paulo III dio de nuevo auge a la Inquisición y creó una congregación de cardenales, el Tribunal del Santo Oficio, cuyos poderes alcanzaban hasta para imponer la pena de muerte a los herejes recalcitrantes. Paulo IV interrumpe el concilio de Trento e intenta restaurar la unidad de la Iglesia mediante la lucha encarnizada contra la herejía y muchas medidas disciplinares. Las sospechas del Papa se centran incluso en los cardenales que en Trento habían abogado por el talante conciliador y las reformas: Morone es encarcelado y Pole se ve obligado a emigrar. Se reorganiza la censura sobre las publicaciones y se fija un índice de libros prohibidos. Pero había cambios que ya eran anteriores a Trento. En 1524 se funda la orden de los teatinos, orientados a la reforma moral del clero y a la predicación. En 1528 surgen los capuchinos, que predican al pueblo y asisten a las víctimas de la peste. Las ursulinas se dedican desde 1535 a la instrucción de las jóvenes. Estas órdenes contribuyeron en parte a frenar la herejía.

La más importante de todas fue la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, militar español que, herido durante el asedio a Pamplona, sufrió una crisis religiosa y decidió dedicarse al apostolado. Los jesuitas eran hombres de iglesia, con una importante formación y obediencia de tipo militar, con una estructura interna fuertemente jerarquizada. Sin embargo, eran muy flexibles respecto al mundo en el cual se movían y penetraron en la realidad política, social y cultural de Europa. Colaboraron con algunos gobiernos y promovieron instituciones educativas. Los príncipes y ciudades importantes demandaban profesores jesuitas por su magnifica preparación. En Roma, el propio San Ignacio crea el colegio central, llamado Colegio Romano, para la instrucción de los novicios. También llegaron a las capas más bajas de la sociedad mediante el culto a las imágenes y las procesiones, que era la manera de atraerse a la masa analfabeta. San Francisco Javier, uno de los principales colaboradores de San Ignacio, obtiene éxitos en Japón y la India, y Mateo Ricci en China.



6. LA NUEVA GEOGRAFÍA RELIGIOSA. LA EUROPA CONFESIONAL




El ámbito de difusión de la Reforma fue muy amplio.
- En Francia penetró con bastante rapidez gracias al humanista Lefebvre d’Etaples, que se había adherido a las ideas de Lutero y contó a Calvino entre sus alumnos. La conducta prudente de sus seguidores evitó persecuciones, aunque todo cambia a partir de 1534, cuando se desencadena la represión contra los luteranos y muchos, como Calvino, abandonan el país. Con Enrique II la represión se hace sistemática. Como Calvino era francés, el calvinismo tuvo bastante repercusión y a pesar de que algunos reformadores fueron condenados a muerte, los hugonotes, nombre dado a los calvinistas en Francia, eran casi un sexto de la población, entre ellos muchos nobles y hombres de negocios.
- En Alemania la difusión del calvinismo se encontró con el obstáculo del luteranismo, que estaba sólidamente afincado. Sin embargo, el calvinismo penetró en algunos lugares como Renania y el Palatinado y en Hungría suplantó al luteranismo, alcanzando también bastante éxito en los Países Bajos.
- En la Europa Septentrional se impone la corriente hegemónica de la reforma luterana y en 1523 Gustavo Vasa, apenas es nombrado rey de Suecia se adhiere al luteranismo y confisca todos los bienes de la Iglesia. En 1536 lo hacen Noruega y Dinamarca y en 1539 Finlandia e Islandia.
- En los países de la Europa Oriental también penetra el luteranismo, pero no se impone con tanta fuerza.
- En Escocia prevalece el calvinismo gracias al predicador John Knox, que introduce una organización caracterizada por la igualdad entre los eclesiásticos, conocida con el nombre de presbiterianismo, en contraposición a la iglesia anglicana.
- Irlanda se mantiene católica.

Notas:
- Sacralización vs. Secularización
→ Reforma = Vuelta a viejos órdenes religiosos y eclesiales.
- Percepción aún medieval de la vida ► Las expresiones de la religiosidad popular fueron combatidas por la espiritualidad de los privilegiados.
- Causas y efectos de la Reforma:
1. La disolución del orden medieval.
2. Cisma de Occidente ► Ruptura de la unidad entre Pontificado e Imperio ► Conciliarismo.
3. Beneficios eclesiásticos y tráfico de indulgencias ► 95 tesis de Lutero.
4. Luteranismo, calvinismo, anglicanismo.
5. Teatinos, capuchinos, ursulinas, jesuitas...
6. Concilio de Trento.
7. Guerras de religión ► Paz de Augsburgo de 1555.
8. División religiosa de Europa.
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