«La universidad es un buen sitio para ir a vomitar. Al menos, la universidad española, que es la que conozco. No he entrado aún en una institución más decadente, hedionda, degradada, nauseabunda e infame que esa. Costosísima fábrica de titulados aspirantes a empleados acomodados de clase media, sitio donde colocarse una ínfima parte de estos aspirantes a empleados acomodados de clase media, lugar de “trabajo” de una casta intelectual particularmente abyecta, nido de ideólogos de variado pelaje y misma e ínfima condición, sitio enemigo de la auténtica cultura y del auténtico conocimiento y antro de ligue para tanto jovenzuelo degenerado e insolente.
La universidad española es una institución a demoler, literalmente. Los departamentos están tomados por profesorado de obediencia marxista en sus variantes de marxismo gramsciano, marxismo de nueva izquierda, marxismo socialdemócrata, marxismo feminista, marxismo homosexualista y marxismo indigenista. Allí luchan, al parecer y según cuentan, contra el capital y el estado burgués, el mismo que paga sus buenos sueldos. Tampoco escasean los neoliberales, denodados luchadores contra el estatismo desde su puesto de trabajo estatal. Entre el alumnado abunda, sobre todo, una masa amorfa y desinteresada de todo lo que no sea consumo y fiesta. También es frecuente encontrarse con grupos reducidos de alumnos marxistas militantes, poco aseados, de todas y cada una de las tendencias citadas anteriormente, y que para sus actividades de agitprop cuentan siempre, naturalmente, con la connivencia del profesorado y de las autoridades académicas. Igualmente, hay una nutrida representación, menos aseada aún, de vagos y perezosos, y de borrachos y drogadictos. En honor a la verdad, no todo en el personal que frecuenta la universidad española es oprobio y anomalía, y así hay que decir que, a veces, me encontré con algún bedel o con alguna secretaria decente.
El profesorado universitario, dato llamativo, está todo emparentado. El que no es hijo de otro que también “trabaja” allí o en la universidad de la ciudad de al lado, es cuñado-de, primo-de, sobrino-de, etc. Si hay algún estudioso de las ciencias sociales que esté leyendo esto y quiera conocer un caso histórico puro de endogamia institucional, que visite la universidad española. Allí podrá estudiar el fenómeno a gusto. El nepotismo es norma. Recuerdo una ocasión en la que suspendieron de improviso una clase a la que tenía que asistir. El motivo era bien sencillo. Esa tarde “se seleccionaba” a una persona para un puesto de profesor. Esa plaza estaba dada, iba a ser para alguien “de la casa”. Casi a última hora apareció una aspirante procedente de otra universidad situada a cientos de kilómetros de distancia y acompañada de otro profesor, que hacía el papel de mentor. Entre el insigne claustro de profesores de mi universidad cundió la alarma, el pánico, casi la indignación. Todos los profesores, incluido el encargado de impartir mi clase, acudieron a la sala donde se iban a realizar las respectivas exposiciones de cada aspirante, trámite previo a la elección del nuevo profesor. Con intención, evidente, por parte de estos indignos, de hacer presión ante el tribunal. Funcionó, fue elegida la persona que se había decidido que debía ser elegida, la persona “de la casa”. Así funciona la universidad española, así son designados los profesores y los puestos directivos. Todo chalaneo e intercambio de favores.
Los profesores universitarios no solo son endógamos, también suelen ser bastante malos. Esto no es raro, dado que más que docentes que transmitan conocimientos así como que estimulen el espíritu crítico de alumnos entusiasmados, deben ser entendidos como ideólogos o comisarios políticos informales que inculcan determinadas ideas funcionales para el sistema a una serie de jóvenes aspirantes a la clase media y absolutamente ajenos al amor a la sabiduría. Por eso estos docentes siempre están hablando y promoviendo la tolerancia y por eso son tan intolerantes en cuanto se les contradice o se plantea un modelo opuesto al que ellos asumen y representan. La discusión y la confrontación de ideas no es lo suyo. Además, ¿qué se puede esperar, en lo que a competencia docente concierne, de unas personas elegidas por ser familia de alguien que ya está dentro? En lo personal, también vi muchas costumbres que no me gustaron nada: fuman muchísimo, suelen ser más bien debiluchos física y anímicamente y parece estar sobrerrepresentado en este estamento el tipo humano del “agricultor neolítico”.
El alumnado universitario es, en general, sencillamente abominable. En primer lugar, hay mucho alumnado, mucha gente allí metida y que en una universidad lógica, con exigencias lógicas en cuanto a capacidad intelectual y rendimiento, no tendría cabida. Una universidad al alcance de cualquiera es una universidad de mierda. Y eso es lo que tenemos en España. Este tipo de público detestable en las aulas supone un lastre que desploma los niveles. Esto es lo más pernicioso de este tipo de universidad masificada y para cualquiera. Que no se quejen luego los titulados de que su título no vale nada. También me resultaba bastante incómodo comprobar que el seguimiento de programas televisivos como Gran Hermano era habitual entre los alumnos de mi universidad. Esto es consecuencia de lo anterior. Los hábitos y gustos de cada uno están en relación directa con su calidad intelectual y anímica y en la universidad española lo que hay es lo que hay. Y de donde no hay no se puede sacar. Si eres un chabacano te gusta Gran Hermano. La universidad debería ser pública y completamente gratuita, incluido alojamiento y alimentación, pero solo para los intelectualmente capaces y voluntariosos, para los que acrediten un rendimiento. Así nos ahorraríamos el aborrecible espectáculo de aulas enteras comentando entre clase y clase la expulsión del día anterior en Gran Hermano. El varón universitario suele ser un tipo apocado, sin carácter. La hembra universitaria una creída, una “clasista”, una feminista por defecto y una ofuscada, buscando permanentemente supuestos agravios cometidos contra ella por su sexo. Y todo el día con el puto cigarro en los labios. Más valdría que esta grosera aprendiera a cocinar, porque de eso no tiene ni idea. También suele ser muy promiscua, muy puta, aunque esto no la define, pues es la condición predominante entre las jóvenes españolas de hoy.
Los programas de estudios suelen ser de nombre rimbombante pero realmente simplones. Con este profesorado y con este alumnado nadie puede esperar otra cosa. Supongo que muchos de los que se hayan pasado por semejante institución habrán tenido la experiencia: es muy desagradable, muy frustrante, comprobar que tu profesor tiene menos conocimiento de partes fundamentales de la materia en cuestión que tú. ¿Qué te puede, entonces, enseñar ese? ¿Para qué estás tú allí? Con esto no quiero decir que yo sepa mucho, sino que hay muchos profesores que saben muy poco.
La universidad española está hecha unos zorros. Muchos se han largado de allí asqueados».
(Comentarios hechos por León Riente sobre la universidad después una pregunta mía).
Publicado por HOMOLOGANTE
La universidad española es una institución a demoler, literalmente. Los departamentos están tomados por profesorado de obediencia marxista en sus variantes de marxismo gramsciano, marxismo de nueva izquierda, marxismo socialdemócrata, marxismo feminista, marxismo homosexualista y marxismo indigenista. Allí luchan, al parecer y según cuentan, contra el capital y el estado burgués, el mismo que paga sus buenos sueldos. Tampoco escasean los neoliberales, denodados luchadores contra el estatismo desde su puesto de trabajo estatal. Entre el alumnado abunda, sobre todo, una masa amorfa y desinteresada de todo lo que no sea consumo y fiesta. También es frecuente encontrarse con grupos reducidos de alumnos marxistas militantes, poco aseados, de todas y cada una de las tendencias citadas anteriormente, y que para sus actividades de agitprop cuentan siempre, naturalmente, con la connivencia del profesorado y de las autoridades académicas. Igualmente, hay una nutrida representación, menos aseada aún, de vagos y perezosos, y de borrachos y drogadictos. En honor a la verdad, no todo en el personal que frecuenta la universidad española es oprobio y anomalía, y así hay que decir que, a veces, me encontré con algún bedel o con alguna secretaria decente.
El profesorado universitario, dato llamativo, está todo emparentado. El que no es hijo de otro que también “trabaja” allí o en la universidad de la ciudad de al lado, es cuñado-de, primo-de, sobrino-de, etc. Si hay algún estudioso de las ciencias sociales que esté leyendo esto y quiera conocer un caso histórico puro de endogamia institucional, que visite la universidad española. Allí podrá estudiar el fenómeno a gusto. El nepotismo es norma. Recuerdo una ocasión en la que suspendieron de improviso una clase a la que tenía que asistir. El motivo era bien sencillo. Esa tarde “se seleccionaba” a una persona para un puesto de profesor. Esa plaza estaba dada, iba a ser para alguien “de la casa”. Casi a última hora apareció una aspirante procedente de otra universidad situada a cientos de kilómetros de distancia y acompañada de otro profesor, que hacía el papel de mentor. Entre el insigne claustro de profesores de mi universidad cundió la alarma, el pánico, casi la indignación. Todos los profesores, incluido el encargado de impartir mi clase, acudieron a la sala donde se iban a realizar las respectivas exposiciones de cada aspirante, trámite previo a la elección del nuevo profesor. Con intención, evidente, por parte de estos indignos, de hacer presión ante el tribunal. Funcionó, fue elegida la persona que se había decidido que debía ser elegida, la persona “de la casa”. Así funciona la universidad española, así son designados los profesores y los puestos directivos. Todo chalaneo e intercambio de favores.
Los profesores universitarios no solo son endógamos, también suelen ser bastante malos. Esto no es raro, dado que más que docentes que transmitan conocimientos así como que estimulen el espíritu crítico de alumnos entusiasmados, deben ser entendidos como ideólogos o comisarios políticos informales que inculcan determinadas ideas funcionales para el sistema a una serie de jóvenes aspirantes a la clase media y absolutamente ajenos al amor a la sabiduría. Por eso estos docentes siempre están hablando y promoviendo la tolerancia y por eso son tan intolerantes en cuanto se les contradice o se plantea un modelo opuesto al que ellos asumen y representan. La discusión y la confrontación de ideas no es lo suyo. Además, ¿qué se puede esperar, en lo que a competencia docente concierne, de unas personas elegidas por ser familia de alguien que ya está dentro? En lo personal, también vi muchas costumbres que no me gustaron nada: fuman muchísimo, suelen ser más bien debiluchos física y anímicamente y parece estar sobrerrepresentado en este estamento el tipo humano del “agricultor neolítico”.
El alumnado universitario es, en general, sencillamente abominable. En primer lugar, hay mucho alumnado, mucha gente allí metida y que en una universidad lógica, con exigencias lógicas en cuanto a capacidad intelectual y rendimiento, no tendría cabida. Una universidad al alcance de cualquiera es una universidad de mierda. Y eso es lo que tenemos en España. Este tipo de público detestable en las aulas supone un lastre que desploma los niveles. Esto es lo más pernicioso de este tipo de universidad masificada y para cualquiera. Que no se quejen luego los titulados de que su título no vale nada. También me resultaba bastante incómodo comprobar que el seguimiento de programas televisivos como Gran Hermano era habitual entre los alumnos de mi universidad. Esto es consecuencia de lo anterior. Los hábitos y gustos de cada uno están en relación directa con su calidad intelectual y anímica y en la universidad española lo que hay es lo que hay. Y de donde no hay no se puede sacar. Si eres un chabacano te gusta Gran Hermano. La universidad debería ser pública y completamente gratuita, incluido alojamiento y alimentación, pero solo para los intelectualmente capaces y voluntariosos, para los que acrediten un rendimiento. Así nos ahorraríamos el aborrecible espectáculo de aulas enteras comentando entre clase y clase la expulsión del día anterior en Gran Hermano. El varón universitario suele ser un tipo apocado, sin carácter. La hembra universitaria una creída, una “clasista”, una feminista por defecto y una ofuscada, buscando permanentemente supuestos agravios cometidos contra ella por su sexo. Y todo el día con el puto cigarro en los labios. Más valdría que esta grosera aprendiera a cocinar, porque de eso no tiene ni idea. También suele ser muy promiscua, muy puta, aunque esto no la define, pues es la condición predominante entre las jóvenes españolas de hoy.
Los programas de estudios suelen ser de nombre rimbombante pero realmente simplones. Con este profesorado y con este alumnado nadie puede esperar otra cosa. Supongo que muchos de los que se hayan pasado por semejante institución habrán tenido la experiencia: es muy desagradable, muy frustrante, comprobar que tu profesor tiene menos conocimiento de partes fundamentales de la materia en cuestión que tú. ¿Qué te puede, entonces, enseñar ese? ¿Para qué estás tú allí? Con esto no quiero decir que yo sepa mucho, sino que hay muchos profesores que saben muy poco.
La universidad española está hecha unos zorros. Muchos se han largado de allí asqueados».
(Comentarios hechos por León Riente sobre la universidad después una pregunta mía).
Publicado por HOMOLOGANTE