La legitimidad de Macri
No es necesario elaborar sendos análisis acerca de la composición del voto macrista ya que el dato significativo es que casi el 65% del electorado de la ciudad de Buenos Aires ha dado su aval a la gestión actual para continuar 4 años más.
No importa si fue votado por los votantes conservadores, los "apolíticos", los manipulados, los que añoran al Boca campeón, los que quisieron expresar su desacuerdo con el gobierno nacional, los que realmente ven a la ciudad mejor (en temas como el tránsito, la basura, el estado de los hospitales, las escuelas, etc), los lectores fieles de Clarín o los que creen que la política se trata de globos de colores con música porque tiene más onda que escuchar palabras esdrújulas en oraciones complejas.
Lo importante, el dato realmente relevante, es que Macri ha logrado -a pesar de los escándalos de su paso por la gestión pública- una legitimidad aún superior a la que le otorgaron las urnas allá por 2007, cuando no había datos empíricos de su accionar político más que su aburrimiento en su paso por la cámara de diputados.
Ese dato, la mayor legitimidad, le otorgó a Macri un cheque en blanco que estaremos financiando durante 4 años más. Abel Posse, el Fino Palacios, Federico Young, el conflicto docente, el conflicto en salud, los contratos de la basura, la UCEP, la red de espionaje paraestatal montada para espiar a los familiares del atentado a la AMIA y opositores, la paralización de la ampliación de la red de subterraneos, el beneficio a las escuelas privadas en detrimento de la escuela pública, el endeudamiento público, la subejecución en todas las áreas sociales como por ejemplo en vivienda, la banalización de la política; todo esto ha sido apoyado por amplísima mayoría en la ciudad de Buenos Aires.
Es de esperar, entonces, la profundización del modelo macrista -ideológicamente neoliberal por más disfraz de apoliticidad en el que pretenden envolverlo- y la solidificación del rumbo que a fuerza de prueba y error trajo el macrismo a esta ciudad. Ningún proyecto político puede ser llevado a cabo sin legitimidad de base y ahora, con el resultado en la mano, en las usinas del PRO podrán festejar con algarabía ya que toda política que apliquen a partir de ahora será incuestionablemente voluntad de los ciudadanos porteños.
Seguramente habrá sendos conflictos cuando se sientan los embates de esta mayoría contra la minoría que resiste al neoliberalismo porteño; y seguramente muchos de los que le dieron su voto protestarán entre dientes cuando vean el resultado de su apoyo político al PRO (así como al otro día de ganar en 2009 nombró al procesado por encubrir el atentado a la AMIA Jorge "Fino" Palacios). Seguramente habrá muchos votantes macristas indignados cuando Mauricio le preste explícitamente su legitimidad al proyecto nacional Duhaldista. O cuando cambie de sentido otra calle, o cuando haya cortes de calle por las protestas que generan sus políticas. Pero el voto es libre y nadie puso una pistola en la cabeza de los votantes y habrá que respetar la voluntad popular a la vez que hacerse cargo de lo que uno vota.
Es un día triste para la minoría que tenemos otra visión de la ciudad, el país y el mundo. Y habrá que revisar los errores cometidos y reflexionar acerca de cómo seguir. Evidentemente habrá que buscar la forma de escuchar y comunicarnos mejor con los vecinos, de sortear el blindaje mediático, de sacar a la luz todo eso que nos ponen bajo la alfombra. Habrá que trabajar en tender puentes y aunar esfuerzos con otras fuerzas políticas y sociales más o menos afines y revisar estrategias. Pero hoy, ahora, así en caliente, no tiene mucho sentido.
Mientras el PRO, Duhalde y sus aliados mediáticos celebran e intentan nacionalizar el triunfo distrital , desde aquí el llamado es a la reflexión en este día tan gris en la ciudad.
No es necesario elaborar sendos análisis acerca de la composición del voto macrista ya que el dato significativo es que casi el 65% del electorado de la ciudad de Buenos Aires ha dado su aval a la gestión actual para continuar 4 años más.
No importa si fue votado por los votantes conservadores, los "apolíticos", los manipulados, los que añoran al Boca campeón, los que quisieron expresar su desacuerdo con el gobierno nacional, los que realmente ven a la ciudad mejor (en temas como el tránsito, la basura, el estado de los hospitales, las escuelas, etc), los lectores fieles de Clarín o los que creen que la política se trata de globos de colores con música porque tiene más onda que escuchar palabras esdrújulas en oraciones complejas.
Lo importante, el dato realmente relevante, es que Macri ha logrado -a pesar de los escándalos de su paso por la gestión pública- una legitimidad aún superior a la que le otorgaron las urnas allá por 2007, cuando no había datos empíricos de su accionar político más que su aburrimiento en su paso por la cámara de diputados.
Ese dato, la mayor legitimidad, le otorgó a Macri un cheque en blanco que estaremos financiando durante 4 años más. Abel Posse, el Fino Palacios, Federico Young, el conflicto docente, el conflicto en salud, los contratos de la basura, la UCEP, la red de espionaje paraestatal montada para espiar a los familiares del atentado a la AMIA y opositores, la paralización de la ampliación de la red de subterraneos, el beneficio a las escuelas privadas en detrimento de la escuela pública, el endeudamiento público, la subejecución en todas las áreas sociales como por ejemplo en vivienda, la banalización de la política; todo esto ha sido apoyado por amplísima mayoría en la ciudad de Buenos Aires.
Es de esperar, entonces, la profundización del modelo macrista -ideológicamente neoliberal por más disfraz de apoliticidad en el que pretenden envolverlo- y la solidificación del rumbo que a fuerza de prueba y error trajo el macrismo a esta ciudad. Ningún proyecto político puede ser llevado a cabo sin legitimidad de base y ahora, con el resultado en la mano, en las usinas del PRO podrán festejar con algarabía ya que toda política que apliquen a partir de ahora será incuestionablemente voluntad de los ciudadanos porteños.
Seguramente habrá sendos conflictos cuando se sientan los embates de esta mayoría contra la minoría que resiste al neoliberalismo porteño; y seguramente muchos de los que le dieron su voto protestarán entre dientes cuando vean el resultado de su apoyo político al PRO (así como al otro día de ganar en 2009 nombró al procesado por encubrir el atentado a la AMIA Jorge "Fino" Palacios). Seguramente habrá muchos votantes macristas indignados cuando Mauricio le preste explícitamente su legitimidad al proyecto nacional Duhaldista. O cuando cambie de sentido otra calle, o cuando haya cortes de calle por las protestas que generan sus políticas. Pero el voto es libre y nadie puso una pistola en la cabeza de los votantes y habrá que respetar la voluntad popular a la vez que hacerse cargo de lo que uno vota.
Es un día triste para la minoría que tenemos otra visión de la ciudad, el país y el mundo. Y habrá que revisar los errores cometidos y reflexionar acerca de cómo seguir. Evidentemente habrá que buscar la forma de escuchar y comunicarnos mejor con los vecinos, de sortear el blindaje mediático, de sacar a la luz todo eso que nos ponen bajo la alfombra. Habrá que trabajar en tender puentes y aunar esfuerzos con otras fuerzas políticas y sociales más o menos afines y revisar estrategias. Pero hoy, ahora, así en caliente, no tiene mucho sentido.
Mientras el PRO, Duhalde y sus aliados mediáticos celebran e intentan nacionalizar el triunfo distrital , desde aquí el llamado es a la reflexión en este día tan gris en la ciudad.