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TRABAJO PRÁCTICO


FAHRENHEIT Y LA SOCIEDAD ACTUAL



El conocimiento es poder
(Francis Bacon, s.XVI)



“Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla quienes somos”

(George Orwell)


El objetivo de este trabajo es analizar cómo a lo largo de la historia hay una pugna de interpretaciones de la realidad o paradigmas, que toma la forma de persecución ideológica por parte del paradigma dominante. Con tales fines utilizaremos como material de partida la película “Fahrenheit 451”, de François Truffaut, y como aditivo, el libro homónimo, de Ray Bradbury. La lucha por el poder, tiene como uno de sus objetivos callar el sector que se rebela, para lo que es necesario eliminar los registros escritos, y de esta forma acallar versiones de la historia. Haremos un paralelo entre las diferentes ocasiones donde la quema de libros era usual y el presente.

“Fahrenheit 451”

La película “Fahrenheit 451” es la adaptación fílmica de un texto de Ray Bradbury que nos servirá como punto de partida. Bradbury fue un escritor de ciencia ficción nacido en 1920 en Estados Unidos conocido por sus novelas y conjuntos de relatos cortos, siendo “Las Crónicas Marcianas” la mas conocida. En ellas se reflejan las características de la sociedad estadounidense de los años 50 como el temor a la guerra nuclear, la reacción contra el racismo y la censura y el recelo ante los avances tecnológicos. Bradbury escribió también poesía, obras de teatro y guiones cinematográficos. “Fahrenheit 451” habla sobre un futuro donde la palabra escrita está prohibida, las relaciones interhumanas se han enfriado y robotizado, y la televisión domina el interés de la gente. En ella, los bomberos ya no se ocupan de apagar incendios, sino de quemar los libros de la gente, y son advertidos por la misma gente de la existencia de éstos. El protagonista, Guy Montag, comienza a darse cuenta que hay otra opción de vida, y conoce a un personaje que representa esta otra opción. De esta manera, conoce a un grupo de gente, llamados hombres-libro, que conforman la resistencia, aprendiéndose todos los libros de memoria para que éstos no desaparezcan. De esta forma, cuando los tiempos cambien y los libros ya no sean prohibidos, se puedan volver a imprimir. Eventualmente, y empujado por su propia esposa que lo acusa de tener libros, Montag se escapa y forma parte de la resistencia.

La sociedad actual

Si bien esta película es futurista, encontramos muchos parecidos con la sociedad actual.
No se puede comparar totalmente con la actualidad, ya que para ser dueño del conocimiento se necesita un régimen dictatorial, que el miedo sea la emoción dominante, y que las personas no tengan ningún derecho individual. Actualmente los libros no se queman, pero hay una desvalorización hacia ellos que logra el mismo efecto. La actividad de leer por placer ha sido desplazada por actividades distintas, actividades interactivas, actividades no introspectivas. La actividad de leer se ve ahora limitada a leer para saber mas que otro, para aprobar materias que lo llevan a uno a completar una carrera para poder ser exitoso, para poder “ser alguien”. Pero lo peor es que “ser alguien” para todos los que utilizan esa frase tan extremista (generalmente abuelas o pesimistas) es tener dinero, y posesiones. Muchas posesiones. Entonces nos encontramos con una situación que si bien no es igual, es bastante similar, y podría evolucionar en lo mismo. Encontramos varias razones para este análisis. Empezando por la educación. La educación en Argentina y en muchos otros países se encara de una manera competitiva, que busca éxito instantáneo y temporal. “En el modo de tener, los estudiantes solo tienen una meta: retener lo “aprendido”. Con este fin lo depositan firmemente en su memoria, o guardan cuidadosamente en sus notas. No deben producir o crear algo nuevo. De hecho, los individuos del tipo de tener se sienten perturbados por las ideas o los pensamientos nuevos acerca de una materia, porque lo nuevo los hace dudar de la suma fija de información que poseen. Desde luego, para quien tener es la forma principal de relacionarse con el mundo, las ideas que no puede definir claramente le causan temor, como cualquier cosa que se desarrolla y cambia y que no puede controlarse” (Erich Fromm; “¿Tener o ser?; 1976”). Para los que estudian por el interés puro de saberlo, también hay una limitación: las calificaciones. Las notas son numéricas y son un índice del nivel que alcanzó el alumno. Esto es absurdo porque muchas veces no indican fielmente lo que el alumno sabe, pero igualmente resultan un juicio que el alumno no puede cambiar. Lo peor es que la escuela forma al individuo en el momento que mas susceptible es a cambios y enseñanzas; la escuela es un lugar fundamental. Pero tiene características que la vuelven un lugar frío de competición y satisfacciones momentáneas. Estas características se trasladas luego a los demás sectores. El individuo pasa del colegio, donde debe esforzarse para conseguir una nota, cueste lo que cueste, a un trabajo donde tampoco deben importarle sus compañeros, o la eficacia de su trabajo, sino el hecho de conservar el trabajo, o de superarse o superar a los demás, para avanzar en ese trabajo. Podríamos pensar que uno no es lo que hace en el trabajo, o en el colegio, pero considerada la cantidad de horas que uno pasa en ambos lugares, las características frías y competitivas pasan igualmente a la vida privada de cada uno, en mayor o menor medida. Así, conseguimos una vida que busca las cosas materiales, y que se contenta cuando las tiene. Sin embargo no podemos ignorar que el hecho de poseer ciertas comodidades puede acercarnos más a sentirnos bien, lo que también tiene que ver con costumbres dentro de la sociedad. Como bañarse todos los días, o poder mirar la televisión. Hay sociedades que no se bañan todos los días, o que no incluyen la televisión dentro de las actividades diarias. Pero estamos hablando de esta sociedad, y como ésta nos lleva a poseer para poder ser felices. Dentro de la relación entre la felicidad y la posesión, el individuo encuentra el bienestar en situaciones montadas para ser vistas por terceros, y no por un pedido propio. Por ejemplo, el individuo A se siente cómodo con un objeto x, pero todos los demás utilizan objetos y; el individuo A elige entonces consumir y, priorizando el entorno a sus propios deseos. Esto nos lleva entonces a la situación de globalización mundial y la desvalorización de circunstancias introspectivas. Actualmente vivimos en una sociedad donde nadie parece tener la necesidad de callarse nada, y donde es importante que todos se conozcan entre todos de la manera mas profunda posible. Desde la moda, la ropa indica el nivel adquisitivo, el gusto, hasta la forma de pensar se podría decir. Es prácticamente inaceptable que una persona que se encuentra dentro de cierto grupo social se vista de forma no acorde al caso. Si un individuo tiene cierta forma de pensar, es inevitable para él mostrar o demostrar ese hecho. La forma en la que cada uno se viste puede ser un efecto determinante en el tipo de relaciones que va a entablar. Porque uno pone todas esas cosas, ideas que tiene adentro, afuera y a la vista de todos. Otro de los entornos comunicativos que ahora están muy en boga son las redes sociales por Internet. En ellas, es necesario que el sujeto relate detalle por detalle su vida, sus costumbres, sus posesiones. La bifurcación presenta aquí es el sujeto miente o el sujeto dice su mas pura verdad. Así se presenta otra circunstancia donde las cosas internas no permanecen internas, están ahí afuera y a la vista de todos. Como resultado de estas situaciones encontramos varias circunstancias. Una tiene que ver con que el sujeto le da el poder a todos los demás, a todos los que lo acompañen en esa exposición a juzgarlo. Cuando uno le relata a alguien una situación personal, se estable un código de confianza donde el receptor será respetuoso de ese relato; pero cuando uno tiene como receptor a gente que no conoce, ese código no existe, y existe el riesgo que el relato sea bastardeado. El emisor se encuentra entonces en una situación de vulnerabilidad, lo que lo lleva a asegurarse de que el relato sea bien recibido. Aquí entra nuevamente la competencia. Como mencionamos, estas características tienen que ver con la globalización, entonces el sujeto debe competir con...todo el mundo. Y dentro de la competencia, no importa lo que uno tenga ganas de decir o de hacer. Lo importante es que sea mejor que lo que hace y dice el otro.
Por supuesto que todas estas circunstancias tienen una razón de ser. A los grupos de poder dominantes les conviene que la sociedad este mas preocupada por su propia y ajena individualidad que por todo lo demás. Una sociedad alienada es fácil de manipular, es fácil de callar. Si los pueblos dejaran de comparar sus ombligos entre si, descubrirían que los que tienen el poder se aprovechan de ellos. Pero también de que los que tienen el poder y se aprovechan de ellos pueden perder el poder. La forma mas concreta de darnos cuenta de que al grupo dominante le conviene esto, es estudiar las cosas que dicho grupo ataca. Se encuentran entre estas cosas los libros, que hacen que los individuos piensen y desarrollen sentido crítico. Así es como llegamos a la persecución de los intelectuales y de la lengua escrita.

La persecución religiosa

Se podrían dar muchos ejemplos de persecuciones a través de las historia. Dentro del Imperio Romano, cuando se adoptó al cristianismo como religión oficial, los emperadores ordenaron la quema de textos considerados paganos. Uno de los lugares afectados por dicha medida fue la segunda biblioteca de Alejandría. La primera ya había desaparecido debido a un incendio del cual no se saben exactamente las causas, pero se estima que se perdieron textos invaluables para la historia de la humanidad.
Durante la Edad Media, el poder de la Iglesia Cristiana era fuerte y sólido. Pero en ningún momento de la historia la Iglesia dejó de usar estrategias para asegurar que ese poder nunca se acabe. Durante el Medioevo, el saber era la Iglesia. Los señores feudales decidían impunemente, y el pueblo no podía tener ningún tipo de influencia de cambio. Los campesinos se dedicaban a trabajar como vasallos y los únicos que podían recibir educación eran los hijos de los terratenientes. Se los enviaba a los monasterios a recibir instrucción de las distintas órdenes religiosas, como los franciscanos o benedictinos. La Iglesia, entonces, también poseía las bibliotecas. Como el porcentaje de analfabetos era muy grande, y los religiosos tenían como misión estudiar, eran ellos los únicos que podían acceder a la lengua escrita, y la posterior manipulación de textos también la hacían ellos. Durante la época de la Inquisición no solo se quemaban los textos, sino directamente se quemaba a las personas que resultaban “sospechosas” por ser consideradas brujas o herejes. Así, gran parte de registros de épocas anteriores fueron destruidos, y mucho material se perdió, otra vez, con el fin de prevenir mantener el poderío eclesiástico.
Una novela donde se ve reflejada esta situación es “El nombre de la rosa”, de Humberto Eco. En ella se cuenta la historia de un monje franciscano, William Baskerville, y su asistente, Adso de Melk, quienes iban a resolver misteriosos asesinatos en una abadía benedictina. Al final, William descubre que las muertes eran causadas por envenenamiento, ya que las víctimas tomaron libros prohibidos de la biblioteca, los cuales contenían veneno en los márgenes para silenciar a aquel que osara leerlos. Esto estaba tramado por el monje principal de la abadía, Jorge, quien, para no dejar que el saber se propague o caiga en manos de alguien que pueda usarlo en su contra, incendia la abadía y se suicida comiéndose un libro envenenado.
Una víctima de la Inquisición fue Galileo Galilei, el matemático que reafirmó la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico. Aunque no fue llevado a la hoguera, tuvo varios problemas con la institución religiosa ya que sus escritos iban en contra de referencias bíblicas. Esto le costó la prisión, el arrepentimiento público, y luego, el vivir en una especie de arresto domiciliario.

El nazismo

Durante el régimen nazi, del 1930 a 1945 en Alemania, se censuró a personas que no compartían esta ideología, basada en no solo el perfeccionamiento de una raza sino también en devolverle el esplendor y poderío económico a la nación, que había perdido luego de la Primera Guerra con la firma del tratado de Versalles. Muchos de los opositores fueron asesinados en campos de concentración mientras que otros lograron exiliarse. Los nombres de los intelectuales, escritores o artistas en contra del nazismo pasaron a integrar las “listas negras”. En el caso de los libros, pasaron a la hoguera. Uno de los tantos autores criticados por el nazismo fue el psicoanalista Sigmund Freud, quien se exilió en Inglaterra.

La dictadura militar en Argentina (1976-1983)

La misma situación se reproduce durante la dictadura militar del ’76. Por más que en los anteriores gobiernos militares se había procedido de forma similar, esta última fue la más cruenta. También con “listas negras” que prohibían una enorme cantidad de libros para intentar exterminar el pensamiento “subversivo”, “comunista” o “peronista”. Aquí hay dos ejemplos de las víctimas intelectuales: Rodolfo Walsh y Héctor Oesterheld, ambos escritores y militantes de Montoneros.
El primero fue secuestrado y desaparecido el 25 de marzo de 1977 luego de publicar la “Carta Abierta a la Junta Militar”, donde denunciaba todas las atrocidades cometidas por el gobierno.
Oesterheld fue quien escribió el guión de “El Eternauta”, una conocidísima historieta que narra las aventuras de un viajero en el tiempo que vive en una sociedad oprimida por los “Ellos”, “seres con una tecnología muy superior a la nuestra, capaces de esclavizar a cuanta civilización encuentren”.
La situación político-social durante la última dictadura es muy similar a la de “Fahrenheit 451”. Ambas sociedades tienen un grupo de poder opresor, por más de que en la novela no se sabe claramente quién forma parte de ese grupo. Los bomberos son el símbolo de esa represión.
La novela está inspirada por la situación por la que estaba pasando Estados Unidos. En esos momentos el senador McCarthy había formado la Liga de Actividades Antiamericanas, utilizada para implantar el terror y la persecución sistemática no sólo a los comunistas sino también a los libres pensadores. Estas situaciones también se ilustran en el cine de terror de la época, en el cual se mostraba a todo lo externo como peligroso para la nación.
También se tenía controlada a la población mediante los medios de comunicación. En “Fahrenheit” la población está totalmente alienada, son una masa sin personalidad e incluso creen que lo más importante es lo que dan en la televisión, considerando a los personajes como parte de sus familias. El mensaje, como indica la teoría de la aguja hipodérmica, es directo y afecta a toda la población por igual: leer libros es malo, produce infelicidad, hay que ver la televisión para entretenerse.

Aquí es donde hacemos una conexión directa a la sociedad argentina del día de hoy. Los medios de comunicación dan un mensaje directo y lineal de que reina la inseguridad. La población responde con miedo y quiere, desesperadamente, una solución. De este estado se aprovechan los grupos políticos, dueños de medios de comunicación, como el empresario Francisco De Narváez. De esta forma entra en juego la teoría de los efectos limitados. Se tiene en cuenta la situación de la población y el contexto social al que pertenecen a la hora de transmitir el mensaje de que ellos van a frenar con la inseguridad poniendo policías y cámaras por toda la ciudad. Esto, en lugar de favorecer la seguridad de la población es una violación a su privacidad. En cambio, una solución práctica sería generar trabajo y educación a la que todos puedan acceder.
Hoy la gente también está narcotizada por la televisión. Para entretenerse buscan programas superficiales como el de Tinelli, donde también se propaga la ideología política de los grupos empresario-políticos. Se pondera el aspecto físico y la gansada, despreciando la palabra escrita. Se fomentan las cargadas a las personas que leen y se pone como aceptable el estar pendiente del celular (otra arma de alienación) y la computadora. Estos objetos dan la sensación de pertenencia al mundo desarrollado, pero la realidad económica es que la Argentina es un país en desarrollo y la tecnología es sólo lo que nos hace formar parte de un mundo globalizado.
Sin embargo, las personas que leen y cuestionan la realidad serían los Clarisse del día de hoy. Ellos serían la resistencia de “Fahrenheit”, los “hombres-libro”. Creemos firmemente que las familias deben fomentar la lectura y el pensamiento crítico en los hijos para poder formar en el futuro una sociedad mejor. Hay que ser consciente del pasado de un país para poder solucionar los problemas del presente y a esos registros se accede mediante la lectura.
El leer despierta el pensamiento crítico en la gente y hace más difícil el sometimiento a un sistema, en este caso el neoliberal, el cual impulsa la competencia entre los seres humanos, impidiendo la unidad del pueblo.




Bibliografía
• Bradbury, R. (2007) Fahrenheit 451, Buenos Aires, Ed. Debolsillo
• Eco, U. (2005) El nombre de la rosa, Buenos Aires, Ed. Debolsillo
• Martí, J. (1968) Prosa y Poesía, Buenos Aires, Kapelusz
• Oesterheld, H. “El Eternauta” , disponible en URL: www.eleternauta.com


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