Copérnico desarrolló una hipótesis, nunca lo presentó como una certeza científica, sobre que todo giraba al rededor del sol, incluida la tierra (heliocentrismo). Escribió un libro y se lo dedicó al Papa Clemente VII quien lo recibió en 1533 y lo leyó con gran interés junto con varios cardenales. El obispo de Capua, Shönberg, le pidió a Copérnico que explicara sus ideas de una forma más amplia y le pidió una copia del libro para sí mismo. La Iglesia le apoyó en todo momento. No hay ningún hecho histórico que demuestre que Copérnico fue amenazado o maltratado por la Iglesia. Unos 70 años después de su muerte (1543), en el año 1616 se prohibió la difusión de la teoría heliocentrista de Copérnico por no existir ninguna prueba científica que la confirmara. Sin embargo, Galileo escribió un libro en el año 1624 en el que, a modo de diálogo entre personajes, defendía que la teoría copernicana era empíricamente cierta pero no aportaba ninguna prueba científica que lo demostrase y además se presentaba como teólogo sin serlo. Al rededor del 1632 fue llamado a Roma bajo “sopecha grave de herejía” por haber violado la prohibición impuesta el año 1616. La Iglesia, al no existir ninguna prueba científica que demostrase la veracidad de la teoría del heliocentrismo, se opuso a esta porque contradecía las Sagradas Escrituras y la evidencia hasta el momento (según la observación terrestre) de que la Tierra era plana y todo giraba a su alrededor. La oposición fue gradual hasta terminar con la aceptación por parte del papa Benedicto XIV en la primera mitad del s. XVIII cuando finalmente los estudios de Newton aportaron pruebas evidentes de que la Tierra era redonda y giraba alrededor del Sol. La Inquisición obligó a Galileo a retractarse y fue recluido en su domicilio durante 5 años (de 1633 hasta 1638) quedando después en libertad hasta su muerte en 1642 (134 años antes de la fundación de los Illuminati, dicho sea de paso). ¡No murió quemado en la hoguera! como aseguran muchos. Recibió, eso sí, un juicio con (muy) graves equivocaciones por parte de una Inquisición empecinada, por una parte, en interpretar literalmente la Biblia y demasiado temeraria, por otra, como para querer usurpar el terreno de la Ciencia; errores por los que Juan Pablo II en nombre de la Iglesia Católica pidió perdón en el 31 de octubre de 1992. Autor: Daniel Talavante
Mitos sobre Copernico y Galileo
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