Personajes de la Historia Argentina (2º Parte)
Juan Lavalle (1797 - 1841)

Juan Galo de Lavalle fue uno de los hombres más controvertidos de nuestra historia nacional. Héroe en las campañas de San Martín y Bolívar, respondió a la ideología unitaria, que defendió ciegamente hasta el fin de sus días. El fusilamiento de Manuel Dorrego, ordenado por él, contribuyó al encumbramiento de Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires, contra quien se levantará sin éxito en repetidas oportunidades, siempre en defensa de la causa unitaria.
En 1799, los De La Valle se trasladaron a Santiago de Chile. Desde allí, palpitan las noticias de las invasiones inglesas, alarmados por la ineficiencia de las autoridades coloniales para resistir a los ingleses.
Ya en 1807 la familia se muda nuevamente a Buenos Aires. Por entonces, la crisis del imperio español comenzaba a evidenciarse y grupos de jóvenes criollos se plantean la posibilidad -lejana todavía- de cortar los lazos con la metrópoli.
La Revolución de Mayo resultó claramente adversa para con los De La Valle, por su subordinación a las autoridades españolas. Recién en 1812, una vez asumido el Primer Triunvirato, el gobierno nombra a Manuel (amigo cercano de Bernardino Rivadavia, secretario del Triunvirato) administrador de la Aduana de Buenos Aires.
El Primer Triunvirato es derrocado en octubre de 1812 por fuerzas dirigidas por militares pertenecientes a la llamada Logia Lautaro, entre quienes se encontraban Carlos María de Alvear y José de San Martín.
A cargo del Regimiento de Granaderos a Caballo, San Martín decidió encaminar la formación de un conjunto de jóvenes voluntarios que se incorporarían como cadetes. Pertenecientes en muchos casos a las familias más distinguidas de la ciudad. Juan Galo de Lavalle (que en esa época suprimió el "de" de su apellido y lo apocopó, posiblemente para evitar la vinculación con los apellidos españoles) pidió su alta como cadete y fue aceptado en agosto de 1812.
Se destacó en las prácticas rigurosas impuestas por San Martín y rápidamente se ganó su respeto. Sin embargo, Lavalle no fue escogido para participar en el Combate de San Lorenzo, en el que las tropas de San Martín se impusieron sobre los realistas y su bautismo de fuego tuvo lugar durante la toma de Montevideo, en 1814. Allí, quiso el destino que actuará bajo las órdenes de Manuel Dorrego.

Juan Lavalle retornó a las Provincias Unidas en 1823, y tras un breve paso por Mendoza, donde vistó a su prometida, emprendió la marcha hacia la capital del antiguo Virreinato. El gobierno de Martín Rodríguez lo recibió con honores. Lavalle se sorprendió de los cambios ocurridos en la ciudad, los cuales se encontraban fuertemente relacionados con las reformas llevadas adelante por uno de los ministros de Rodríguez, Bernardino Rivadavia.
Lavalle cumplió su promesa y regresó a Mendoza, donde contrajo matrimonio con María de los Dolores en abril de 1824. Regresó a Buenos Aires junto con su esposa y fue nombrado jefe del Cuarto Regimiento de Infantería, cuyo objetivo era cubrir la frontera sur del río Salado con el fin de avanzar sobre el territorio dominado por los indígenas, un problema que comenzaba a inquietar fuertemente al gobierno. Se pretendía demarcar una nueva línea de frontera que debía estar comprendida entre las costas del mar y las orillas del río Las Flores, pasaría por Balcarce y Tandil y avanzaría hacia el oeste, hacia el límite con Santa Fe.
El 1º de diciembre de 1828, un golpe de estado encabezado por el General Lavalle derrocó a Dorrego. Algunos unitarios se dirigieron a Lavalle y opinaron sobre lo que debía hacerse con el gobernador capturado. Salvador María del Carril le escribía a Lavalle el 12 de diciembre de 1828:
"La prisión del General Dorrego es una circunstancia desagradable, lo conozco; ella lo pone a usted en un conflicto difícil. La disimulación en este caso después de ser injuriosa será perfectamente inútil al objeto que me propongo. Hablo del fusilamiento de Dorrego. Hemos estado de acuerdo en ella antes de ahora. Ha llegado el momento de ejecutarla. Prescindamos del corazón en este caso. La Ley es que una revolución es un juego de azar, en la que se gana la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella. Haciendo la aplicación de este principio, de una evidencia práctica, la cuestión me parece de fácil resolución. Si usted, general, la aborda así, a sangre fría, la decide; si no, yo habré importunado a usted; habré escrito inútilmente, y lo que es más sensible, habrá usted perdido la ocasión de cortar la primera cabeza de la hidra, y no cortará usted las restantes. Nada queda en la República para un hombre de corazón. "

El general Lavalle decide fusilar a Dorrego el 13 de diciembre. El gobernador derrocado se despedía de sus seres queridos: "Mi querida Angelita: En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; más la Providencia Divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. De los cien mil pesos de fondos públicos que me adeuda el Estado, sólo recibirás las dos terceras partes; el resto lo dejarás al Estado. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no has podido ser en compañía del desgraciado".
A sus dos pequeñas hijas decía: “Querida Angelita: Te acompaño esta sortija para memoria de tu desgraciado padre. Querida Isabel: te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre”.
Lavalle fusiló a Dorrego y así lo anunció en un Bando: "Participo al Gobierno Delegado que el coronel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componente esta división. La historia juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido morir o no morir, y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público".
La tropa de Lavalle fue constantemente perseguida y su líder fracasó en todos los intentos de reorganizar su maltrecho ejército.
Llegó a Tucumán en 1841, desde donde intentó una vez más avanzar sobre la capital, pero fue derrotado en Famaillá por las fuerzas de Oribe, el caudillo uruguayo apoyado por Juan Manuel de Rosas. La derrota marcó el fin de la llamada "coalición del norte".
Cuando el contingente llegó a Jujuy, el 7 de octubre por la noche, se encontró con que las autoridades habían fugado hacia la quebrada de Humahuaca, dejando acéfalo el gobierno.
El 9 de octubre de 1841, una partida federal dio con la casa donde se encontraba Lavalle y disparó a la puerta. Una de las balas atravesó la cerradura e hirió de muerte a Lavalle. Su cadáver fue conducido hacia la catedral de Potosí, donde fueron depositados sus restos.
En 1858, los restos del General Lavalle fueron trasladados al cementerio de la Recoleta en Buenos Aires, donde descansan actualmente, a metros de la tumba de Dorrego. El general no pudo cumplir con su juramento: "Si algún día volvemos a Buenos Aires, juro sobre mi espada, por mi honor de soldado, que haré un acto de profunda expiación: rodearé de respeto y consideración a la viuda y los huérfanos del Coronel Dorrego".
Martín Rodríguez (1771-1845)

Líder público y militar; gobernador de Buenos Aires (1820-1824). Nació en Buenos Aires; hasta 1806 se dedicó a la administración de su estancia; durante las invasiones inglesas, se sumó a la milicia y estuvo a cargo del famoso escuadrón de patricios, que recuperó en el convento de Santo Domingo del poder de los británicos; el 5 de julio de 1807, se unió a las fuerzas patriotas en la lucha contra los españoles desde el principio; la Primera Junta Patria lo nombró coronel y lo envió para unirse al Ejército del Norte; en 1811 intervino en la revuelta del 5 y 6 de abril y fue encarcelado en San Juan; se unió a las fuerzas de Belgrano en 1812 y luchó en la batalla de Salta; tres años después, comandó la vanguardia del ejército del Norte y ese mismo año (1815) fue elegido presidente de Charcas; después regresó al ejército a tiempo para compartir las derrotas de Venta y Media y Sipe Sipe; trasladado a Buenos Aires fue puesto a cargo de las fuerzas de observación de Santa Fe (1819).
Después de la derrota de Dorrego en 1820, M. Rodríguez fue designado gobernador de Buenos Aires; nombró ministros capaces: Bernardino Rivadavia y Manuel García, quienes comenzaron un extenso programa de reformas que incluían la distribución de tierras públicas, el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la minería, las reformas militares; también crearon la Universidad de Buenos Aires, el Museo de Historia Natural, fundaron la ciudad de Tandil (provincia de Buenos Aires), establecieron fuertes, reorganizaron los servicios policiales, etc.. Rodríguez, que debió su nombramiento como gobernador, al menos en parte, al apoyo de Juan Manuel de Rosas, también firmó el Tratado de Benegas con el caudillo Estanislao López, por el cual se dispuso una tregua entre Buenos Aires y las provincias mesopotámicas.
En 1824 regresó al servicio militar; luchó en la frontera sur de Buenos Aires contra los indios; entre 1825 y 1827 fue jefe del ejército de Observación en Uruguay durante la guerra contra el Brasil; Intervino en la guerra contra el Brasil y se plegó posteriormente a la revolución que derrocó al gobernador Dorrego en la década de 1840 Rodríguez se volvió contra Rosas e intentó unirse a las fuerzas de José María Paz pero ya era demasiado viejo y estaba enfermo; en su lugar, donó su fortuna a las fuerzas opositoras de Rosas.
Murió exiliado en Montevideo (Uruguay); después de su muerte, se publicaron sus Memorias en Montevideo (1849); en 1910 se construyó un monumento en su memoria, en el cementerio de la Recoleta de Buenos Aires (fundado durante su gobierno).
Juan Manuel de Rosas (1793 - 1877)
Nació en Buenos Aires, en el seno de una de las familias más destacadas de la ciudad. Su verdadero nombre era Juan Manuel Ortiz de Rozas; pero decidió "acriollarlo" y aplebeyarlo, ya antes de su primera aparición en la política, por Juan Manuel de Rosas. Era un hombre práctico, de espíritu conservador, y con todas las características de un caudillo. La primera interrupción en sus actividades de estanciero fue debida a las invasiones inglesas. El 12 de agosto de 1806 estuvo Juan Manuel entre " los voluntarios que formaron el ejercito que reconquisto Buenos Aires". Luego de la rendición, Liniers lo devolvió a sus padres, portador de honrosa carta testimonial.
Amasó una gran fortuna como ganadero y exportador de carne de vacuno, en la época en que el virreinato del Río de la Plata luchaba por su emancipación del dominio español. En 1818 comienza a hacer algunas comisiones políticas, al tiempo que entró a administrar y poblar las estancias de Juan José y Nicolás Anchorena. Mas tarde compraría con Terrero (quien lo acompañaría durante sus dos futuros mandatos) las estancias San Martín y Del Rey, entre otras. Empezó a adquirir prestigio y durante la década del ’20 se transformo en uno de los personajes más importantes de Buenos Aires. Llegó a tener un ejército personal formado por peones: Los Colorados del Montes. Y durante el gobierno de Rodríguez ocupó el cargo de comandante de campaña.
Enfrentamiento con Urquiza:
Urquiza, que hasta ese momento era uno de los aliados de Rosas, decidió iniciar una rebelión con el motivo de organizar al país. El 1 de mayo de 1851 inició el levantamiento; y 24 días después señaló su programa constitucional.
Corrientes se adhirió al movimiento y contó con el apoyo militar de Uruguay y Brasil. El 21 de noviembre se firmó un acuerdo más amplio entre el imperio del Brasil, Uruguay, Entre Ríos y Corrientes para eliminar a Rosas.
El 3 de febrero de 1852 Urquiza derrotó al gigante Rosas en la batalla de Caseros. El caudillo criollo escapó ileso de la batalla y unos días después del país.
De 1829 a 1832 y de 1835 a 1852 gobernó Buenos Aires Juan Manuel Rosas. Conocido como el gran dictador, fue sin dudas un poderoso estanciero y un caudillo político, que representó los intereses porteños. Ejerció una dictadura y demoró mientras estuvo al poder la organización nacional con el argumento de que el país no estaba preparado. Si bien se lo conoció como el Restaurador de las Leyes, solo sancionó dos leyes en sus casi 30 años de gobierno; Rosas anhelaba la libertad anárquica y despreciaba las reglas.

Rosas tuvo movimientos de resistencia en casi todo el país, protagonizados por unitarios y federales liberales. Montevideo fue el centro de esa conspiración, cuyos métodos eran el terrorismo, el asesinato, el fraude, la unión con el extranjero, confiscaciones. Los opositores sentenciaron a Rosas a gobernar sin un día de tranquilidad. Su fracaso se debió a la falta de unidad en su coordinación y a la diversidad de tendencias que participaron. En su mayoría recurrieron al apoyo extranjero, lo que les acarreó desprestigio frente al caudillo porteño que se mostraba como defensor de la soberanía nacional. Estos solo tuvieron éxito cuando se unieron para luchar contra el dictador.
La oposición fue perseguida y ejecutada durante 15 años en el poder. Los unitarios, con imprudentes golpes de estado, con medidas, arbitrarias, con su recurso a los actos habilidosos, crearon el clima propicio al desprecio por la ley. Fueron éstos quienes tildaron a Rosas como el personaje más siniestro del siglo XIX en la Argentina. Buscando material sobre Rosas me he encontrado con autores que estaban a favor (José M. Rosa), y otros en contra (Dellepiane); Rosas hizo cosas buenas y cosas malas; pero ¿Por qué nunca intentó organizar al país? En todo el tiempo que gobernó ¿nunca se podría haber hecho una constitución? Rosas se equivocó al haber rehusado a su pueblo a un régimen estable y organizado.
Por otro lado debe remarcarse la intención de ejercer una economía proteccionista y favorecer a las industrias locales. Aunque es verdad que siempre terminó actuando con los intereses de Buenos Aires (Ej: La ley de Aduana). También defendió enérgicamente la soberanía nacional ante las pretensiones extranjeras de disponer libre tránsito en ríos nacionales, y nunca dejó de reclamar la devolución de las islas Malvinas por parte de Inglaterra. Y justamente el mismísimo general San Martín lo elogiaba por su patriotismo y defensa contra el extranjero: " El sable, que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos."
Por otro lado debemos decir que Rosas persiguió y castigó a los unitarios, catalogándolos de salvajes, mientras su gobierno no tuvo nada de federal. El era un federal personalista, lo que lo diferencia con los federales liberales. Centralizó el poder en Buenos Aires, y otorgó a esta provincia el manejo de los fondos de la Aduana. Además las provincias respondían a él, ya que sus respectivos gobernadores habían sido elegidos por Rosas.
Justo José de Urquiza (1801 - 1870)
Miembro de la oligarquía argentina, Justo José de Urquiza nació el 18 de Octubre de 1801. Fue educado en el Colegio de San Carlos en Buenos Aires, donde se graduó en 1816. Pronto adquirió experiencia política y administrativa. En 1818 fue empleado del puerto de Buenos Aires; luego de regresar a Entre Ríos en Junio de 1819 trabajó como agente administrativo. Las relaciones de su familia con el dictador Francisco Ramírez permitieron a Urquiza entrar en la política. Estuvo activo en la política de su provincia por muchos años antes de ir a Buenos Aires como representante de Pascual Eschagüe, Gobernador de Entre Ríos. En la capital, Urquiza se convirtió en confidente de Rosas. designado Coronel en 1837, reemplazó a su jefe Eschagüe como Gobernador de Entre Ríos en 1841.
Como Gobernador se convirtió en una fuerza hegemónica suprimiendo las fuerzas militares dentro de la provincia. Luego procedió a romper con el poder militar del Gobernador de Corrientes. Además trajo orden a su provincia a través de reformas fiscales y administrativas en el gobierno de la provincia y reformas educativas en las escuelas.
Usando a Entre Ríos como una poderosa base y formando alianzas con otras provincias, Urquiza fue en contra de Rosas, enfrentándolo en Febrero de 1852 en la batalla de Monte Caseros. En Abril de 1852 firmó el Protocolo de Palermo que lo autorizaba a regular las relaciones entre las provincias. Como dictador provisional de Argentina, en Agosto de 1852 se amoldó a lo decidido por el Congreso Constitucional de Santa Fe que en 1853 sancionó una nueva Constitución basándose en la de Estados Unidos. Todas las provincias aceptaron la nueva Constitución, pero Buenos Aires se rehusó a unirse a esta nueva unión y no fue miembro sino hasta 1859. Además de crear la Confederación Argentina, Urquiza siendo Presidente negoció el tratado de navegación con Gran Bretaña, Francia, y los Estados Unidos, lo que determinó una gran apertura de los puertos argentinos hacia el comercio mundial.
Luego de dejar la presidencia en 1860 fue General del ejército y continuó como Gobernador de Entre Ríos. En 1861 nuevamente la guerra rompió las relaciones entre Buenos Aires y las provincias terminando en el triunfo de Buenos Aires, en la Batalla de Pavón. Desde 1865 hasta 1868 Urquiza fue Comandante del ejército argentino en la guerra contra el Paraguay. Fue asesinado en su casa junto a sus hijos por los seguidores de uno de sus rivales políticos de Entre Ríos el 11 de Abril de 1870.
Facundo Quiroga (1788-1835)

Nació en La Rioja y murió en Barranca Yaco asesinado, el 16 de febrero de 1835.
Acusado de bárbaro por Sarmiento, conocido por el nombre de "Tigre de los Llanos", Quiroga jugó un papel prominente en la vida política de la Argentina (1818-1835).
Combatió contra la constitución centralista de Rivadavia, pero fue derrotado por los efectivos de éste, bajo el mando de Lamadrid. Sin embargo, por el año 1828, Quiroga controlaba las provincias norteñas desde Catamarca hasta Mendoza.
Se unió con otros caudillos bajo la firme determinación de establecer el federalismo, especialmente después de la ejecución de Manuel Dorrego (diciembre de 1828), de destruir las fuerzas unitarias comandadas por Lavalle, ahora gobernador de Buenos Aires.
Quiroga sufrió la derrota de manos del general unitario Paz, en La Tablada, el 23 de junio de 1829, y en Oncativo, el 25 de febrero de 1830.
Impedido transitoriamente de regresar, Quiroga vio el modo de pasar furtivamente a Cuyo en 1831 dirigiéndose rápidamente a Tucumán para hacer frente a las fuerzas unitarias que se hallaban bajo el mando de Lamadrid, desde que el general Paz inesperadamente había sido hecho prisionero en El Tío.

La batalla librada en La Ciudadela (famosa fortaleza de Tucumán) el 4 de noviembre de 1831, concluyó con la victoria de Quiroga y puso término a la guerra civil, pues Rosas había vencido simultáneamente a Lavalle en Buenos Aires.
Al trasladarse a Buenos Aires, Quiroga dedicó el resto de su vida a intentos (solo o con otros federales) de convocar un congreso constituyente para formar la estructura orgánica de una república federal.
Rosas se opuso enérgicamente a tal designio, arguyendo que una organización formal de esa naturaleza era prematura e insensata hasta tanto las provincias no hubieran creado sus estructuras políticas individuales y una saludable vida institucional, citando el ejemplo de los Estados Unidos, que no admitía que un territorio tomase plena participación en la vida política nacional hasta haber formado su propio gobierno. Las discusiones se interrumpieron en 1834 mientras Quiroga era enviado en una misión pacificadora en la esperanza de que el poder y prestigio de que gozaba en el norte le permitirían impedir la guerra civil que se cernía amenazante entre los gobernadores de Tucumán (Felipe Heredia) y Salta (Pablo Latorre).
Cumplida su misión con éxito y regresando a Buenos Aires, desdeñó obstinadamente las advertencias sobre conspiración en Córdoba, fue sorprendido y asesinado por efectivos al mando de Santos Pérez en Barranca Yaco, el 16 de febrero de 1835.
La azorada opinión pública dividió las inculpaciones del crimen entre Rosas, López y los hermanos Reinafé, pero José Vicente Reinafé, gobernador de Córdoba, su hermano, Santos Pérez y otros fueron convictos de la conspiración y ejecutados (1836).
La muerte de Quiroga dejó a Rosas como única autoridad subsistente.
Bernardo de Monteagudo (1785-1825)
Nacido en Tucumán y muerto asesinado en Lima. Intelectual revolucionario, líder político, administrador, abogado y juez. Colaborador de San Martín y Bolívar en las guerras de la independencia Americana.
Figura polémica, infundió el respeto y la admiración de muchos por sus ideas revolucionarias, su elocuencia en expresarlos y su habilidad administrativa para llevarlos a la práctica, pero suscitó el odio implacable de otros debido a su severidad doctrinaria y la turbulencia de su vida personal.
Monteagudo cursó sus estudios de abogacía en las universidades de Córdoba y Chuquisaca.
Ingresó en la vida política como paladín de la revuelta de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809.
En su viaje de regreso a la Argentina, incitó con fervor a los líderes patriotas de Jujuy y otras partes del noroeste a pronunciarse contra la junta de Sevilla, en España. Llegó a Buenos Aires a tiempo para participar en la Revolución de Mayo.
Acompañó al ejército al Alto Perú, en carácter de auditor de guerra y pasó a ser secretario de Juan José Castelli y luego de la derrota del ejército patriota en Huaqui el 20 de junio de 1811 regresó a Buenos Aires, donde se convirtió en ídolo de los jóvenes patriotas porteños merced a sus apasionados escritos revolucionarios.
Como uno de los redactores de la Careta de Buenos Ayres, Monteagudo denunció o apoyó vigorosamente diversas acciones de gobierno, de acuerdo con sus propias convicciones y ejerció considerable poder político.
Fue miembro activo de la Asamblea del Año 1813 y en 1815 apoyó firmemente a Alvear como director, pero la caída del gobierno de este último envió a Monteagudo al exilio en Europa durante dos años. De regreso a la Argentina en 1817, Monteagudo sé encaminó hacia Mendoza y Chile, donde San Martín, sin dilación, lo hizo auditor de su ejército.
Por el resto de su vida estuvo vinculado a las guerras de la independencia de Chile y Perú, a excepción de un breve período, en 1818.
Después de la derrota de Cancha Rayada, cuando de vuelta en Mendoza, desempeñó un papel clave en el juicio y ejecución de los hermanos Carrera, y otro lapso en 1819 cuando, viviendo en San Luis, tuvo a su cargo el proceso de los prisioneros realistas comprometidos en la conspiración.
En 1820 ocupó su tiempo en redactar proclamas revolucionarias, hasta que acompañó al ejército de San Martín, nuevamente en carácter de auditor, al Penú y se hizo allí uno de los más íntimos colaboradores del Libertador, especialmente en la misión de establecer el nuevo gobierno revolucionario, desempeñándose primero como ministro de Guerra y Marina y luego como ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. San Martín lo dejó a cargo del gobierno cuando se embarcó para Guayaquil a fin de concretar su entrevista con Bolívar, pero los peruanos lo depusieron el 25 de julio, principalmente por razones personales, y se trasladó a Guayaquil; más tarde (1824) Bolívar reconoció las virtudes de Monteagudo y sus conocimientos de los asuntos peruanos, y lo llevó de vuelta a Perú bajo su protección, como asesor. Al año siguiente fue asesinado en Lima.
Los escritos de Monteagudo lo señalan como un visionario revolucionario a la vez que como un jacobino doctrinario. En el primer período que siguió a la Revolución de Mayo perteneció al grupo morenista y poco después se unió a muchos de éstos en demanda de reformas y cambios revolucionarios, incluso, a costa de establecer un caudillo o dictador en el poder, de ser necesario. Su implacabilidad y rigidez de principios quedaron de manifiesto en su apasionada defensa de las ejecuciones ordenadas por Castelli, de Santiago de Liniers y otros líderes de la conspiración de Córdoba (1811) y sus propias acciones similares con respecto a los cabecillas de la revuelta de Alzaga y los hermanos Carrera. La amplitud de su visión, por otra parte, se revela por el hecho de que él fue uno de los únicos líderes de la independencia Argentina que propugnó una federación de las nuevas naciones de la América española. Asistió a Bolívar en el trazado de planes para el Congreso Americano que hubo de celebrarse en Panamá antes de su muerte.
Juan Bautista Alberdi (1810 - 1884)

Juan Bautista Alberdi, el inspirador de la Constitución Nacional y uno de los más grandes pensadores argentinos, nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810. Su madre, Doña Josefa Rosa de Aráoz, murió en el parto y el niño quedó al cuidado de su padre, Don Salvador Alberdi. En 1816, mientras comenzaba a sesionar el Congreso de Tucumán, Alberdi ingresaba a la escuela primaria que había fundado Manuel Belgrano. A los once años perdió a su padre, y sus hermanos Felipe y Tránsita se hacen cargo de él y gestionan una beca para que continúe sus estudios en Buenos Aires.
En 1824, con 14 años, llegó a Buenos Aires e ingresó en el Colegio de Ciencias Morales. Tenía como compañeros a Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cané -el padre del autor de Juvenilia- con quien comenzará una profunda amistad. Alberdi no soportaba el régimen disciplinario del colegio, que incluía encierros y castigos corporales, y le pidió a su hermano Felipe que lo sacara de allí. Dejó momentáneamente los estudios formales, pero no la lectura de pensadores europeos. Mientras trabaja como empleado en una tienda, leía apasionadamente a Rousseau, estudiaba música, componía y daba conciertos de guitarra, flauta y piano para sus amigos. En 1831, retomó sus estudios, ingresó a la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Leyes, pero no abandonó sus gustos musicales. En 1832, escribió su primer libro: El espíritu de la música. Buscando escapar un poco a la pesada atmósfera que imprimía el régimen rosista al ambiente intelectual de Buenos Aires, decidió continuar sus estudios en Córdoba, donde se gradúa de Bachiller en Leyes.

Desde 1832, un grupo de jóvenes intelectuales venía reuniéndose en la librería de Marcos Sastre. Alberdi se incorporará a este grupo, compuesto, entre otros, por Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, que fundará el 23 de agosto de 1835 el Salón Literario, un verdadero centro cultural y de difusión de las nuevas ideas políticas, vinculadas al romanticismo europeo.
En junio de 1838 junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez funda la Asociación de la Joven Generación Argentina, siguiendo el modelo de las asociaciones románticas y revolucionarias de Europa. Este grupo de intelectuales pasará a la historia como la "Generación del 37".
La mazorca, la policía secreta de Rosas, comenzó a vigilar de cerca las actividades de la Asociación y comenzó la persecución. Alberdi optó por exiliarse en Uruguay dejando en Buenos Aires un hijo recién nacido y varios amores inconclusos.
Al enterarse del triunfo de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, escribió en pocas semanas de trabajo afiebrado una de sus obras más importantes: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, que publicó en mayo de ese año en Chile y reeditó en julio acompañándola de un proyecto de Constitución. Se lo envió a Urquiza, quien le agradeció su aporte en estos términos: "Su bien pensado libro es, a mi juicio, un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito en una mejor oportunidad." La obra será uno de las fuentes de nuestra Constitución Nacional sancionada el 1º de mayo de 1853.
Mientras que Sarmiento había abandonado Chile para sumarse al Ejército Grande de Urquiza, Alberdi permaneció en Valparaíso, atento a los problemas argentinos. Sarmiento regresó al poco tiempo desilusionado con Urquiza y acusando a Alberdi de ser su agente en Chile. Alberdi lo calificó de "caudillo de la pluma" y "producto típico de la América despoblada" y se decidió a colaborar con el proyecto de la Confederación de Urquiza. El gobierno de Paraná lo nombró "Encargado de negocios de la Confederación Argentina" ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, el Vaticano y España. Antes de partir hacia su misión diplomática escribió: Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina y De la integridad argentina bajo todos los gobiernos”. En ambos ensayos defendía las teorías liberales de Adam Smith y David Ricardo y se oponía al monopolio, al trabajo parasitario, abogando por un orden que garantizara al productor el fruto de sus esfuerzos y elevara el nivel de vida en general.
El 15 de abril de 1855, partió finalmente hacia Europa. Pasó primero por los Estados Unidos donde se entrevistó con el presidente Franklin Pierce. Luego pasó a Londres, donde conoció a la reina Victoria y, finalmente, a París, donde se radicaría por 24 años.
Al producirse la Guerra del Paraguay, propiciada y conducida por Mitre con el apoyo del capital inglés, Alberdi, como José Hernández y Guido Spano, apoyó decididamente la causa paraguaya y acusó a Mitre de llevar adelante una "Guerra de la Triple Infamia" contra un pueblo progresista y moderno. Escribirá entonces: "Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles , etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por la primera vez en su vida en el "país salvaje" de su cruzada civilizadora".

Al concluir el mandato Mitre, en 1868, asumió Sarmiento y las cosas no mejoraron para Alberdi, que debió seguir postergando su regreso. No podrá hacerlo hasta 1879 cuando una alianza entre Roca y Avellaneda lanzó la candidatura de Alberdi a diputado nacional. Llegó a Buenos Aires el 16 de septiembre de ese año. A poco de arribar se le brindó una recepción de honor en la Universidad en la que fue aclamado por los estudiantes. Por esos días, se entrevistó con el presidente Avellaneda y con el ministro del Interior: Domingo Faustino Sarmiento. Todo parece indicar que el encuentro fue cordial en un clima de reconciliación. El diario El Nacional comentó: "sus luchas tenaces y ardientes polémicas eran las de dos enamorados de una misma dama, nada menos que la patria".
Cuando el nuevo presidente electo en 1880, Julio A. Roca quiso que el Estado argentino publicase las obras completas de Alberdi, Mitre lanzó, desde las páginas de La Nación, una feroz campaña en contra del proyecto que terminó por ser rechazado por los senadores que también rechazaron su nombramiento como embajador en Francia. Cansado y un tanto humillado decidió alejarse definitivamente del país. Partió rumbo a Francia el 3 de agosto de 1881 confesándole a un amigo: "lo que me aflige es la soledad". Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884. Sus restos fueron repatriados en 1889 y descansan en el cementerio de la Recoleta.
Esteban Echeverría (1805 - 1851)

Esteban Echeverría vio la luz en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1805. Era hijo de la argentina doña María Espinosa y del vasco español José Domingo Echeverría. Durante su primera infancia perdió a su madre.
Estudia varios años en el Colegio de Ciencias Morales; lo abandona a fines de 1823, a pesar de haber sido estudiante aplicado. Ingresa como dependiente en la fuerte casa comercial Lezica Hermanos. Como su primera juventud fue en extremo borrascosa y desarreglada, resuelve regenerarse moralmente y completar su educación en Europa.
Esa ausencia de la patria (1825-1830) le es muy provechosa. En París sigue los cursos más variados, se familiariza con las tendencias literarias ideológicas en boga, forma una sólida cultura de carácter enciclopédico y se asimila infinidad de obras en francés e inglés. Con ese importante bagaje retorna a la ciudad natal (junio de 1830) totalmente transformado. Introduce en el Plata el romanticismo literario, suscitando una fecunda renovación, y formula la doctrina del liberalismo político, impregnado de altas preocupaciones sociales y pedagógicas.
En 1831 publica sus primeros versos en diarios porteños, por más que en el viejo continente se ejercitara en escribirlos. En 1832 aparece anónimamente su poema Elvira. La indiferencia con que se le recibe contrasta con el desbordante entusiasmo y la cálida simpatía que suscitan después los Consuelos (1834) y sus Rimas (1837), donde inserta la Cautiva, su mejor obra en verso.

En 1837 -según las mejores averiguaciones- se abre el Salón Literario en la librería de don Marco Sastre, el futuro educacionista y autor de Tempe Argentino. En el Salón se leen trabajos, se diserta y discute. Echeverría es uno de sus grandes animadores. Como Rosas ordena la clausura del Salón, Echeverría funda en su reemplazo una sociedad secreta, la Asociación de Mayo, a la manera de la Joven Italia, de Mazzini. El propio Echeverría y otros miembros conspicuos señalan el año 1837 como el de la fundación de la nombrada sociedad, pero investigaciones recientes permites establecer que tal cosa acaece recién el 8 de julio de 1838. La Asociación tiene filiales en las provincias de Córdoba, Tucumán y San Juan. En sus filas militan la mayoría de los hombres que volvieron a organizar la República después de Caseros, sobre la base de los principios expuestos en su seno por Echeverría, y desarrollados en el Dogma Socialista obra publicada en el Indicador, de Montevideo, el 1° de enero de 1839, y tirada aparte, con algunas modificaciones, en 1846, en la capital uruguaya, precedida de la Ojeada Retrospectiva.
Durante algún tiempo Echeverría se dedica a las tareas rurales en su estancia "Los Talas", cerca de Luján. Era una temeridad quedarse por más tiempo en el país. Entonces emigra al Uruguay (fines de 1840). Inicia también en entre nosotros los estudios de sociología y economía americanas y los de estética literaria. Del resto de su producción cabe mencionar especialmente su espléndido cuanto realista "El matadero", el primero en su género escrito en el Plata, y su "Manual de Enseñanza Moral" para las escuelas primarias (1846).
Desde la adolescencia tiene que luchar contra la enfermedad. Sufre continuamente de los nervios y lo persigue su afección cardíaca. Su salud se agrava considerablemente en 1851. Una dolencia pulmonar lo lleva a la tumba en Montevideo el 19 de enero de dicho año.
Las obras completas de Echeverría fueron compiladas por su entrañable amigo, don Juan María Gutiérrez, en Buenos Aires (1870-1874), casa editorial Casavalle.
Domingo Faustino Sarmiento (1811 - 1888)

El 15 de febrero de 1811, nació en el Carrascal uno de los barrios más pobres de la ciudad de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento. Los primeros "maestros" de Domingo fueron su padre José Clemente Sarmiento y su tío José Eufrasio Quiroga Sarmiento, quienes le enseñaron a leer a los cuatro años. En 1816, ingresó a una de las llamadas "Escuelas de la Patria", fundadas por los gobiernos de la Revolución, donde tuvo como educadores a los hermanos Ignacio y José Rodríguez, éstos sí maestros profesionales.
En 1827, se produjo un hecho que marcará su vida: la invasión a San Juan de los montoneros de Facundo Quiroga. Decidió oponerse a Quiroga incorporándose al ejército unitario del General Paz. Con el grado de teniente, participó en varias batallas. Pero Facundo parecía por entonces imparable: tomó San Juan y Sarmiento decidió, en 1831, exiliarse en Chile. Se empleó como maestro en una escuela de la localidad de Los Andes. Sus ideas innovadoras provocaron la preocupación del gobernador. Molesto, se mudó a Pocura y fundó su propia escuela. Allí se enamoró de una alumna con quien tendrá su primera hija, Ana Faustina.
En 1836, pudo regresar a San Juan y fundar su primer periódico, El Zonda. Pero al gobierno sanjuanino no le cayeron nada bien las críticas de Sarmiento y decidió, como una forma de censurarlo, aplicarle al diario un impuesto exorbitante que nadie podía pagar y que provocó el cierre de la publicación en 1840. Volvió a Chile y comenzó a tener éxito como periodista y como consejero educativo de los sucesivos gobiernos.
En Chile, Sarmiento pudo iniciar una etapa más tranquila en su vida. Se casó con Benita, viuda de Don Castro y Calvo, adoptó a su hijo Dominguito y publicó su obra más importante: Facundo, Civilización y Barbarie. Eligió el periodismo como trinchera para luchar contra Rosas. Fundó dos nuevos periódicos: La Tribuna y La Crónica, desde los que atacó duramente a Don Juan Manuel.
Sarmiento pensaba que el gran problema de la Argentina era el atraso que él sintetizaba con la frase "civilización y la barbarie". Como muchos pensadores de su época, entendía que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo europeo, o sea lo que para ellos era el progreso. La barbarie, por el contrario, era el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho. Este dilema, según él, solo podía resolverse por el triunfo de la "civilización" sobre la "barbarie". Decía: "Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia". En una carta le aconsejaba a Mitre: "no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes". Lamentablemente el progreso no llegó para todos y muchos "salvajes y bárbaros" pagaron con su vida o su libertad el "delito" de haber nacido indios o de ser gauchos y no tener un empleo fijo.

En 1862 el general Mitre asumió la presidencia y se propuso unificar al país. En estas circunstancias asumió Sarmiento la gobernación de San Juan. A poco de asumir dictó una Ley Orgánica de Educación Pública que imponía la enseñanza primaria obligatoria y creaba escuelas para los diferentes niveles de educación, entre ellas una con capacidad para mil alumnos, el Colegio Preparatorio, más tarde llamado Colegio Nacional de San Juan, y la Escuela de Señoritas, destinada a la formación de maestra.
En 1863 se produjo en la zona el levantamiento del Chacho Peñaloza y Sarmiento decretó el estado de sitio y como coronel que era, asumió personalmente la guerra contra el caudillo riojano hasta derrotarlo. El ministro del interior de Mitre, Guillermo Rawson, criticó la actitud de Sarmiento de decretar el estado de sitio por considerar que era una decisión exclusiva del poder ejecutivo nacional. Sarmiento, según su estilo, renunció. Corría el año 1864.
A pedido del presidente Mitre, en 1864 viajó a los EE.UU. como ministro plenipotenciario de la Argentina. De paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, condenó el ataque español contra Perú, a pesar de las advertencias de Mitre para que no lo hiciera.
Mientras Sarmiento seguía en los Estados Unidos, se aproximaban las elecciones y un grupo de políticos los postuló para la candidatura presidencial. Los comicios se realizaron en abril de 1868 y el 16 de agosto, mientras estaba de viaje hacia Buenos Aires, el Congreso lo consagró presidente de los argentinos. Asumió el 12 de octubre de ese año.
Cuando Sarmiento asumió la presidencia todavía se combatía en el Paraguay. La guerra iba a llevarse la vida de su querido hijo Dominguito. Sarmiento ya no volvería a ser el mismo. Un profundo dolor lo acompañaría hasta su muerte.

Sarmiento había aprendido en los EE.UU. la importancia de las comunicaciones en un país extenso como el nuestro. Durante su gobierno se tendieron 5.000 kilómetros de cables telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la presidencia pudo inaugurar la primera línea telegráfica con Europa. Modernizó el correo y se preocupó particularmente por la extensión de las líneas férreas. Pensaba que, como en los EE.UU., el tren debía ser el principal impulsor del mercado interno, uniendo a las distintas regiones entre sí y fomentando el comercio nacional. Pero éstos no eran los planes de las compañías británicas inglesas, cuyo único interés era traer los productos del interior al puerto de Buenos Aires para poder exportarlos a Londres. En lugar de un modelo ferroviario en forma de telaraña, o sea interconectado, se construyó uno en forma de abanico, sin conexiones entre las regiones y dirigido al puerto. Este es un claro ejemplo de las limitaciones que tenían los gobernantes argentinos frente a las imposiciones del capital inglés. La red ferroviaria paso de 573 kilómetros a 1331 al final de su presidencia.
En 1869 se concretó el primer censo nacional. Los argentinos eran por entonces 1.836.490, de los cuales el 31% habitaba en la provincia de Buenos Aires y el 71% era analfabeto. Según el censo, el 5% eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población. La población era escasa, estaba mal educada y, como la riqueza, estaba mal distribuida. Sarmiento fomentó la llegada al país de inmigrantes ingleses y de la Europa del Norte y desalentó la de los de la Europa del Sur. Pensaba que la llegada de sajones fomentaría en el país el desarrollo industrial y la cultura. En realidad los sajones preferían emigrar hacia los EE.UU. donde había puestos de trabajo en las industrias. La argentina de entonces era un país rural que sólo podía convocar, lógicamente a campesinos sin tierras. Y, para tristeza de Sarmiento, la mayoría de los inmigrantes, muchos de nuestros abuelos, serán campesinos italianos, españoles, rusos y franceses.
El 22 de agosto de 1873 Sarmiento sufrió un atentado mientras se dirigía hacía la casa de Vélez Sarsfield. Cuando transitaba por la actual esquina de Corrientes y Maipú, una explosión sacudió al coche en el que viajaba. El sanjuanino no lo escuchó porque ya padecía una profunda sordera. Los autores fueron dos anarquistas italianos, los hermanos Francisco y Pedro Guerri que confesaron haber sido contratados por hombres de López Jordán. El atentado falló porque a Francisco Guerri se le reventó el trabuco en la mano. Sarmiento salió ileso del atentado y se enteró porque se lo contaron después.
Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. En la época en que Sarmiento fomentaba la educación popular, el índice de analfabetos era altísimo. En el campo había muy pocas escuelas porque la mayoría de los estancieros no tenían ningún interés en que los peones y sus hijos dejaran de ser ignorantes. Cuanto menos educación tuvieran más fácil sería explotarlos.
Pero Sarmiento trataba de hacerles entender que una educación dirigida según las ideas y los valores de los sectores dominantes, lejos de poner en peligro sus intereses, los reproducía y confirmaba. "Para tener paz en la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales... para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela.
En el invierno de 1888 se trasladó al clima cálido del Paraguay junto a Aurelia Vélez, la hija de Dalmacio Vélez Sarsfiled, autor del Código Civil. Aurelia fue la compañera de Sarmiento durante los últimos años de su vida. Murió el 11 de septiembre de ese año, en Paraguay, como su hijo Dominguito.
Pocos años antes había dejado escrito una especie de testamento político: "Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque ere bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas".
Bartolomé Mitre (1821 - 1906)
Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821. Pasó su infancia en Patagones, donde su padre Ambrosio Mitre desempeñaba un cargo público.
Se incorpora a la milicia en 1839 como alférez de artillería, en el ejército que luchaba contra Rosas. Estuvo en la batalla de Cagancha y en la derrota de los unitarios en Arroyo Grande en 1842.
En Montevideo participó en la lucha contra el sitio de Oribe y adquirió reputación como militar y escritor.
A causa de la hostilidad del Gral. Rivera contra los porteños tuvo que emigrar a Bolivia, durante la guerra civil de Bolivia pasó a Perú, de donde lo desterraron por sus ideas liberales. Luego se radicó en Chile y se dedicó al periodismo.
El pronunciamiento de Urquiza contra Rosas lo llevó a Mortevideo donde participó en el combate de Tonelero y en Caseros, por su actuación y comportamiento lo ascendieron a Coronel.
En abril de 1852 el pueblo de Buenos Aires lo elige representante de la legislatura. En el debate del acuerdo de San Nicolás, su intervención contra el mismo fue decisiva. Urquiza disolvió la Cámara y asumió el gobierno de la provincia, Buenos Al res se levanta contra Urquiza y Mitre aparece al frente de la guardia nacional.
Valentín Alsina fue elegido gobernador de Buenos Aires y Mitre, ministro de gobierno y de relaciones exteriores.
En 1859, después de actuar como ministro de gobierno y relaciones exteriores asume la cartera de guerra y marina para consagrarse a la organización del ejército. Lo ascienden a General y lo nombran comandante en Jefe del Ejército de Buenos Aires.
La campana que culminó en Cepeda significó la derrota de las milicias de Bs. As. Sus condiciones personales, subvisión de los problemas del país, su gravitación en los acontecimientos de la época, lo convirtieron en el artífice de la organización nacional.
Hizo aprobar las reformas Introducidas por Bs. As. en la constitución y se convino que se harían elecciones de diputados y senadores para Incorporarse al Congreso Nacional.
Luego de las luchas tras el derrocamiento del gobernador de San Juan y la batalla de Pavón donde la suerte favoreció a las armas de Buenos Aires al mando de Mitre, el tacto político, La serenidad y el espíritu nacional que poseía Mitre lo llevaron a levantar la bandera de la pacificación y de la organización sobre la base del respeto a la Constitución de 1853. Para ello cambió el gobernador de algunas provincias que no reconocían la victoria de Pavón ante Urquiza.
El 4 de abril de 1862 Buenos Aires lo autorizó para que sin dejar de ser gobernador de la Provincia asumiese las funciones de primer magistrado de la República.
Las provincias eligieron sus representantes v el Congreso Nacional se reunió en Bs. As. el 25 de mayo de 1862. El escrutinio de las elecciones presidenciales del 5 de octubre de 1862 lo consagraron por unanimidad como presidente de la República.
Como Presidente restableció el Poder Judicial, que práctica, mente no existía, la presentación diplomática en el interior, estructuró el orden Interno perturbado constantemente por los caudillos locales y provinciales. Se tendieron vías férreas y telegráficas: se elaboró el Código Civil y el Penal.
En abril de 1865, el país se hallaba en plena recuperación, se produce entonces la guerra con el Paraguay que desvía la acción constructiva del gobierno.

Mitre quiso mantenerse neutral y Paraguay para obligarlo a romper esa neutralidad invadió la provincia de Corrientes y se apoderaron de dos buques argentinos. La Argentina ante esa situación, le declaró la guerra al Paraguay y formó la alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay y se confió el mando de todas las fuerzas al Presidente Mitre. Las luchas se mantuvieron encarnizadas hasta que en Curupaytí y Humaitá liquidaron completamente a los ejércitos del dictador paraguayo que murió entre los últimos combatientes.Durante su presidencia Mitre tuvo que afrontar una violenta epidemia de cólera que causó estragos en las provincias del litoral en 1867; la fluctuación del valor monetario que hacía difícil la vida industrial y comercial, el crédito público se fue normalizando y al terminar el período presidencial el país volvió a encontrarse en pleno desarrollo.
El 12 de octubre de 1868 hace entrega del gobierno a Domingo Faustino Sarmiento. En 1869, aún cuando su deseo era dedicarse al periodismo, la provincia de Bs. As. lo envía al Senado, donde se caracteriza por su oposición al gobierno; no obstante eso Sarmiento lo envía como plenipotenciario a Brasil para allanar los problemas resultantes de la guerra con el Paraguay, su intervención consolidó la paz y la amistad entre ambos países.
De regreso al país se puso al frente del partido liberal o nacionalista en pugna con el partido autonomista encabezado por Adolfo Alsina. La alianza Aisina-Avellaneda no dejó la posibilidad de llegar a triunfar en las elecciones y fueron rechazados los diputados Mitristas y en vista de los fraudes electorales Mitre hace una revolución, que en septiembre de 1874 fue derrotada y para evitar el desencadenamiento de una guerra civil, Mitre capitula con la sola condición de que se garantice la vida a sus correligionarios. Fue sometido a un consejo de guerra, que pidió para él la pena de muerte, que luego fue conmutada por el destierro y la separación del ejército.
Alejado de la vida política, militar y parlamentaria se dedicó al estudio y a las letras y fue en ese campo donde conquista sus glorias más duraderas. Fundó el diario "La Nación" de Buenos Aires en 1870. Desde esta tribuna siguió ejerciendo una influencia duradera de la organización nacional y en la orientación cívica del país.
Con sus escritos levantó monumentos perdurables a Belgrano y a San Martín y rindió tributo a cuantos han contribuido a la formación política, jurídica y cultural de la Nación.
Muere en una casa que le regalaron sus amigos y colaboradores al dejar la presidencia, ya que no poseía bienes naturales de fortuna, hoy convertida en Museo.
Valentín Alsina (1802-1869)

Valentín Alsina (Buenos Aires, Argentina de 1802 - Ibídem; 6 de septiembre de 1869) fue un escritor, jurista y político unitario argentino, gobernador de la provincia de Buenos Aires en dos oportunidades (1852 y 1858-1859). Padre de Adolfo Alsina.
Valentín Alsina nace en Buenos Aires en 1802. Inicia sus estudios de derecho en Córdoba bajo la tutela del Deán Funes.
Durante el gobierno de Bernardino Rivadavia se desempeña como subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores iniciando así su actividad política; luego, al asumir Vicente López y Planes, ocupa la presidencia de la Cámara de Justicia. Durante este periodo le es designada la tarea de redactar el Código Rural, además de publicar tratados acerca de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas y la libre navegación por el Río de la Plata.
Al ocupar el gobierno Juan Manuel de Rosas, a finales de 1829, pasa a la oposición, soportando la creciente persecución del gobierno gracias a la protección de su suegro, Manuel Vicente Maza. Finalmente fue detenido y ayudado a escapar en septiembre de 1837 por el capitán Enrique Sinclair se vio obligado a emigrar a Uruguay junto con su familia. Desde Montevideo inicia una campaña contra Rosas en varios periódicos; en uno de ellos, el Comercio del Plata, llega a ocupar el cargo de editor tras la muerte de Florencio Varela. También es miembro fundador y presidente de la Comisión Argentina (de exiliados) de Montevideo.
Luego de la batalla de Caseros, en 1852, donde es derrotado Rosas, retorna al país y lidera uno de los grupos opositores a Justo José de Urquiza. Tras encabezar la revolución del 11 de septiembre de 1852 contra Urquiza, es electo gobernador de Buenos Aires, pero dimite tras un levantamiento militar.
Preside la asamblea constuyente que sanciona la primera constitución provincial de Buenos Aires, que en la práctica se separa de la Confederación Argentina.
Monumento a Valentín Alsina en el Cementerio de la Recoleta (Obra de Jacques de Braekeleer)
En 1857 nuevamente es electo gobernador de Buenos Aires. Inaugura el primer ferrocarril argentino, y trae solemnemente al país los restos de su antiguo jefe, Bernardino Rivadavia. Apoya una invasión de militares del partido colorado a Uruguay, que termina en una masacre de los invasores.
Se enfrentó a Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina, debido a las barreras económicas que ambos gobiernos se imponían y a la intervención porteña en los desórdenes en San Juan. Estos sucesos provocan una gran inestabilidad política en toda la región y continúan hasta que Urquiza derrota a Bartolomé Mitre en Batalla de Cepeda (1859) y obliga a Alsina a abandonar la gobernación.
Luego de su renuncia, Mitre le ofrece integrar el Supremo Tribunal pero no acepta y ocupa una banca en el Senado Nacional.
Fallece el 6 de septiembre de 1869 en Buenos Aires, poco tiempo después de haberle tomado juramento a Adolfo Alsina, su hijo, al asumir la vicepresidencia de Domingo Faustino Sarmiento.