El Cine como Obra de Arte
Todos coincidimos en que el arte es una manifestación social. Maquet precisa la idea diciendo que, en cada época, se considera arte aquello que la sociedad decide colgar en los museos y considerar como tal.
Resulta un planteo interesantísimo porque rehuye de una definición precisa, matemática, y deja
márgenes para conectar productos particulares con contextos culturales específicos.
Como una de las manifestaciones humanas, el arte interactúa con las otras: las manifestaciones sociales, las políticas…; y se diferencia de ellas al definirse como manifestación con intenciones estéticas, centrada en aquello que se puede apreciar. Así, el arte se vincula con lo que una sociedad considera bello o no bello.
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"De aisthesis deriva estética, el estudio de las sensaciones."
Toda sociedad genera obras que es posible apreciar; lo estético abarca lo artístico pero lo rodea y lo excede.
Desde esta perspectiva, las obras de arte son espacios intermedios entre lo que una sociedad piensa y lo que expresa, transmite; entre un entramado social de determinada época con ideas definidas por ella y lo que esa época pretende o puede manifestar. Las obras de arte aluden al contexto pero no necesariamente de un modo literal sino simbólico, metafórico. Así, por ejemplo, hablamos de la Estética del Mayo francés, como mediatizando cierto modo de pensar e interpretar el mundo en el ’68 y sus alrededores, de comunicarse con esa realidad y de expresarla, distinta a la del momento histórico que la precedía, con normas estéticas propias que, a su vez, van a pautar una apreciación como artística o no. Porque la obra de arte alude a la realidad, pero encuadrándola de otra manera, por lo que es necesario detenerse en el contexto que la produce. En el Mayo francés, además de una ideología, de una reivindicación sociopolítica, hay una propuesta estética para que la gente aprecie manifestaciones surgidas en la época, interpelándola, comunicándose con estas personas de un modo singular; estas obras que condensan la propuesta estética no tienen un fin utilitario sino mediador de ideas, operan como modalidades específicas de expresión desde y hacia el entorno.
¿Cómo se vincula esta conceptualización con este post? Es que, a medida que vayamos considerando películas, vamos a precisar en qué contexto fueron realizadas y, por otra parte, cómo nosotros las vemos ahora.
Porque cada contexto, cada momento social, tiene normas estéticas que van a pautar lo que puede ser apreciado como artístico y lo que no. Es decir, la esfera de lo estético se despliega en el entramado social como un sistema de normas. Dichas normas demarcan lo que está comprendido dentro de ellas pero, también, lo excluido, es decir, lo tolerado y lo que no es tolerado. No son planteadas como pautas escritas pero si como consensos implícitos, como red que integra lo que puede ser representado y deja fuera lo que no.
Las normas estéticas están atravesadas por la serie social e ideológica, conservan componentes de aquellas que las antecedieron y despliegan transformaciones; así, se generan tensiones, una dinámica constante entre la tradición y la innovación.
Haciendo foco en los valores estéticos y en las funciones de lo estético en una época determinada, es posible reconocer a autores que singularizaron las normas de su tiempo; detectamos, entonces, poéticas propias, particulares de un realizador. El cine clásico, el cine neorrealista, el de la nouvelle vague generaron patrones diferenciales con sus rupturas, sus continuidades, sus innovaciones en los modos de representación; pero, dentro de sus normas hay recortes singulares que hacen reconocible la obra de un autor en particular: la poética de John Ford, la poética de Alain Resnais… Incluso, esta poética propia puede desligarse del corpus del momento, a través de una variación o de una ruptura generada por ese autor ejerciendo su actividad creadora.