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cultura chapacoya

Los Chachapoya deliberadamente escogieron sus sitios de enterramiento en lugares protegidos de la lluvia. En las laderas del bosque montano pluvial eligieron cornisas secas, de baja temperatura y con pocas horas de sol al día, condiciones que contribuyeron a la preservación de los restos orgánicos. En algunos casos, tal como la Laguna de los Cóndores, las tumbas se orientan hacia lagunas, probablemente veneradas por los antiguos como pacariscas o lugares de origen; éstas también se orientaban hacia los poblados. De esta manera, los muertos no solo miraban hacia el lugar de nacimiento de sus ancestros, sino que protegían igualmente a sus descendientes. Ofrendas de comida y evidencias de renovación de los envoltorios de las momias, nos indican que la gente visitaba las tumbas, una práctica muy extendida en los antiguos Andes.



cultura marajoara

La cultura Marajoara se desarrolló en las islas de la desembocadura del río Amazonas, especialmente en la Gran Isla de Marajó, frente a las costas de Brasil. Esta isla está formada en gran parte por extensas planicies con suelos poco aptos para la agricultura en un clima principalmente tropical.
Esta es una escudilla ceremonial, elaborada en terracota, originaria de Brasil, de la Cultura Marajò (zona cultural de la Amazonia). Está fechada entre el 400 y 1350 d.n.e.
Los Marajoaras utilizaban urnas de cerámica donde depositaban los huesos de sus difuntos. Había tres tipos de urnas: con formas humanas, cilíndricas y en forma de globos. La boca de la urna era cubierta con otra vasija de cerámica, en forma de jarra. En su interior se colocaban vasijas más pequeñas para proteger los huesos. Las pocas ofrendas mortuorias que se han registrado consistían en huesos de animales pintados de rojo, collares de piedra o dientes, hachas de piedra, miniaturas de jarras de cerámica pintadas y, principalmente cobertores púbicos de cerámica, conocidos localmente como tangas .



cultura chinchorro

Cultura Chinchorro

Esta cultura se desarrolló entre el 9000 y el 2000 a.c.

Lengua: desconocida

Ámbito: La cultura Chinchorro se desarrolló en la costa sur del Perú y principalmente del norte de Chile, aproximadamente entre los puertos de Ilo y Antofagasta, incluyendo Tacna (Perú) y Arica y Tarapacá (Chile). La denominación Chinchorro deriva de la playa del mismo nombre en Arica, Chile, donde se encontraron por primera vez restos de esta cultura.

Los primeros vestigios de esta cultura fueron recopilados y catalogados por Max Uhle. Los restos arqueológicos de los Chinchorro, son custodiados y estudiados por la Universidad de Tarapacá.

Origen

Su origen es incierto dada la antigüedad de esta cultura. Estaríamos hablando aún de los primeros hombres sudamericanos.U n posible antecedente de esta cultura es Acha, un sitio de más de 8 mil años de antigüedad localizado en el valle de Azapa (Chile) que es considerado como los inicios de la tradición funeraria de Chinchorro. También se relaciona con la cultura del Anzuelo de Concha y con Abtao, con la cual comparte algunos aspectos tecnológicos, particularmente el arpón.

Extinción

No creemos que se pueda hablar en este caso de extinción, sino de evolución natural hacia formas culturales más desarrolladas. En su última etapa, hacia 2000 a.C. , Chinchorro se entrelaza con los grupos Quiani, quienes, tras una simplificación de la momificación, pasarían a constituirse en los herederos de esta cultura y su longeva tradición.

Religión y culto a los muertos

Precisamente la gran característica resaltable de esta cultura es que posiblemente fuera la primera americana en rendir culto a los muertos mediante su momificación.

La cultura Chinchorro es la primera manifestación compleja de un culto a la muerte y a los antepasados en la costa árida sudamericana. Se manifiesta en el complicado proceso de momificación que consistía en la extracción de los músculos y las vísceras del difunto, los que eran sustituidos por vegetales, plumas, trozos de cuero, vellones de lana y otros materiales. Luego, el cuerpo era cubierto con una capa de arcilla. Con pelo humano confeccionaban una peluca que colocaban en la cabeza. Este proceso pasó por distintas etapas: al principio sólo se momificaba a los recién nacidos y a los niños, utilizando colores llamativos y acompañándolos con figurillas de barro. En el clímax de la cultura, hacia 3000 a.C. , se momificaban representantes de todos los miembros de la sociedad y de todas las edades (hombre, mujeres, niños, adultos y ancianos), embadurnándolos con pigmentos rojo, negro y café. Durante el ocaso de esta cultura, sólo se aplicaba mascarillas de barro. Al parecer, las momias no se enterraban, sino que eran instaladas de pie, formando parte activa de los campamentos, tal vez como una marca territorial del linaje del grupo a partir de un ancestro común. Además de las momias, existían entierros simples sin momificación. Estos son de tipo múltiple, posiblemente familiar, y se ubican en las terrazas superiores.



clutura paracas

La Cultura Paracas fue el antecedente de la cultura Nazca, que se desarrolló años después en esa área del Perú. A finales del Período Formativo Superior (500 a.C. ) florece en la Península de Paracas una cultura extraordinaria por su gran aporte a la tradición textil peruana. La península en cuestión se sitúa entre los ríos Ica y Pisco en el actual departamento de Ica. Probablemente la cultura Paracas tuvo su centro principal en Peña de Tahajuana, en el valle de Ica, a 300 Km. Al Sur de Lima.

Desde aquel punto de partida, los Paracas lograron dominar aproximadamente desde el rió Cañete, al Norte hasta Yauca, al Sur, teniendo como centro a la ciudad de Ica. Los expertos discuten sobre una filiación con la cultura Chavín, una de las más antiguas del Perú, pero el origen de la cultura Paracas es todavía un misterio, aun para los arqueólogos. Se dice también que fue una cultura de “amortiguamiento” entre la Cultura Chavín y la cultura Tiahuanaco.

En 1925, el arqueólogo peruano Julio C. Tello descubre en los cementerios de Cerro Colorado y Cavernas cuatrocientos veintinueve fardos funerarios, muchos de los cuales contenían hasta dieciséis mantos además de esclavinas, turbantes, paños y demás adornos de uso personal. Tello, con base en el patrón de enterramiento, divide a la cultura Paracas en dos épocas.



Parque arqueológico San Agustín (Colombia) 800 a.C.

Con el nombre de San Agustín se conoce en Colombia, una importante región arqueológica, en la que se han hallado varios centenares de esculturas monolíticas, que indican que allí floreció desde remotos tiempos una cultura, que hoy es objeto de estudio por parte de misiones científicas para establecer los orígenes y los rasgos peculiares de este pueblo. Se inició, a partir del Siglo XXXIII a.C. , una cultura que presenta ya un considerable desarrollo en el Siglo VII a.C. , según las fechas de Carbono 14 obtenidas recientemente asociadas a la agricultura, la cerámica, la orfebrería y el arte escultórico. Las diferencias marcadas entre objetos,indumentaria, vestuario y trabajo lítico, observados en las esculturas, hace suponer que la necrópolis de San Agustín fue el lugar donde varias etnias americanas desde lugares distantes traían sus muertos principales a sepultar y de la que hacen parte el Parque Arqueológico Nacional de Tierradentro y el Parque Arqueológico de San Agustín.


El parque arqueológico corresponde a la cuenca alta del Rio Magdalena o Wua-Ka-Ka-Ya y sus afluentes primarios y que relaciona a varios municipios de Colombia y con centro en el municipio de San Agustín, en el Departamento del Huila en las estribaciones orientales del Macizo Colombiano, de donde se desprenden las tres cordilleras andinas que atraviesa el país de sur a norte en la Región Andina. San Agustín está a 520 km de Bogotá, a 227 km de Neiva y a 35 km de Pitalito.



Parque Arqueológico Nacional de Tierradentro

El Parque Arqueológico Nacional de Tierradentro es una reserva arqueológica de Colombia, declarado en 1995 por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad por ser un importante reservorio de la cultura precolombina .

Tierradentro comprende una extensa área poblada de hipogeos y estatuas. Los sitios arqueológicos más importantes de este parque son El Duende , Alto de San Andrés y El Aguacate . En 2007 fue elegida como una de las 7 Maravillas de Colombia quedando en el 6º lugar. En el año 2008 la Revista Viajes & Aventura (www.revistaviajesyaventura.com) y sus lectores eligieron este parque arqueológico como la 4ª Maravilla Arqueológica de Colombia.

En épocas anteriores al año 1000 esta zona fue habitada por sociedades agrícolas de características culturales similares a las de San Agustín. Estas semejanzas se observan en aspectos de la cerámica, estatutaria y orfebrería. Los hipogeos o tumbas colectivas monumentales con cámaras subterráneas que reproducen el interior de viviendas, por el contrario, son una característica exclusiva de esta región. Se agrupan en las cimas de colinas o los filos de las montañas, previamente aplanadas para tal fin, cerca de los lugares de vivienda.

Gracias a la obtención de fechas de carbono catorce se sabe que los hipogeos fueron usados entre el 600 y el 900. En ellos se practicaban entierros secundarios de huesos exhumados en urnas. Sus paredes fueron decoradas con diseños geométricos antropomorfos y zoomorfos, en colores rojo y negro sobre blanco.

Los hipogeos se componen de un pozo de descenso y la cámara funeraria, fueron tallados en toba volcánica, roca semidura, usado cinceles y azuelas de andesita y basalto. La cámara tiene generalmente nichos laterales y pilastras y en los hipogeos más grandes se observan dos o tres columnas.

Igualmente se han encontrado tumbas de pozo poco profundas para entierros primarios con una pequeña cámara lateral donde colocaban objetos como metates, manos de moler, collares y vasijas de cerámica.



señor de sipan


El proyecto arqueológico Sipán fue realizado por un equipo de arqueólogos, estudiantes, obreros y restauradores peruanos, liderados por el Arqueólogo Walter Alva, Director del Museo Brunning de Lambayeque.
El sitio arqueológico de Sipán consta de dos pirámides truncas edificaciones preincas de hace 1770 años en donde se hallaron juntas las Tumbas del Señor de Sipán, la Tumba del Sacerdote y la del Viejo Señor de Sipán.

Antes del descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán, los estudiosos pensaban que las imágenes o representaciones del arte Mochica formaban parte de escenas mitológicas sólo existentes en la imaginación de sus creadores. Por ello fue una sorpresa constatar que muchos de los emblemas, ornamentos y atuendos encontrados en este magnifico entierro, los cuales fueron usados en vida por su propietario, resultaban semejantes a los figurados en los temas clásicos del arte Mochica, principalmente en "La presentación" o "Sacrificio de prisioneros". La correspondencia de símbolos y ornamentos no podía ser más exacta, lo que constituyó una clave importante para reconocer el rol y jerarquía del Señor cuya tumba acabábamos de descubrir.

Debido a su alta jerarquía y a su poder semidivino, este gobernante fue sepultado junto con siete personas sacrificadas. Al parecer, por las vestimentas y osamentas encontradas, se trataba de su esposa y de dos mujeres posiblemente concubinas, un jefe militar, un vigilante, un porta-estandarte y un niño. Entre los animales encontrados había un perro y dos llamas blancas.
El Señor de Sipán ocupaba la cúspide de la estructura social y política de su tiempo con un carácter semidivino, a juzgar por los objetos encontrados y por sus acompañantes.

Diferentes vestimentas y ornamentos del Señor aparecen también en otras representaciones del mundo Mochica. Así, encontramos las orejeras con el ave sagrada en el "ritual de purificación", el tocado de algodón en las "carreras rituales", la túnica de placas metálicas en la "danza con soga", entre otras. Suponemos entonces que el Señor de Sipán habría presidido todo evento sagrado o actividad gubernativa.

Su deteriorada osamenta nos permite saber que murió a una edad promedio de 40 años y que, con excepción de una incipiente artritis, gozaba de buena salud. Su estructura corpórea demuestra poco trabajo físico y el escaso desgaste dental habla de una dieta especial. Esto le permitió alcanzar una estatura de 1. 67 m (alta para su época). Las particularidades físicas que muestra señalan una especial forma de vida y caracteres hereditarios: debió integrar una casta de hombres nobles que heredaban el poder.



cultura mapuche

Tanto los cementerios como el rito funerario han cambiado mucho en el último siglo y cada vez son más similares al rito católico o evangélico. En la tradición mapunche todo el ritual (el velatorio) es más complejo, tiene una duración mucho mayor e implica a todo el Lof e incluso a personas de los Lofs vecinos. La persona fallecida debe cumplir 4 noches en la casa.

Durante este tiempo va llegando gente, generalmente las mujeres durante el día y los hombres durante la noche. Se conversa con los dolientes, se toma mate, y se llora mucho. Cada vez que llega alguien se irrumpe en llanto.

Tras las noches de vela en la casa, se saca al fallecido el día del entierro al patio muy temprano, de madrugada. Llega toda la comunidad a participar. Se hace fuego y se cocina mucha comida, generalmente aquella que más gustaba al fallecido, a quien también se le sirve su parte. Se entiende que todos los animales que se sacrifican durante los días que dura el velatorio y en el día del entierro son animales que la persona se va a llevar en el difícil viaje que empieza para él.

Tras diversos recordatorios y oraciones rogándole al fallecido que emprenda el viaje, que sepa desprenderse de lo que tiene en este mundo y partir sin mirar atrás, se realiza la despedida final en el Eluwün o Sepultación Pública, el momento más difícil en la existencia de una persona. La participación en este momento decisivo es un deber moral y religioso de todos los miembros de la comunidad. La persona fallecida inicia el viaje a un mundo desconocido (al Ka Mapu o tierras lejanas u otras tierras ). Al familiar se le dice: Amutui Lafken ("se fue al mar", queriendo significar no físicamente el mar, sino el hecho de que inició un peregrinaje a otras tierras que nos son desconocidas. Es un viaje difícil e incierto: puede ser capturado por un wekufe o por un kalku, y puesto a su servicio, o transformado en un wekufe. Por eso en la tradición mapunche toda la comunidad debe acompañar para conseguir encaminar adecuadamente al muerto, para que éste viaje sin dificultad a las tierras a las que se dirige. En la ceremonia los weupines, parientes del difunto, ruegan a los antepasados que le ayuden también y le encaminen. La persona que no acompaña en este momento transgrede gravemente las normas de la comunidad y queda expuesto al mal. Este podrá provenir del propio difunto o de la misma comunidad y se expresará por enfermedades, problemas con las cosechas, mala suerte con los animales o incluso muerte.



Los diaguitas

Ritos funerarios de los Diaguitas:

Tallaban menhires (monumentos monolíticos colocados en forma vertical) para rendir culto a sus antepasados, los menhires del noroeste argentino, como otras construcciones similares son itifálicos y se asociaban con cultos estacionales de la fertilidad, estos monumentos ya eran erigidos por la precedente Cultura Tafí.
Los diaguitas, por la preocupación mostrada en sus entierros, mostraban una preocupación por una vida post-muerte en la cual el llama tiene un papel primordial. Con la llegada de los Inkas se trajo la tradición de hacer altares en los cerros más altos del valle, como es el caso del cerro Las Tórtolas (6. 332 msnm)
Los entierros diaguitas son la mayor fuente de información sobre esta cultura. Los cuerpos eran colocados en espacios rectangulares protegidos por 5 piedras lajas en cada costado y en la parte superior. Es habitual encontrar a los cuerpos acompañados de llamas o guanacos sacrificados, sus pertenencias, utensillios de cerámicas, metal o hueso, y en casos especiales eran enterrados con sus esposas y con parte de los dedos de otras personas. La deformación craneal era una práctica extendida dentro de la etnia, pero no provocó efectos tan negativos.
Los cuerpos eran colocados flectados, acostados de forma lateral y en orientación este-oeste, la cabeza estaba en la posición oriental del sepulcro.



Culto a los muertos en la cultura Nazca

Los cadáveres, con todos sus vestidos y en cuclillas, ocupan las cámaras inferiores de pozos con base redonda o rectangular. Las tumbas se cubren con maderos o cañas de bambú.

Los individuos eran enterrados en fardos compuestos de varias capas de mantas y ropas, dentro de los cuales se disponían vasijas de cerámica y otros objetos a modo de ajuar. Dependiendo del estatus social del individuo, estos fardos eran más o menos complejos, alcanzando en algunos casos varias decenas de capas de textiles. En muchas tumbas se han encontrado cabezas humanas cortadas como parte del ajuar, lo que representa la importancia del sacrificio humano en esta sociedad, aparentemente relacionado con ritos de fertilidad.
Se dice que la civilización Nazca tuvo su origen a partir de la cultura Paracas, pero algunos estudiosos afirman que el pueblo de Nazca desarrollo mayormente la ceramica, respecto al arte textil cultivado por los Paracas, y tambien parece que los Nazca y Paracas convivieron durante un tiempo. La civilización Nazca se desarrolló junto contemporanea a la civilización Moche que ocupaba el norte del Perú actual. La decadencia Nazca ocurrió entre los años 700 - 900 d. C. Se cree que el desierto avanzó rápidamente sobre los asentamientos Nazca, y que el centro más importante de Nazca (Cahuachi) perdió la religiosidad de sus pobladores.



Religión y culto a los muertos en la cultura Huari

Según Lumbreras, “s us dioses, de antiguo origen ayacuchano, nasquense y tiwanakense, ocuparon los altares de todo el Perú y su imagen figuraba en tejidos muy finos y vajilla muy delicada, desplazando a los dioses locales o regionales que les cedieron su lugar. El parecido de algunos de sus iconos con los de Tiwanaku, hizo pensar a algunos arqueólogos que todo esto era producto de la expansión altiplánica, pero ahora se sabe que Wari y Tiwanaku, además de ser contemporáneos, constituyeron dos procesos de ámbito y condición diferente, con un límite territorial muy preciso que casi no se atrevían a alterar. La frontera cruzaba por Sicuani, al sur del Cusco, y el valle de Sihuas y el Colca al norte de Arequipa”.

Ya hemos dicho que los Huari adoptan un sistema de creencias foráneo (Tiahuanaco) y la exportan como un medio de control ideológico hacia las poblaciones ocupadas, es por ello que no desarrollan grandes templos destinados al culto en sus ciudades. La religión fue otro elemento importante en la expansión Huari.

Al igual que Tiahuanaco, se piensa que muchos de los motivos chavinoides representados en la iconografía huari pudieron haber sido introducidos por influencia de Pukara.

La cultura huari envolvía a los fallecidos en fardos hechos de sogas de fibra vegetal, y cuando eran de la clase alta guarnecían el cuerpo con una máscara funeraria.

La dama de la máscara

La Dama de la Máscara , es el cadáver momificado de una mujer, que data aproximadamente del año 700.S e cree que la dama podría haber pertenecido a la realeza.

La "Dama de la máscara", fue hallada en agosto de 2008, por un equipo de arqueólogos peruanos dirigidos por Isabel Flores, en la pirámide mayor de Huaca Pucllana, que forma parte de un gran centro ceremonial que está situado en la ciudad de Lima. Se trata de la primera tumba con momias que no tiene signos de haber sido saqueada.

Tiene como características principales su m omificación natural; originariamente el cuerpo se introdujo en un fardo; y la mujer lucía una espectacular máscara funeraria de cerámica, en la que destacan unos grandes ojos azules hechos con conchas marinas.

“La tumba guardaba tres fardos funerarios de individuos adultos y los restos de un niño sacrificado, costumbre habitual en este tipo de contextos funerarios. Junto con ellos se halló instrumental textil, cerámica y mates. Dos de los fardos presentan máscaras funerarias, una de las cuales, en excelente estado de conservación, permite suponer que perteneció a un personaje femenino; ello, sumado a una serie de instrumentos para elaborar textiles asociados directamente con este fardo, ha llevado al equipo al mando de Isabel Flores a bautizarla como la Dama de la Máscara



Los Timoto-Cuicas

Este es un fragmento de El tiempo Prehispánico de Venezuela publicado en 1993, del etnohistoriador y antropólogo venezolano Rafael Strauss K. (1946), referido a la cultura prehispánica de los timoto-cuicas. Strauss, investigador de renombre, ex Director de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela y autor del Diccionario de Cultura Popular (1999), El diablo en Venezuela, y Certezas, comentarios, preguntas (2004), entre otros trabajos, nos ofrece aquí un interesante recorrido sobre las características culturales más resaltantes de este pueblo ancestral, emplazado geográficamente en la región andina del país.

Los timotos o timotíes tenían como hábitat principal el Estado Mérida, y los Cuicas, el territorio trujillano; que los ubica como pertenecientes al área cultural de los Andes venezolanos

La abundancia de nefrita y serpentina en las excavaciones arqueológicas hacen suponer que nuestros habitantes prehispánicos de los Andes las consideraban piedras preciosas, máxime cuando con ellas tallaban figuras, principalmente de animales, tratamiento especial que induce a suponer una utilización ceremonial.

Nuestras culturas andinas veneraron también al murciélago, representado en figuras hechas con piedra de nefrita y que colocaban bajo la cabeza del difunto.

Estas representaciones tenían que ver con una concepción del murciélago como divinidad de la muerte o como un mensajero. Otro animal, venerado como dios de la guerra fue el venado y como símbolo de jerarquía el paují.



Religión y culto a los muertos en la cultura Chimú

No existe un estudio serio sobre iconografía para los Chimú, el cual nos podría dar mayores luces acerca de su organización religiosa. Por otra parte, los Chimú separaron lo religioso de lo secular, y al parecer no contaron con un dios creador, sino con una variedad de divinidades locales, lo cual se puede explicar por la violenta etapa de expansión pero corta etapa de asentamiento, que impidió que se desarrollara una religión oficial.

La luna, el sol y el mar eran divinidades importantes, relacionadas a la agricultura, la pesca y la producción en general. Además, cada valle tenía sus santuarios locales, con sus propias leyendas y cultos, algunos de los cuales se conservan hasta el día de hoy como huacas. También es tradicional en la zona costeña norte la presencia de oráculos o hechiceros, llegando inclusive a ser identificados en la iconografía moche, lo cual demuestra que esta tradición es más antigua que los Chimú.

Una parte de los cultos y rituales chimú giraban en torno a la propiciación de la fertilidad de los cultivos, aspecto crucial en un Estado que, ubicado en un árido ambiente, dependía de la agricultura. El centro de muchos de estos ceremoniales reunía aspectos propios de la religión y de la política, ya que los principales rituales propiciatorios de la fertilidad agrícola consistían en la adoración de las momias de los dignatarios de las dinastías reinantes. Estos rituales variaban desde grandes ceremonias masivas que se realizaban en grandes plazas, donde las momias eran llevadas en procesión desde sus sepulturas, hasta rituales más privados realizados en recintos más pequeños. De esta manera, en la ideología Chimú la única manera de asegurar la fertilidad de sus campos era honrando a las dinastías gobernantes, encarnadas en las momias de sus antecesores. Seguramente estas celebraciones en torno a los ancestros reales se extendían a todo tipo de ceremoniales, especialmente políticos, ya que cerca de los lugares donde se adoraba a las momias, habitualmente se han encontrado grandes cantidades de almacenes donde se guardaban valiosos bienes que, como en el resto de los Andes, probablemente eran ceremonialmente repartidos a los aliados o, incluso, a los jefes enemigos derrotados.

Diferentes investigaciones arqueológicas, particularmente las desarrolladas en la costa norte, han reportado una serie de contextos, entre los que destacan entierros Chimú pertenecientes mayormente a niños-adolescentes. Estos se encuentran por lo general, asociados a determinado ajuar funerario.

Por las características evidenciadas en estas tumbas, se plantea la posibilidad de que durante esta época se llevaran a cabo complejos rituales, en los que el sacrificio humano formaría parte importante como ofrenda, conjuntamente con los otros elementos anteriormente mencionados del ajuar funerario.

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