A principios del siglo XX, las condiciones laborales de las obreras del sector textil eran lamentables. Salarios de hambre, jornadas agotadoras, prohibición de asociarse, nula protección por enfermedad o maternidad, ese era el pan nuestro de cada día para miles de mujeres neoyorkinas que alimentaban con su sudor la floreciente industria manufacturera de la zona.

En 1908, 40.000 trabajadoras se lanzaron a la calle y se declararon en huelga para pedir mejores condiciones.
El derecho de unirse a los sindicatos por mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil
Algunos empresarios, temiendo las pérdidas ocasionadas por la huelga, encerraron a sus trabajadoras en las fábricas.
La Cotton Textile Factory fue una de ellas.
Durante los disturbios, algunas bombas incendiarias (lanzadas según algunas fuentes por los mismos propietarios para dispersar a la multitud) alcanzaron el edificio, y se produjo un incendio incontrolable.
Las obreras, atrapadas, no pudieron escapar, y 129 perdieron la vida en el fuego.
Sin embargo, todavía hoy (casi un siglo después de aquellos hechos que se conmemoran en esta fecha) vemos cómo los derechos humanos y especialmente los laborales siguen sin ser respetados. Esta situación se torna aún más grave en el caso de las mujeres, pues si bien es cierto que el reconocimiento de los derechos humanos comprende de manera general a hombres y mujeres, no es menos cierto que la realidad evidencia que los instrumentos internacionales y los mecanismos de derechos humanos, hacen invisibles las necesidades, deseos y demandas de las mujeres al no tomar en cuenta sus especificidades.
El 8 de marzo es día de conmemorar y no de festejar.

Trabajo infantil en una fábrica, 1908

Al no existir guarderías, los mas chiquitos acompañaban a sus madres a las fábricas. Un lugar peligroso y donde ocurrían muchos accidentes.