Hay una demostración en física teórica que si la Tierra se encuentra en el baricentro del universo entonces además de estar absolutamente estática tampoco puede rotar, aunque sí lo haga el universo como un todo. La demostración a pesar de requerir la utilización de un fuerte desarrollo matemático relativista, es fácilmente descriptible mediante un modelo hidrodinámico de tal modo que cualquiera pueda llegar a asimilarlo. Esto es lo que vamos a ver aquí.
Sir Fred Hoyle, en su excelente libro “Nicolás Copérnico: Un ensayo sobre su vida y su obra” canaliza en profundidad las perspectivas heliocéntrica y geocéntrica, pero llevándolas más allá de lo que otros autores jamás osan rebasar para no disgustar a los guardianes de la legitimidad del paradigma actual. A Fred Hoyle no le tiembla el pulso a la hora de señalar cada uno de los fallos e inconvenientes del sistema de Copérnico, o las incongruencias de su ‘lavado de cara’ como es el sistema de Kepler-Newton. Fred Hoyle, aún siendo partidario afectivo del heliocentrismo, no se calla cuando tiene que hablar desde la perspectiva del geocentrismo y reconocer su superioridad en algunos aspectos, ni le importa derribar mitos establecidos por el heliocentrismo doctrinal. Uno de estos últimos tiene relación con la errónea creencia de los científicos del siglo XIX que pensaron que el Heliocentrismo quedó definitivamente probado cuando se encontraron las primeras paralajes estelares(1). Se observó que las posiciones de las estrellas cercanas participaban de oscilaciones anuales, y se concluyó –precipitadamente- que éstas eran el reflejo de la circunvalación anual de la Tierra en torno al sol. A esto Hoyle responde que siempre podemos considerar a las estrellas moviéndose en epiciclos análogos a los que percibimos en los planetas, es más, dice, si consideramos a la Tierra fija en el centro, necesariamente habría que darle un epiciclo a cada estrella u objeto distante al igual que se hace con los planetas. Aunque esta posibilidad es tenida por absurda por prácticamente todos los heliocentristas, Hoyle admite la posibilidad de que el universo entero estuviera rotando según el eje terrestre y llevando consigo al sol. Y en este caso, un desequilibrio de la distribución de materia total del universo supondría una precesión o bamboleo de este eje de giro del universo, que es el que experimentaríamos nosotros desde la Tierra como la sucesión de las cuatro estaciones del año. Si éste fuera el caso, afirma Hoyle, entonces el universo entero sería asimilable a un gigantesco giróscopo en rotación, con la tierra inamovible en su centro, y con el resto del universo rotando en torno a ella.
Siendo el universo finito, en algún lugar de él debe hallarse su “centro de masa” o baricentro. Este punto no necesariamente será el centro geométrico del universo. Por ejemplo, si el universo fuera una gigantesca esfera, el baricentro no tiene por qué ser su punto central, sino que depende de la distribución de su masa total, de esta manera podría ser cualquier punto de la esfera. Y teniendo en cuenta que la Tierra fue creada por Dios estratégicamente primero (Gen 1,1-2), para después situar el resto de cuerpos del universo con la precisión necesaria que la Tierra quedara en ese preciso baricentro. Esto es lo que parece indicar el versículo Job 26,7:
Dios extendió los cielos sobre el vacío y dejó colgada la Tierra sobre la nada.
El efecto giroscópico provoca que cualquier fuerza externa que intente mover el baricentro sea contrarrestada por el sistema total, por lo tanto es el universo como un todo el que se opone al movimiento de la Tierra, lo cual sería la razón de su perfecta inmovilidad. Basándose en este principio se utiliza, por ejemplo, un giróscopo para mantener un enorme petrolero flotando sin ningún vaivén en medio de un mar embravecido. Igualmente un universo en rotación produce la inmovilidad absoluta de la Tierra. Así que Galileo se equivoca una vez más, cuando en el famoso “Dialogo de los dos Máximos Sistemas de Mundo” hablando por su portavoz Salviati afirma que si los cielos estuvieran realmente girando con la fuerza suficiente como para impulsar las vastísimas masas de innumerables estrellas sería inconcebible que la Tierra pudiera resistir sin movimiento ante un impulso tal de esta gigantesca masa rotante.
En contra de la opinión de Galileo, así como la de los que ingenuamente niegan que un firmamento rotante arrastraría consigo a un péndulo de Foucault y a los sistemas limítrofes a la Tierra, está la sólida teoría matemática del efecto giroscópico de una esfera masiva rotante sobre su baricentro, no sólo demostrada en la Mecánica Clásica sino que ha sido confirmada también para la Mecánica Relativista por Misner, Thorner & Wheeler (2).
El giróscopo se encuentra rotacionalmente estático respecto a unos marcos inerciales locales que aparecen en sus inmediaciones. Si la Tierra gira –dice Misner et al- con velocidad angular de Ω =2π/86400 s-1 respecto a las galaxias lejanas, los marcos inerciales giran también con esa misma velocidad angular porque la rotación terrestre los arrastra. Todo ello se desprende de las ecuaciones del cálculo tensorial, pero Misner et al utilizan una analogía en mecánica de fluidos que sirve para clarificar el asunto de una forma más visual pero igualmente precisa. Supongamos primeramente una esfera sólida rotando con velocidad angular Ω (y sentido antihorario) dentro de un fluido viscoso, la esfera arrastra consigo parte del fluido de las inmediaciones, y en varios puntos del fluido se asientan vórtices locales rotando (marcos MTW). Cerca de los polos el fluido rota en la misma dirección que la esfera, sin embargo, en las inmediaciones del ecuador la dirección de giro es la opuesta debido a que el fluido se arrastra más rápidamente a distancias más cercanas a la superficie que las más alejadas. Observen en la imagen cómo estos marcos inerciales tienen el aspecto de engranajes fijos que colaboran con el movimiento de la esfera.
Ahora invirtamos la situación, consideremos una esfera estática en el interior de un fluido viscoso rotando (en sentido horario) alrededor de un eje que pasa por el centro de ella. Este fluido sería el éter rotante, la pregunta es si esta situación obligará a la Tierra a rotar también, y en éste caso ¿cuál será el sentido de la rotación de la Tierra?.
Por de pronto surge algo diferente al caso anterior, pues todos los marcos MTW inerciales rotan ahora también en sentido horario, tanto los de las inmediaciones de los polos como los del ecuador. Y mientras que los marcos MTW del ecuador “arrastrarían” a la Tierra a rotar en sentido antihorario, marcos que ahora no son fijo sino que rotan con el firmamento, y los de las inmediaciones de los polos, sin embargo, tienden a hacerla rotar en sentido opuesto. Como consecuencia de ello las fuerzas sobre la esfera quedan plenamente equilibradas y el torque neto es nulo. Por tanto, la Tierra no sólo permanece en el baricentro del universo inmóvil y sin rotación alguna, sino que además se podría demostrar que si una fuerza o impacto intentase modificar su estado estacionario, la que quedaría desequilibrada sería esta distribución de fuerzas, que por reacción inmediatamente la devolverían a su estado de equilibrio.
La tierra no gira 2da parte:
http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/14440256/La-tierra-no-gira_-2.html

