Tomyy90
Usuario (Argentina)

Hola taringeros en este post queria comenzar a informa sobre la Colimba un sistema que fue impulsado por el Gral Riccheri, el mismo de la autopista, allá a principios del siglo XX cuando había un temor profundo por una potencial guerra con Chile, y que finalizó con la trágica muerte del conscripto Omar Carrasco en Neuquén en 1995. Primero, qué significa COLIMBA? Dice el saber popular que son las iniciales de las tres tareas más frecuentes de un conscripto bajo bandera. COrrer, LIMpiar y BArrer (escuché también bañarse, pero no me suena mucho) Cómo era el sistema? Todos los 31 de mayo se hacía un sorteo público en lotería nacional en donde en base a los últimos 3 dígitos del DNI (antes de 1968 Libreta de Enrolamiento). En dicho sorteo se sacaban bolillas que asignaban a cada número de orden (DNI) un número de sorteo. Es decir, que uno podía tener el número de orden 369, si el DNI era XX.XXX.369, y número de sorteo 698, por ejemplo. Este sorteo era transmitido por LRA Radio Nacional, y me juego que debía tener la mayor audiencia de todo el año (al menos en sus últimas décadas) porque cientos de miles de varones de 17 y 18 años, así como sus familiares, amigos y desertores varios, estaban prendidos. Al día siguiente, 1° de Junio, salían publicados en los diarios los resultados del sorteo. Cómo se participaba? Automáticamente al renovar el DNI a los 16 años se habilitaba a participar en el sorteo que le correspondía a la clase de su año de nacimiento. Era importante renovar el DNI durante el transcurso de los 16 años, porque si uno no lo hacía, era infractor a la ley de enrolamiento y lo sorteaban al año subsiguiente. Es decir que si renovaba el DNI a los 17 años, no participaba del sorteo de la clase de su año de nacimiento sino de la que le seguía. Ejemplo: si uno había nacido en 1972 y no renovaba su DNI al cumplir los 16, lo sorteaban con la clase 1973. Cómo se vivía el sorteo? Generalmente en el colegio, rodeado de los compañeros, alrededor de una radio. El proceso completo de los mil números sorteados podía durar entre 2 y 3 horas. Para aquellos que no ingresaban, estaba el obligatorio corte de cabello. Cómo se sabía uno si se salvaba o no? A ciencia cierta nadie sabía en el momento del sorteo si había ya ingresado o no, sino que en base a experiencias pasadas se suponía que el "corte" estaba cerca de cierto número. En otras palabras, si se sorteaba la clase 1971 y en la clase 1970 habían ingresado todos aquellos que habían obtenido un número de sorteo "mayor" a 400, se suponía que 400 era el piso para el año siguiente. O sea, si sacabas 290 tenías grandes chances de no ser convocado y si sacabas 685 estabas en el horno. Obviamente que el número de corte estaba fijado en torno a las necesidades de las diferentes fuerzas armadas, con lo cual dicho valor cambiaba año a año, básicamente en función al presupuesto que tenían disponible. Cuáles eran los números de corte para salvarse? Históricamente el número de corte mínimo estuvo en torno a 200. Es decir que aquellos que sacaban menos de 200 se exceptuaban por sorteo. Este numero, como explicaba antes, fluctuaba año a año, pero en épocas de gobierno militar más frecuentemente, era extraño salvarse con más de esa cifra, incluso en la época del potencial conflicto con Chile por el Beagle se lo bajó a 100. En los últimos años del sistema, ya con falta de financiamiento crónico, era usual salvarse con valores en torno a los 750. Entiéndase que con 750, y suponiendo una distribución normal de nacimientos y sin excepciones numerosas, de cada 1000 sorteados, sólo entraban 250 al servicio militar. Si tenías número alto, automáticamente estabas adentro? No. Uno podía ser exceptuado del servicio por deficiente condición física según una serie de enfermedades detallada en un listado (cuántos detectaron que tenían espina bífida o pie plano buscando una causa para salvarse acaso?) o por tener causales como ser hijo mayor de madre viuda o estar casado, por ejemplo. Sino quedaba el caso de pedir prórroga, generalmente por estudios, y rogar que a futuro no hacerla por al terminar la facultad casarse y tener hijos. Y si tenías número bajo no había que hacer nada? Tampoco. Todos los varones sorteados tenían que tener en su DNI un justificativo respecto a su servicio militar. En otras épocas, cuando era muy frecuente que la policía pidiera documentos en la calle por si acaso, era muy consultada la hoja de status de Servicio Militar para constatar que no fuera desertor. Para poder tener esa justificación, había que ir al distrito militar que le correspondiera a uno a que le sellaran el documento con la causa de excepción. Era un trámite que podía llevar una mañana y al que usualmente atendían 500 números por día. Por lo cual no era infrecuente encontrar montones de pibes de madrugada haciendo cola en la puerta del cuartel de referencia (en la ciudad de Bs As supo ser por la calle Tacuarí o mismo regimiento de Patricios, y en zona norte de GBA era en Ciudadela). Cómo sabías si efectivamente te incorporaban? Usualmente recibías un telegrama en tu casa informándote a presentarte en la revisación médica primero, y de estar Apto para el servicio, al tiempo te llegaba otro segundo telegrama indicándote que te volvieras a presentar en tal día y lugar para comenzar la instrucción y entrar a servicio. He conocido de casos que por necesidad, directamente los incorporaron a servicio el mismo día de la revisación médica en el Hospital Militar. Cómo sabías a que arma te correspondía servir? Informalmente había rangos en los cuales uno intuía que podía servir. Por ejemplo, la marina solía recibir los numeros de sorteo más altos (o sea que si uno sacaba 900, podía esperar ser incorporado a la armada), luego en orden descendente venía la Fza Aérea, luego el Ejército (quien generalmente se llevaba la mayor tanda) y más abajo figuraban según el grado de necesidad la Prefectura o Gendarmería, si correspondía (inclusive podía haber fuerzas policiales llegado el caso). Cuánto duraba el régimen? En teoría el promedio era entre 11-14 meses desde el ingreso, aunque hubo casos de 8 meses como muy temprano hasta 24 meses de máximo (ése era el régimen habitual de la Armada) Misceláneas/Mitos: Hay miles de cosas más que se pueden contar, pero dejo algunas sueltas solamente. - Había todo un mito sobre el sello de color rojo y la inscripción OAD (orificio anal dilatado). Jamás supe si era cierto o no. Me suena a mito - En la revisación médica no había prácticamente estirlización de agujas o jeringas. A lo sumo se hervía la aguja, pero las medidas de profilaxis eran pobres o directamente nulas. Recién a fines de los '80 con el tema del SIDA comenzó a cuidarse un poco más el tema y dicen que muchos pibes se enteraron que eran portadores en ese momento. - Se cuenta que saber a escribir a máquina (ya de por sí escribir y leer era algo valorado) era el pasaporte a un cómodo trabajo de escritorio en alguna dependencia. También saber manejar era la llave a un trabajo como chofer de oficial o su familia. - Los colimbas de uniforme tenían pase gratis en los medios de transporte público. - Si nacías en ciertas fechas (creo que 25 de mayo, 20 de junio y 9 de julio) te salvabas automáticamente. Nunca lo pude corroborar que así fuera. - Para no figurar como servidumbre obligatoria, había un salario meramente "nominal" que prácticamente no se cobraba porque se compensaba con el costo del uniforme y demás. - El número de sorteo 000 era llamado "soldado de la patria" y le correspondía el ingreso automático a la Marina. - En el sorteo de la clase 1972 se "olvidaron" un número de sorteo. No recuerdo ahora cuál fue, pero supongamos que sorteaban el número de orden 245 y saltaron al 247. Se dieron cuenta de dicho error al finalizar del sorteo, porque sobraba una bolilla y lo sortearon al final. Cómo el número de sorteo correspondiente al orden 246 había sido desfavorable (muy alto), se pidió que se insertara el número de orden 246 en el listado anterior y se corrieran todos los otros (o sea que al orden 246 le correspondiera el sorteo del 247, y así). Como se imaginarán se armó un quilombo bárbaro con esa sugerencia pero no recuerdo cómo se resolvió! - Y por sobre todas las cosas, en general el comentario habitual, era que era un año tirado al pedo y que no se aprendía mucho Bueno espero que les haya interesado.
Lo imposible es olvidarla El poeta Gabriel Diamanti conoció a la edad de dieciséis años a quien sería la mujer que lo dejaría perplejo de amor. Su nombre era Azul tal como lo eran sus ojos, acompañada de su pelo rubio y sus labios rosados. El joven poeta la quiso con gravedad y temor, por entonces no tenía el cínico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres. Así, mientras los jóvenes se enamoran de muchachas Groseramente posibles, los hombres como Gabriel parecen condenados a amar, casi siempre en secreto, a mujeres que no serán para ellos. Y en honor a estas damas es que los poetas hacen lo que hacen. Sin embargo siguió queriéndola a lo largo de sus años. Gabriel Diamanti se hizo hombre y vivió formidables gestas amorosas. Pero jamás dejó de llorar por la rubia ausente. La noche en que cumplía treinta y tres años, el poeta supo que había llegado el momento de ir a buscarla. A falta de mejor ocurrencia, Gabriel consultó la guía telefónica y los padrones electorales. Miró fijamente a las mujeres de su edad y también a las adolecentes de dieciséis años. Pero no sucedió nada. Esto llevo a Gabriel a terminar con una búsqueda a la que tal vez el imaginaba como una posible aventura a la que todo terminaría de la mejor manera, pero nada de esto sucedería, por eso muchas veces las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive. En este sentido Gabriel no dejo de olvidar a su amada ya que ese no era el punto, después de todo al poeta le bastó para vivir en ella y por ella. Sin esperar recompensa. Esto señores es lo que atesoran los poetas para seguir soñando y esperando lo imposible. Es una historia breve, espero que les guste.

De Malvinas al Siglo XXI: Un futuro para la Fuerza Aérea Argentina Texto de Rubén Montenegro en Defensa y seguridad Un A-4AR Fightinghawk vuela junto a un F-16C chileno y un Mirage 2000C francés. La FAA del siglo XXI deberá poder realizar misiones conjuntas con las fuerzas aéreas de otras naciones amigas, para lo cual necesitará contar con los medios adecuados y con su personal bien preparado (foto: U.S. Air Force / Master Sgt. Daniel Farrell). Treinta años han transcurrido, tanto desde el Conflicto de Malvinas como del Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina (FAA). Momento oportuno para observar, en un rápido sobrevuelo, lo sucedido en la Fuerza Aérea Argentina desde aquellas circunstancias hasta el presente. Durante la Guerra del Atlántico Sur, desde el punto de vista operativo, la Fuerza exhibió un comportamiento ejemplar. Su participación, especialmente en acciones de combate, no solo dejó profundas huellas en las fuerzas británicas sino que provocó, para sorpresa de muchos, el reconocimiento internacional. Algunas muestras de reconocimiento al accionar de la FAA en Malvinas ”El bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina ha marcado honrosamente un camino a seguir, y así lo comprenderán las nuevas generaciones de pilotos argentinos en el devenir del tiempo. Porque el ejemplo de sus caídos en combate perdurará…” Coronel (FAF) Pierre Clostermann, héroe francés de la Segunda Guerra Mundial. ”Creo que los pilotos argentinos están demostrando una enorme bravura. Sería tonto de mi parte no reconocerlo”. John Nott, ministro de Defensa británico en 1982. “El cuerpo de oficiales y muchos de sus técnicos fueron sumamente capaces y esto fue particularmente notorio en el caso de la Fuerza Aérea Argentina”. General Jeremy Moore, comandante de las fuerzas terrestres británicas en 1982. “Las tripulaciones aplauden la bravura de los pilotos enemigos”. Gareth Parry, corresponsal de The Guardian durante la campaña de 1982. “Casi a diario ellos vuelan hacia la batalla y en cada oportunidad solo regresan unos pocos, pero los pilotos argentinos se transforman en los héroes de la guerra de las Malvinas, admirados por sus enemigos casi tanto como sus compatriotas. Son los únicos que impiden que esto sea una derrota total, dijo un experto militar europeo. No creo que se puedan encontrar mejores pilotos en el mundo. Kenneth Freed, corresponsal de Los Angeles Times en Buenos Aires en 1982. Cabe aquí una primera consideración. La actuación de sus pilotos, sin distingos de especialidad, ¿Se debió a la buena fortuna? ¿El desempeño de radaristas y artilleros antiaéreos, entre otros, fue producto de la casualidad? ¿Podría alguien afirmar que los resultados fueron azarosos? Sin duda que no. En todo caso fueron corolario del apropiado e intenso adiestramiento realizado durante la paz. Al respecto, es conveniente destacar que las características del escenario aeronaval de Malvinas representaron un desafío en tanto el ámbito a sobrevolar, el tipo de blancos a atacar y las líneas logísticas a mantener fueron radicalmente diferentes respecto a las que habían guiado el entrenamiento previo. Antes tales hechos cabe afirmar, con poco margen de error, que el entonces sistema de adiestramiento de combate, acompañado por una firme predica del “sentido del deber”, fue el acertado. ¿La muestra innegable? La valiosa y ponderada faena de la FAA ante una de las potencias bélicas en el orden mundial. Desmalvinización y declinación Luego de las circunstancias vividas en 1982, la FAA comienza a transitar una lenta y gradual declinación, tanto en lo referente a su personal como a su material aéreo. La consecuencia lógica fue el deterioro de su capacidad operacional. Varias son las causas que allanaron el camino hacia esa situación. Una de ellas, sino la más importante, tiene su origen en la indiferencia exhibida, con mayor o menor énfasis, por todo el arco político respecto a la problemática de la Defensa Nacional (DN). Ese desinterés, acentuado en la segunda parte de la década de los noventa, resultó en la “indeterminación” de demandas políticas concretas sobre las Fuerzas Armadas (FFAA) y la paulatina y aleatoria reducción presupuestaria sobre el sector. El Boeing 707, tanto en sus versiones de transporte como de inteligencia electrónica, es representativo de las capacidades perdidas por la FAA en estas tres últimas décadas (foto: Esteban Brea). Los efectos, progresivos pero inexorables, fueron la disminución del material aéreo en condiciones de operar, sobre todo en la medida en que fueron agotándose los repuestos en stock sin la reposición necesaria. En segundo término, como secuela de lo señalado precedentemente, una importante mengua de la actividad de vuelo. En tercer lugar, también como manifestación de una sucesión de causas – efectos, la migración de aviadores militares hacia la actividad de la aviación civil, evidenciada fundamentalmente en la década de los 90. Tal fenómeno, acompañado por un importante éxodo de personal, como ingenieros, especialistas en comunicaciones, informática, etc., originó un considerable vaciamiento profesional de la institución. No obstante, luego de 22 años de carencia de una política orientadora en materia de Defensa Nacional, el año 2005 selló el comienzo de una nueva etapa. A partir de entonces se produjo una fuerte intervención del Ministerio de Defensa en aspectos relativos al instrumento militar, discutible en algunos aspectos, pero si totalmente novedosa habida cuenta la tradicional falta de compromiso de las gestiones anteriores en asumir el rol que la ley impone. En tal sentido, en el año 2006 el Decreto Nº 727 reglamentó la Ley de Defensa Nacional, 18 años después de la sanción de la citada norma. A esa Reglamentación se sumaron diferentes documentos. Entre los más importantes, los Decretos Nº 1691/2006 (Directiva sobre organización y funcionamiento de las FFAA), el Nº 1729/2007 (Ciclo de Planeamiento de la Defensa Nacional) y el Nº 1714/2009 (Directiva de Política de Defensa Nacional). Por otra parte, nuestro país ha descartado la metodología de planeamiento por medio de la formulación de “hipótesis de conflicto” habiendo adoptado, en su reemplazo, el proceso conocido como “Planeamiento por Capacidades” como base para el diseño del instrumento militar y el planeamiento correspondiente. Tal método, ratificado por el Decreto Nº 1714/09 (Directiva de Política de Defensa Nacional) debe precisar el Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL), documento base que debe orientar las decisiones referidas a la reestructuración del Instrumento Militar para los próximos 20 años. Resulta claro que el avance normativo impulsado persigue el fin de otorgar un marco político a la redefinición de las FFAA[4]. Esto ha significado el final de un largo ciclo durante el cual cada una de las Fuerzas Armadas, a partir de su particular apreciación y en forma individual, definía su ámbito de competencia y responsabilidades con la notoria ausencia participativa del nivel político. Es de capital importancia tener en cuenta lo relevante que es el capital humano en cualquier organización que pretenda proyectarse exitosamente hacia el futuro (foto: Esteban Brea). Hacia una Fuerza Aérea Argentina del Siglo XXI No obstante el nuevo marco doctrinario vigente es indispensable distinguir, al menos en el caso de la FAA, un aspecto que en modo alguno puede ser ignorado. Resulta innegable que la actividad de vuelo en la FAA es la causa natural de su existencia y el eje medular alrededor del cual debiera girar el quehacer de todas sus partes. Por ello, no puede negarse que una notoria declinación de esa actividad puede llevar a la Institución a convertirse en una organización carente de incentivos para su personal, tanto de pilotos como de aquellos que contribuyen a que las operaciones aéreas se desarrollen. Asimismo, esto puede profundizarse si no se vislumbra un horizonte concreto que permita apreciar mejoras significativas. Esta situación, sin duda, contribuirá a debilitar la vocación de servicio y sentido de pertenencia de quienes integran la Fuerza. Atendiendo justamente a la adversa carga que provocan tales factores, resulta fundamental iniciar la recuperación de su capacidad operativa. Ello exigirá que, desde las instancias que corresponden, se determine claramente el perfil de los medios aéreos necesarios para el instrumento militar requerido, así como un programa o calendario de incorporación. No se puede desconocer, además, que de no tomar decisiones al respecto, con el paso del tiempo será cada vez más costoso y dificultoso recuperar esa capacidad. Tal circunstancia plantea el necesario sinceramiento desde dos ámbitos. Desde el político, la definición de qué “cantidad” y “tipo” de medios aéreos requiere, según su demanda política, y la decisión de iniciar un concreto proceso de modernización/incorporación de los mismos. Desde la FAA, en primer lugar, admitir que el actual despliegue territorial responde, al menos en parte, a hipótesis de conflicto subregionales y a un dimensionamiento y diversidad, particularmente de sus medios aéreos, que deberían considerarse superados. En segundo término, asumir la decisión de evolucionar hacia un modelo que contemple la adecuación de estructuras y organizaciones en orden a privilegiar lo cualitativo por sobre lo cuantitativo, tanto en relación a su despliegue en tiempo de paz como de su material aéreo, personal e infraestructura atendiendo que esa evolución no puede estar desvinculada de las realidades y prioridades que el Estado otorga a sus necesidades. En esta línea cabe agregar que no diferenciar las transformaciones que impone la realidad, quedar amarrados a viejos paradigmas y obrar en consecuencia, definitivamente no favorecerá al futuro de la FAA. Reconocer y enfrentar los cambios que exigen las circunstancias y llevarlos adelante gradualmente según un plan prestablecido, lo que no quiere decir inflexible a las alteraciones que imponga el devenir, resulta el mejor camino para enfrentar los desafíos del futuro recreando, sobre todo, el horizonte profesional del personal, su vocación de servicio y el sentido de pertenencia a la Institución. Ese será el mejor homenaje que, desde el presente, se pueda ofrecer a nuestros camaradas caídos en la Batalla del Atlántico Sur. Acerca del autor: Rubén O. Montenegro es Brigadier General en retiro de la Fuerza Aérea Argentina y actualmente se desempeña como Presidente del Centro Aeronáutico de Estudios Estratégicos. Nacido en Buenos Aires en 1942, Montenegro egresó de la Escuela de Aviación Militar, como Alférez, en diciembre de 1963 y como Aviador Militar a fines de 1964. A lo largo de su carrera, ocupó cargos de responsabilidad creciente tales como Jefe del Cuerpo de Cadetes de la Escuela de Aviación Militar, Subsecretario General de la FAA, Jefe de la Primera Brigada Aérea “El Palomar”, Director General de Personal, Secretario General de la FAA, Comandante de Operaciones Aéreas para ejercer, finalmente, la Jefatura del Estado Mayor General de la FAA entre los años 1996 y 1999. En su condición de piloto aviador militar, acumuló más de 7.000 horas de vuelo tripulando aeronaves, particularmente de transporte (DC-3/C-47, DHC-6 Twin Otter, C-130 Hercules, SE-210 Caravelle, Fokker F-28 y Boeing 707) participando, además, en la campaña malvinense de 1982 realizando misiones de Exploración y Reconocimiento en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur como piloto de Boeing 707. Notas: La actividad aérea sobre el mar correspondían, entonces, casi exclusivamente a la Armada Argentina. El éxodo de personal militar no solo se debió a la declinante actividad aérea de la FAA. A ello se sumó entonces la importante necesidad de pilotos por parte de la actividad aérea civil acompañado por una oferta salarial, del ámbito privado en general, que superaba con creces los haberes militares. Cuestión que, por otra parte, se mantendrá vigente en tanto exista la demanda desde el ámbito de la aviación civil. “Compete al Ministerio de Defensa asistir al Presidente de la Nación en todo lo inherente a la defensa nacional y las relaciones con las Fuerzas Armadas dentro del marco institucional vigente y en particular: 1° Entender en la determinación de los objetivos y políticas del área de su competencia. 2° Ejecutar los planes, programas y proyectos del área de su competencia elaborados conforme las directivas que imparta el Poder Ejecutivo Nacional………” Particularmente, y en una primera instancia, se impulsó un fuerte protagonismo del Estado Mayor Conjunto con la creación del Comando Operacional (responsable de la ejecución del adiestramiento militar conjunto, del control de las ejercitaciones conjuntas, de la elaboración del planeamiento estratégico operacional y de su correspondiente ejecución y de las operaciones militares) responsabilizándose a las FFAA del alistamiento, adiestramiento y sostenimiento de los medios a proveer al Comando Operacional (Decreto 1691/2006 – Directiva sobre Organización y Funcionamiento de las Fuerzas Armadas ). Las transformaciones para impulsar una nueva organización o estructura militar provinieron del Ministerio de Defensa. Cabe observar que, después del conflicto de Malvinas, todos los actores del ámbito militar proclamaron la falta de acción conjunta y las consecuencias negativas de tal falencia. Sin embargo, posteriormente y desde ese ámbito, poco o nada se hizo para emprender concretamente el camino de la acción conjunta. Extraido de: gacetaeronautica
"Porteños VS Interior" por Luis Landriscina ¿La gente de la capital vive apurada o la de las provincias es lenta? Datos sobre una polémica que abarca a muchos países. EL GANADOR El primer contacto que tuve con los porteños cuando era chico fue con esos viajantes de comercio que venían de Buenos Aires y recorrían el país de ciudad en ciudad. El viajante era un hombre que llegaba muy bien vestido, con una ropa y elegancia que en las provincias sólo se estilaba para los fines de semana o días de fiesta. Además, llegaba muy informado y podía contar noticias de todo el planeta... verdaderas o no. En su modo de hablar, lejos de cualquier timidez, el porteño siempre fue muy extrovertido y ampuloso en los gestos. Lógicamente con estos atributos era un “ganador” que podía quedarse con la chica más bonita del pueblo. Por todo esto, en las provincias crecimos teniéndole bronca al porteño, “por las dudas”. Pero en el fondo queríamos parecernos a él. Incluso el hombre de provincia que vivía un tiempo en la capital, al regresar a sus pagos fingía que se le había pegado el acento porteño para darse aire con sus vecinos. Sin embargo, cuando uno cruza la General Paz y viene a quedarse a vivir en la capital, como me sucedió a mí en el año 1964, el panorama cambia mucho. Me di cuenta de que el problema no es que el porteño esté menos capacitado para ser atento o cordial con los otros, sino que está más condicionado. EL PORQUÉ DE LA URGENCIA DEL PORTEÑO En 1964 mis hermanos ya vivían en Buenos Aires y yo me sorprendía cuando me contaban que esperaban los fines de semana para poder dedicarle más tiempo a sus hijos. Ahí comprendí también la cuestión de la urgencia del porteño. No es que no le importe la persona que pasa a su lado. Trabaja más apurado y con más angustia porque tiene miedo de perder todo. En Buenos Aires no es tan normal que alguien pida permiso a su jefe para acompañar a un amigo o a un familiar enfermo. El porteño vive apurado. Y lo está hasta para el humor, por eso prefiere el chiste rápido, porque no tiene tiempo ni paciencia para escuchar un cuento. Pero digo que sólo es una cuestión de condicionamientos porque este mismo porteño puede ser también extraordinariamente solidario. Cuando me vine a instalar a Buenos Aires, al comienzo viví en el conurbano sur, en Piñeyro. Recuerdo que a una familia vecina se le quemó la casa. Y ahí nomás sobre el pucho, los vecinos armaron una colecta para ayudarlos. A mí me llamaba la atención que la gente no se saludara en la calle, ni se interesara demasiado por hablar unos con otros, pero cuando surgía el problema, ahí aparecía el gesto de solidaridad. En los pueblos, la solidaridad brota normalmente del amplio conocimiento que hay entre la gente. Allí todos se conocen y están atentos a las necesidades del otro. Pero el porteño hace un culto de la generosidad con el desconocido. Por eso no me gusta cuando se habla sistemáticamente mal de la gente de la capital. LA IMPRONTA DE LA INMIGRACIÓN Una cuestión que marcó a Buenos Aires es la inmigración. El porteño lleva una impronta muy fuerte del inmigrante europeo, especialmente el napolitano y el español, con toda la arrogancia que traía la Europa que venía a “hacerse la América”. Es muy típico de Buenos Aires ese gesto de “ma chè facciamo!” o “ma qué hacé”, agitando la mano hacia arriba, con los cinco dedos unidos. En las provincias se ha dado en cambio una mezcla mucho más pareja de nacionalidades. Ucranianos, alemanes y polacos, viven en la selva misionera sin predominio de unos sobre otros. LO DESCORTÉS A los ojos de la gente de las provincias, el porteño es también muy descortés. Recuerdo una anécdota de cuando vivíamos en un edificio de departamentos frente al Jardín Botánico de Buenos Aires. Llovía mucho y mi mujer estaba en el hall del edificio. Al ver que en la vereda había un vecino que se estaba mojando mientras esperaba a alguien, mi esposa espontáneamente le abrió la puerta para que esperase adentro. Él, absorto en sus cuestiones, habrá imaginado que la puerta se abrió sola porque ni siquiera dio las gracias. Todas esas actitudes son percibidas como arrogancia o descortesía por la gente del interior. También digo que en realidad es sólo una cuestión de condicionamientos de la vida en la ciudad, porque el mismo porteño, cuando va a radicarse al interior disfruta mucho de otro estilo de vida. En seguida se acostumbra a caminar unas pocas cuadras y llegar a su trabajo, saluda en la calle, comparte mucho más tiempo con su familia, y tiene más ocasiones de encuentro con los amigos. LA INOCENCIA DEL PORTEÑO EN EL INTERIOR Por otra parte, es frecuente que el porteño tenga idealizada a la gente de las provincias. Cuando está allá peca de ingenuo y le venden pájaro carpintero por pájaro cantor, luego de haber confiado ingenuamente en la inocencia del hombre del interior. Siempre advierto a los porteños que si toda la gente de las provincias fuese tan buena, no necesitaríamos allí policías ni jueces. LENTITUD NO ES SINÓNIMO DE PEREZA Otro error que suele cometer la gente de capital respecto del interior es no comprender la parsimonia, por ejemplo en las provincias del norte como Santiago del Estero. Lentitud no es sinónimo de pereza. Los santiagueños son gente muy trabajadora. No hay que olvidar que son ellos la principal mano de obra en la zafra tucumana, en la cosecha de algodón en el Chaco, o quienes esquilan las ovejas a mano en el sur. Viajan de una provincia a la otra para realizar trabajos muy duros. Y lo que el porteño ve como lentitud, ese ritmo más pausado, es casi una virtud de supervivencia en un clima como el de Chaco o Catamarca, con veranos de 50 grados a la sombra. Yo solía contar la historia de un santiagueño que está descansando a la sombra de una higuera con la boca abierta hacia arriba. Cuando pasa un vecino y le pregunta qué está haciendo, el hombre responde que está esperando que caiga un higo del árbol. Cae entonces el higo pero el hombre sigue mirando hacia arriba con el higo en la boca. El otro entonces le pregunta qué espera: —Que caiga otro higo para que empuje éste para adentro. En una oportunidad que conté este cuento en una peña muy conocida de Buenos Aires, luego del espectáculo se me acercó el embajador de Argelia, que estaba presente en la sala, y me dijo que ese cuento era originario de su país, donde se contaba exactamente el mismo chiste, con higos y paisanos que pasan horas descansando. Fíjense que Argelia es otra región desértica de temperaturas muy altas. Entonces, los norteños, los argelinos y los charros de ciertas regiones de México que descansan a la sombra con un sombrero sobre la cabeza, son todos sobrevivientes que aprendieron a convivir con un clima muy hostil. "DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES PERO ATIENDE EN BUENOS AIRES" Siendo un hombre que aprecia tanto la vida de las provincias, ¿qué hago yo entonces viviendo en la capital? Hay una frase un poco irreverente que puntualiza uno de los viejos entredichos entre porteños y provincianos. “Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires”. Y en cuestión de espectáculos, para “jugar en primera división” había que venirse a la capital, sobre todo algunas décadas atrás. Pero sigo teniendo mi casa en el Chaco, y viajo mucho por todo el país. Yo estoy muy agradecido a los porteños y aprendí a querer esta ciudad. Aunque aparentemente todos te ignoran, nunca me pusieron palos en la rueda cuando me propuse hacer cosas. Vivo en Buenos Aires aunque me moleste tener que mirar por la mirilla antes de abrir la puerta, y andar con cuidado cuando voy por la calle. Todos mis hermanos viven aquí, y sin embargo no tenemos tiempo para vernos más que tres o cuatro veces al año. Pero bueno... LOS AMIGOS: LOS PARIENTES QUE UNO ELIGE Me acostumbré a que en esta ciudad los amigos son los parientes que uno elige, y que el porteño es muy amigo de sus amigos. Hace algunos años tenía un programa de radio al que traje como invitados a un grupo de villeros que vivían en Buenos Aires y eran del interior. Mi idea era preguntarles todo lo que el porteño se cuestiona acerca de estas personas que sacrificaron su calidad de vida para radicarse en casuchas, cerca de las luces de la gran capital. Cuando les pregunté porqué se “apilaban” unos sobre otros en una villa, me contestaron: “Primero viene un familiar para ver cómo andan las cosas. Cuando confirman que se puede comer seguido y caliente, llaman a otros familiares y le ofrecen todo lo que tienen, que es su misma casa. Con el tiempo comienzan a construir un pedacito más de techo, pegado al de los que llegaron primero, aunque no se pueden mudar hasta que esté listo. ¿Por qué construyen viviendas tan precarias, si en el campo tienen casas más sólidas?, les pregunté. La respuesta fue que en las villas, como no es terreno propio, nunca saben en qué noche los va a despertar una topadora que arrase con lo poco o mucho que tengan. Siempre sueñan con la idea del terreno y casa propia. Mi última pregunta a estos villeros fue algo que intriga mucho a los porteños: Si realmente son tan pobres como para vivir en casuchas de lata, ¿por qué se ven tantas antenas de televisión en las villas? Ahí me sorprendí cuando me contestaron: “Porque el televisor es el único entretenimiento para los chicos que podemos pagar en cuotas. Todo lo demás hay que pagarlo al contado”. TODO TIENE SU MOTIVO Es decir que finalmente todo tiene un motivo. La aparente descortesía del porteño, la lentitud del norte, y los clichés atribuidos a cada provincia, son diferencias que se dan en todos los países, una mezcla de admiración, celos, y envidia entre la provincia y la ciudad, entre el que vive más en contacto con la naturaleza y aquel que goza de los beneficios de la modernidad. La mayoría de las veces no se trata más que de un instinto de adaptación para sobrevivir en un clima o un medio ambiente hostil, una capacidad inherente a la condición humana.
link: http://www.youtube.com/watch?v=ELKwudUQhmo&feature=player_embedded El defensor xeneize es la nueva cara de la publicidad de “Paso de Los Toros“. En un corto bien futbolero, se muestra a un jugador elegante, ídolo de multitudes, que gambetea a sus rivales y es amado por todo el estadio. Con el lema “Cortá con tanta dulzura“, la imagen muestra al Flaco Schiavi en una acción característica de su juego; yendo a cortar abajo y haciéndose sentir en la fricción. http://muyboca.com.ar/