Lo imposible es olvidarla
El poeta Gabriel Diamanti conoció a la edad de dieciséis años a quien sería la mujer que lo dejaría perplejo de amor.
Su nombre era Azul tal como lo eran sus ojos, acompañada de su pelo rubio y sus labios rosados.
El joven poeta la quiso con gravedad y temor, por entonces no tenía el cínico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres.
Así, mientras los jóvenes se enamoran de muchachas Groseramente posibles, los hombres como Gabriel parecen condenados a amar, casi siempre en secreto, a mujeres que no serán para ellos. Y en honor a estas damas es que los poetas hacen lo que hacen.
Sin embargo siguió queriéndola a lo largo de sus años. Gabriel Diamanti se hizo hombre y vivió formidables gestas amorosas. Pero jamás dejó de llorar por la rubia ausente.
La noche en que cumplía treinta y tres años, el poeta supo que había llegado el momento de ir a buscarla.
A falta de mejor ocurrencia, Gabriel consultó la guía telefónica y los padrones electorales. Miró fijamente a las mujeres de su edad y también a las adolecentes de dieciséis años. Pero no sucedió nada.
Esto llevo a Gabriel a terminar con una búsqueda a la que tal vez el imaginaba como una posible aventura a la que todo terminaría de la mejor manera, pero nada de esto sucedería, por eso muchas veces las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive.
En este sentido Gabriel no dejo de olvidar a su amada ya que ese no era el punto, después de todo al poeta le bastó para vivir en ella y por ella. Sin esperar recompensa.
Esto señores es lo que atesoran los poetas para seguir soñando y esperando lo imposible.
Es una historia breve, espero que les guste.