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LA CIVILIZACIÓN DEL RENACIMIENTO



1. CULTURA DE ÉLITES Y CULTURA POPULAR. EL PESO DEL ANALFABETISMO



No es totalmente cierto que la Edad Moderna supusiese un progreso lineal en la cultura, ya que sólo minorías muy reducidas tomaban en cuenta los cambios que se estaban produciendo. La inmensa mayoría de la población siguió inmune a esos cambios y vivía anclada en el pasado. No se puede hablar de una sola cultura, pues aunque la sociedad que pertenecía a la élite, los humanistas e ilustrados, se empeñaba en denigrar a todos aquellos que no se adecuaban a sus convicciones, la cultura popular no debe verse como sinónimo de ignorancia. La historiografía actual está revisando el mundo de la cultura campesina y urbana, con referencias a lo mágico y lo natural, que nada tiene que ver con la cultura de la élite social.

Los medios de comunicación y de transmisión de saberes no son escritos porque en aquella época, incluso en los contratos, era más valorada la palabra que la letra. La tradición oral, la conversación y la memoria son los instrumentos principales de los que se sirven. En la mayoría de los países europeos, y en España quizá más que en ningún otro, es de especial importancia el REFRÁN, que constituye una sabiduría insustituible. Otro medio de información es el SERMÓN, a la vez que resulta medio de propaganda y de catequesis, empleado tanto por protestantes como por católicos. La lectura sólo existe indirectamente y la liturgia obligatoria es bastante inútil porque las misas católicas son en latín, lengua que el pueblo llano no entiende. La Reforma se fija en este aspecto y es uno de sus caballos de batalla: poner la Religión más en contacto con la realidad del pueblo. Más eficaces son los libros de devoción, los almanaques o la literatura equivalente a pliegos de cordel, coplas de ciego y otros géneros denostados por las élites, pero que le valen al pueblo llano porque pocos son los que saben leer.

La imprenta fue un avance tecnológico, industrial y cultural que afectó a todos los órdenes, desde el económico al ideológico. Pero su capacidad multiplicadora y su producto, el libro, se encontraron con barreras que retrasaron las posibilidades de circulación. Los poderes, tanto civiles como eclesiásticos, eran conocedores de los peligros que comportaba la libertad de producción y no tardaron en establecer monopolios, en convertir la imprenta en una especie de regalía con todas las censuras estatales, religiosas e inquisitoriales posibles. El acceso al libro tampoco era general debido sobre todo a sus elevados precios, con lo cual sólo los ricos tenían acceso. Hasta que en el siglo XVIII no cambien las formas externas y se extiendan los libros en formato de bolsillo o los ofrecidos por entregas, hasta que en definitiva no se abaraten los precios, la presencia del libro será escasa, quedando reducida a determinadas bibliotecas institucionales.

Pero el muro más duro de derribar con el que se enfrentó el acceso al libro fue EL ANALFABETISMO. Se ha llegado a discutir la diferencia entre analfabetismo radical y alfabetización. Fuentes notariales, fiscales, judiciales, parroquiales e inquisitoriales permiten llegar a conclusiones y datos sobre el acceso a la lectura y la escritura. Se sabe, por el trabajo de historiadores como Duby, que en Europa y sus colonias se registró un avance lento en el camino de la alfabetización. Los porcentajes que se han dado se refieren sólo a varones y no atienden a las realidades que hablan de la discriminación cultural, según se ve por las firmas. Para las mujeres no era necesario firmar ni leer, y tampoco existe el mismo grado de alfabetización en la ciudad que en el campo, al igual que difiere el porcentaje de letrados según las profesiones que ocupen. Chartier trata de esbozar un esquema del grado de alfabetización creciente: las zonas más alfabetizadas se sitúan al norte y en Alemania; las regiones de analfabetismo, al sur y en Europa Occidental. De todos modos se trata de una división muy simple. No puede establecerse la misma importancia o correlación a saber leer que a firmar, y por eso se hacen estudios sobre la propiedad de libros y bibliotecas. Hay que distinguir la abismal diferencia entre la posesión de libros por habitantes de la ciudad y del campo, y también según el grado de riqueza y la profesión. La nobleza, incluso la española, poseía además del archivo de los documentos oficiales de sus títulos, bibliotecas considerables, aunque no todas alcanzasen los 1500 volúmenes del conde de Gondomar. Los libros en manos privadas suelen corresponder a profesionales del Derecho, de la Medicina o de la religión, y hay otras bibliotecas que merecen ser destacadas: las de Colegios Mayores, universidades, monasterios o conventos. Otra diferencia a tener en cuenta en Europa y las colonias es la existente entre las distintas confesiones religiosas y la posesión de libros.

Dada la ayuda que la imprenta prestó a la Reforma de Lutero, en contra de los escasos ecos en la religión católica, se ha generalizado el amor al libro y a la palabra escrita en el Protestantismo. Esto se ve en la ciudad de Metz, donde conviven las dos religiones y el 70% de los libros está en manos de protestantes. Pero no parece que el primer luteranismo o calvinismo incrementasen mucho el número de lectores, sino que esto sucedió luego con el puritanismo y los pietismos posteriores, cuando se acostumbran los fieles a la lectura casera y familiar de las Escrituras. En Suecia, la Iglesia luterana amenaza con la excomunión a quien no se adentre en su política alfabetizadora.

A finales del Antiguo Régimen, la imprenta facilita ya una oferta más variada de libros y el predominio de lo religioso va cediendo territorio a las artes, las ciencias o las letras. La Enciclopedia es un modelo, además de objeto de propaganda, de las preocupaciones e ideales de las élites. También aparece el fenómeno de la “mujer lectora”.



2. LA ENSEÑANZA Y LAS UNIVERSIDADES. LA FUERZA DE LA ESCOLÁSTICA



Los colegios de primeras y segundas letras o de gramática estaban casi siempre protegidos por clérigos y orientados hacia la formación clerical. En las universidades, este control de la Iglesia era cada vez menor, a favor de la autoridad civil, aunque pervivía la servidumbre de las distintas facultades a la de Teología. Las universidades eran las que proveían de funcionarios y burócratas a los estados modernos. Las innovaciones y la nueva sensibilidad cultural llegarían por otros cauces: por las academias humanistas, las reales academias de los absolutismos o de las sociedades inglesas, los amigos del país asociados, los centros especiales arbitrados por los Ilustración para los oficios útiles, etc. En este cambio tuvieron importancia unos personajes innovadores que forman parte de la llamada “revolución científica”, tales como Galileo, Bacon, Descartes, Newton o Copérnico. El proceso fue muy complejo y todavía hay una cierta servidumbre a mentalidades y sistemas del pasado. El vehículo mediante el que difunden sus teorías será el latín y se empieza a usar la RAZÓN como medio de investigación, desvinculando algunos campos de la Revelación divina. Fueron trascendentales Descartes y su famoso MÉTODO, porque inicia la primera de las emancipaciones que serán características de los tiempos venideros.

Para llegar a ello fue necesario primero destruir la escolástica, personificada en Aristóteles y que era más que un método, porque se trataba de un pensamiento basado en la dialéctica sutil y en la autoridad correspondiente: una visión del universo terrenal y celestial, una “summa” armónica de todos los conocimientos habidos mediante esos caminos y no por la crítica o la experimentación.

El Humanismo es más platónico que aristotélico y no ocultó la antipatía, al igual que le ocurría a Lutero, contra un sistema en el que no cabía la escritura como norma y que se había diluido en escuelas parecidas a sectas, con lenguaje críptico y estériles sutilezas. Erasmo, en su Elogio de la locura clamaba así contra la escolástica de su tiempo: de suerte que es más fácil salir del laberinto que de la confusión de realistas, nominalistas, tomistas, albertistas, ocamistas, escotistas, por no aludir más que a las principales entre tantas sectas. En todas ellas es tan profunda la doctrina, y tanta la dificultad, que tengo para mí que los apóstoles precisarían de una nueva venida del Espíritu Santo si tuvieran que habérselas con los teólogos de hoy. De todos modos, la escolástica no desapareció en el siglo XVI y hasta la ortodoxia luterana se vio envuelta en sus redes.



3. LOS CONCEPTOS DE RENACIMIENTO Y HUMANISMO. CARACTERÍSTICAS Y FACTORES DE DIFUSIÓN



Al período comprendido entre mediados del siglo XV y comienzos del XVII se le conoce como Renacimiento porque se intenta que renazca el interés por la antigüedad clásica. Los protagonistas principales son los humanistas, que ponían al Hombre como centro del Universo, en contra del geocentrismo medieval. Trataron de elevarse sobre sus propios conocimientos echando mano de los de la antigüedad, porque este mundo les parecía más bello y sabio que el suyo propio. Pensaban que precisamente la caída de la edad dorada que emulaban había producido como consecuencia una época de barbarie de la que deseaban escapar. El griego y el latín se convirtieron en los vehículos esenciales para la expresión de los humanistas.

Pero el Renacimiento fue mucho más que eso, aún siendo una característica muy importante. Los grandes descubrimientos de los portugueses bordeando África y, sobre todo, el descubrimiento del nuevo continente americano ampliaron el horizonte de la tierra conocida y, merced a las nuevas rutas comerciales y a las riquezas americanas, se desarrolló la economía europea.

Todo esto tiene como consecuencia que sea una etapa próspera en mecenazgos del arte y la cultura, que eran un símbolo más del poder del que pagaba. La consideración social del artista se elevó, pasando del más puro anonimato del gremio de los artesanos a ser un protegido de la clase alta. También cambia el propio estilo del Arte y el gótico medieval cede protagonismo a las formas de los monumentos clásicos, que eran estudiados por los nuevos arquitectos. Alberti fue uno de los primeros que estableció las bases teóricas del nuevo estilo del Renacimiento.

En la escultura se busca la inspiración en la estatuaria romana y la pintura se acerca a la realidad en sus representaciones, empleando las nuevas leyes de la perspectiva y los conocimientos de Geometría de los clásicos.

Sus fuentes de estudio eran los escritos de los autores griegos y latinos, recuperados a través de traducciones y copias hechas en los monasterios y difundidos gracias a la imprenta.

La nueva idea del Renacimiento abarca todas las ramas del saber humano, incluida la técnica y los oficios mecánicos, lo cual daría lugar en esta época a importantes inventos. Tiene vital importancia el redescubrimiento de los estudios antiguos de autores como Plinio, Herón de Alejandría, Vitrubio y otros. Aparece una nueva categoría profesional, la del ingeniero-artista, que posee el conocimiento técnico unido a la estética y sensibilidad artística, cuyo más genuino representante es Leonardo da Vinci. Una de las características del técnico es el dominio de la representación gráfica mediante el dibujo y el conocimiento de la perspectiva, para lo cual se necesitaban conocimientos de matemáticas y geometría.



4. ITALIA Y OTRAS REALIDADES EUROPEAS. LÍMITES Y DISGREGACIÓN DEL RENACIMIENTO



La eclosión de la cultura renacentista puede situarse en los territorios del centro y norte de Italia entre los siglos XIV y XV. El momento cronológico coincide con el afianzamiento de ciudades-estado de cierta importancia y con pujantes intercambios comerciales con el Mediterráneo oriental.

El Renacimiento cultural de nuevas actitudes tampoco constituyó un movimiento rural, sino claramente urbano. Interesó a tres minorías ciudadanas definidas:
- Primero, a las oligarquías dirigentes, que actuaron de mecenas.
- Segundo, a los intelectuales, eruditos, secretarios, escribanos y pedagogos.
- Tercero, a artistas plásticos, reclutados entre el artesanado gremial.
-
Familias de banqueros y comerciantes, como los Médici de Florencia, se encuentran en el origen del estímulo renacentista. También las cortes ducales de los Sforza de Milán, Gonzaga de Mantua, Este de Ferrafra, Montefeltro de Urbino...

El retorno a lo romano clásico se encuentra en la base de los intereses renacentistas de imitación de la Antigüedad. Los humanistas redescubrían en los romanos a sus antepasados. Por eso, para algunos, la recuperación literaria y artística formaba parte de una empresa de mayor alcance: la restauración global de la Roma Antigua.

La ambigüedad de los humanistas resulta evidente en materias de religión, pues en su mayor parte pretendieron transformarse en romanos antiguos sin dejar de ser cristianos. La imbricación entre Antigüedad y Cristianismo dio origen a verdaderos híbridos culturales. Los humanistas del Renacimiento pertenecieron a dos culturas y situaron sus pies en dos orillas. En muchas actitudes de los humanistas se descubren, asimismo, estas dualidades, modernas y medievales al tiempo.

Las nuevas sensibilidades cristalizaron, originalmente, en territorios de Italia en los que el legado de la cultura clásica se manifestaba de forma evidente. Cabe referirse a cuatro centros especialmente dinámicos:
- El primero de ellos la ciudad de Florencia, que vive momentos de esplendor bajo Cosme de Médici (1434-1464) y Lorenzo el Magnífico (1469-1492).
- El reino de Nápoles constituyó un importante foco cultural en el cuatrocientos, con el patrocinio de Alfonso V de Aragón (1442-1458).
- La ciudad de Roma conformó otro núcleo renacentista evidente, cob el mecenazgo del Papado.
- En Venecia, la clase gobernante se identificó con un Humanismo republicano, paralelo a los ejemplos clásicos de Roma o Atenas.

Los intentos entusiastas de imitar a los antiguos alcanzaron a las artes plásticas. En arquitectura, la recuperación de las formas clásicas se estimulaba por la existencia de ruinas y edificios en muchas de las principales ciudades italianas, principalmente en Roma. Entre los arquitectos destacados cabe referirse al florentino Filippo Brunelleschi, que restaura la proporción, los ritmos, simetrías y formas puras de los antiguos, y a Donato Bramante, síntesis y expresión del lenguaje arquitectónico más clásico. La recreación artística de la Antigüedad alcanza también a la escultura. El coleccionismo de obras originales se extiende entre los magnates, papas, príncipes y eruditos. Y estas colecciones incitan a la imitación de los temas: bustos, representaciones mitológicas, héroes y jinetes. Donatello será el escultor de mayor personalidad en este período, al recuperar el estilo y gravedad de la estatuaria clásica en obras como el Condottiero Gattamelata. A comienzos del siglo XVI el lenguaje clásico en las artes visuales alcanzó su apogeo. Se afirma la potencia escultórica de Miguel Ángel. Entre sus obras destacan el David, el Moisés o la Capilla de los Médici en Florencia. Por último, León Leoni realizó una importante serie de retratos de los Habsburgo españoles, entre los que destaca el bronce de Carlos V dominando al Furor. Más dificultades encontraron los artistas con la pintura, ya que los restos antiguos conservados eran escasos. Para la imitación hubo que recurrir a descripciones literarias o a la transposición de poses escultóricas. Es así como se estimuló el retrato como género independiente. Y, en esta búsqueda, terminaron por descubrirse en el cuatrocientos las leyes de la perspectiva lineal. Con Leonardo da Vinci se introduce la perspectiva aérea en las gradaciones de luz y la sombra del sfumato. Tiziano, por su parte, logra mezclar la gradación sensorial con la erudición humanista en sus cuadros mitológicos.

Durante los siglos XIV al XVI se produjeron importantes innovaciones artísticas en Italia. Se trabajaba en pequeños grupos o talleres, pero se destacaron claramente numerosas individualidades creativas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que las artes plásticas carecían del prestigio de las artes liberales, por cuanto en la sensibilidad de la época se correspondían con labores mecánicas.

El Renacimiento cultural italiano se va extendiendo al resto de Europa vinculado a círculos eclesiásticos, impresores, artistas, universitarios y eruditos. Cabe destacar la importancia de las Monarquías y sus cortes, que estuvieron interesadas en el movimiento, encargaron obras de arte y realizaron fundaciones y mecenazgos. El mecenazgo también lo ejercieron destacadas dignidades eclesiásticas y patriciados urbanos. Esta eclosión del Renacimiento por toda Europa se localiza en los decenios finales del siglo XV y en los iniciales del XVI.

En España, la influencia del Humanismo italiano se detecta a lo largo del Cuatrocientos e irradia por Aragón hacia Castilla. El Humanismo de cuño italiano se define en el último tercio del siglo XV, aunque ya antes el petrarquismo y el ciceronismo habían hecho adeptos que se vieron poderosamente influidos por el pensamiento erasmista. La figura más destacada es Antonio de Nebrija. En el marco renovador de la Universidad de Alcalá se implantarán facultades de artes liberales y teología abiertas a los saberes humanísticos. Allí confluye un equipo de eruditos para el proyecto cisneriano de una “Biblia Políglota” en sus lenguas originales: latín, griego, hebreo y arameo. Las labores comenzaron en 1502. Tendrán acusada influencia las obras de Erasmo. Pero la agitación protestante enturbiaría las cosas, culminando con las opiniones a favor y en contra de Erasmo en la conferencia de teólogos de Valladolid (1527). A partir de los años treinta se producirá una declarada persecución de intelectuales eramistas.

En la Monarquía de Francia el Humanismo tuvo un desarrollo tardío, a pesar de algunos hechos significativos, como el traslado a Fontainebleau por Luis XII de la biblioteca privada de los Sforza de Milán. En muchos aspectos, el Renacimiento francés presenta un colorido cortesano, sobre todo en el entorno de Francisco I y de su hermana Margarita de Navarra.

En Inglaterra, la propia Corte sirvió de acogida a los humanistas italianos y a fines del cuatrocientos descubrimos su presencia en Londres. Pero los nuevos saberes encontrarán también acogida en las universidades, jurídicas y escolásticas, de Oxford y Cambridge. Entre los humanistas ingleses destacan Colet y Tomás Moro.

En el ámbito del Imperio alemán, el proyecto de restauración de la Antigüedad romana no se introdujo sin rozamientos. Para muchos resultaba una cultura en cierto modo extraña a lo germánico. Suscitó reacciones y favoreció la toma de conciencia de una cultura propia en la lengua, la Historia e incluso el Derecho. No obstante, también en Alemania se produjeron los intercambios de eruditos italianos y viajeros curiosos. Las reformas religiosas que se originaron por esta época en Alemania constituyeron un obstáculo para una fácil difusión de los modelos clásicos del Humanismo italiano. Conviene matizar que Lutero, a pesar de sus polémicas con Erasmo, no puede ser considerado como un estricto enemigo de los humanistas. La ambivalencia la encontramos en Calvino, con sus recelos puritanos frente a las vanas curiosidades.

En los Países Bajos el Renacimiento adquiere matices peculiares. Por una parte, se desarrolla una nueva sensibilidad religiosa, la devotio moderna, intimista y emocional. El Humanismo propiamente dicho puede apreciarse en la segunda mitad del siglo XV. Hay que tener en cuenta que algunas innovaciones propias del Renacimiento no partieron de Italia, sino que se recrearon en los Países Bajos gracias a maestros flamencos como Jan van Eyck o Roger van der Weyden, quienes configuraron las nuevas técnicas de la pintura al óleo.

La historiografía tradicional ha venido señalando la existencia de dos renacimientos humanistas: el italiano, más paganizante, y otro nórdico, vinculado con las figuras de Erasmo y Vives. El Humanismo nortealpino estuvo más comprometido con las letras sagradas y, en este sentido, puede caracterizársele como un “Humanismo cristiano”. Es decir, en el norte de Europa el movimiento humanista tendió a coincidir con un esfuerzo generalizado de reforma de la Iglesia, y esto antes y después de Lutero. Por el contrario, en Italia el Renacimiento presenta aspectos de mayor preocupación formalista y estética.

El modelo del humanista del Norte es Desiderio Erasmo, que vivió entre 1469 y 1536. Viajó por una Europa sin fronteras, al calor de sus preocupaciones eruditas y de las posibilidades de una cosmopolita república de las letras. Por señalar algún año, podemos elegir 1516 como significativo de la influencia de Erasmo en toda Europa: en España, Cisneros pretende asociarle a los trabajos de la Políglota de Alcalá; y en Roma, el Papa León X aceptará su dedicatoria del Nuevo Testamento.

Entre las obras de Erasmo destacan Los Adagios (1500), proverbios clásicos glosados, con diversas ediciones, añadidos y revisiones continuas. Esta obra se convirtió en referencia común para el acercamiento a la Antigüedad clásica. En 1503 publicaba en Lovaina el Manual del caballero cristiano, en el que expone sus ideas en torno a un humanismo cristiano de talante laico y liberal. De 1516 data la edición bilingüe del Nuevo Testamento. Erasmo dedicó buena parte de su tiempo a la crítica textual y a la edición de Padres de la Iglesia, como Atanasio, Crisóstomo, Jerónimo y Orígenes. En 1524 lanzó contra el pesimismo luterano todo un manifiesto del optimismo humanista: Del libre albedrío (De libero arbitrio), al que Lutero contestaría con el airado Del albedrío esclavo (De servo arbitrio).

La muerte de Erasmo en 1536 supone una fecha simbólica tras la que el Renacimiento cosmopolita, conciliador y pacifista va dando paso a las divisiones confesionales y religiosas de la segunda mitad del quinientos. La tercera vía erasmiana cedió en el Norte ante el Protestantismo radical, que le acusó de cobarde, y fue desbordada en el Sur por la reafirmación de aspectos tradicionales del Catolicismo.

Otra figura singular será Juan Luis Vives, nacido en Valencia en 1492, de padres judío-conversos. Vives publicó hasta 50 obras, con perspectivas diversas, que lo caracterizan como humanista cristiano, filósofo antiescolástico, filólogo, educador y pedagogo, antropólogo, y reformador social. Consideró que la formación humanista exigía toda una nueva pedagogía que evitara los excesos de la dialéctica, y la delineó en su obra De las Disciplinas.

Más partidario de la observación empírica que de la lógica o de la metafísica, la aplicó a la antropología psicológica en su descripción de fenómenos como la inteligencia, la memoria, la voluntad o las pasiones, en su Tratado del alma. Vives escribió también sobre cuestiones morales, sociales, políticas y de piedad.



5. CIENCIA Y TÉCNICA EN LOS SIGLOS XV Y XVI




La ciencia básica del Renacimiento comprendía lo que hoy conocemos como la matemática teórica y la física fundamental. A las matemáticas se asociaban también otras ciencias como la astronomía y la cosmología, y la física comprendía lo conocido como filosofía natural. Todavía había algunos conceptos erróneos que provenían de la época medieval, relacionados a veces con el mundo de la magia, como la alquimia o la búsqueda de la piedra filosofal. Las ciencias aplicadas inmediatamente estuvieron protegidas por los príncipes renacentistas. En las matemáticas se continuaron los logros obtenidos por los árabes en álgebra y Nicolás de Cusa, aunque más conocido como filósofo, avanzó en el campo de los números. Regiomontano fue el primero en tratar la trigonometría como un capítulo autónomo de la ciencia. Luca Paccioli escribió una Summa de aritmética, geometría y proporciones que tuvo mucho interés y difusión. Pero es Leonardo da Vinci la figura que se lleva la palma en la ingeniería. Durero fue un excelente matemático.

En astronomía destaca la revolución copernicana, que sienta las bases de la moderna concepción del Universo, destruyendo la idea de la Tierra como centro inmóvil del cosmos y cediendo su lugar al sol. Expuso sus ideas en el libro De revolutionibus orbium coelestium. España fue uno de los primeros países en imbuirse de las ideas de Copérnico.

La Medicina gozaba de sólida tradición clásica, con figuras como Hipócrates y Galeno. Presentaba esta ciencia mucha relación con otras ramas del saber y la cirugía requería de aparatos y útiles que la emparentaban con la mecánica. El médico era un personaje muy representativo en la cultura humanística y era frecuente que tomara parte en temas alejados de su propia área, como podían ser la cosmografía o las matemáticas. La práctica de los boticarios empezó en esta época a tener una cierta autonomía. La ingeniería sanitaria en el abastecimiento de agua a las ciudades y en la evacuación de residuos empezó a ser tenida en cuenta por los poderes municipales, aunque continuaban ciertos usos municipales como consumir agua sin depurar y la evacuación de agua por las calles. Se crean jardines botánicos donde crecen plantas medicinales traídas de diferentes países, sobre todo las llegadas del Nuevo Mundo. Felipe II mantiene en el Escorial un importante gabinete de destilación para obtener productos farmacéuticos y el estudio de las plantas alcanza en España gran importancia, destacando Nicolás Monardes y Simón Tovar.

Notas:
- Cultura de élites vs. Cultura popular ► Analfabetismo.
- Revolución científica vs. Escolástica ► Descartes, Leonardo, Copérnico.
- Renacimiento ► Mecenazgo.
- Humanismo ► Erasmo.
- Reforma ► Lutero y Calvino

Bibliografía:
_ HISTORIA DEL MUNDO MODERNO ( Luís Ribot, Actas, 2006)
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