Basta de CGT, los trabajadores queremos nuestras propias organizacionesHablar por los trabajadores es una costumbre muy argenta. Desde el surgimiento del peronismo, la constante es transformar las reivindicaciones obreras en mero discurso político, en oportunismo para sumar votos, poder o simplemente reconocimiento social. En Argentina se bastardeó el movimiento obrero hasta reducirlo a su expresión más pequeña, manejado por empresarios de camisas desabrochadas.La razón, el porqué de la atomización de los trabajadores tiene nombre y apellido, y es la “ley de asociaciones sindicales”, la cual reconoce al unicato, a la CGT como única central obrera legal. Para ella un trabajador tiene derechos solo si se organiza en torno a la Confederación General del Trabajo y a los sindicatos que la conforman. La libertad sindical es negada en Argentina, no por el lobby que puedan generar los “gordos” de la CGT, sino por la conveniencia política que significa, ya que tener a los trabajadores alienados dentro de una sola organización beneficia al mercado, siendo el diálogo y la paz social más fáciles de encarar por los gobiernos de turno. Los poderosos saben que si mantienen “contentos” a ciertos sectores, por ejemplo a los trabajadores de la industria y el transporte, de la industria nacional, el resto es manejable, un ejemplo claro de esto es que el 30 % de los trabajadores activos ganan menos de mil pesos por mes y pertenecen al ramo de servicios.Los sueldos más bajos se dan en los sectores olvidados por la CGT, la puerta trasera del sindicalismo: el rubro servicios, donde los sueldos son inferiores a los $ 3000 y donde los dirigentes sindicales en su mayoría llevan más de 20 años en el poder. Aquí es donde las políticas de flexibilización laboral más surtieron efecto, donde la tercerización es moneda corriente, al igual que la precariedad y la inestabilidad.La desmovilización de los trabajadores escapa a toda “teoría” sobre el nuevo desarrollo del capitalismo, en cambio es la consecuencia de la inserción del Estado, en un mundo donde el mismo cada vez se desprende más de la cuestión pública. En los sindicatos pasó todo lo contrario, aquí se ideologizó a los gremios en la religión del Estado benefactor con la llegada del “gobierno de los trabajadores” y dentro de estos se desarrolló la corrupción más impúdica. Estas organizaciones son “incuestionables” por los trabajadores que, afiliados obligatoriamente, no tienen ni vos ni voto, teniendo que agachar la cabeza con cada posibilidad de accionar por miedo a las listas negras que los dirigentes arman para la patronal. Esto sin contar con el peligro de recibir algún que otro escarmiento al pronunciar una voz que contradiga a las dirigencias.Desde algunos años hasta acá, se ha visto la experiencia de autoorganización de los trabajadores, en servicios y en la industria, teniendo que soportar el hostigamiento empresa-Estado y de los sindicato “oficiales”. Estos trabajadores con gran valentía han sabido hacer lugar a una necesidad histórica, la de la organización de los trabajadores para los trabajadores, y no para el partido ni el caudillo. Aunque el oportunismo político es moneda corriente en estos días, la realidad es la única verdad, y ni la izquierda “combativa” ni la socialdemocracia de la CTA pueden responder a la necesidad de los cada vez más trabajadores que quieren tomar el control de su vida. El mejor ejemplo es como los trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca siguieron con la lucha por la reincorporación de sus compañeros inclusive aún después de que la izquierda les soltara la mano al no poder sacar una tajada política de estos.Volvamos a hablar del tema que nos atañe, la asociación sindical, y la pregunta más frecuente sobre este tema es ¿Por qué en la Argentina no hay libre asociación? Una respuesta lógica es decir que los empresarios no quieren, pero no es el factor más influyente, ya que si lo trasladamos a la realidad una empresa podría crear un sindicato y mantener a sus dirigentes comprados. Aunque ahora eso ocurre en muchos casos, la respuesta más acertada sería la que hablamos con anterioridad. El Estado argentino, la clase política, no quieren abrir el juego: el temor es claro y es debido a que los trabajadores no son políticos, no son negociadores; el trabajador sabe cuando está ganando poco, cuando no se respetan las normas de seguridad por parte de la empresa, sabe cuanto y como conseguir lo que quiere porque él produce, no el político ni el sindicalista, entonces es lógico que desde el oficialismo y desde la oposición se mire hacia otro lado cuando la libre asociación está en el tapete. Todos ellos tienen miedo, la izquierda, la derecha, el peronismo, todos le temen a la caja de Pandora, saben que las luchas en Argentina tarde o temprano toman un matiz cada vez más radicalizado, y el miedo a que se creen organizaciones de obreros y obreras que no se puedan manejar con discursos o con dinero, es mucho peor que las amenazas de algunos cegetistas trasnochados.Por todo esto es imperiosa la necesidad de que los trabajadores podamos crear nuestras propias organizaciones, elegir nuestros métodos de acción y nuestra ideología, por eso el unicato nos asfixia y nos coacciona. La libertad de asociación no se negocia, es un derecho.
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