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Experiencias con Hongos Visionarios

Ciencia Educacion11/14/2011
Mi experiencia con hongos Psilocybe cubensis u hongos visionarios fue muy fuerte y extraordinaria, lo recuerdo muy claramente a pesar del tiempo transcurrido, fue dicha experiencia producto de la “moda psicodélica” de aquellas épocas, a finales de los años 70´s.
A pesar de los años transcurridos, aún puedo imaginar la rara sensación que sentía en mi mente y en mi entorno físico, todo esto en compañía de dos amigos míos, junto con los cuales consumimos un número indeterminado de hongos mágicos o alucinógenos.
Tras haber caminado un par de kilómetros entre terrenos y pastizales divididos por alambradas de púas y en cuyo interior pastaban varias reses de raza cebú, quienes rumiaban tranquilamente el pasto, ignorando por completo la razón de nuestra tímida presencia, siempre alertas de algún toro bravo o de vaqueros molestos por nuestra invasión a terrenos ajenos.
Pero como magia, a los pocos pasos dentro de los “potreros” surgió de pronto la imagen nítida de unos inmaculados sombreritos, unos por aquí y otros por allá, hasta encontrarnos los tres amigos con varios ejemplares de “San Isidros”, hermosos hongos grandes y de gran sombrero.
Como ninguno de los tres habíamos tenido una experiencia previa con tan interesantes ejemplares, cierto temor a lo desconocido hizo que mi pulso se acelerara, me invadía cierto nerviosismo y con ello empezamos a comerlos, prácticamente “in situ” o sea donde los encontrábamos.
No sé cuántos nos comimos y para disminuir el no tan delicioso gusto de los hongos, unos limones que cortamos de algunos árboles dentro del mismo terreno, nos sirvieron un poco para dicho fin.
Como era finales de Mayo de pronto se nos deja venir un fuerte pero corto aguacero, de modo que totalmente empapados, iniciamos el viaje de retorno a un área recreativa, lugar donde solíamos jugar Beisbol rutinariamente.
Para cuando llegamos al área cercana a nuestro diamante y luego de aproximadamente una hora de ingeridos, los tan famosos hongos empiezan de pronto a estallar en nuestro interior.
Los primeros indicios de los largos y fuertes efectos se hicieron sentir, una hilaridad inexplicable nos invadió a todos, reíamos por nada y empecé a notar que los rostros de mis dos amigos eran algo raros, podía ver los vellos de sus caras, incipientes bigotes, cejas y pestañas de un tamaño descomunal. Cuando veo al cielo miro una gran cantidad de nubes arremolinarse y soltarse en movimiento claramente visibles, formando formas y figuras caprichosas e intrigantes.
Algunos amigos que caminaban en el amplio y despejado campo, adyacente al diamante de beisbol nos miraban preocupados…y a todos ellos les miraba rostros extraordinariamente velludos y ciertamente deformes. Los hongos apenas empezaban a mostrarnos su poder.
Unos momentos después, miraba con extraordinaria claridad que los colores del pasto eran muy fluorescentes, igual pasaba con los árboles y los colores del cielo. ¡Hasta que todo cobró vida propia!.
Los árboles movían sus ramas y crecían desmesuradamente, el pasto crecía hasta llegar casi a mis rodillas, vale decir que fue por demás impactante y me tomé varios minutos en “analizar” la corteza arrugada de un viejo árbol, pero eso que era corteza, era de todo menos corteza. Miraba en las arrugas figuras humanoides y ciertamente pequeños seres moviéndose en desorden aparente.
Para no hacer muy largo mi relato, fueron varias horas de vivir en un mundo totalmente extraño, una especie de dimensión desconocida, casi irreconocible. Un mundo de sensaciones extrañas en el cuerpo, de sonidos amplificados o a veces disminuidos, de formas tridimensionales en desorden, al extremo que no fui capaz de reconocer la puerta de entrada a mi casa, pues en lugar de casa miraba una maraña de formas geométricas en desorden y cambiantes, un mundo surrealista incomprensible, muy pero muy difícil de explicar y que solo puede ser sentido y visto pero no puede describirse, por no saber cómo hacerlo.
Para mi madre fue tremendo ver el estado en que me encontraba, ya para ese entonces los familiares de mis amigos se habían hecho cargo de los suyos, recordando que antes de ingresar a mi casa, la madre de uno de mis amigos de aventura, me quiso dar un vaso de agua con sal para lograr así vomitar, yo lo vi increíblemente grande y raro, y torpemente se me cayó de las manos, viendo cómo este se destruía en el piso a una velocidad parecida a la cámara lenta.
En la cama y con la ropa mojada y llena de lodo al igual que los zapatos, me lancé cuan largo soy y horizontal, vi enormes patrones de colores que parecían dientes que se movían conforme a mi respiración, no podía ver techo, solo cientos de colores caleidoscópicos vibrando vivamente, de forma poderosa, como energía extraña que abarcaba casi toda mi vista. Igual era cerrar los ojos que abrirlos, los colores y las figuras eran fantásticos y hermosamente horribles.
Me levanté y me dirigí a un espejo de un ropero, vi mi rostro y mi cuerpo pero no pude reconocerme, me miraba totalmente raro y sinceramente me asusté.
De pronto entra a la habitación, mi señora madre acompañada por otra señora vecina nuestra, pero que ya había tenido experiencias similares con su hijo. Me hablo infundiéndome calme pero yo me reí de sus rostros tan deformes y velludos. Al poco tiempo mi madre me dio a beber todo un litro de leche, recuerdo bien la marca, en una presentación de bolsa plástica, la consumí con avidez, pues sentía una especie de gusto metálico en mi garganta, lo que describí como “sabor a óxido”.
Lo que a continuación pasó me agradó profundamente. De una caja de galletas metálica y estampada de flores, de pronto salían de la caja y se esparcían por toda la habitación, flotaban a torrentes. Un poco más tarde y ya anocheciendo, salí a la puerta de mi casa y vi un cielo estrellado, pero ¡que estrellado!, para mi sorpresa muchas de esas estrellas se movían y cambiaban su luz de intensidad…
Ya por último regresaba poco a poco a la normalidad y una sensación de bienestar increíble me invadió, una sensación de haber nacido de nuevo, de felicidad indescriptible fue el final de tan sorprendente viaje de un inexperto y joven psiconáuta.
Luego de esto, unos años de abstinencia y para mi sorpresa un amigo me regala una bolsa conteniendo ¡catorce peyotes!...pero ese es otro tema, si es que les llegara a interesar.
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