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Historia y origen de la Ikurriña








A principios de verano de 1894 se encontraba Luis Arana Goiri, en su caserío familiar, dibujando el escudo y una serie de leyendas para la fachada de la sociedad «Euskeldun Batzokija», cuya inauguración se iba a celebrar pocos días después en Bilbao. Su hermano Sabino, considerado padre del nacionalismo vasco, estaba junto a él haciendo unos garabatos en una hoja de papel, hasta que se volvió y le pregunto: «Mira Luis, ¿qué te parece este diseño de la bandera para Vizcaya, que concuerda con el escudo?».

Luis Arana recordaba esta anécdota 40 años después, asegurando que le gustó el razonamiento de aquel dibujo esbozado por su hermano, al que inmediatamente le dio después una forma adecuada y los colores convenidos, para conformar la que mayoritariamente ha sido considerada como la primera ikurriña de la historia. Pero con una salvedad: Sabino Arana no concibió aquella bandera como la ikurriña, ni tenía la más mínima intención de que representara a todos los vascos.

Sin embargo, a las seis de la tarde del 14 de julio de 1894 se izaba dicha bandera en el mástil principal de la sociedad «Euskeldun Batzokija», en la calle Correo número 22 de Bilbao. Era el el primer acto colectivo del nacionalismo vasco y, por lo tanto, siempre se quiso considerar aquel momento como el primero en el que ondeo la ikurriña, aunque aún no fuera considerada como tal.

En 1932, Luis Arana aún explicaba cómo la lógica de lo que se llamó «bizkaitarrismo» –la corriente política promovida él y su hermano con el objetivo de que Vizcaya volviera a la situación anterior a la abolición de sus fueros, y que «El Imparcial» definía simplemente como «una nueva forma de antipático separatismo»– impedía a Sabino Arana proponer y diseñar ninguna bandera que representara a todo el País Vasco, tal y como explica el mismo Iñaki Inasagasti, diputado del PNV entre 1986 y 2004, en su blog. Esa asimilación o usurpación se produjo con los años, porque Sabino, como vizcaíno antes que vasco por aquella época, a pesar de ser el impulsor del nacionalista, sólo podía pensar en una bandera para Vizcaya.

Símbolo de la «Gamazada»

Aún hay una pequeña corriente nacionalista que incluso considera un diseño esbozado algunos meses antes como la primera ikurriña. En concreto, el realizado por los hermanos Arana en el Café Iruña de Pamplona, el 18 de febrero de 1894, con motivo de la asistencia de un grupo de vizcaínos a la famosa «Gamazada». Es decir, que Luis y Sabino tan solo buscaban un estandarte con el que representar a Vizcaya durante aquel movimiento popular surgido en Navarra para evitara, como lo hicieron, que el ministro de Hacienda del Gobierno de Sagasta, Germán Gamazo, suprimiera el régimen fiscal especial de Navarra.

Esta primera bandera consistía en una cruz de San Andrés roja sobre un fondo blanco que fue bordada por Juana Irujo, la esposa de Estanislao Aranzadi, para ser portada en Castejón (Navarra) contra Gamazo. Una bandera que, además, contaba con una leyenda escrita en vasco que decía: «Dios y Fueros. Los vizcaínos saludan a los navarros».

Sin embargo, Luis Arana, coautor de ambas versiones, la de febrero y la julio de 1894, siempre desmintió y protestó contra el hecho de que los nacionalistas insistieran en que «su ikurriña» se convirtiera en la bandera de todos los vascos. Y alzó la voz contra estos fines tanto antes como después de que la muerte de su hermano Sabino, en 1903, a los 38 años, a causa de la enfermedad de Addison. Una enfermedad también conocida como el «mal de las heces de piedra», en cuyos desvaríos algunos historiadores han visto la causa del viraje españolista que Sabino dio al final de su vida, pidiendo a sus correligionarios, incluso, que «reconozcan y acaten la soberanía española», antes de «exponerles el programa completo de un nuevo partido vasco, que sea a la vez español», como escribió en un artículo publicado en el semanario «La Patria», el 22 de junio de 1902.

Lo cierto es que tanto Luis como Sabino Arana hicieron bocetos de banderas para otros territorios vascos, pero no llegaron a tener tanta difusión como la de Vizcaya, que, en 1936, se adoptó finalmente como la bandera oficial de Euskalerría y se permitió su uso libre.

Pero sólo duró unos meses. Tras el golpe de Estado de Franco fue ilegalizada y durante la dictadura franquista su exhibición fue duramente perseguida.

Los hermanos Arana habían fundado un centro político, aunque con la apariencia de una sociedad cultural para
evitar la posible represión del Gobierno español, asociación que se denominaría Euskeldun Ba-tzokiya, sita en el número 22 de la calle Correo del Casco Viejo bilbaino (aún hoy existente). Durante la ceremonia de apertura del batzoki, un día como hoy, el 14 de julio de 1894, Ciriaco de Iturri, como socio más veterano (exoficial carlista), izó por primera vez la ikurriña con los colores y forma actuales como nueva enseña para Bizkaia.


Los colores de la nueva bandera vizcaina los tomaron los hermanos Arana del escudo antiguo de Bizkaia a la que llamarán con el neologismo ikurriña (Ikur=símbolo y egiña=hecho). Copian la forma de la bandera británica conocida como Union Jack de 1707 (o Union Flag, las banderas de Escocia e Inglaterra sobrepuestas a la que se le añadió una cruz roja de San Andrés o de Borgoña por Irlanda desde 1801). Hay que tener en cuenta la importante relación comercial en esos tiempos de Bizkaia y sus altos hornos con el Reino Unido, y que este país era la primera potencia mundial en ese momento.

Tal y como explicó el propio Sabino Arana en su artículo La bandera Fenicia:

El fondo de nuestra Bandera es rojo, como el fondo del Escudo (de Vizcaya)...
La Cruz blanca de la Bandera es la Cruz blanca del Escudo y el Jaun-Goikua del Lema...
La Cruz verde de San Andrés representa a un tiempo por su color el Roble del Escudo y las leyes patrias...
Unidos están la Cruz y el Roble en el Escudo unidos por el eta, el Jaun-Goikua y el Lagi-Zaŕa: del Lema; y unidas por lo tanto en un centro común deben estar en la Bandera las dos Cruces, blanca y verde. Y así como en la unión de la Cruz y el Roble en el Escudo, aquélla ocupa el lugar preferente, y en la unión del Jaun-Goikua y el Lagi-Zaŕa: en el Lema lo ocupa el primero: así también en la Bandera la Cruz blanca está superpuesta a la verde de San Andrés.

La bandera de los carlistas (antecesores del nacionalismo vasco del que toda la familia de los Arana era ferviente partidaria) era también una Cruz de San Andrés o de Borgoña, blanca con cruz roja. Pero los barcos vizcainos también usaron esta bandera siglos antes de las Guerras Carlistas. Según el historiador vizcaino E. J. de Labayru en su libro Historia General de Bizcaya (1897): "La cruz aspada que figura en los blasones, principalmente en las orlas, data desde esta famosa entrada en Baza (Granada, aunque se refiera por la fechas probablemente a Baeza, Jaén) de don Lope Díaz de Haro (Señor de Bizkaia) con su caballería pujante el día de San Andrés, por lo que don Fernando III (rey de Castilla) le hizo merced de ella en tenencia" (año 1226).

También se puede ver en un monolito funerario cercano a las murallas de Trajano-Adriano una cruz idéntica a la cruz de San Andrés (una incisión de un cuadrado con un aspa en su interior), además de una luna creciente y una esvástica clásica, perteneciente a las legiones romanas vascas. De los 24.000 soldados mandados por el emperador Adriano en el 122 d.C. para defender la muralla de 127 kilómetros que separaba a los civilizados romanos de los bárbaros, 3.000 eran de pueblos vascos: 1.000 bardulos (probablemente en su término más amplio de autrigones, karistios y bardulos) y 2.000 baskones. ¿Hubo quizás en este caso -como en tantos otros- un sincretismo de símbolos religiosos?

El apóstol San Andrés era hermano de San Pedro (padres de la Iglesia ortodoxa y católica cristiana, respectivamente), crucificado en un pueblo de Grecia cuando predicaba y martirizado en una cruz con forma de aspa, según una tradición medieval tardía no documentada.

La ikurriña fue símbolo oficial el 21 de octubre de 1936 del Gobierno vasco, gobierno de un mini Estado (que gobernó soberanamente el territorio entre Legutiano en Araba y Bizkaia durante 9 meses), creado de facto en tiempos de guerra durante la sublevación del Ejército español al mando de miembros fascistas. Curiosamente, la ikurriña se convirtió en símbolo de aquel mini Estado a petición del partido español PSOE y de su sindicato UGT, que participaban en aquel gobierno (en la voz de Santiago Arnaz, que lo solicitó así al lehendakari Aguirre del PNV), pues el símbolo había terminado por extenderse a todos los territorios vascos como bandera nacional.

Pese que la Monarquia Española busque prohibir, el pueblo vasco resiste y mantiene bien alto la ikurriña, la bandera de Euskal Herria soberana


"A nosotros nos corresponde ahora demostrar a los rebeldes nuestra determinación de ser libres. Si salimos derrotados, la próxima generación levantará en alto la ikurriña y continuará la batalla por la libertad que nosotros iniciamos". Estas palabras de Kandido Saseta, quien fuera comandante en jefe de Eusko Gudarostea, ponen de manifiesto el enorme valor simbólico que tuvo la enseña vasca para quienes ofrecieron sus vidas en las trincheras del 36, en defensa de la libertad y la democracia quebradas por la sublevación fascista. Y fue esa clara identificación con la lucha contra la imposición de los sublevados la que, tras la guerra, convirtió en proscritos sus colores durante los largos años de la ignominia franquista.La batalla por la libertad que anunciara Saseta, encarnada en este caso en la lucha en defensa de la ikurriña, no ha terminado. Nunca lo hizo. Su legalización en 1977 no fue más que un espejismo, el mismo que algunos creyeron ver en aquel proceso de transición política que realmente nunca existió y que enfrenta hoy día a Euskal Herria al empeño del sometimiento. Fue Fraga quien dijo aquello de que «antes de permitir exhibir esa bandera, pasarán sobre mi cadáver». Y quienes, como Fraga, nunca llegaron a admitir, ni mucho menos perdonar, la legitimación de la ikurriña y lo que simboliza, tratan ahora de recuperar el terreno perdido amparados en la prepotencia legal y judicial heredada de aquellos sublevados, y en la calculada pasividad de los que esconden la ikurriña en sus suntuosos despachos mientras cuelgan la española en los balcones.Lizartza, Bilbo, Donostia, Durango, Atarrabia... En Nafarroa, la ikurriña no puede ondear ni siquiera en la calle. En Bizkaia, Gipuzkoa y Araba la española se está imponiendo, consistorio a consistorio. En Lapurdi, Nafarroa Behera y Zuberoa, la administración francesa relega la enseña vasca a mero reclamo turístico, alejada de cualquier espacio político o administrativo. Ayer, en Donostia, cientos de personas levantaron la ikurriña, según anunciara Saseta, como emblema de la lucha de un pueblo que resiste y busca decidir su propia libertad.

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