ShadeHybrid
Usuario (Ecuador)

En el London Toy Fair, que se está llevando a cabo, Bandai ha revelado los diseños de personajes para la nueva serie de Thundercats, y con esto también la línea de juguetes y merchandise de la misma. En la segunda foto se puede detallar La Espada del Augurio y las figuras de los personajes; León-O, Chitara, Panthro y Tigro, las cuales miden 3 pulgadas aproximadamente y finalmente, el nuevo modelo de El Tanque Felino. Actualización: Debido las imagenes divulgadas en el dia de hoy, Warner Bros. decidió publicar oficialmente de la primera foto oficial de la animación producida junto con el Studio 4°C:
“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que tu filosofía puede imaginar” Hamlet, William Shakespeare, 1564-1616 ¿El hombre de las Nieves existe? En 1935, el paleontólogo holandés Ralph von Koenigswald se encontraba en Hong Kong. En una farmacia encontró una pieza dental fosilizada que los farmacéuticos llamaban “diente de dragón”, y usaban desde tiempos ancestrales, pulverizada, para preparar algunas de sus medicinas. Von Koenigswald comenzó entonces la búsqueda del animal al que había pertenecido, búsqueda que acompañaron y continuaron distintos paleontólogos en el mundo. Desde ese momento se han encontrado 3 mandíbulas y varios centenares de dientes, no sólo en China, sino también en Vietnam. Estos resultaron pertenecer a un simio gigante que se extinguió hace aproximadamente 500.000 años y al que los paleontólogos denominaron Gigantopithecus blacki. Se supone que apareció hace 6 millones de años y llegó a convivir con otras dos especies conocidas: el panda gigante y... el Homo Erectus. Recién en el año 2005 pudo determinarse la antigüedad de los restos encontrados a partir de 1935. En base a estos restos, tomando como premisa que este animal podía ser similar a los grandes primates, y por cálculo de proporciones, se hizo una reconstrucción para determinar su apariencia. El resultado es un extraordinario simio de más de 3 metros y medio de altura (y sus autores dicen que fueron conservadores al respecto) y alrededor de 500 kg de peso. Vista la reconstrucción, no podemos negar que se parece muchísimo al ser que relatan haber visto tantas y tantas personas en todo el mundo, y al que dan distintos nombres: Dzón Glai Edmai en la India, Sasquatch en Canadá, Almus y'en los mongoles, Metoh Kangmi o Yeh-teh o Mih-teh los sherpas de Nepal, Nyalmo o Rimi o Rackshi bompo los lamas, Migyur en Bután, Snezhnyi Chelovek los campesinos de la estepa siberiana, Dev en el Monte Pamir, Kaptar los habitantes del Cáucaso, Ucumar en Argentina, Maricoxi en Brasil. Sí, señores, hablamos del yeti. Algunas teorías, como la del reconocido biólogo y bioquímico inglés Geoffrey H. Bourne, asocian el Gigantopithecus blacki con el Yeti y el Sasquatch. Bourne creía que era posible que el Gigantopithecus hubiera cruzado desde Asia a América por el estrecho de Bering, tal como se supone que hicieron los antepasados del hombre actual. El tema del yeti presenta varias aristas confusas. Por un lado, los testimonios de aquellos que dicen haberlo visto hombre de nieve no son exactamente coincidentes: sí, tiene aspecto de mono, sí tiene pelo en todo el cuerpo, sí, huye temeroso (en general) ante la presencia humana, pero los relatos difieren en cuanto al tamaño, color del pelo y cantidad de dedos en los pies. De hecho, de todas las fotografías tomadas hasta la fecha de huellas de este ser, en algunas se ven cinco dedos y en otras cuatro. Además, el hecho de que se haya visto en zonas tan disímiles en cuanto a sus características físicas (bosques, selvas, montañas heladas) hace suponer que también deben variar sus hábitos. Claro, si es que existe. Los testimonios, tanto orales como fotográficos, provienen del más variado tipo de personas: lamas tibetanos, sherpas, fotógrafos de revistas científicas, alpinistas, diplomáticos, militares, pobladores de las distintas zonas de avistamiento habitual. La inmensa mayoría de indudable seriedad. Pero también ha habido en estos años muchísimos engaños (vaya uno a saber con qué fin): videos fraguados, fotos de huellas indefinidas, relatos dudosos. Hasta existe un cráneo que se encuentra en elmonasterio Pangbotchi, en Nepal. Y los cabellos traídos del Himalaya por el mismísimo Sir Edmund Hillary (testigo él mismo de la aparición de un grupo de yetis durante una de sus expediciones), que, aparentemente, resultaron ser de un animal de la zona. Con una salvedad: varios informes diferentes hablan de animales diferentes: oso, zorro, yak. Para la Universidad de Oxford, los estudios no fueron concluyentes. También el famoso alpinista Reinhold Messner dedicó 12 años a la búsqueda del yeti, para concluir (no con mucho rigor): “Todas las evidencias apuntan a un oso nocturno que corre, camina y escala mejor que un hombre”. Claro, Messner deja de lado lo que sí sabemos, y es que los osos, por su conformación física, no pueden caminar ni correr mejor que un hombre. Y además sus propias evidencias llevan a gran confusión: “"Miré a mi alrededor y capté (…) la silueta de un bípedo que huía entre los árboles (…) Sin hacer ruido y doblada hacia delante, la criatura seguía corriendo, se eclipsaba detrás de un árbol para volver a aparecer como un monstruo (…) durante una fracción de segundo, pude observar su rostro: vi ojos y dientes, pero apenas logré distinguir forma o color. La criatura se erguía amenazadora, su cara una sombra gris, su cuerpo una silueta negra. Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calculé que medía 2´10 metros(...) Era obvio que ningún hombre puede correr de ese modo en plena noche (…)” Reinhold Messner, 1986 (valle del Mekong, Este del Tíbet)”. El misterio sin embargo, promete ser develado pronto. Por un lado, hace cinco años un guardabosque de una remota región de la India halló dos pelos que, supuso, podían pertenecer a un yeti. El joven Dipu Marak los entregó a Alistair Lawson, periodista de BBC, quien a su vez los llevó a la Universidad de Oxford. Allí fueron analizados hace pocos meses por un grupo liderado por Ian Redmond, científico especializado en el estudio de primates. Las primeras pruebas dieron como resultado que los pelos son, por un lado, muy similares a los recogidos por Sir Edmund Hillary en 1960. Y además, lo más importante, no pertenecen a ninguna especie conocida.* Redmond supone que podrían pertenecer, efectivamente, a un yeti, descendiente desconocido del Gigantopithecus blacki. Por su lado, en el mes de agosto una expedición japonesa al mando de Yoshiteru Takahashi partió rumbo a los Himalayas en busca del yeti. Piensan permaneces allí durante dos meses, instalando sofisticadas cámaras infrarrojas en el mismo sitio donde Takahashi avistó un grupo de yetis en 2003. La expedición se denominó Proyecto Yeti Japón 2008 y tiene su propio sitio web, lamentablemente en japonés y sin traducción. Cada uno creerá lo que quiera creer, pero hay algo que es cierto: hay una región del monte Everest donde no vive ninguna especie conocida de primate. Sin embargo, los lugareños llaman a esa región “Mahalangur Himal”, la montaña de los grandes monos. Algo sabrán ellos que nosotros no. Testimonios Yeti El hombre de las nieves no es un extraño para los pobladores de Nepal, Buthan y Tibet. Durante cientos de años han escuchado y contado historias sobre Metoh-kangmi o Meh-Teh. El Mani Rimdu es un festival que se celebra en distintos monasterios budistas, en la región de Khumbu. Dura 18 días e incluye, en los últimos tres, un baile de máscaras. Los orígenes de este festival son inciertos. Tanto, que ni siquiera los lamas saben muy bien cuándo comenzaron y cuál es su propósito, ya que todos los detalles, que se repiten año tras año, se han ido transmitiendo por tradición oral. Pero lo más sorprendente, es que nunca falta, entre los personajes enmascarados, la representación del yeti. A principio del siglo XIX surgieron los primeros testimonios de gente que no pertenecía al lugar. - En 1832, un británico residente en Nepal, B.H. Hodgson, publicó un artículo en la revista científica “Journal of the Asiatic Society of Bengal”, en el que hablaba acerca de una criatura bípeda, con largo pelo, que había sido vista por sus porteadores y guías nativos. Ellos se referían a esta criatura como “Raksha” (demonio). Hodgson no llegó a ver a la criatura, pero creyó que era simplemente un orangután, y que toda la historia del “raksha” era leyenda. - En 1889, el Mayor británico L.A. Waddell estaba en una expedición en los Himalayas cuando, a más de 5.000 mts de altura descubrió unas huellas en la nieve. Sus porteadores le explicaron que pertenecían a una criatura que atacaba a los humanos y, que si alguna vez se encontraba frente a uno, huyera cuesta abajo, pues si la criatura lo seguía, su largo pelo le impediría ver bien y no podría seguirlo. Waddell incluyó este episodio en su libro “En los Himalayas”. - En 1921 el Teniente Coronel irlandés Charles Howard-Bury lideró la “Expedición de Exploración del Everest”, organizada por la Royal Geographical Society de Londres. Su testimonio se publicó en un libro llamado “Monte Everest: la exploración”. En ese libro cuenta cómo, estando a 6.400 mts de altura hallaron unas huellas que, el creyó, pertenecían a un gran lobo gris, huellas que aparecían de a pares, según sus palabras “como las de un hombre descalzo”. Sus guías sherpa comentaron que debían pertenecer al “Salvaje Hombre de las Nieves”, a quién ellos llamaban Metoh-kangmi (metoh = hombre-oso, kangmi = hombre de nieve) - The Times publicó en Noviembre de 1921 el relato de William Knight, un inglés que viajó por el Tibet. Knight contó que hacía años, estando en el área de Gangtok, había detenido su caballo en un claro para descansar, cuando oyó un ruido, y al mirar a su alrededor vio a 15 o 20 pasos de distancia una “bestia parecida a un hombre, que medía poco menos de 6 pies (1.80 mts), desnudo. Su color era amarillo pálido, parecido al de los chinos, con una mata de cabello en su cabeza, poco pelo en la cara, pies anchos y unas manos enormes. El desarrollo muscular de sus brazos, caderas, piernas y pecho era enorme. En su mano tenía lo que parecía ser un arco primitivo”. Knight dijo que fue recién cuando escuchó los relatos de la expedición de Howard-Bury, que se dio cuenta de que lo que él había visto años antes era el hombre de las nieves. - El fotógrafo griego N.A. Tombazi, miembro de la Royal Geographical Society, realizó en 1925 una expedición fotográfica a los Himalayas. Estando a 4.500 mts de altura, en las inmediaciones del Glaciar Zemu, los sherpas vieron a no más de 300 metros una figura que parecía humana. Las declaraciones de Tombazi fueron: “Incuestionablemente, la figura tenía la forma exacta de un ser humano, caminaba erguido y se detenía ocasionalmente mientras arrastraba unas matas de rododendro. Contrastaba su figura oscura contra la nieve y, por lo que pude deducir, no llevaba ropas”. Tombazi se acercó hasta el lugar donde habían visto a la criatura y vio sus huellas, que describió “similares en forma a las de un humano, pero de 6 a 7 pulgadas de largo por 4 pulgadas en la parte más ancha del pie (15/18 cm de largo – 10 cm de ancho). Se veían claramente marcas de 5 dedos y del arco del pie, pero la marca del talón no era clara, y por lo poco que se veía parecía angostarse en un punto. Conté 15 pisadas a intervalos regulares de entre 1.5 ft. y 2 ft. (0.45cm a 0.60 cm). Las pisadas eran indudablemente de un bípedo, el tipo de huella no tenía ninguna característica reconocible de un cuadrúpedo.” - En el año 1951 el explorador británico Eric Shipton y su compañero Miles Ward estaban en el Everest con un grupo de 16 personas en total. Para Shipton, era la quinta escalada a los Himalayas. Fue en Gauri Sankar, un macizo al SO del Everest, que encontraron unas extrañas huellas de alrededor de 30 cm de largo. Siguieron el curso de las huellas durante 1.5 km. Shipton había tenido experiencias similares anteriormente, pero siempre las huellas terminaban perdiéndose. Esta vez eran huellas frescas y pudo fotografiarlas. Las fotos de Shipton fueron las más famosas de todas las obtenidas, y todavía hoy siguen causando controversia, ya que muchos lo acusan de haber fraguado un engaño. De todos modos, queda el testimonio de su guía sherpa, quién no tenía duda alguna de a quién pertenecían, ya que había podido ver a la criatura en varias ocasiones: “mitad hombre, mitad bestia, con cabeza puntiaguda, el cuerpo cubierto de pelo rojizo y sin pelo en la cara” - En mayo de 1953, Sir Edmund Hillary, explorador y alpinista neocelandés, fue el primer hombre en escalar el Everest. Lo acompañaba el sherpa Tenzing Norgay. Tanto Hillary como Norgay contaron haber visto huellas del yeti durante el ascenso y que incluso una noche las criaturas se habían acercado al campamento. Aunque nadie salio de las carpas en ese momento, la mañana siguiente encontraron cantidades de huellas. Según los porteadores sherpas, pertenecían al yeti. Hillary también quedó impresionado, tanto que, en 1960, realizó otra expedición al mismo sitio con el único propósito de encontrar al yeti. No encontró al yeti pero sí unos pelos que llevó a Inglaterra para ser analizados. En ese momento, con la tecnología disponible, se determinó que pertenecían a alguna especie de cabra. Hoy se sabe que no es así. - Junio 1958. El profesor estadounidense Norman Dyhrenfurth lideró una expedición de 3 meses a los Himalayas en la que encontraron herramientas y utensilios en cuevas, supuestamente utilizados por los yetis que en ellas se refugiaban. Aunque Dyhrenfurth no puedo ver él mismo un yeti, declaró al periódico Deccan Herald que uno de los hombres de la expedición había visto uno cerca del campamento, tratando de atrapar ranas con las manos. - En 1970 el escalador británico Don Whillans se encontraba escalando el Anapurna. Una noche escuchó extraños gritos, que, su sherpa explicó, eran gritos de yeti. Whillans salió con un par de binoculares, y durante 20 minutos, a la luz de la luna, pudo observar una criatura de apariencia humana, cubierta de pelos, y de una enorme estatura, alrededor de 3 mts., que arrancaba ramas de un árbol. La criatura luego huyó a gran velocidad. Al día siguiente se acercó al lugar donde había visto al yeti, y encontró huellas de pies de alrededor de 50 cm de largo. Whillans no tenía ninguna duda acerca de lo que había visto: no era humano, y tampoco era un simio. - En 1972, los zoólogos E.W. Cronin y Howard Emery fueron enviados a los Himalayas por una asociación de protección de la fauna silvestre. En el informe de su expedición, titulado “Evidencia Reciente sobre el Yeti, un Primate desconocido de los Himalayas”, detallan un episodio que sucedió en su campamento, ubicado a más de 300 mts de altura, en Kongmaa Laa. Contaron que una mañana encontraron huellas rodeando el campamento, que pertenecían, según sus conocimientos, a un bípedo de alrededor de 75 kgs. Las huellas eran de un pie de 5 dedos, con talón ancho y redondeado, y medían alrededor de 25 cms de largo. Ninguno de los dos tuvo dudas de que se trataba de un yeti. - El testimonio del alpinista español César Pérez de Tudela es asombroso. Era el 2 de octubre de 1974 y Tudela regresaba de la cumbre del Anapurna. Al llegar al campamento base en el cañón del Gadaki, a 6.200 mts de altura, se encontró con la terrible noticia de que dos alpinistas italianos habían muerto. Tudela ahora se encontraba solo. Salió a caminar y… “ví cómo se me cruzaba una forma humanoide, desnuda, completamente antropomorfo y de un pelaje más bien rojizo que negro. Me atravesaron sus ojos, dos ojos grandísimos, situados en aquella cabeza y que relucían en la oscuridad.” Según su apreciación, medía “más de dos metros y pico, seguro. La cabeza era ovalada, los brazos fuertes, musculosos, y los pectorales muy marcados. Las manos agarrotadas y largas. Aquello caminaba erguido, desafiante; fue como si los dos tuviésemos una sorpresa mutua al encontrarnos en aquel rincón, el último de la Tierra. Tras mirarme de arriba abajo, dio un par de zancadas y se adentró por la espesura de la izquierda”. En ese momento, Tudela escribía crónicas del viaje para el diario Ya, pero no lo mencionó en sus crónicas por pudor científico. En el momento de hacer su relato declaró: “Lo que vi no era ningún oso ni otro animal parecido; eso os lo puedo asegurar ya que he visto en todos los continentes osos, gorilas, dragones de Komodo y los mayores antropoides que pueblan la Tierra (…) Yo creo, humildemente y después de tantos y tantos años de experiencia, que allí enfrente tuve al Yeti, al abominable hombre de las nieves.” Tudela confiesa que lo que lo llevó a contar finalmente su experiencia, fueron las declaraciones de otro experimentado escalador e investigador, Reinhold Messner, quien concluyó, después de una larga investigación, que el yeti no existe y sólo se trata de un oso. - En 1975 Andrew Dzávada, líder de una expedición polaca al Everest, relató a su regreso haber encontrado huellas de una criatura muy pesada que caminaba en dos pies, y medían 42 cms de largo. Sus palabras fueron: “(…) he visto huellas de muchas clases, y por cierto también las huellas de diferentes clases de oso, pero esas huellas que ví en la base del Everest me obligan a creer en lo increíble.” - 1977. Joe Tasker Y Peter Boardman eran dos montañistas que acampaban en Changabang, Himalayas, a más de 5.000 mts de altura. La nieve del sitio se encontraba endurecida y era casi hielo. La temperatura: 18 ° C bajo cero. Según su relato, una noche escucharon cómo los utensilios y enseres que utilizaban para cocinar eran arrojados al piso. También escucharon gruñidos. Por temor no salieron de las carpas. Al otro día no sólo encontraron sus cosas desparramadas por el piso, sino que también notaron que faltaba algo: una caja con chocolate. Revisando en los alrededores encontraron huellas de pies desnudos que, según sus apreciaciones, medían alrededor de 36 cm de largo. Tasker ya había tenido una experiencia similar un año antes, en Dunagiri, cuando él y su compañero de ese momento, Dick Renshaw, fueron visitados por criaturas que se llevaron sus chocolates. - Reinhold Messner, en un relato de uno de sus viajes, describe un encuentro que tuvo en 1986 con un “bípedo que huía entre los árboles (…) Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calcule que medía 2.10 metros”. Tiempo más tarde, después de 12 años de investigaciones no demasiado contundentes, dirá que en realidad sólo se trata de un oso y que el yeti no existe. - En 2003 Yoshiteru Takahashi vio un grupo de yetis en los Himalayas. Hace unos meses organizó la expedición Proyecto Yeti Japón, en la que instalaron cámaras infrarrojas en ese mismo sitio, para captar la presencia de los yetis. Ya han regresado, y aseguran haber fotografiado huellas de más de 20 cms de largo, pero en todos los meses que duró la expedición, no pudieron tomar ninguna imagen de la criatura. - Hay un caso de avistamiento masivo, en 1949, durante una celebración en el lamasterio Thyangboche, a 400 mts de altura, en la que alredor de 140 sherpas y una docena de monjes budistas vieron salir al yeti de entre unos árboles, pasearse por los alrededores, y jugar con la nieve. Medía unos 2 mts y su pelo era color gris. Los monjes hicieron sonar sus gongs y la criatura huyó. Más allá de estos testimonios, son innumerables los de aquellos que viven en la zona, y aseguran verlos, en algunos casos, casi a diario. Aldeanos, sherpas, monjes. Muchas son las personas que tienen una historia para contar. Habrá que seguir esperando. Ian Redmond tiene la última palabra (por ahora)

Recuerdo muy bien la respuesta que le hiciera el capitán Nemo al profesor Aronnax acerca de su hipótesis de la creación de un quinto continente. “No son nuevos continentes lo que necesita el mundo, sino nuevos hombres”. Cuando leí esa aseveración, cerré el libro. Por alguna razón ya no podía seguir leyendo. Fue la cosa más poética que he leído hasta ahora. El mundo entero está ansioso por descubrir cosas, todos quieren atribuirse el descubrimiento de algo, tal vez lo hacen por buscar ese reconocimiento social, en fin. Algo así sucede con esa misteriosa isla llamada Atlántida, donde Platón, hace referencia en sus diálogos de Timeo y el Critias acerca de esa tierra, que hasta ahora, los arqueólogos y los científicos, no dudan de su existencia, pero, cada quien tiene su propia versión. Incluso, hay personas dentro la comunidad académica y científica, que son detractores acérrimos acerca de la tan sola idea de la existencia de la Atlántida. El mismo filósofo ateniense y maestro de Aristóteles, menciona que esa civilización fue destruida por una catástrofe natural -la mayoría sostiene que fue un terremoto y luego un diluvio- hace unos 9.000 mil años antes de su época -motivo de muchas críticas por ser un dato anacrónico-, entonces, el dato cuasi oficial sería de unos 11. 400 años. Para Platón, la ubicación física de esta civilización estaba “más allá de las Columnas de Hércules”, actualmente el Peñón de Gibraltar. Pero en ese tiempo, según algunos geólogos, el nivel del mar en esa área estaba a unos 130 metros más abajo, donde se presume que se encuentre la Atlántida. Sin embargo, a eso también debe añadirse la culminación de la Edad del Hielo, época donde muchas cosas quedaron inundadas. No sólo civilizaciones, sino vidas que jamás podremos sospechar que una vez estuvieron viviendo en la tierra. En cierta parte, es muy vertical la idea de negar la existencia de la Atlántida, el mundo es demasiado grande para creer que todo lo sabemos y que todo lo conocemos. Nemo y Aronnax ante las ruinas de la Atlántida (Veinte mil leguas de viaje submarino). No es así, nada sabemos con certeza lo que sucedió hace más de 11 mil años, y se tiene que aceptar que antes de la conformación de Atenas, el orbe estaba poblado por nómadas en todas partes del mundo. Había más libertad de tránsito para ir de un lugar a otro, en otras palabras, el mundo era mucho más libre, ahora, por normas jurídicas y discursos de soberanía, el hombre ha limitado la libertad del mismo hombre. La historia de que ha existido una civilización donde se dice que fue la cuna de la humanidad, es una opción real, subjetiva y relativa. Es menester aclarar que este rumor -principio de afirmaciones-, proliferó en Egipto, donde están las misteriosas pirámides, que en parte, Heródoto de Halicarnaso, cuenta en su obra, Los nueve libros de la historia, la construcción de semejantes estructuras. Cuando se habla de la Atlántida, en realidad, se tiene que hablar de muchas otras cosas, por ejemplo, vincular todo lo esotérico junto a los datos históricos, aunque, muchas veces, la historia como instrumento ideológico, ha permitido deformar la realidad en beneficio de los vencedores contra los vencidos. En otras palabras, fiarnos cien por ciento de la historia, no es tan bueno, hay que buscar otras fuentes alternativas, aunque esas fuentes no estén avaladas por la comunidad científica. Recordando el famoso enunciado que sostiene que no existen verdades absolutas. Ese imperio ha estado en todas partes del mundo, por ejemplo, en el Índico, en las Islas Británicas, en Francia, en Canarias, en Cuba, en Yucatán, en los Andes, en Arabia, en Groenlandia y en la Antártida, como también en otros lugares La Atlántida, desde todo punto de vista que uno puede ver, se ha convertido en un escenario de discusión. Ese imperio ha estado en todas partes del mundo, por ejemplo, en el Índico, en las Islas Británicas, en Francia, en Canarias, en Cuba, en Yucatán, en los Andes, en Arabia, en Groenlandia y en la Antártida, como también en otros lugares, y no debería sorprendernos si también sugieren nuevos lugares. Algunas versiones aseguran que la Atlántida ha sido poblada por extraterrestres y se la ha presentado como la tierra originaria de los egipcios, de los mayas, de los aztecas, de los vascos y de los indios norteamericanos. La pregunta es: ¿Por qué quieren algunos atribuirle como el génesis de culturas ya desaparecidas? ¿Cuál el afán y el poder de la Atlántida en la vida de los hombres? ¿Por qué aún seguimos en busca de nuevos continentes? ¿Será que en esa pequeña isla, el hombre puede encontrar su piedra filosofal para entender y comprender su mundo? Algunos escritores esotéricos, han aseverado que el mundo de la Atlántida pertenecía a hombres gigantes y de extremada belleza. Pues si eso hubiese sido verdad, debería preocuparnos, porque si ellos pudieron desaparecer, al igual que los dinosaurios -que también fueron gigantes-, ¿Qué le puede pasar a nuestra especie, que somos por naturaleza pequeños y deficientes? Sin lugar a dudas, si la Atlántida existió, o existe, es un referente de que la vida es transitoria, corta y efímera. Y jamás de los jamases ningún imperio ha logrado glorias inmortales, respecto a su permanencia en el poder, todos han sucumbido. Según los datos encontrados, hay varias versiones de su caída, entre la principal está que cuando intentaron someter a Grecia y a Egipto, los atenienses, les vencieron. Sin embargo, en el escrito platónico -donde muchos coinciden serios problemas de anacronismo histórico- de Critias, señala que los dioses castigaron a los atlantes por su soberbia. Sea como fuere, la Atlántida ha quedado como una leyenda eterna en la vida de los hombres. Tanto así, que el 2001 surge la teoría de Jim Allen, donde asevera que la ciudad perdida estaría situada en la Cordillera de los Andes, justo en la llanura altiplánica de Bolivia, más propiamente, en la localidad de Pampa Aullagas en el Departamento de Oruro. Incluso, el propio investigador dirigió un documental para Discovery Channel con el nombre de: La Atlántida en los Andes. El hecho de que cada día surjan nuevas historias, significa que contribuyen con nuevos datos, y eso, ayuda a sistematizar la información para entender un poco más los misterios ocultos de la ciudad perdida. Cada año existen congresos para hablar acerca de la Atlántida, donde varios Atlantólogos discuten sus posturas para llegar a consensuar sus descubrimientos, todo con la finalidad de descifrar el lugar preciso de la Atlántida. Sin embargo, la pregunta queda suelta, ¿Qué pasará una vez que la comunidad científica o esotérica, se pongan de acuerdo en el lugar correcto de la ubicación de la ciudad perdida? ¿Cuál sería el beneficio para la humanidad? Creo que cada uno debe responder este enunciado y hacerse responsable de sus comentarios. Mientras tanto, el mundo seguirá su curso. Por el momento, el orbe vive una moderada paz mundial, pero siguiendo la dinámica de cada era, donde al final, los imperios caen y se levantan otros, ¿Será que nuestro mundo, o bien, parte de éste, hallará los restos de la Atlántida en el fondo del mar, o es que esa historia es una historia más? De momento, la Atlántida está entre nosotros, oculta a los ojos humanos, pero con vida en los imaginarios colectivos, y mientras siga, su historia seguirá seduciendo a los hombres.
El Dorado. A lo largo de toda la historia, el hombre solo ha podido extraer de las entrañas de la tierra unas 500.000 toneladas de oro. El oro es un metal brillante, maleable y estable, lo que, añadiendo su belleza, le han convertido en unidad de valor desde hace milenios. El poeta griego Píndaro, aludiendo al efecto que en los hombres tiene este metal, escribió: “El oro es hijo de Zeus. Ni la polilla ni el óxido lo devoran, mas él devora la mente humana”. Y este efecto devorador de la mente humana es la que ha provocado la gran cantidad de “fiebres de oro” que se han sucedido durante toda la historia. Son innumerables los delitos, guerras, genocidios y toda clase de barbaridades que se han cometido en su procura. Son incontables las historias de personas que han dejado todo, inclusive su propia vida, en pos del sueño de poder tenerlo todo, de poder comprarlo todo. Los más grandes conquistadores de la historia iniciaron sus hazañas con esta finalidad. El comienzo de la leyenda Desde Cristóbal Colón en adelante, cada una de las sucesivas expediciones europeas tenían como finalidad el hallazgo del tan ansiado oro. No escaparon a esta fiebre ni siquiera los monarcas de la vieja Europa, los que financiaron la mayoría de las expediciones al Nuevo Mundo con esa finalidad. Los registros históricos demuestran que las coronas de España, Portugal, Francia e Inglaterra dieron especial importancia a aquella clase de expediciones. Debido al enorme riesgo que significaba por aquellos días esa clase de viajes, es evidente que quienes los realizaban eran aventureros cuya única meta era la de enriquecerse fácilmente, y que no repararían en los medios para conseguirlo. Es de esta forma que comienza la exploración del nuevo continente. En 1530, tan solo 38 años después del descubrimiento de América, las expediciones españolas se adentraron en territorio de la actual Colombia fundando poblaciones y sometiendo a las tribus locales. Gonzalo Jiménez de Quesada y Sebastián de Belalcázar, fundadores de la ciudad de Bogotá, se enteraron de una leyenda local en la que una antigua tribu, probablemente los Chibchas, ungían a su nuevo rey con una ceremonia especial. Esta ceremonia consistía en revestir al heredero con polvo de oro habiendo revestido su cuerpo previamente con lodo, construir una gran balsa en la que se embarcaba el futuro rey con cuatro de sus principales jefes y una gran cantidad de ofrendas en oro en un lago profundo. Cuando el nuevo rey llegaba al centro del lago, arrojaba al fondo del mismo las ofrendas y se bañaba en él, de forma que el polvo de oro que revestía su cuerpo también fuera ofrendado. Otra leyenda sobre El Dorado está relacionada con el imperio incaico, el más rico y mejor organizado de América del Sur. Cuando llegaron los conquistadores, ocuparon la capital y apresaron al Inca Atahualpa. Dice la leyenda que, cuando algunos súbditos del Inca se enteraron de la caída de su rey, tomaron la mayor parte del tesoro del imperio y lo arrojaron al fondo de un lago. La búsqueda El relato de la ceremonia de asunción del nuevo rey habría sido recogido de primera mano, interrogando a indígenas que habrían visto la última ceremonia realizada, por un cronista español en 1536. A partir de allí, el mito indígena se fue transformando en su transmisión oral, hasta llegarse a decir que el rey ungido de esta forma era el gobernante de una ciudad donde todo, hasta los más elementales utensilios, eran fabricados en oro puro. De allí en más, una gran cantidad de aventureros, acicateados por la sed de oro, se internaron en muchas regiones americanas en busca del mítico reino de oro, el país del Hombre de Oro. Muchos de estos hombres dejaron sus vidas y muchos otros se arruinaron en la búsqueda. El lago habría sido identificado como el lago Guatavita, un cráter profundo lleno de agua y rodeado de densa selva. En 1580, un comerciante de la recientemente fundada ciudad de Bogotá, habría intentado drenar el lago construyendo un canal con la mano de obra esclava de cientos de indígenas. El intento fracasó al derrumbarse el canal y costar la vida de cientos de trabajadores. De todas formas, algunos metros habrían sido restados a la profundidad del lago, dejando a la vista algunos tesoros, aunque no comparables con los tesoros míticos. El Dorado incaico y su actual búsqueda Mas realista y mejor documentada aparece la búsqueda de una ciudad Inca más rica que el propio Cuzco. Documentación recientemente hallada en los archivos del Vaticano hacen referencia a una solicitud hecha por los Jesuitas y aceptada por el Papa, de buscar y convertir a la Santa Fe a una ciudad escondida en la selva peruana llamada por los indígenas Paititi. Dicha ciudad habría sido fundada por Inkari, el mítico fundador del imperio Inca. Muchos investigadores creen en la existencia de dicha ciudad. Muchos de los secretos incas permanecen ocultos, como Machu-Pichu estuvo oculta por siglos. La inaccesibilidad de la región, con una muy densa selva, llena de caudalosos e intransitables ríos, enormes precipicios e insondables pantanos. Choquencacha es la última ciudad incaica hacia oriente. Es una ciudad que posee grandes ruinas del imperio de los Incas. Más al oriente de esta ciudad, se encontraría Paititi. Adentrándose en la selva, expedicionarios encontraron una serie de extrañas formaciones piramidales, a las que llamaron “pirámides de Paratoari”, pero no pudieron determinar si se trataba o no de formaciones naturales. Aún hoy, nuevas expediciones arqueológicas continúan hallando ruinas en la selva que rodea al río Madre de Dios, lo que permite continuar alentando la posibilidad de que Paititi, posiblemente El Dorado, exista en algún rincón de la selva peruana. Algunos exploradores, empleando modernas técnicas, han informado que hallaron un lago con extrañas e intrincadas cavernas sumergidas, donde posiblemente se hallen los tesoros escondidos por los Incas. Pero su exploración es muy difícil, por lo que es posible que pasen varios años antes de que se puedan tener noticias acerca de este posible descubrimiento. De todas formas, los modernos buscadores de El Dorado continúan la incesante búsqueda que lleva ya quinientos años. Centro arqueológico descubierto en Perú reaviva mito de "El Dorado"

En todas partes del mundo, la muerte, o bien, objetos relacionados con ella, están vinculados con nuestra propia existencia. “Desde la distancia, te recuerdo/ y es mi propia distancia/ la que distancia la vida y la muerte”, reza un poema. Es así, que la idea de la muerte, está en todas partes. Culturas tales como las babilónicas, las celtas, las incaicas, las aztecas y otras, tienen culto, o alguna especie de adoración mítica hacia la muerte y la vida. Incluso, en nuestro mundo contemporáneo, las personas practican una serie de ritos para recordar a sus seres queridos. Ahora bien, el hombre y la desordenada construcción de sus identidades, le ha permitido configurar la construcción de discursos mitológicos, la razón es simple, y a la vez, ilustrativa en el área pedagógica. Las creencias sobrenaturales son partes naturales de nuestra inconsciencia, y son a la vez, las que se encargan de darle sentido a nuestra vida y existencia entre la concepción de la vida y la muerte ¿Qué es lo que quiero decir con eso? En realidad no mucho, pero a la vez, bastante. Suena paradójico, pero en el fondo, esta dialéctica nos permite comprender que existen sucesos reales explicados científicamente, de igual manera, hay hechos reales inexplicables al ojo científico -y debe ser así-, donde su única explicación está más allá de los postulados meta-académicos, o sea, en el mundo esotérico y de la magia. Es así como se debe entender este misterio de las “calaveras de cristal”, es decir, un objeto que despierta interés y polémica. En este artículo no se pretende hacer una cronología de la aparición de las calaveras, sino, darle otro sentido, es decir, hallar su sentido. Todos coinciden que la calavera descubierta por el explorador británico Mitchell-Hedges es la más conocida y misteriosa, puesto que tiene mucha semejanza con el cráneo de un ser humano... Todos coinciden que la calavera descubierta por el explorador británico Mitchell-Hedges es la más conocida y misteriosa, puesto que tiene mucha semejanza con el cráneo de un ser humano, en especial por su mandíbula que tiene movimiento. Su anatomía es perfecta y según sus dimensiones, aseguran que perteneció a una mujer. Algo que debe llamarnos la atención es el hecho de que el cráneo sea de una mujer. Si bien para la ciencia esto -puede- es indiferente, pues para nuestra interpretación, no; partimos de la idea de que nada es casual, sino que todo es parte de algo, y es ahí, donde podemos encontrar parte del sentido de las cosas. Bien, bien ¿Qué representa simbólicamente lo femenino? Pues muchas cosas, desde el comienzo de la vida, como también, el cultivo de valores en la prole de una familia, sin importar cómo esté estructurada. La mujer, no sólo es el pilar de la familia, sino que también es generadora de todo, ella, como mujer, tiene un objeto, y al utilizar el objeto, la mujer cambia los hilos de la historia, tal es el caso de Helena de Troya, de igual manera, dentro la historia del hombre, han existido varias mujeres que han motivado ciertas actitudes y comportamientos, donde el varón, ha caído en la seducción femenina, sólo por mencionar, pongo a Cleopatra. Pero la mujer va más allá, una buena sonrisa y una encantadora mirada, son suficientes para conquistar reinos, imperios y naciones. Y qué decir con el desnudo, eso ha acabado con todo. El hecho de que la calavera sea de una mujer, eso implica que de por sí, contiene una fuerza especial, y más aún, si tomamos en cuenta que el cráneo fue descubierto por la hija de Hedges, Anna, en 1924, durante una expedición que hicieron en unas ruinas Mayas de Lubaantum, en Belice, según ellos, buscaban huellas de la Atlántida. Pero continuemos, hasta el momento, no se tiene datos exactos de su creación, y tampoco de cómo se construyó. Pero en 1970 la familia Mitchell-Hedges dio el cráneo a los laboratorios de Hewlett Packard para que la puedan estudiar, y en ese estudio, se comprobó que el cristal fue tallado en contra del eje natural del cristal, asegurando que ningún escultor contemporáneo, podría hacerlo, puesto que eso provocaría el quiebre de la pieza de cuarzo, ni siquiera con el empleo de la tecnología láser. Otro suceso que conmocionó a la opinión pública, fue que el laboratorio no halló evidencia ni rastros de que hayan empleado herramientas metálicas. Según algunos expertos, el tiempo real del acabado completo de la calavera de cristal, data de unos 300 años aproximadamente. Aunque estos datos hasta ahora, no han podido ser consensuados y aún persisten posturas diversas acerca de la veracidad enigmática de la calavera de cristal de cuarzo. “En el mundo existen trece calaveras de cristal de tamaño natural, y cuando todas sean descubiertas, transmitirán a los hombres todo su conocimiento” La leyenda sobre Calaveras de Cristal La leyenda pertenece a la cultura Maya, donde dice lo siguiente: “En el mundo existen trece calaveras de cristal de tamaño natural, y cuando todas sean descubiertas, transmitirán a los hombres todo su conocimiento”. Pero, para que aquello ocurra, el hombre debe vivir con alta moralidad. Actualmente, se han encontrado siete calaveras en diversos lugares del planeta. Las calaveras pueden ser entendidas, o bien, comprendidas como demonios, en el sentido de que se convierten en intermediarios entre seres invisibles y los hombres, donde se hacen sacrificios para solicitar beneficios individuales en un terreno que se enmarca en las ciencias ocultas. Pero el uso de las calaveras también está vinculado a creencias populares, por ejemplo, en algunos países de América Latina, se cree que un cráneo dentro el hogar, protegerá de los ladrones y de los malos espíritus. Sea cierto o no, el uso de las calaveras ha cobrado sentido en la existencia de nuestra vida, y parece que sirve como un elemento para entender al mundo. Sin embargo, algo que también debe llamar la atención es el material con el que está hecha la calavera de cristal, el cuarzo; denominada: “Piedra del poder”, ya que posee propiedades curativas y potencial energético, y es la estructura básica de muchos aparatos electrónicos, tales como la computadora, relojes y pilas. Incluso, se la utiliza en la salud por sus propiedades curativas sobre enfermedades y en la prevención, además los expertos la utilizan para aliviar todo tipo de dolores, para acelerar procesos de cicatrización y revitalización celular, como también en cuadros depresivos. En algunos países de América Latina, se cree que un cráneo dentro el hogar, protegerá de los ladrones y de los malos espíritus... Es inevitable, y sería un error, subestimar la existencia de las 13 calaveras, de las cuales, siete ya fueron encontradas. En este caso, sería bueno recordar las premoniciones Mayas acerca del 2012. No en el sentido del fin del mundo, sino, como transformaciones en la consciencia del hombre. Y quien sabe, tal vez, las calaveras de cristal, puedan tener parte de las respuestas de lo que vendrá en los años posteriores. Según la leyenda, cuando el hombre alcance esa elevada moralidad, las calaveras otorgarán todo el conocimiento posible a los hombres. Y el 2012 será un año donde habrá grandes transformaciones en el orden establecido. El hombre tomará más consciencia de su entorno y de sí mismo, aunque este hecho ya está sucediendo, por ejemplo, en el cuidado del medio ambiente, o bien, las intenciones para cambiar el calentamiento global, de igual manera, el proteger a las especies en peligro de extinción. Aunque en sí, el hombre, es decir, su naturaleza que le impulsa a la vanidad, todavía no le permite llegar a superar su propia moralidad, y se impone criterios económicos y científicos para justificar su razón ante las cosas. Aún persisten posturas diversas acerca de la veracidad enigmática de la calavera de cristal de cuarzo...