InicioApuntes Y MonografiasLa razón de la sinrazón
Es importante señalar que hoy por hoy la noción (y desde luego la práctica) de la sexualidad humana es muy variada. Es decir, el tema “se conoce y no se conoce”, unos lo ven de una forma y otros de otra. Algunas de esas posturas son diversas con respecto a otras, pero es obvio que una misma cosa, en este caso la sexualidad, no puede significar dos o más cosas diversas al mismo tiempo. Eso desafía a la lógica. Algunos defienden como naturales actos como la masturbación, otros la reprueban como un acto antinatural; hay quien cree que cada uno puede elegir su género: homosexual, bisexual, transexual, hombre o mujer, mientras que otros aseguran que nacemos con un sexo bien definido: hombre o mujer. En fin, eso por poner algunos de los más relevantes problemas. La sexualidad es algo tan cotidiano que todos somos capaces de hablar de ella, pero sin poder dar una explicación clara. Nos pasa casi casi como lo que decía Agustín de Hipona sobre el tiempo: “si no me lo preguntan, sé qué es el tiempo; pero si me lo preguntan: no lo sé”. Algo así sucede con el tema de la sexualidad. Ya dijimos que son variadas y disímiles las visiones: no hay una concepción “estándar”, por así decir. No obstante, es muy prudente decir lo siguiente: la sexualidad es una dimensión común a todo el género humano, la tuvieron Adán y Eva, pasando por todas las sucesivas generaciones hasta la que inició hace un segundo con el recién nacido que acaba de ver la luz. Por eso mismo debería haber una concepción de la sexualidad que sea común a todos. Una visión clara. Una noción objetiva. Correcta: que nos libre tanto de tabúes como de plétoras. El reto es el equilibrio, puesto que en una cultura predominantemente extremista en estos temas, un punto de equilibrio puede solucionar más problemas de los que creemos. Son hechos dolorosos y terribles: la violencia de género, los suicidios pasionales, el sadismo y masoquismo sexual, la pedofilia, el frotteurismo, el travestismo, el voyeurismo, la prostitución, la pornografía, y muchos otros. Si los vemos desde la atalaya de un artículo de estadísticas, veremos que no sólo son maneras diferentes de adicción sexual, sino que conforme pasa el tiempo esto se está convirtiendo en una lacra social que urge atender con diligencia. Desde luego, las consecuencias de cada uno de esos problemas son más problemas todavía. Y, según los estudiosos del tema, las causas siempre empiezan por realizar actividades sexuales con una visión errada de la sexualidad: más instintiva que racional. ¿Hay que dar rienda suelta cuando se siente el impulso sexual? ¿Hay que dejar que fluyan pensamientos, miradas, deseos, que sólo hacen acrecentar y descontrolar ese impulso? ¿Hay que alimentarlo siempre que tenga “antojos”? Eso es completamente irracional. Eso es comportarse como los animales ante su instinto: lo siguen sin más ni más porque están sujetos a lo que él dicte. Nosotros no. Y porque somos capaces, no solo de dominarlos, sino incluso de ir contra ellos (piénsese en casos como el ayuno, la gente que se compromete a vivir en castidad) parece oportuno pensar por qué. ¿Por qué unos piensan que hay que guiarse por impulsos y otros todo lo contrario? Parece descabellado hablar de dos grupos con ideas contrarias sobre la sexualidad, cuando se supone que ambos bandos somos igualmente humanos, igualmente seres “sexuados”. Sí, hay que decirlo, es ilógico, atenta contra la razón. Es, dicho en boca de Don Quijote: una sinrazón. Una sinrazón a la que apremia dar razón. Así es, hay contradicciones en cuanto al tema “sexualidad”, porque una cosa no puede ser buena y mala al mismo tiempo, blanca y negra al mismo tiempo, estar y no estar al mismo tiempo. La sexualidad no puede significar dos o más cosas diversas a la vez ni mucho menos ser dos concepciones totalmente contrarias una de la otra. Alguna de entre tantas opiniones debe tener la razón. Y es precisamente la razón el criterio para saber qué postura es la correcta: o sea la que más acorde esté con nuestra razón. La más razonable. La razón de toda esta sinrazón -y perdón que rice tanto el rizo- está, efectivamente, en nuestra razón. Y con esto abrimos paso a una serie de reflexiones sobre la razón de nuestra sexualidad, de manera que encontremos el verdadero sentido al hecho de que somos seres sexuados. Hay que usar de nuevo la razón y enseñar a las nuevas generaciones a guiarse por ella puesto que, por alguna razón, Alguien allá arriba nos la dio. Por ahora, quedémonos con esto.
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