Todos hemos oído hablar de la alquimia alguna vez. Esta palabra tiene connotaciones un tanto místicas y “mágicas” pero ¿qué fue, en todo rigor, la alquimia?
El término alquimia se utiliza para recoger todo el desarrollo de la Química desde el año 300 a.C al 1500 d.C aproximadamente ¡Estamos hablando de un periodo de cerca de 2000 años! Sin duda, lleno de numerosos protagonistas e historias, algunas de las cuales nunca llegaremos a conocer.
La alquimia fue el resultado final del solapamiento entre varias corrientes como son la filosofía griega clásica (herencia de Aristóteles), las prácticas “mágicas” y religiosas del misticismo oriental y aspectos prácticos de la cultura egipcia. Puede definirse como una amalgación de ciertas técnicas químicas de laboratorio y especulaciones filosóficas que comenzarán a ser una disciplina formal en la Europa cristiana.
En una cultura claramente especulativa y centrada en el pensamiento teórico, los pensadores griegos de Alejandría admiraban a los artesanos egipcios tan habilidosos, por su capacidad para preparar jugos, transformar materiales y tratar productos naturales. A este arte se le llamó Khemeia. Con la llegada de los árabes, el vocablo pasó a ser alkimiga y en la Europa cristiana pasó a denominarse, en latín, alkimiya, lo que en castellano más reciente pasó a ser alquimia.
En la alquimia a su vez se distinguen varios periodos: alquimia helenística (siglos III a.C-III d.C), alquimia árabe (siglos VII-XI) y la alquimia cristiana (siglos XII-XV).
La alquimia helenística
Apenas hay escritos sobre alquimia helenística y el lenguaje empleado era bastante encriptado. Hermes Trimegisto era el dios protector de los alquimistas. Este hecho hizo que el término “hermético” haya quedado en la historia para describir a personas muy reservadas que guardan , cautelosas, sus vidas… Así eran los alquimistas. La alquimia era el arte hermético.
La teoría central de esta época era la Teoría de los Cuatro Elementos de Aristóteles, según la cual combinando las cuatro propiedades (frío, calor, humedad y sequedad) de las sustancias se podían transformar unas en otras. También recogen de Aristóteles la idea de que hay una tendencia natural hacia la perfección. Por ello todos los metales tenderían a transformarse en el metal perfecto: el oro. Aquí se inicia el gran afán de los alquimistas a lo largo de la historia: la transmutación de los metales en oro. Hoy sabemos que, por métodos químicos, esta misión es imposible. Sin embargo, todos los intentos llevados a cabo a lo largo de la historia para lograr la transmutación aportarán métodos, instrumentos y sustancias que serán muy útiles como fundamento de la química práctica.
Así en esta época de la alquimia se obtuvieron venenos como el acetato de plomo y derivados del arsénico. También se diseñaron métodos para obtener aleaciones doradas y se diseñaron numerosos instrumentos de laboratorio como el alambique o los hornos de tostación. Como protagonista destaca Bolos de Mendes (200 a.C), que firmaba sus escritos como pseudo-Demócrito.
La alquimia árabe
La expansión del Islam trajo consigo una nueva teoría alquimista según la cual podría prepararse oro, entendido como una combinación de humedad y calor, combinando mercurio (que aportaba la humedad, ya que es líquido) y azufre (de color amarillento). Sin embargo, el mercurio no moja y el azufre es difícil de disolver, por tanto, ¿cómo se podían mezclar? Geber (760 d.C) postuló que debería existir una sustancia o al-iksir (hoy elixir) que facilitase la mezcla.
Este elixir se encontraría en las sustancias naturales y se obtendría por destilación. Aunque el objetivo no tenía fundamento científico, lo cierto es que todos estos ensayos sirvieron para perfeccionar y desarrollar las técnicas de destilación, tan útiles en química.
Otro alquimista importante de esta época fue Rhazes (860-923 d.C) quien clasificó las sustancias en varios tipos atendiendo a aspectos prácticos y no a aspectos místicos o filosóficos: espíritus (sustancias volátiles como azufre, mercurio, etc.), cuerpos metálicos (metales conocidos en aquella época excepto el mercurio), piedras (rocas y minerales, lo que hoy serían los compuestos iónicos) , vitriolos (el aceite de vitriolo era el ácido sulfúrico y los vitriolos, los sulfatos), boráceos (alcalis empleadas para preparar jabones) y sales (carbonatos y algunas más).
La alquimia cristiana
La alquimia cristiana recogerá la teoría de los Cuatro Elementos de Aristóteles y la teoría del mercurio-azufre de Geber. Utiliza el concepto de piedra filosofal, versión cristiana del elixir árabe. Jabir (también llamado falso Geber) obtuvo ácido nítrico, aceite de vitriolo y otros ácidos fuertes. Ello implicó que se pudieran disolver metales y con ello se desarrollara el campo de la reactividad química (claro que ellos desconocían qué era lo que ocurría en sus recipientes).
Alberto Magno, patrón de los químicos, será el primero en introducir el concepto de afinidad química. Escribió numerosos textos sobre operaciones de laboratorio y era partidario de la transmutación. Fue profesor en la Universidad de París. Fue maestro de Roger Bacon, alquimista inglés con una visión científica muy avanzada para su época que estudió la preparación de explosivos con mucho detalle.
Fue en el siglo XVII con Robert Boyle, quien estudió los gases y llevó a cabo medidas precisas, cuando comenzó la época de la química moderna; la química científica, basada en el método científico. Poco a poco la alquimia tomará una dimensión más orientada hacia la cura de enfermedades. El elixir ya no sólo transmutaba todos los metales en oro sino que también era una fuente de juventud eterna.
A finales del siglo XVIII, Lavoisier formularía la ley de conservación de la masa, piedra angular de la química del siglo XIX y publicaría su obra Tratado Elemental de la Química, que aportó una visión unificada del conocimiento químico recogiendo las teorías químicas y la nueva nomenclatura.
Así, partiendo de una mezcla de filosofía y magia llegamos a la Química, una ciencia experimental basada en el método científico y que junto con la Física, usando el lenguaje de las Matemáticas, permite explicar todos los aspectos de la materia y el Universo. Sin duda, un objetivo mucho más ambicioso que obtener el deseado oro.
El término alquimia se utiliza para recoger todo el desarrollo de la Química desde el año 300 a.C al 1500 d.C aproximadamente ¡Estamos hablando de un periodo de cerca de 2000 años! Sin duda, lleno de numerosos protagonistas e historias, algunas de las cuales nunca llegaremos a conocer.
La alquimia fue el resultado final del solapamiento entre varias corrientes como son la filosofía griega clásica (herencia de Aristóteles), las prácticas “mágicas” y religiosas del misticismo oriental y aspectos prácticos de la cultura egipcia. Puede definirse como una amalgación de ciertas técnicas químicas de laboratorio y especulaciones filosóficas que comenzarán a ser una disciplina formal en la Europa cristiana.
En una cultura claramente especulativa y centrada en el pensamiento teórico, los pensadores griegos de Alejandría admiraban a los artesanos egipcios tan habilidosos, por su capacidad para preparar jugos, transformar materiales y tratar productos naturales. A este arte se le llamó Khemeia. Con la llegada de los árabes, el vocablo pasó a ser alkimiga y en la Europa cristiana pasó a denominarse, en latín, alkimiya, lo que en castellano más reciente pasó a ser alquimia.
En la alquimia a su vez se distinguen varios periodos: alquimia helenística (siglos III a.C-III d.C), alquimia árabe (siglos VII-XI) y la alquimia cristiana (siglos XII-XV).
La alquimia helenística
Apenas hay escritos sobre alquimia helenística y el lenguaje empleado era bastante encriptado. Hermes Trimegisto era el dios protector de los alquimistas. Este hecho hizo que el término “hermético” haya quedado en la historia para describir a personas muy reservadas que guardan , cautelosas, sus vidas… Así eran los alquimistas. La alquimia era el arte hermético.
La teoría central de esta época era la Teoría de los Cuatro Elementos de Aristóteles, según la cual combinando las cuatro propiedades (frío, calor, humedad y sequedad) de las sustancias se podían transformar unas en otras. También recogen de Aristóteles la idea de que hay una tendencia natural hacia la perfección. Por ello todos los metales tenderían a transformarse en el metal perfecto: el oro. Aquí se inicia el gran afán de los alquimistas a lo largo de la historia: la transmutación de los metales en oro. Hoy sabemos que, por métodos químicos, esta misión es imposible. Sin embargo, todos los intentos llevados a cabo a lo largo de la historia para lograr la transmutación aportarán métodos, instrumentos y sustancias que serán muy útiles como fundamento de la química práctica.
Así en esta época de la alquimia se obtuvieron venenos como el acetato de plomo y derivados del arsénico. También se diseñaron métodos para obtener aleaciones doradas y se diseñaron numerosos instrumentos de laboratorio como el alambique o los hornos de tostación. Como protagonista destaca Bolos de Mendes (200 a.C), que firmaba sus escritos como pseudo-Demócrito.
La alquimia árabe
La expansión del Islam trajo consigo una nueva teoría alquimista según la cual podría prepararse oro, entendido como una combinación de humedad y calor, combinando mercurio (que aportaba la humedad, ya que es líquido) y azufre (de color amarillento). Sin embargo, el mercurio no moja y el azufre es difícil de disolver, por tanto, ¿cómo se podían mezclar? Geber (760 d.C) postuló que debería existir una sustancia o al-iksir (hoy elixir) que facilitase la mezcla.
Este elixir se encontraría en las sustancias naturales y se obtendría por destilación. Aunque el objetivo no tenía fundamento científico, lo cierto es que todos estos ensayos sirvieron para perfeccionar y desarrollar las técnicas de destilación, tan útiles en química.
Otro alquimista importante de esta época fue Rhazes (860-923 d.C) quien clasificó las sustancias en varios tipos atendiendo a aspectos prácticos y no a aspectos místicos o filosóficos: espíritus (sustancias volátiles como azufre, mercurio, etc.), cuerpos metálicos (metales conocidos en aquella época excepto el mercurio), piedras (rocas y minerales, lo que hoy serían los compuestos iónicos) , vitriolos (el aceite de vitriolo era el ácido sulfúrico y los vitriolos, los sulfatos), boráceos (alcalis empleadas para preparar jabones) y sales (carbonatos y algunas más).
La alquimia cristiana
La alquimia cristiana recogerá la teoría de los Cuatro Elementos de Aristóteles y la teoría del mercurio-azufre de Geber. Utiliza el concepto de piedra filosofal, versión cristiana del elixir árabe. Jabir (también llamado falso Geber) obtuvo ácido nítrico, aceite de vitriolo y otros ácidos fuertes. Ello implicó que se pudieran disolver metales y con ello se desarrollara el campo de la reactividad química (claro que ellos desconocían qué era lo que ocurría en sus recipientes).
Alberto Magno, patrón de los químicos, será el primero en introducir el concepto de afinidad química. Escribió numerosos textos sobre operaciones de laboratorio y era partidario de la transmutación. Fue profesor en la Universidad de París. Fue maestro de Roger Bacon, alquimista inglés con una visión científica muy avanzada para su época que estudió la preparación de explosivos con mucho detalle.
Fue en el siglo XVII con Robert Boyle, quien estudió los gases y llevó a cabo medidas precisas, cuando comenzó la época de la química moderna; la química científica, basada en el método científico. Poco a poco la alquimia tomará una dimensión más orientada hacia la cura de enfermedades. El elixir ya no sólo transmutaba todos los metales en oro sino que también era una fuente de juventud eterna.
A finales del siglo XVIII, Lavoisier formularía la ley de conservación de la masa, piedra angular de la química del siglo XIX y publicaría su obra Tratado Elemental de la Química, que aportó una visión unificada del conocimiento químico recogiendo las teorías químicas y la nueva nomenclatura.
Así, partiendo de una mezcla de filosofía y magia llegamos a la Química, una ciencia experimental basada en el método científico y que junto con la Física, usando el lenguaje de las Matemáticas, permite explicar todos los aspectos de la materia y el Universo. Sin duda, un objetivo mucho más ambicioso que obtener el deseado oro.