«Un juicio de Hesíodo, confirmado. Una prueba de la habilidad de las mujeres es que casi por todas partes han sabido hacerse alimentar, como zánganos en colmena. Medítese un poco sobre lo que esto significa en su origen y por qué no son los hombres los que se hacen alimentar por las mujeres. Seguramente porque la vanidad y la ambición masculinas son más grandes que la habilidad femenina; porque las mujeres han sabido, sometiéndose, asegurarse, sin embargo, la ventaja preponderante y hasta la dominación. Incluso los cuidados prodigados a los niños han podido originariamente ser utilizados por la habilidad de las mujeres como pretexto para sustraerse en la medida de lo posible al trabajo. Aún hoy día, saben, cuando están realmente ocupadas, por ejemplo, en las tareas del hogar, hacer ostentación de ellas hasta deslumbrar, al punto de que los hombres estiman habitualmente esta ocupación diez veces más de lo que vale».
Humano, demasiado humano. Friedrich Nietzsche. Edaf, Madrid, 2006, pág. 237, aforismo 412.
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«A propósito de la emancipación de las mujeres. ¿Pueden las mujeres, en general, ser justas, estando tan acostumbradas a amar, para adoptar primeramente sentimientos en pro y en contra? Por otra parte, debido a esto es por lo que raramente se interesan por las cosas y muy a menudo por las personas; pero cuando se interesan por las cosas, hacen enseguida de ello un asunto de partido y así corrompen la acción pura e inocente. De ahí nace un peligro que no es despreciable, cuando se les confía la política y ciertas partes de la ciencia (por ejemplo, la historia). Pues ¿habrá algo más raro que una mujer que sepa realmente lo que es la ciencia? Incluso las mejores alimentan en su seno, a este respecto, un secreto menosprecio, como si en algún punto fuesen superiores a ella. Tal vez todo esto pueda cambiar, pero mientras tanto es así».
Humano, demasiado humano. Friedrich Nietzsche. Edaf, Madrid, 2006, pág. 238, aforismo 416.