Fragmento extraído del libro de Horacio Gonzalez titulado Kirchnerismo: una controversia cultural. El libro es del año 2009, creo que hoy escribiría algo mucho más severo. Proliferación de embestidas y de voces: el “lugar raro” No hay nadie, de la vida cultural y política, que no haya sido alcanzado por el meteoro kirchneriano. Antiguas y cómodas posiciones han quedado trastornadas. Personajes establecidos en su hábito cultural, en su profesión ya delineada, han debido superarse o sucumbir en la tarea de pensarse en el ámbito de nuevas condiciones de existencia política. Lanata ha dicho que lanata dijo:“... desde el kirchnerismo para acá, se ha vuelto un momento difícil para escribir. El kirchnerismo terminó haciendo una confusión de roles que, en algún punto, es muy perversa. Te deja en un lugar raro, donde tenés que estar explicando si sos, no sos, si fuiste, si vas a ser, cuando en realidad ellos no son nada de lo que dicen que son. Pero te dejan culpable a vos. Es una cosa rara. Yo todavía no tengo bien claro cómo es la situación. Con respecto a Beatriz Sarlo, en su época socialista y después filorradical yo no me la bancaba. Ahora, en el último tiempo, Beatriz Sarlo, Tomás Abraham, Santiago Kovadloff, son tipos serios. Y últimamente, encontré en Beatriz Sarlo algunas cosas que están bien. Hay que tener bolas para escribir en este momento, y decir algo. Es un momento difícil, confuso, de mierda, donde todos te están esperando para matarte: te tiran todo el aparato oficial diciendo que vuelve la dictadura, lo ponen a Videla y me ponen a mí”. Muchas voces recortadas del gárrulo panel diario de opiniones, conducen a una perplejidad que impresiona y es nueva. He aquí a Lanata, arriba citado. No deja de ser adecuada su descripción del sentimiento confuso que lo embarga. Sin duda, se equivoca al hacer pasar si situación personal por un confuso problema de época. Cierto que orientarse supone un esfuerzo crítico superior, cierto que en el fragor de los epítetos, de lado a lado, se producen comparaciones infundadas –ni Menem es término de comparación para el gobierno, ni Videla para Lanata-, cierto que todos estamos inmersos en “nuestro lugar raro”, pues lo ocurrido hace difícil escribir, pues hacerlo es una práctica que reclama una porción de revisión autobiográfica. Pero no le hubiera sido difícil a Lanata orientarse en “la confusión de roles”, como lo evidencia el hecho de que ahora le gustan escritos que antes no le gustaban. Personalmente opino que Lanata no es culpable de nada, como no sea la dosis de culpa que anima toda existencia. No hay culpa social, hay un estilo de trabajo que él estimuló, sin haberlo fundado, basado en el periodismo rápido de ideas publicitarias, fileteado por zumbonas ironías, retrabajado por filigranas literarias para un público cultural un tanto obvio, transitado por la zona más ostensible del periodismo de investigación –ya cuando esta proporción fue tomada por costumbrismos del mercado periodístico antes que por la pasión política del “ciudadano que quiere saber”-. Lanata es, no cabe duda, un periodista movido por su insatisfacción. Lo revela su arte de despreciar y su construcción de una figura contradictoria, desagradable/inteligente, está extraída de personajes periodísticos de la literatura norteamericana, el fiscal individualista que en un mundo corrupto salva las dignidades colectivas sin ideologismos pero con un par de frases rimbombantes. Como personaje: interesante. Pero es una pena que en su caso lo actúe a costa de dejar de lado tantos otros lenguajes y estilos. Ha vuelto un reclamo de vida intelectual en el periodismo que Lanata nunca compartió, pues se vio como el combatiente solitario, outsider que extraía de sí todo el conocimiento, y lo que no, lo resolvía con un rápido y jocoso chascarrillo. Quizás la época nueva reclamaba otra relación entre retórica periodística y referencia histórico-social. Los tiempos que sobrevenían no admitían ya un sátiro literario mofándose del conjunto escénico de la política, y el sarcasmo propio del periódico estudiantil cargando a los profesores con irreverencia y destacable ingenio, debió dejar paso a la tesis de “la impostura del matrimonio Kirchner”.
Sobre Lanata: Horacio González
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