“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio,
que las que tu filosofía puede imaginar”
Hamlet, William Shakespeare, 1564-1616
¿El hombre de las Nieves existe?
En 1935, el paleontólogo holandés Ralph von Koenigswald se encontraba en Hong Kong. En una farmacia encontró una pieza dental fosilizada que los farmacéuticos llamaban “diente de dragón”, y usaban desde tiempos ancestrales, pulverizada, para preparar algunas de sus medicinas. Von Koenigswald comenzó entonces la búsqueda del animal al que había pertenecido, búsqueda que acompañaron y continuaron distintos paleontólogos en el mundo. Desde ese momento se han encontrado 3 mandíbulas y varios centenares de dientes, no sólo en China, sino también en Vietnam. Estos resultaron pertenecer a un simio gigante que se extinguió hace aproximadamente 500.000 años y al que los paleontólogos denominaron Gigantopithecus blacki. Se supone que apareció hace 6 millones de años y llegó a convivir con otras dos especies conocidas: el panda gigante y... el Homo Erectus. Recién en el año 2005 pudo determinarse la antigüedad de los restos encontrados a partir de 1935.
En base a estos restos, tomando como premisa que este animal podía ser similar a los grandes primates, y por cálculo de proporciones, se hizo una reconstrucción para determinar su apariencia. El resultado es un extraordinario simio de más de 3 metros y medio de altura (y sus autores dicen que fueron conservadores al respecto) y alrededor de 500 kg de peso.
Vista la reconstrucción, no podemos negar que se parece muchísimo al ser que relatan haber visto tantas y tantas personas en todo el mundo, y al que dan distintos nombres: Dzón Glai Edmai en la India, Sasquatch en Canadá, Almus y'en los mongoles, Metoh Kangmi o Yeh-teh o Mih-teh los sherpas de Nepal, Nyalmo o Rimi o Rackshi bompo los lamas, Migyur en Bután, Snezhnyi Chelovek los campesinos de la estepa siberiana, Dev en el Monte Pamir, Kaptar los habitantes del Cáucaso, Ucumar en Argentina, Maricoxi en Brasil. Sí, señores, hablamos del yeti.
Algunas teorías, como la del reconocido biólogo y bioquímico inglés Geoffrey H. Bourne, asocian el Gigantopithecus blacki con el Yeti y el Sasquatch. Bourne creía que era posible que el Gigantopithecus hubiera cruzado desde Asia a América por el estrecho de Bering, tal como se supone que hicieron los antepasados del hombre actual.
El tema del yeti presenta varias aristas confusas. Por un lado, los testimonios de aquellos que dicen haberlo visto hombre de nieve no son exactamente coincidentes: sí, tiene aspecto de mono, sí tiene pelo en todo el cuerpo, sí, huye temeroso (en general) ante la presencia humana, pero los relatos difieren en cuanto al tamaño, color del pelo y cantidad de dedos en los pies. De hecho, de todas las fotografías tomadas hasta la fecha de huellas de este ser, en algunas se ven cinco dedos y en otras cuatro. Además, el hecho de que se haya visto en zonas tan disímiles en cuanto a sus características físicas (bosques, selvas, montañas heladas) hace suponer que también deben variar sus hábitos. Claro, si es que existe.
Los testimonios, tanto orales como fotográficos, provienen del más variado tipo de personas: lamas tibetanos, sherpas, fotógrafos de revistas científicas, alpinistas, diplomáticos, militares, pobladores de las distintas zonas de avistamiento habitual. La inmensa mayoría de indudable seriedad.
Pero también ha habido en estos años muchísimos engaños (vaya uno a saber con qué fin): videos fraguados, fotos de huellas indefinidas, relatos dudosos.
Hasta existe un cráneo que se encuentra en elmonasterio Pangbotchi, en Nepal. Y los cabellos traídos del Himalaya por el mismísimo Sir Edmund Hillary (testigo él mismo de la aparición de un grupo de yetis durante una de sus expediciones), que, aparentemente, resultaron ser de un animal de la zona. Con una salvedad: varios informes diferentes hablan de animales diferentes: oso, zorro, yak. Para la Universidad de Oxford, los estudios no fueron concluyentes.
También el famoso alpinista Reinhold Messner dedicó 12 años a la búsqueda del yeti, para concluir (no con mucho rigor): “Todas las evidencias apuntan a un oso nocturno que corre, camina y escala mejor que un hombre”. Claro, Messner deja de lado lo que sí sabemos, y es que los osos, por su conformación física, no pueden caminar ni correr mejor que un hombre. Y además sus propias evidencias llevan a gran confusión: “"Miré a mi alrededor y capté (…) la silueta de un bípedo que huía entre los árboles (…) Sin hacer ruido y doblada hacia delante, la criatura seguía corriendo, se eclipsaba detrás de un árbol para volver a aparecer como un monstruo (…) durante una fracción de segundo, pude observar su rostro: vi ojos y dientes, pero apenas logré distinguir forma o color. La criatura se erguía amenazadora, su cara una sombra gris, su cuerpo una silueta negra. Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calculé que medía 2´10 metros(...) Era obvio que ningún hombre puede correr de ese modo en plena noche (…)” Reinhold Messner, 1986 (valle del Mekong, Este del Tíbet)”.
El misterio sin embargo, promete ser develado pronto. Por un lado, hace cinco años un guardabosque de una remota región de la India halló dos pelos que, supuso, podían pertenecer a un yeti. El joven Dipu Marak los entregó a Alistair Lawson, periodista de BBC, quien a su vez los llevó a la Universidad de Oxford. Allí fueron analizados hace pocos meses por un grupo liderado por Ian Redmond, científico especializado en el estudio de primates. Las primeras pruebas dieron como resultado que los pelos son, por un lado, muy similares a los recogidos por Sir Edmund Hillary en 1960. Y además, lo más importante, no pertenecen a ninguna especie conocida.* Redmond supone que podrían pertenecer, efectivamente, a un yeti, descendiente desconocido del Gigantopithecus blacki.
Por su lado, en el mes de agosto una expedición japonesa al mando de Yoshiteru Takahashi partió rumbo a los Himalayas en busca del yeti. Piensan permaneces allí durante dos meses, instalando sofisticadas cámaras infrarrojas en el mismo sitio donde Takahashi avistó un grupo de yetis en 2003. La expedición se denominó Proyecto Yeti Japón 2008 y tiene su propio sitio web, lamentablemente en japonés y sin traducción.
Cada uno creerá lo que quiera creer, pero hay algo que es cierto: hay una región del monte Everest donde no vive ninguna especie conocida de primate. Sin embargo, los lugareños llaman a esa región “Mahalangur Himal”, la montaña de los grandes monos. Algo sabrán ellos que nosotros no.
Testimonios Yeti
El hombre de las nieves no es un extraño para los pobladores de Nepal, Buthan y Tibet. Durante cientos de años han escuchado y contado historias sobre Metoh-kangmi o Meh-Teh.
El Mani Rimdu es un festival que se celebra en distintos monasterios budistas, en la región de Khumbu. Dura 18 días e incluye, en los últimos tres, un baile de máscaras. Los orígenes de este festival son inciertos. Tanto, que ni siquiera los lamas saben muy bien cuándo comenzaron y cuál es su propósito, ya que todos los detalles, que se repiten año tras año, se han ido transmitiendo por tradición oral. Pero lo más sorprendente, es que nunca falta, entre los personajes enmascarados, la representación del yeti.
A principio del siglo XIX surgieron los primeros testimonios de gente que no pertenecía al lugar.
- En 1832, un británico residente en Nepal, B.H. Hodgson, publicó un artículo en la revista científica “Journal of the Asiatic Society of Bengal”, en el que hablaba acerca de una criatura bípeda, con largo pelo, que había sido vista por sus porteadores y guías nativos. Ellos se referían a esta criatura como “Raksha” (demonio). Hodgson no llegó a ver a la criatura, pero creyó que era simplemente un orangután, y que toda la historia del “raksha” era leyenda.
- En 1889, el Mayor británico L.A. Waddell estaba en una expedición en los Himalayas cuando, a más de 5.000 mts de altura descubrió unas huellas en la nieve. Sus porteadores le explicaron que pertenecían a una criatura que atacaba a los humanos y, que si alguna vez se encontraba frente a uno, huyera cuesta abajo, pues si la criatura lo seguía, su largo pelo le impediría ver bien y no podría seguirlo. Waddell incluyó este episodio en su libro “En los Himalayas”.
- En 1921 el Teniente Coronel irlandés Charles Howard-Bury lideró la “Expedición de Exploración del Everest”, organizada por la Royal Geographical Society de Londres. Su testimonio se publicó en un libro llamado “Monte Everest: la exploración”. En ese libro cuenta cómo, estando a 6.400 mts de altura hallaron unas huellas que, el creyó, pertenecían a un gran lobo gris, huellas que aparecían de a pares, según sus palabras “como las de un hombre descalzo”. Sus guías sherpa comentaron que debían pertenecer al “Salvaje Hombre de las Nieves”, a quién ellos llamaban Metoh-kangmi (metoh = hombre-oso, kangmi = hombre de nieve)
- The Times publicó en Noviembre de 1921 el relato de William Knight, un inglés que viajó por el Tibet. Knight contó que hacía años, estando en el área de Gangtok, había detenido su caballo en un claro para descansar, cuando oyó un ruido, y al mirar a su alrededor vio a 15 o 20 pasos de distancia una “bestia parecida a un hombre, que medía poco menos de 6 pies (1.80 mts), desnudo. Su color era amarillo pálido, parecido al de los chinos, con una mata de cabello en su cabeza, poco pelo en la cara, pies anchos y unas manos enormes. El desarrollo muscular de sus brazos, caderas, piernas y pecho era enorme. En su mano tenía lo que parecía ser un arco primitivo”. Knight dijo que fue recién cuando escuchó los relatos de la expedición de Howard-Bury, que se dio cuenta de que lo que él había visto años antes era el hombre de las nieves.
- El fotógrafo griego N.A. Tombazi, miembro de la Royal Geographical Society, realizó en 1925 una expedición fotográfica a los Himalayas. Estando a 4.500 mts de altura, en las inmediaciones del Glaciar Zemu, los sherpas vieron a no más de 300 metros una figura que parecía humana. Las declaraciones de Tombazi fueron: “Incuestionablemente, la figura tenía la forma exacta de un ser humano, caminaba erguido y se detenía ocasionalmente mientras arrastraba unas matas de rododendro. Contrastaba su figura oscura contra la nieve y, por lo que pude deducir, no llevaba ropas”. Tombazi se acercó hasta el lugar donde habían visto a la criatura y vio sus huellas, que describió “similares en forma a las de un humano, pero de 6 a 7 pulgadas de largo por 4 pulgadas en la parte más ancha del pie (15/18 cm de largo – 10 cm de ancho). Se veían claramente marcas de 5 dedos y del arco del pie, pero la marca del talón no era clara, y por lo poco que se veía parecía angostarse en un punto. Conté 15 pisadas a intervalos regulares de entre 1.5 ft. y 2 ft. (0.45cm a 0.60 cm). Las pisadas eran indudablemente de un bípedo, el tipo de huella no tenía ninguna característica reconocible de un cuadrúpedo.”
- En el año 1951 el explorador británico Eric Shipton y su compañero Miles Ward estaban en el Everest con un grupo de 16 personas en total. Para Shipton, era la quinta escalada a los Himalayas. Fue en Gauri Sankar, un macizo al SO del Everest, que encontraron unas extrañas huellas de alrededor de 30 cm de largo. Siguieron el curso de las huellas durante 1.5 km. Shipton había tenido experiencias similares anteriormente, pero siempre las huellas terminaban perdiéndose. Esta vez eran huellas frescas y pudo fotografiarlas. Las fotos de Shipton fueron las más famosas de todas las obtenidas, y todavía hoy siguen causando controversia, ya que muchos lo acusan de haber fraguado un engaño. De todos modos, queda el testimonio de su guía sherpa, quién no tenía duda alguna de a quién pertenecían, ya que había podido ver a la criatura en varias ocasiones: “mitad hombre, mitad bestia, con cabeza puntiaguda, el cuerpo cubierto de pelo rojizo y sin pelo en la cara”
- En mayo de 1953, Sir Edmund Hillary, explorador y alpinista neocelandés, fue el primer hombre en escalar el Everest. Lo acompañaba el sherpa Tenzing Norgay. Tanto Hillary como Norgay contaron haber visto huellas del yeti durante el ascenso y que incluso una noche las criaturas se habían acercado al campamento. Aunque nadie salio de las carpas en ese momento, la mañana siguiente encontraron cantidades de huellas. Según los porteadores sherpas, pertenecían al yeti. Hillary también quedó impresionado, tanto que, en 1960, realizó otra expedición al mismo sitio con el único propósito de encontrar al yeti. No encontró al yeti pero sí unos pelos que llevó a Inglaterra para ser analizados. En ese momento, con la tecnología disponible, se determinó que pertenecían a alguna especie de cabra. Hoy se sabe que no es así.
- Junio 1958. El profesor estadounidense Norman Dyhrenfurth lideró una expedición de 3 meses a los Himalayas en la que encontraron herramientas y utensilios en cuevas, supuestamente utilizados por los yetis que en ellas se refugiaban. Aunque Dyhrenfurth no puedo ver él mismo un yeti, declaró al periódico Deccan Herald que uno de los hombres de la expedición había visto uno cerca del campamento, tratando de atrapar ranas con las manos.
- En 1970 el escalador británico Don Whillans se encontraba escalando el Anapurna. Una noche escuchó extraños gritos, que, su sherpa explicó, eran gritos de yeti. Whillans salió con un par de binoculares, y durante 20 minutos, a la luz de la luna, pudo observar una criatura de apariencia humana, cubierta de pelos, y de una enorme estatura, alrededor de 3 mts., que arrancaba ramas de un árbol. La criatura luego huyó a gran velocidad. Al día siguiente se acercó al lugar donde había visto al yeti, y encontró huellas de pies de alrededor de 50 cm de largo. Whillans no tenía ninguna duda acerca de lo que había visto: no era humano, y tampoco era un simio.
- En 1972, los zoólogos E.W. Cronin y Howard Emery fueron enviados a los Himalayas por una asociación de protección de la fauna silvestre. En el informe de su expedición, titulado “Evidencia Reciente sobre el Yeti, un Primate desconocido de los Himalayas”, detallan un episodio que sucedió en su campamento, ubicado a más de 300 mts de altura, en Kongmaa Laa. Contaron que una mañana encontraron huellas rodeando el campamento, que pertenecían, según sus conocimientos, a un bípedo de alrededor de 75 kgs. Las huellas eran de un pie de 5 dedos, con talón ancho y redondeado, y medían alrededor de 25 cms de largo. Ninguno de los dos tuvo dudas de que se trataba de un yeti.
- El testimonio del alpinista español César Pérez de Tudela es asombroso. Era el 2 de octubre de 1974 y Tudela regresaba de la cumbre del Anapurna. Al llegar al campamento base en el cañón del Gadaki, a 6.200 mts de altura, se encontró con la terrible noticia de que dos alpinistas italianos habían muerto. Tudela ahora se encontraba solo. Salió a caminar y… “ví cómo se me cruzaba una forma humanoide, desnuda, completamente antropomorfo y de un pelaje más bien rojizo que negro. Me atravesaron sus ojos, dos ojos grandísimos, situados en aquella cabeza y que relucían en la oscuridad.” Según su apreciación, medía “más de dos metros y pico, seguro. La cabeza era ovalada, los brazos fuertes, musculosos, y los pectorales muy marcados. Las manos agarrotadas y largas. Aquello caminaba erguido, desafiante; fue como si los dos tuviésemos una sorpresa mutua al encontrarnos en aquel rincón, el último de la Tierra. Tras mirarme de arriba abajo, dio un par de zancadas y se adentró por la espesura de la izquierda”. En ese momento, Tudela escribía crónicas del viaje para el diario Ya, pero no lo mencionó en sus crónicas por pudor científico. En el momento de hacer su relato declaró: “Lo que vi no era ningún oso ni otro animal parecido; eso os lo puedo asegurar ya que he visto en todos los continentes osos, gorilas, dragones de Komodo y los mayores antropoides que pueblan la Tierra (…) Yo creo, humildemente y después de tantos y tantos años de experiencia, que allí enfrente tuve al Yeti, al abominable hombre de las nieves.” Tudela confiesa que lo que lo llevó a contar finalmente su experiencia, fueron las declaraciones de otro experimentado escalador e investigador, Reinhold Messner, quien concluyó, después de una larga investigación, que el yeti no existe y sólo se trata de un oso.
- En 1975 Andrew Dzávada, líder de una expedición polaca al Everest, relató a su regreso haber encontrado huellas de una criatura muy pesada que caminaba en dos pies, y medían 42 cms de largo. Sus palabras fueron: “(…) he visto huellas de muchas clases, y por cierto también las huellas de diferentes clases de oso, pero esas huellas que ví en la base del Everest me obligan a creer en lo increíble.”
- 1977. Joe Tasker Y Peter Boardman eran dos montañistas que acampaban en Changabang, Himalayas, a más de 5.000 mts de altura. La nieve del sitio se encontraba endurecida y era casi hielo. La temperatura: 18 ° C bajo cero. Según su relato, una noche escucharon cómo los utensilios y enseres que utilizaban para cocinar eran arrojados al piso. También escucharon gruñidos. Por temor no salieron de las carpas. Al otro día no sólo encontraron sus cosas desparramadas por el piso, sino que también notaron que faltaba algo: una caja con chocolate. Revisando en los alrededores encontraron huellas de pies desnudos que, según sus apreciaciones, medían alrededor de 36 cm de largo. Tasker ya había tenido una experiencia similar un año antes, en Dunagiri, cuando él y su compañero de ese momento, Dick Renshaw, fueron visitados por criaturas que se llevaron sus chocolates.
- Reinhold Messner, en un relato de uno de sus viajes, describe un encuentro que tuvo en 1986 con un “bípedo que huía entre los árboles (…) Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calcule que medía 2.10 metros”. Tiempo más tarde, después de 12 años de investigaciones no demasiado contundentes, dirá que en realidad sólo se trata de un oso y que el yeti no existe.
- En 2003 Yoshiteru Takahashi vio un grupo de yetis en los Himalayas. Hace unos meses organizó la expedición Proyecto Yeti Japón, en la que instalaron cámaras infrarrojas en ese mismo sitio, para captar la presencia de los yetis. Ya han regresado, y aseguran haber fotografiado huellas de más de 20 cms de largo, pero en todos los meses que duró la expedición, no pudieron tomar ninguna imagen de la criatura.
- Hay un caso de avistamiento masivo, en 1949, durante una celebración en el lamasterio Thyangboche, a 400 mts de altura, en la que alredor de 140 sherpas y una docena de monjes budistas vieron salir al yeti de entre unos árboles, pasearse por los alrededores, y jugar con la nieve. Medía unos 2 mts y su pelo era color gris. Los monjes hicieron sonar sus gongs y la criatura huyó.
Más allá de estos testimonios, son innumerables los de aquellos que viven en la zona, y aseguran verlos, en algunos casos, casi a diario. Aldeanos, sherpas, monjes.
Muchas son las personas que tienen una historia para contar. Habrá que seguir esperando. Ian Redmond tiene la última palabra (por ahora)
que las que tu filosofía puede imaginar”
Hamlet, William Shakespeare, 1564-1616
¿El hombre de las Nieves existe?
En 1935, el paleontólogo holandés Ralph von Koenigswald se encontraba en Hong Kong. En una farmacia encontró una pieza dental fosilizada que los farmacéuticos llamaban “diente de dragón”, y usaban desde tiempos ancestrales, pulverizada, para preparar algunas de sus medicinas. Von Koenigswald comenzó entonces la búsqueda del animal al que había pertenecido, búsqueda que acompañaron y continuaron distintos paleontólogos en el mundo. Desde ese momento se han encontrado 3 mandíbulas y varios centenares de dientes, no sólo en China, sino también en Vietnam. Estos resultaron pertenecer a un simio gigante que se extinguió hace aproximadamente 500.000 años y al que los paleontólogos denominaron Gigantopithecus blacki. Se supone que apareció hace 6 millones de años y llegó a convivir con otras dos especies conocidas: el panda gigante y... el Homo Erectus. Recién en el año 2005 pudo determinarse la antigüedad de los restos encontrados a partir de 1935.
En base a estos restos, tomando como premisa que este animal podía ser similar a los grandes primates, y por cálculo de proporciones, se hizo una reconstrucción para determinar su apariencia. El resultado es un extraordinario simio de más de 3 metros y medio de altura (y sus autores dicen que fueron conservadores al respecto) y alrededor de 500 kg de peso.
Vista la reconstrucción, no podemos negar que se parece muchísimo al ser que relatan haber visto tantas y tantas personas en todo el mundo, y al que dan distintos nombres: Dzón Glai Edmai en la India, Sasquatch en Canadá, Almus y'en los mongoles, Metoh Kangmi o Yeh-teh o Mih-teh los sherpas de Nepal, Nyalmo o Rimi o Rackshi bompo los lamas, Migyur en Bután, Snezhnyi Chelovek los campesinos de la estepa siberiana, Dev en el Monte Pamir, Kaptar los habitantes del Cáucaso, Ucumar en Argentina, Maricoxi en Brasil. Sí, señores, hablamos del yeti.
Algunas teorías, como la del reconocido biólogo y bioquímico inglés Geoffrey H. Bourne, asocian el Gigantopithecus blacki con el Yeti y el Sasquatch. Bourne creía que era posible que el Gigantopithecus hubiera cruzado desde Asia a América por el estrecho de Bering, tal como se supone que hicieron los antepasados del hombre actual.
El tema del yeti presenta varias aristas confusas. Por un lado, los testimonios de aquellos que dicen haberlo visto hombre de nieve no son exactamente coincidentes: sí, tiene aspecto de mono, sí tiene pelo en todo el cuerpo, sí, huye temeroso (en general) ante la presencia humana, pero los relatos difieren en cuanto al tamaño, color del pelo y cantidad de dedos en los pies. De hecho, de todas las fotografías tomadas hasta la fecha de huellas de este ser, en algunas se ven cinco dedos y en otras cuatro. Además, el hecho de que se haya visto en zonas tan disímiles en cuanto a sus características físicas (bosques, selvas, montañas heladas) hace suponer que también deben variar sus hábitos. Claro, si es que existe.
Los testimonios, tanto orales como fotográficos, provienen del más variado tipo de personas: lamas tibetanos, sherpas, fotógrafos de revistas científicas, alpinistas, diplomáticos, militares, pobladores de las distintas zonas de avistamiento habitual. La inmensa mayoría de indudable seriedad.
Pero también ha habido en estos años muchísimos engaños (vaya uno a saber con qué fin): videos fraguados, fotos de huellas indefinidas, relatos dudosos.
Hasta existe un cráneo que se encuentra en elmonasterio Pangbotchi, en Nepal. Y los cabellos traídos del Himalaya por el mismísimo Sir Edmund Hillary (testigo él mismo de la aparición de un grupo de yetis durante una de sus expediciones), que, aparentemente, resultaron ser de un animal de la zona. Con una salvedad: varios informes diferentes hablan de animales diferentes: oso, zorro, yak. Para la Universidad de Oxford, los estudios no fueron concluyentes.
También el famoso alpinista Reinhold Messner dedicó 12 años a la búsqueda del yeti, para concluir (no con mucho rigor): “Todas las evidencias apuntan a un oso nocturno que corre, camina y escala mejor que un hombre”. Claro, Messner deja de lado lo que sí sabemos, y es que los osos, por su conformación física, no pueden caminar ni correr mejor que un hombre. Y además sus propias evidencias llevan a gran confusión: “"Miré a mi alrededor y capté (…) la silueta de un bípedo que huía entre los árboles (…) Sin hacer ruido y doblada hacia delante, la criatura seguía corriendo, se eclipsaba detrás de un árbol para volver a aparecer como un monstruo (…) durante una fracción de segundo, pude observar su rostro: vi ojos y dientes, pero apenas logré distinguir forma o color. La criatura se erguía amenazadora, su cara una sombra gris, su cuerpo una silueta negra. Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calculé que medía 2´10 metros(...) Era obvio que ningún hombre puede correr de ese modo en plena noche (…)” Reinhold Messner, 1986 (valle del Mekong, Este del Tíbet)”.
El misterio sin embargo, promete ser develado pronto. Por un lado, hace cinco años un guardabosque de una remota región de la India halló dos pelos que, supuso, podían pertenecer a un yeti. El joven Dipu Marak los entregó a Alistair Lawson, periodista de BBC, quien a su vez los llevó a la Universidad de Oxford. Allí fueron analizados hace pocos meses por un grupo liderado por Ian Redmond, científico especializado en el estudio de primates. Las primeras pruebas dieron como resultado que los pelos son, por un lado, muy similares a los recogidos por Sir Edmund Hillary en 1960. Y además, lo más importante, no pertenecen a ninguna especie conocida.* Redmond supone que podrían pertenecer, efectivamente, a un yeti, descendiente desconocido del Gigantopithecus blacki.
Por su lado, en el mes de agosto una expedición japonesa al mando de Yoshiteru Takahashi partió rumbo a los Himalayas en busca del yeti. Piensan permaneces allí durante dos meses, instalando sofisticadas cámaras infrarrojas en el mismo sitio donde Takahashi avistó un grupo de yetis en 2003. La expedición se denominó Proyecto Yeti Japón 2008 y tiene su propio sitio web, lamentablemente en japonés y sin traducción.
Cada uno creerá lo que quiera creer, pero hay algo que es cierto: hay una región del monte Everest donde no vive ninguna especie conocida de primate. Sin embargo, los lugareños llaman a esa región “Mahalangur Himal”, la montaña de los grandes monos. Algo sabrán ellos que nosotros no.
Testimonios Yeti
El hombre de las nieves no es un extraño para los pobladores de Nepal, Buthan y Tibet. Durante cientos de años han escuchado y contado historias sobre Metoh-kangmi o Meh-Teh.
El Mani Rimdu es un festival que se celebra en distintos monasterios budistas, en la región de Khumbu. Dura 18 días e incluye, en los últimos tres, un baile de máscaras. Los orígenes de este festival son inciertos. Tanto, que ni siquiera los lamas saben muy bien cuándo comenzaron y cuál es su propósito, ya que todos los detalles, que se repiten año tras año, se han ido transmitiendo por tradición oral. Pero lo más sorprendente, es que nunca falta, entre los personajes enmascarados, la representación del yeti.
A principio del siglo XIX surgieron los primeros testimonios de gente que no pertenecía al lugar.
- En 1832, un británico residente en Nepal, B.H. Hodgson, publicó un artículo en la revista científica “Journal of the Asiatic Society of Bengal”, en el que hablaba acerca de una criatura bípeda, con largo pelo, que había sido vista por sus porteadores y guías nativos. Ellos se referían a esta criatura como “Raksha” (demonio). Hodgson no llegó a ver a la criatura, pero creyó que era simplemente un orangután, y que toda la historia del “raksha” era leyenda.
- En 1889, el Mayor británico L.A. Waddell estaba en una expedición en los Himalayas cuando, a más de 5.000 mts de altura descubrió unas huellas en la nieve. Sus porteadores le explicaron que pertenecían a una criatura que atacaba a los humanos y, que si alguna vez se encontraba frente a uno, huyera cuesta abajo, pues si la criatura lo seguía, su largo pelo le impediría ver bien y no podría seguirlo. Waddell incluyó este episodio en su libro “En los Himalayas”.
- En 1921 el Teniente Coronel irlandés Charles Howard-Bury lideró la “Expedición de Exploración del Everest”, organizada por la Royal Geographical Society de Londres. Su testimonio se publicó en un libro llamado “Monte Everest: la exploración”. En ese libro cuenta cómo, estando a 6.400 mts de altura hallaron unas huellas que, el creyó, pertenecían a un gran lobo gris, huellas que aparecían de a pares, según sus palabras “como las de un hombre descalzo”. Sus guías sherpa comentaron que debían pertenecer al “Salvaje Hombre de las Nieves”, a quién ellos llamaban Metoh-kangmi (metoh = hombre-oso, kangmi = hombre de nieve)
- The Times publicó en Noviembre de 1921 el relato de William Knight, un inglés que viajó por el Tibet. Knight contó que hacía años, estando en el área de Gangtok, había detenido su caballo en un claro para descansar, cuando oyó un ruido, y al mirar a su alrededor vio a 15 o 20 pasos de distancia una “bestia parecida a un hombre, que medía poco menos de 6 pies (1.80 mts), desnudo. Su color era amarillo pálido, parecido al de los chinos, con una mata de cabello en su cabeza, poco pelo en la cara, pies anchos y unas manos enormes. El desarrollo muscular de sus brazos, caderas, piernas y pecho era enorme. En su mano tenía lo que parecía ser un arco primitivo”. Knight dijo que fue recién cuando escuchó los relatos de la expedición de Howard-Bury, que se dio cuenta de que lo que él había visto años antes era el hombre de las nieves.
- El fotógrafo griego N.A. Tombazi, miembro de la Royal Geographical Society, realizó en 1925 una expedición fotográfica a los Himalayas. Estando a 4.500 mts de altura, en las inmediaciones del Glaciar Zemu, los sherpas vieron a no más de 300 metros una figura que parecía humana. Las declaraciones de Tombazi fueron: “Incuestionablemente, la figura tenía la forma exacta de un ser humano, caminaba erguido y se detenía ocasionalmente mientras arrastraba unas matas de rododendro. Contrastaba su figura oscura contra la nieve y, por lo que pude deducir, no llevaba ropas”. Tombazi se acercó hasta el lugar donde habían visto a la criatura y vio sus huellas, que describió “similares en forma a las de un humano, pero de 6 a 7 pulgadas de largo por 4 pulgadas en la parte más ancha del pie (15/18 cm de largo – 10 cm de ancho). Se veían claramente marcas de 5 dedos y del arco del pie, pero la marca del talón no era clara, y por lo poco que se veía parecía angostarse en un punto. Conté 15 pisadas a intervalos regulares de entre 1.5 ft. y 2 ft. (0.45cm a 0.60 cm). Las pisadas eran indudablemente de un bípedo, el tipo de huella no tenía ninguna característica reconocible de un cuadrúpedo.”
- En el año 1951 el explorador británico Eric Shipton y su compañero Miles Ward estaban en el Everest con un grupo de 16 personas en total. Para Shipton, era la quinta escalada a los Himalayas. Fue en Gauri Sankar, un macizo al SO del Everest, que encontraron unas extrañas huellas de alrededor de 30 cm de largo. Siguieron el curso de las huellas durante 1.5 km. Shipton había tenido experiencias similares anteriormente, pero siempre las huellas terminaban perdiéndose. Esta vez eran huellas frescas y pudo fotografiarlas. Las fotos de Shipton fueron las más famosas de todas las obtenidas, y todavía hoy siguen causando controversia, ya que muchos lo acusan de haber fraguado un engaño. De todos modos, queda el testimonio de su guía sherpa, quién no tenía duda alguna de a quién pertenecían, ya que había podido ver a la criatura en varias ocasiones: “mitad hombre, mitad bestia, con cabeza puntiaguda, el cuerpo cubierto de pelo rojizo y sin pelo en la cara”
- En mayo de 1953, Sir Edmund Hillary, explorador y alpinista neocelandés, fue el primer hombre en escalar el Everest. Lo acompañaba el sherpa Tenzing Norgay. Tanto Hillary como Norgay contaron haber visto huellas del yeti durante el ascenso y que incluso una noche las criaturas se habían acercado al campamento. Aunque nadie salio de las carpas en ese momento, la mañana siguiente encontraron cantidades de huellas. Según los porteadores sherpas, pertenecían al yeti. Hillary también quedó impresionado, tanto que, en 1960, realizó otra expedición al mismo sitio con el único propósito de encontrar al yeti. No encontró al yeti pero sí unos pelos que llevó a Inglaterra para ser analizados. En ese momento, con la tecnología disponible, se determinó que pertenecían a alguna especie de cabra. Hoy se sabe que no es así.
- Junio 1958. El profesor estadounidense Norman Dyhrenfurth lideró una expedición de 3 meses a los Himalayas en la que encontraron herramientas y utensilios en cuevas, supuestamente utilizados por los yetis que en ellas se refugiaban. Aunque Dyhrenfurth no puedo ver él mismo un yeti, declaró al periódico Deccan Herald que uno de los hombres de la expedición había visto uno cerca del campamento, tratando de atrapar ranas con las manos.
- En 1970 el escalador británico Don Whillans se encontraba escalando el Anapurna. Una noche escuchó extraños gritos, que, su sherpa explicó, eran gritos de yeti. Whillans salió con un par de binoculares, y durante 20 minutos, a la luz de la luna, pudo observar una criatura de apariencia humana, cubierta de pelos, y de una enorme estatura, alrededor de 3 mts., que arrancaba ramas de un árbol. La criatura luego huyó a gran velocidad. Al día siguiente se acercó al lugar donde había visto al yeti, y encontró huellas de pies de alrededor de 50 cm de largo. Whillans no tenía ninguna duda acerca de lo que había visto: no era humano, y tampoco era un simio.
- En 1972, los zoólogos E.W. Cronin y Howard Emery fueron enviados a los Himalayas por una asociación de protección de la fauna silvestre. En el informe de su expedición, titulado “Evidencia Reciente sobre el Yeti, un Primate desconocido de los Himalayas”, detallan un episodio que sucedió en su campamento, ubicado a más de 300 mts de altura, en Kongmaa Laa. Contaron que una mañana encontraron huellas rodeando el campamento, que pertenecían, según sus conocimientos, a un bípedo de alrededor de 75 kgs. Las huellas eran de un pie de 5 dedos, con talón ancho y redondeado, y medían alrededor de 25 cms de largo. Ninguno de los dos tuvo dudas de que se trataba de un yeti.
- El testimonio del alpinista español César Pérez de Tudela es asombroso. Era el 2 de octubre de 1974 y Tudela regresaba de la cumbre del Anapurna. Al llegar al campamento base en el cañón del Gadaki, a 6.200 mts de altura, se encontró con la terrible noticia de que dos alpinistas italianos habían muerto. Tudela ahora se encontraba solo. Salió a caminar y… “ví cómo se me cruzaba una forma humanoide, desnuda, completamente antropomorfo y de un pelaje más bien rojizo que negro. Me atravesaron sus ojos, dos ojos grandísimos, situados en aquella cabeza y que relucían en la oscuridad.” Según su apreciación, medía “más de dos metros y pico, seguro. La cabeza era ovalada, los brazos fuertes, musculosos, y los pectorales muy marcados. Las manos agarrotadas y largas. Aquello caminaba erguido, desafiante; fue como si los dos tuviésemos una sorpresa mutua al encontrarnos en aquel rincón, el último de la Tierra. Tras mirarme de arriba abajo, dio un par de zancadas y se adentró por la espesura de la izquierda”. En ese momento, Tudela escribía crónicas del viaje para el diario Ya, pero no lo mencionó en sus crónicas por pudor científico. En el momento de hacer su relato declaró: “Lo que vi no era ningún oso ni otro animal parecido; eso os lo puedo asegurar ya que he visto en todos los continentes osos, gorilas, dragones de Komodo y los mayores antropoides que pueblan la Tierra (…) Yo creo, humildemente y después de tantos y tantos años de experiencia, que allí enfrente tuve al Yeti, al abominable hombre de las nieves.” Tudela confiesa que lo que lo llevó a contar finalmente su experiencia, fueron las declaraciones de otro experimentado escalador e investigador, Reinhold Messner, quien concluyó, después de una larga investigación, que el yeti no existe y sólo se trata de un oso.
- En 1975 Andrew Dzávada, líder de una expedición polaca al Everest, relató a su regreso haber encontrado huellas de una criatura muy pesada que caminaba en dos pies, y medían 42 cms de largo. Sus palabras fueron: “(…) he visto huellas de muchas clases, y por cierto también las huellas de diferentes clases de oso, pero esas huellas que ví en la base del Everest me obligan a creer en lo increíble.”
- 1977. Joe Tasker Y Peter Boardman eran dos montañistas que acampaban en Changabang, Himalayas, a más de 5.000 mts de altura. La nieve del sitio se encontraba endurecida y era casi hielo. La temperatura: 18 ° C bajo cero. Según su relato, una noche escucharon cómo los utensilios y enseres que utilizaban para cocinar eran arrojados al piso. También escucharon gruñidos. Por temor no salieron de las carpas. Al otro día no sólo encontraron sus cosas desparramadas por el piso, sino que también notaron que faltaba algo: una caja con chocolate. Revisando en los alrededores encontraron huellas de pies desnudos que, según sus apreciaciones, medían alrededor de 36 cm de largo. Tasker ya había tenido una experiencia similar un año antes, en Dunagiri, cuando él y su compañero de ese momento, Dick Renshaw, fueron visitados por criaturas que se llevaron sus chocolates.
- Reinhold Messner, en un relato de uno de sus viajes, describe un encuentro que tuvo en 1986 con un “bípedo que huía entre los árboles (…) Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calcule que medía 2.10 metros”. Tiempo más tarde, después de 12 años de investigaciones no demasiado contundentes, dirá que en realidad sólo se trata de un oso y que el yeti no existe.
- En 2003 Yoshiteru Takahashi vio un grupo de yetis en los Himalayas. Hace unos meses organizó la expedición Proyecto Yeti Japón, en la que instalaron cámaras infrarrojas en ese mismo sitio, para captar la presencia de los yetis. Ya han regresado, y aseguran haber fotografiado huellas de más de 20 cms de largo, pero en todos los meses que duró la expedición, no pudieron tomar ninguna imagen de la criatura.
- Hay un caso de avistamiento masivo, en 1949, durante una celebración en el lamasterio Thyangboche, a 400 mts de altura, en la que alredor de 140 sherpas y una docena de monjes budistas vieron salir al yeti de entre unos árboles, pasearse por los alrededores, y jugar con la nieve. Medía unos 2 mts y su pelo era color gris. Los monjes hicieron sonar sus gongs y la criatura huyó.
Más allá de estos testimonios, son innumerables los de aquellos que viven en la zona, y aseguran verlos, en algunos casos, casi a diario. Aldeanos, sherpas, monjes.
Muchas son las personas que tienen una historia para contar. Habrá que seguir esperando. Ian Redmond tiene la última palabra (por ahora)