Animado por mi primera aventura psicodélica con mezcalina y sobre todo porque no perdí el control de mis emociones durante el “tranquilo” viaje inicial, decidí planificar una experiencia más.
Esta vez no fui solo al extraño y placentero viaje al interior de mi mente, en realidad fuimos cuatro amigo, a los cuales convencí de que la mescalina “abre la clarividencia o tercer ojo”, eso según lecturas de algunos libros esotéricos de la época.
Fue en casa de uno de los amigos donde nos reunimos un sábado por la tarde. Ellos nunca antes habían tenido contacto con ninguna droga, digamos por ejemplo la Marihuana, de la cual ya para ese entonces, era yo todo un Master con vasta experiencia y dedicación al asunto de los porros.
¡Ah juventud tan sedienta de experiencias!, no bastaba las quietas y a veces locuaces sensaciones de la yerba. Quería ver y sentir cosas raras, ¡y eso fue exactamente lo que conseguí!
Según Carlos Castañeda, “Mezcalito” o espíritu del peyote se congracia o se enoja con el usuario del cacto mágico, todo depende de las intenciones, de la preparación, ritual, estado de ánimo, cantidades consumidas…y sobre todo; que le agrade a “mezcalito”, pues de lo contrario el viaje no resulta nada divertido.
En nuestro caso recuerdo que al momento de ingerirlos, escuchábamos música del autor argentino Waldo de los Ríos y era esta música clásica muy a su estilo, cosa que desde entonces me gustó mucho. Aparte también Strauss nos deleitaba con su Danubio Azul.
Eso fue precisamente lo que un amigo del grupo bailó imaginando una bella dama, ya con las primeras influencias del peyote en su cuerpo y mente.
De mi parte y queriendo lograr más profundas sensaciones, dupliqué la dosis de mi anterior experiencia, de modo que fueron dos de los más grandes peyotes, que por cierto apenas logre consumir, porque sinceramente lo amargo al momento de masticar la planta, hacía de esto un trabajo difícil, aunque debo de confesar que nunca en ambas oportunidades vomité, pero recuerde algunas sensaciones de nausea por su amargo sabor.
Cuando todos habíamos comido y mientras platicábamos, empezamos a experimentar cierto estado de euforia agradable, pero como se hacía de noche todos creyendo que no existiría mayor efecto, nos despedimos a nuestra casa, salvo por supuesto el anfitrión.
Como yo sabía que no se quedaría así la cosa, me encerré en mi cuarto y apague toda luz, queriendo por supuesto volver a repetir los estados de relajación y meditación para ver qué pasaba.
Unos momentos después empecé ver las ya conocidas pero siempre cambiantes y novedosas mándalas y figuras caleidoscópicas, solo que esta vez más grandes y muy luminosas.
El asunto es que tenía mi mente tranquila hasta cierto punto y decidí hacer algunos experimentos.
El primero de ellos fue ordenarle a mi mente proyectara en la oscuridad un paisaje…y eso fue lo que vi, unas montañas lejanas unos bosques casi al horizonte y un amplio y verde pastizal.
¡Que hermoso!, lo estuve contemplando por algunos minutos, pero se me ocurrió la lamentable idea de querer ver sexo xxx.
Ciertamente lo vi, una pareja haciendo el sexo muy nítidamente. Podía verlos en movimiento y tan claramente como una película, sin embargo un par de minutos después, esa visión se vio terriblemente perturbada por unas extrañas criaturas con forma de diablos.
¡Demonios y eso qué!, fue lo que más o menos dije cuando los vi. Primero eran dos o tres que me miraban nítidamente y con cara burlona, saltaban, se movían como monos y me hacían ademanes grotescos.
Luego ya no eran dos o tres sino docenas de ellos. ¡Llenaban todo mi espacio visual!, a lo cual y algo desesperado les decía -¡largo malditos!, pero lejos de desvanecerse se burlaban más.
Me entró cierto pánico y pensé que lo mejor era regresar a la casa de mi amigo, pero para llegar allá, tenía que atravesar un bosque muy tupido de unos 300 metros de largo y para colmo de noche.
Cuando caminé hacia el mencionado bosque y me interné dentro de esa oscuridad, los arboles sombríos parecían guardarme malas sorpresas y así fue, los malditos diablos se escondían detrás de los árboles y de plantas de café. Me aparecían siempre con sus horribles caras burlonas que ya para ese momento me tenían francamente molesto…y asustado.
Para colmo me perdí entre las sombras de los árboles, matas de café y un festival de visiones sin parar.
Los golpes eran cosa común, me topaba con todo, pero afortunadamente logré ubicarme y salir de regreso a casa.
Sentí un gran alivio ver de nuevo la calle iluminada con su luz pública, pero la noté vacía, ni modo ya era bastante tarde de la noche.
Nuevamente en mi cuarto traté de calmarme, respiré y tomé agua. Apagué la luz y todo quedo en una total oscuridad. Los malditos seres burlones habían desaparecido… -¡ah pero qué bien! dije, pero canté victoria muy rápido.
Entonces hacen su aparición dos cosas totalmente nuevas y sorprendentes; por un lado empiezo a escuchar sonidos muy claros y súper extraños y por otro salen de la nada unas grotescas figuras simples pero horribles, eran ojos abiertos unidos a unos labios que se reían y mostraban dientes normales pero burlones, todo eso estaba unido por una tira de piel que rodeaba el ojo sin cejas que se estrechaba a la boca, la rodeaba muy cercanamente y no tenía nariz ni mentón.
Esas figuras sí que eran burlonas y lo peor, aparecieron por cientos, unas se alejaban y otras se acercaban danzando macabramente y haciendo sonidos indescriptibles, algunas de estas figuras se hacían muy grandes, aparte de ello eran diferentes unas de otras en colores de ojos, aunque la piel era más bien clara.
Esto ya no lo soportaría mucho, pero pensaba que tenía que pasar, me lo repetía constantemente, yo sabía que tendría que pasar.
Si bien es cierto uno imagina cosas desagradables, creo que lo que vi posterior a ese desfile de ojos supera fácilmente a mi pobre imaginación.
Al momento de escribir esto, el recuerdo de esas imágenes me hace estremecer, ver con absoluta nitidez la aparición de unos seres que emitían sonidos horribles y estos eran ancianos desdentados, casi calvos con un poco de pelo desordenado y blanco en las sienes. Hasta aquí normal, pero el problema eran sus cuerpos, si es que se les puede llamar así a una babosa gigante, pero con piernas, pies, brazos y manos que se arrastraban de forma grotesca con ese cuello y cabezas que me miraban tan vívida y nítidamente…
No sé exactamente cuánto tiempo duró esas visiones, pero tienen un clímax que fue largo…largo…largo, pero las horas pasan y ya para el amanecer las visiones eran mucho más suaves, nuevamente colores y cosas ya reconocibles y con la salida del sol, aún miraba vibraciones coloreadas en el cielo o a cualquier punto en que mirara, cosa que ya para esas alturas eran un mero juego de niños.
Esas fueron mis experiencias con alucinógenos en esos tremendos años de psicodelia.
Puedo concluir diciendo que lo más fuerte fue la experiencia con hongos, pero estos me distorsionaron la realidad circundante y cambiaron mi entorno en algo casi irreconocible, con una sensación de estar en otra dimensión o planeta, por otro lado fueron largas las horas de alucinamiento total.
El peyote produce similares figuras de colores, pero a diferencia yo no perdí el concepto normal del mundo tridimensional en el que vivimos, los arboles seguían siendo árboles, no se movían, pero en cambio miraba cosas increíblemente fantásticas y aterradoras como un cine de tres dimensiones y con sonido de infra mundo
incorporado.
Espero les haya servido como diversión, o como una idea más o menos aproximada de lo que significa un viaje al mundo psicodélico y visionario.
Por último todo lo que escribí no es producto de mi imaginación, no al menos la narrativa, puesto que traté de transcribir unas experiencias tales y como las recuerdo…y que jamás las podré olvidar.
Esta vez no fui solo al extraño y placentero viaje al interior de mi mente, en realidad fuimos cuatro amigo, a los cuales convencí de que la mescalina “abre la clarividencia o tercer ojo”, eso según lecturas de algunos libros esotéricos de la época.
Fue en casa de uno de los amigos donde nos reunimos un sábado por la tarde. Ellos nunca antes habían tenido contacto con ninguna droga, digamos por ejemplo la Marihuana, de la cual ya para ese entonces, era yo todo un Master con vasta experiencia y dedicación al asunto de los porros.
¡Ah juventud tan sedienta de experiencias!, no bastaba las quietas y a veces locuaces sensaciones de la yerba. Quería ver y sentir cosas raras, ¡y eso fue exactamente lo que conseguí!
Según Carlos Castañeda, “Mezcalito” o espíritu del peyote se congracia o se enoja con el usuario del cacto mágico, todo depende de las intenciones, de la preparación, ritual, estado de ánimo, cantidades consumidas…y sobre todo; que le agrade a “mezcalito”, pues de lo contrario el viaje no resulta nada divertido.
En nuestro caso recuerdo que al momento de ingerirlos, escuchábamos música del autor argentino Waldo de los Ríos y era esta música clásica muy a su estilo, cosa que desde entonces me gustó mucho. Aparte también Strauss nos deleitaba con su Danubio Azul.
Eso fue precisamente lo que un amigo del grupo bailó imaginando una bella dama, ya con las primeras influencias del peyote en su cuerpo y mente.
De mi parte y queriendo lograr más profundas sensaciones, dupliqué la dosis de mi anterior experiencia, de modo que fueron dos de los más grandes peyotes, que por cierto apenas logre consumir, porque sinceramente lo amargo al momento de masticar la planta, hacía de esto un trabajo difícil, aunque debo de confesar que nunca en ambas oportunidades vomité, pero recuerde algunas sensaciones de nausea por su amargo sabor.
Cuando todos habíamos comido y mientras platicábamos, empezamos a experimentar cierto estado de euforia agradable, pero como se hacía de noche todos creyendo que no existiría mayor efecto, nos despedimos a nuestra casa, salvo por supuesto el anfitrión.
Como yo sabía que no se quedaría así la cosa, me encerré en mi cuarto y apague toda luz, queriendo por supuesto volver a repetir los estados de relajación y meditación para ver qué pasaba.
Unos momentos después empecé ver las ya conocidas pero siempre cambiantes y novedosas mándalas y figuras caleidoscópicas, solo que esta vez más grandes y muy luminosas.
El asunto es que tenía mi mente tranquila hasta cierto punto y decidí hacer algunos experimentos.
El primero de ellos fue ordenarle a mi mente proyectara en la oscuridad un paisaje…y eso fue lo que vi, unas montañas lejanas unos bosques casi al horizonte y un amplio y verde pastizal.
¡Que hermoso!, lo estuve contemplando por algunos minutos, pero se me ocurrió la lamentable idea de querer ver sexo xxx.
Ciertamente lo vi, una pareja haciendo el sexo muy nítidamente. Podía verlos en movimiento y tan claramente como una película, sin embargo un par de minutos después, esa visión se vio terriblemente perturbada por unas extrañas criaturas con forma de diablos.
¡Demonios y eso qué!, fue lo que más o menos dije cuando los vi. Primero eran dos o tres que me miraban nítidamente y con cara burlona, saltaban, se movían como monos y me hacían ademanes grotescos.
Luego ya no eran dos o tres sino docenas de ellos. ¡Llenaban todo mi espacio visual!, a lo cual y algo desesperado les decía -¡largo malditos!, pero lejos de desvanecerse se burlaban más.
Me entró cierto pánico y pensé que lo mejor era regresar a la casa de mi amigo, pero para llegar allá, tenía que atravesar un bosque muy tupido de unos 300 metros de largo y para colmo de noche.
Cuando caminé hacia el mencionado bosque y me interné dentro de esa oscuridad, los arboles sombríos parecían guardarme malas sorpresas y así fue, los malditos diablos se escondían detrás de los árboles y de plantas de café. Me aparecían siempre con sus horribles caras burlonas que ya para ese momento me tenían francamente molesto…y asustado.
Para colmo me perdí entre las sombras de los árboles, matas de café y un festival de visiones sin parar.
Los golpes eran cosa común, me topaba con todo, pero afortunadamente logré ubicarme y salir de regreso a casa.
Sentí un gran alivio ver de nuevo la calle iluminada con su luz pública, pero la noté vacía, ni modo ya era bastante tarde de la noche.
Nuevamente en mi cuarto traté de calmarme, respiré y tomé agua. Apagué la luz y todo quedo en una total oscuridad. Los malditos seres burlones habían desaparecido… -¡ah pero qué bien! dije, pero canté victoria muy rápido.
Entonces hacen su aparición dos cosas totalmente nuevas y sorprendentes; por un lado empiezo a escuchar sonidos muy claros y súper extraños y por otro salen de la nada unas grotescas figuras simples pero horribles, eran ojos abiertos unidos a unos labios que se reían y mostraban dientes normales pero burlones, todo eso estaba unido por una tira de piel que rodeaba el ojo sin cejas que se estrechaba a la boca, la rodeaba muy cercanamente y no tenía nariz ni mentón.
Esas figuras sí que eran burlonas y lo peor, aparecieron por cientos, unas se alejaban y otras se acercaban danzando macabramente y haciendo sonidos indescriptibles, algunas de estas figuras se hacían muy grandes, aparte de ello eran diferentes unas de otras en colores de ojos, aunque la piel era más bien clara.
Esto ya no lo soportaría mucho, pero pensaba que tenía que pasar, me lo repetía constantemente, yo sabía que tendría que pasar.
Si bien es cierto uno imagina cosas desagradables, creo que lo que vi posterior a ese desfile de ojos supera fácilmente a mi pobre imaginación.
Al momento de escribir esto, el recuerdo de esas imágenes me hace estremecer, ver con absoluta nitidez la aparición de unos seres que emitían sonidos horribles y estos eran ancianos desdentados, casi calvos con un poco de pelo desordenado y blanco en las sienes. Hasta aquí normal, pero el problema eran sus cuerpos, si es que se les puede llamar así a una babosa gigante, pero con piernas, pies, brazos y manos que se arrastraban de forma grotesca con ese cuello y cabezas que me miraban tan vívida y nítidamente…
No sé exactamente cuánto tiempo duró esas visiones, pero tienen un clímax que fue largo…largo…largo, pero las horas pasan y ya para el amanecer las visiones eran mucho más suaves, nuevamente colores y cosas ya reconocibles y con la salida del sol, aún miraba vibraciones coloreadas en el cielo o a cualquier punto en que mirara, cosa que ya para esas alturas eran un mero juego de niños.
Esas fueron mis experiencias con alucinógenos en esos tremendos años de psicodelia.
Puedo concluir diciendo que lo más fuerte fue la experiencia con hongos, pero estos me distorsionaron la realidad circundante y cambiaron mi entorno en algo casi irreconocible, con una sensación de estar en otra dimensión o planeta, por otro lado fueron largas las horas de alucinamiento total.
El peyote produce similares figuras de colores, pero a diferencia yo no perdí el concepto normal del mundo tridimensional en el que vivimos, los arboles seguían siendo árboles, no se movían, pero en cambio miraba cosas increíblemente fantásticas y aterradoras como un cine de tres dimensiones y con sonido de infra mundo
incorporado.
Espero les haya servido como diversión, o como una idea más o menos aproximada de lo que significa un viaje al mundo psicodélico y visionario.
Por último todo lo que escribí no es producto de mi imaginación, no al menos la narrativa, puesto que traté de transcribir unas experiencias tales y como las recuerdo…y que jamás las podré olvidar.