

En el barrio de San Telmo, escondida entre antiguas casas acomodadas, donde desde terrazas y recovas desbordan cataratas de glicinas y ropas tendidas al sol aparece un pequeño pasaje, el San Lorenzo.
La humilde callecita sigue como en otros tiempos empedrada de adoquines, a la altura del 380 (antigua denominación 66) se halla la “casa mínima” la mas angosta que se conserva en Buenos Aires.
Su frente no alcanza los 2,50 m. Algunos expertos dicen que solo mide 2,17 m.
Es de la época colonial del año 1813 y ya es bicentenaria.

La casa en 1930
Baldomero Fernández Moreno la describe así:
....“una fachada lisa, con una puerta a dos hojas en el medio pintada de verde con cerradura y falleba de hierro, el número en alto, como una flor en la solapa.
Es de dos plantas exactamente sobre la puerta hay un balconcito con barrotes verticales de hierro, detrás de la ventana de dos hojas se pueden ver dos cortinillas tejidas al crochet, producto de manos artesanales, a un lado del balcón un gran cacharro con geranios rojos, al otro lado otro cacharro con geranios rojos y en el intermedio cuatro macetitas con flores de multicolores. Y luego la cornisa, un repulgo de argamasa. La casa se prolonga hacia atrás pero, parece sola, con esa habitación, con esa celda”...

Render de corte transversal de la casa

La casa es parte del complejo El Zanjón, la casa mayor de la cual su pequeño terreno formó parte. El complejo suma otras propiedades en la manzana del frente, donde hay tuneles, excavaciones arqueológicas y mucha historia.
La casa mas pequeña de Buenos Aires, está hoy invadida de silencio desde que el único residente la deshabitara. Por sobre la cornisa del techo han crecido algunas plantas y sus viejos materiales se van descascarando, hasta el número que tenía como “una flor en la solapa” ya no luce, una gruesa cadena y un candado guardan su silencio para siempre.

Dicen algunos historiadores que estas casas de reducidas proporciones eran para los esclavos negros libertos a quienes sus antiguos dueños les asignaban dentro de su propiedad, un pequeño espacio para que vivieran como hombres libres.
Los espacios eran muy reducidos y a la muerte de esos libertos la propiedad volvía a pertenecer a sus dueños originales (o a sus descendientes) razón por la cual quedan muy pocos vestigios de estas casas mínimas.

El problema del esclavo “Liberto” se resolvió con la concesión por parte de los propietarios de una pequeña parcela de sus terrenos a su antiguo sirviente.
Según esta interpretación, la “Casa mínima” nunca habría sido independiente, sino parte de una propiedad mayor.
En los años ´60 del siglo XX, la casa fue comprada por un tal Silvio Bassi, quien la transformo en un negocio de anticuarios, y dicen que fué el principal propagador del mito de la "casa del esclavo liberto", transformando así el lugar en un sitio de visita obligada para todos los turistas atraídos hasta allí por la fama de la casa.


