InicioCiencia EducacionPsicoSocial - El poder de la obediencia
Hola Querida Comunidad, Vuelvo después de mucho tiempo a postear
Antes que nada quiero aclarar algunas cosas que me preguntan por MP.
Mis posts llamados “Libros para abrirte la cabeza” 1 y 2 fueron borrados de taringa porque la categoria “ Ebooks y tutoriales fue cerrada” y como si esto no fuera poco todos los archivos estaban subidos a MEGAUPLOAD (QEPD) asi que francamente todo se perdió. De todas formas son tantos los mensajes pidiéndome el post de vuelta que cuando tenga un mínimo de tiempo veré si puedo volver a subir todo otra vez.
Una vez dicho esto:





La pregunta es simple: ¿Cuanto estas dispuesto a hacer solo porque alguien te lo pide?. Este post esta basado en la Psicología Social y su ámbito de Obediencia en la sociedad, y la finalidad que tiene es la de reflexionar y ser conscientes de que a veces "seguir ordenes" sea cuales fueren puede jugarnos en contra sin siquiera saberlo.


¿Que es la obediencia? La obediencia tiene lugar cuando un individuo modifica su comportamiento a fin de someterse a las órdenes directas de una autoridad legítima.[/font]

El peligro de la obediencia

Este señor:

Se llamaba Stanley Milgram y fue un Psicologo de los años 60 cuyos experimentos entre otras cosas estuvieron orientados a la obediencia y cuan dispuesto estamos los seres humanos a obedecer aún cuando lastimemos a otras personas.

En los años 60, Stanley Milgram realizó un estudio psicológico que desveló que las mayoría de personas corrientes son capaces de hacer mucho daño, si se les obliga a ello.

La idea surgió en el juicio de Adolf Eichmann, en 1960. este simpatico ser fue condenado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la Humanidad durante el régimen nazi. Él se encargó de la logística. Planeó la recogida, transporte y exterminio de los judíos. Sin embargo, en el juicio, Eichmann expresó su sorpresa ante el odio que le mostraban los judíos, diciendo que él sólo había obedecido órdenes, y que obedecer órdenes era algo bueno. En su diario, en la cárcel, escribió: «Las órdenes eran lo más importante de mi vida y tenía que obedecerlas sin discusión». Seis psiquiatras declararon que Eichmann estaba sano, que tenía una vida familiar normal y varios testigos dijeron que era una persona corriente.

El señor Milgram estaba muy intrigado por la situación. Eichmann era un nombre normal, incluso aburrido, que no tenía nada en contra de los judíos. ¿Por qué había participado en el Holocausto? ¿Sería sólo por obediencia? ¿Podría ser que todos los demás cómplices nazis sólo acatasen órdenes? ¿O es que los alemanes eran diferentes?

Un año después del juicio, Milgram realizó un experimento en la Universidad de Yale que conmocionó al mundo. La mayoría de los participantes accedieron a dar descargas eléctricas mortales a una víctima si se les obligaba a hacerlo...




El experimento


Milgram quería averiguar con qué facilidad se puede convencer a la gente corriente para que cometan atrocidades como las que cometieron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Quería saber hasta dónde puede llegar una persona obedeciendo una órden de hacer daño a otra persona.

Puso un anuncio pidiendo voluntarios para un estudio relacionado con la memoria y el aprendizaje.


Los participantes fueron 40 hombres de entre 20 y 50 años y con distinto tipo de educación, desde sólo la escuela primaria hasta doctorados. El procedimiento era el siguiente: un investigador explica a un participante y a un cómplice (el participante cree en todo momento que es otro voluntario) que van a probar los efectos del castigo en el aprendizaje.



Les dice a ambos que el objetivo es comprobar cuánto castigo es necesario para aprender mejor, y que uno de ellos hará de alumno y el otro de maestro. Les pide que saquen un papelito de una caja para ver qué papel les tocará desempeñar en el experimento. Al cómplice siempre le sale el papel de "alumno" y al participante, el de "maestro".

En otra habitación, se sujeta al "alumno" a una especie de silla eléctrica y se le colocan unos electrodos. Tiene que aprenderse una lista de palabras emparejadas. Después, el "maestro" le irá diciendo palabras y el "alumno" habrá de recordar cuál es la que va asociada. Y, si falla, el "maestro" le da una descarga.

Al principio del estudio, el maestro recibe una descarga real de 45 voltios para que vea el dolor que causará en el "alumno". Después, le dicen que debe comenzar a administrar descargas eléctricas a su "alumno" cada vez que cometa un error, aumentando el voltaje de la descarga cada vez. El generador tenía 30 interruptores, marcados desde 15 voltios (descarga suave) hasta 450 (peligro, descarga mortal).




El "falso alumno" daba sobre todo respuestas erróneas a propósito y, por cada fallo, el profesor debía darle una descarga. Cuando se negaba a hacerlo y se dirigía al investigador, éste le daba unas instrucciones (4 procedimientos):

Procedimiento 1: Por favor, continúe.
Procedimiento 2: El experimento requiere que continúe.
Procedimiento 3: Es absolutamente esencial que continúe.
Procedimiento 4: Usted no tiene otra alternativa. Debe continuar.




Si después de esta última frase el "maestro" se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.

Este experimento sería considerado hoy poco ético, pero reveló sorprendentes resultados. Antes de realizarlo, se preguntó a psicólogos, personas de clase media y estudiantes qué pensaban que ocurriría. Todos creían que sólo algunos sádicos aplicarían el voltaje máximo. Sin embargo, el 65% de los "maestros" castigaron a los "alumnos" con el máximo de 450 voltios. Ninguno de los participantes se negó rotundamente a dar menos de 300 voltios.



A medida que el nivel de descarga aumentaba, el "alumno", aleccionado para la representación, empezaba a golpear en el vidrio que lo separa del "maestro", gimiendo. Se quejaba de padecer de una enfermedad del corazón. Luego aullaba de dolor, pedía que acabara el experimento, y finalmente, al llegar a los 270 voltios, gritaba agonizando. El participante escuchaba en realidad una grabación de gemidos y gritos de dolor. Si la descarga llegaba a los 300 voltios, el "alumno" dejarba de responder a las preguntas y empezaba a convulsionar.

Al alcanzar los 75 voltios, muchos "maestros" se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus "alumnos" y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los "maestros" se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su "alumno".

En estudios posteriores de seguimiento, Milgram demostró que las mujeres eran igual de obedientes que los hombres, aunque más nerviosas. El estudio se reprodujo en otros países con similares resultados. En Alemania, el 85% de los sujetos administró descargas eléctricas letales al alumno
.

¿Espeluznante no?



Bueno y si sos comodo y no te gusta leer, Miralo:







Curiosidades de la obediencia
Milgram afirma que “una proporción sustancial de personas hacen lo que se les ordena, sin importar el contenido del acto ni las limitaciones de su conciencia, en tanto perciban que la orden proviene de una autoridad legítima”. A la hora de analizar las condiciones que influyen sobre la obediencia, estos estudios muestran que son determinantes:

• La proximidad de la víctima: Cuando los participantes (“enseñante” y “aprendiz”) se encuentran en el mismo cuarto, la obediencia disminuye (entre 40 % y 30 % de obediencia). En cambio, se incrementa si la víctima está en un lugar lejano.

• La proximidad de la autoridad: La presencia física del experimentador incrementa la obediencia (65 %), mientras que si la orden se da por teléfono, sin presencia física, el índice de obediencia disminuye (21 %).

• La dispersión de la responsabilidad: Cuando el sujeto participante sólo tiene que leer las palabras y es otra la persona que debe aplicar las descargas (un colaborador), la obediencia se incrementa (92 %). La persona no se siente responsable de la acción ya que “sus manos no aprietan el botón de la descarga”.

• La presencia de un modelo desobediente: Si un colaborador presente se opone o desafía las órdenes, la obediencia disminuye. De todas maneras, el 10 % de los sujetos persiste en la aplicación de descargas aun cuando haya un modelo de desobediencia a imitar.

Tambien diferencia dos tipos de estados psicológicos para explicar la obediencia a una autoridad:

• Estado autónomo. La persona se siente responsable de sus actos. Utiliza como guía de acción correcta su propia conciencia y no una autoridad externa. Por lo tanto, no obedece las órdenes que considera incorrectas.

• Estado agéntico. La persona siente que forma parte de una estructura mayor, ordenada de manera jerárquica. En esa estructura, los niveles más altos de la jerarquía son responsables de sus acciones y representan la autoridad. Utiliza como guía de acción correcta las órdenes de sus superiores



Para concluir un poco este Post, la idea es reflexionar.
A diario somos testigos de diferentes formas de obediencia, desde el trato con los jefes, con los profesores hasta con la gente en la calle.
Incluso sin poner a la "autoridad" como una forma estructurada de imaginarla, el termino autoridad tranquilamente podría encajar en las relaciones de pareja, en las relaciones familiares, en las relaciones amistosas, en todo ámbito social existe un eje dominante pero queda en nosotros, en cada uno de nosotros ser conscientes de valorarnos y saber decir que no, de ser conscientes de lo queremos y no queremos.
Adentro de nuestra cabeza somos libres, no dejemos que ahí tambien nos pongan limites, vuelen un rato.







Saludos y si les gusto este humilde post, mas que dejar puntos Recomienden

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