Hola amigos de Taringa les comparto este excelente poema del poeta y príncipe de las letras castellanas Ruben Darío, poeta Nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española, bueno para los que saben poco o nada de el acá les dejo el enlace de su biografía,
Aquí
Aquí el Poema, su letra y un análisis estructural del Poema.
Pocos poemas de Darío han sobrepasado la fama de su poema «A Roosevelt». Desarrollando un tema que era de actualidad palpitante en el año 1904, en que fue escrito, el poema se hizo popular inmediatamente y se ha venido citando como ejemplo de una manifestación literaria de un gran problema político-social nacido de las relaciones entre los Estados Unidos e Hispanoamérica. Me parece que, a pesar de su popularidad y de los innumerables comentarios que se le han dedicado, puede todavía intentarse un análisis más completo y otra interpretación del poema. Creo que un examen detallado de la composición hará resaltar algunas contradicciones en la última parte del poema donde Darío desarrolla la caracterización de Hispanoamérica, y que un estudio cuidadoso de estas contradicciones nos acercará a un conocimiento más amplio del significado del poema.
La situación dramática se establece en la estrofa inicial. El poeta se dirige a Roosevelt al cual ve como una amenaza a La América ingenua». Le presenta como «cazador» en referencia específica a su pasión por la caza y simbólica a su política de expansionismo agresivo. La invocación «voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman» explica el tono predicador en que ha de dirigirse al Roosevelt contradictorio en cuyo carácter predomina Nemrod, el cazador legendario, símbolo de la tiranía. Los Estados Unidos están personificados explícitamente en Roosevelt, la acusación se hace específica y el carácter de Hispanoamérica, tal y como se va a desarrollar más tarde en el poema, queda recapitulado en la segunda parte de la estrofa:
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
El contraste entre los dos pueblos se subraya en la segunda estrofa, al dar a Roosevelt algunos rasgos directamente opuestos a los contenidos en «ingenua». El es «soberbio» y «hábil»; al rechazar a Tolstoy se opone lo sencillo y lo pacífico al tiempo que Hispanoamérica viene a identificarse con estos atributos. El ansia de Roosevelt por la caza
está presentada de forma hiperbólica en la doble referencia a los grandes conquistadores Alejandro y Nabucodonosor. En tres versos paralelamente construidos se define su actitud de patente agresión antes de ser repudiada por el «No» desafiador, el cual, a pesar de que completa la métrica romance de la estrofa, está colocado aparte. El acortamiento gradual de los versos desde catorce sílabas al principio del poema a diez y a ocho, con el consiguiente apresuramiento rítmico, realza la cualidad climática del «No». Como frase aparte adquiere un acento propio enfático y hace resaltar la asonancia en «o», todo lo cual contribuye al tono predicador del poema. Los alejandrinos reaparecen en la tercera parte de la composición cuando el poeta describe, con imágenes de un poder temible, a los Estados Unidos en relación a Hispanoamérica:
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como él rugir del león.
Refiriéndose al reproche que Hugo hizo al general Grant, sugiere que el poderíoimperialista de los Estados Unidos amenaza a las jóvenes repúblicas del sur. La fuerza física («[el] culto de Hércules»), la avaricia («el culto de Mammón») y la propaganda cínica («alumbrando el camino de la fácil conquista, / la libertad levanta su antorcha») cooperan a alcanzar esa meta (2). En la parte final del poema Darío elabora la definición de Hispanoamérica
dada en la primera estrofa. La América que se enfrenta a los Estados Unidos contiene la doble herencia—la indígena y la española—:
La América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«.Yo no estoy en un lecho de rosas»;
La opinión implícita en este poema sobre los Estados Unidos constituye un claro resumen de las opiniones que Darío había expresado anteriormente a la composición de este poema. Véase JOSÉ AGUSTÍN BALSEIRO: .«Arieles y Calibanes»,- en Revista Hispánica Moderna, núm. XXI, pp. 46-53. En la segunda edición de
Azul... (1890), Darío había hecho hincapié en los valores materiales de los Estados Unidos, en su soneto a Walt Whitman, al iniciar el poema con las palabras: «En su país de hierro vive el gran viejo.» En su artículo «El triunfo de Calibán», publicado en El Tiempo (Buenos Aires, 20 de mayo de 1898), Darío desarrolla su teoría de la correspondencia entre los Estados Unidos y Calibán, que había indicado en Los raros (1896). Por esta y por otras razones que estudiaremos más tarde, la influencia de Rodó en la formulación de la actitud de
Darío hacia los Estados Unidos no parece tan grande como suele suponerse.
Y, sin embargo, el sentido de estos versos puede ser un tanto irónico al considerar el argumento lógico de todo el poema. El poeta se encara con Roosevelt al principio del poema ya que, al representar y personificar a los Estados Unidos, es «el futuro invasor de la América ingenua». Cuando Darío se refiere al factor español en la parte del poema últimamente tratada, de hecho invoca, si hemos de considerar toda la alusión histórica, a otro invasor de «la América ingenua». En la referenciaa Guatemoc, yuxtapuesta como está al verso «la América católica, la América española», el conflicto se agudiza ya que el comentario de Guatemoc «Yo no estoy en un lecho de rosas» lo dirigió, según la tradición, a un compatriota mientras los dos eran torturados por los invasores españoles, queriendo indicar su deseo de no traicionar a su país.
Hay complejidades importantes que deben de ser comprendidas antes de poder valorar la contribución de' esta parte al significado del poema y al lugar del poema mismo en la obra de Darío. Los quince primeros versos establecen el idealismo primordial, intrínseco y comprensivo del pueblo hispanoamericano. El primero de los atributos que el poeta encuentra en América es que, al contrario de los Estados Unidos, «tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcóyotl». El interés por el idealismo social sugerido en la referencia al rey-poeta chichimeca (que no era un «rey burgués» y, por tanto, no era representante de un ideal materialista) se mantiene en la alusión a su conocimiento de la Atlántida, o sea, la suprema mancomunidad de Platón. Las referencias a la devoción de Hispanoamérica por las enseñanzas de Baco sobre su inclinación a la poesía, la música y la alegría y el mensaje de las musas y las estrellas muestran el idealismode la tradición artística que ha de ser a la vez sensual y espiritual, estética y religiosa.
Esta descripción del idealismo hispanoamericano continúa al declarar el poeta que América «vive de luz, de fuego, de perfume, de amor». Los versos citados anteriormente refuerzan esta caracterización. Su estructura anafórica apunta que los adjetivos tienen un significado central, y que este significado, sugerido por los adjetivos explícitamente evaluadores, «grande», «fragante» y «noble», une estos versos al elevado espíritu idealista de los precedentes.
El aserto de Guatemoc debe ser interpretado de acuerdo con este espíritu. Moctezuma, el Inca, los elementos español y católico de América, Cristóbal Colón y Guatemoc representan aquí la búsqueda de un ideal heroico; y las palabras «Yo no estoy en un lecho de rosas» no aluden a la identidad de los torturadores, sino más bien y únicamente al heroísmo de Guatemoc. Por tanto, a pesar de que los versos carecen de fuerza lógica al considerar la relación política entre los invasores españoles y Guatemoc, sirven de forma efectiva para dar un significado consistente con el resto de la tercera parte del poema. Como algunos aspectos del contexto político son de importancia secundaria, el tema del idealismo es, por consiguiente, más pronunciado.
En estos quince primeros versos hay grupos anafóricos conteniendo frases adjetivales aliterativas que cantan la gloriosa herencia de Hispanoamérica. El pasaje culmina con fuerza dramática en el verso quince, donde a los Estados Unidos, llamados «hombres de ojos sajones y alma bárbara», se les dice que esta herencia todavía «vive» en la América
hispana. Debido a las numerosas frases amplificativas insertas en esta extensa oración entre «Más la América nuestra» y «vive», esta palabra llega a adquirir un efecto climático considerable (3). A «vive» le sigue una serie de verbos indicando los actos que hacen a Hispanoamérica invulnerable a Roosevelt, quien, al final del poema, como al principio, personifica a los Estados Unidos. El verso final del poema,
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
recopila en el símbolo «Dios» la diferencia esencial entre el pueblo de Hispanoamérica y el de los Estados Unidos: la falta en el último de ideales verdaderos.La preponderancia de figuras retóricas y la estructura climática de esta parte del poema, crean un nivel de expresión más elevado que el que se encuentra en la parte que caracteriza a los Estados Unidos. La diferencia entre los niveles de expresión es en sí misma indicadora de la discrepancia entre los ideales vigentes de ambos pueblos. Cuando se muestra de esta forma el alcance de la preocupación por lo ideal en «A Roosevelt», se hace evidente la relación del poema con gran parte de la poesía de Darío y se abre camino a la interpretación de otras composiciones del autor agrupadas comúnmente bajo la clasificación de «políticas». El parentesco del poema con «Salutación del optimista» y «Los cisnes» ha sido observado a menudo; y «Salutación al águila», aparecido dos años más tarde (1906), parece como una contradicción, que lo es sin duda en cuanto a la opinión dada, de los Estados Unidos.
Pero al examinar los poemas es manifiesto que una constante artística, basada en una percepción de lo ideal, está siempre presente. Esto es tan patente en la presentación de los Estados Unidos en «Salutación al águila» como lo es en su interpretación de Hispanoamérica en «A Roosevelt». En «Salutación al águila» trata favorablemente a los Estados Unidos y los coloca en posición para entrar en la visión idealista del panamericanismo que presenta en el poema. Todo el curso de su carrera poética indica que para él la unidad artística basada en un deseo o una manifestación de un ideal era más importante que la fidelidad de sus argumentos políticos. Esto explica su declaración de que algunas tendencias políticas expresadas en su poesía no eran más que «cosas de poetas». El papel dado a lo indígena en la percepción del ideal de Darío merece ser puesto de relieve. Ya en 1896 declaró que:
Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en
Palenke y Utatlán, en el indio legendario y el inca sensual y fino, y en
el gran Moctezuma de la silla de oro
No nos debe sorprender, pues, que cuando Darío inició la caracterización de Hispanoamérica como un ideal, las imágenes del mundo indígena predominasen. Es tal vez por estilizar de esta manera a Hispanoamérica, que con toda seguridad se le puede llamar «el poeta de América» (10). Desde los tiempos de Darío, los poetas hispanoamericanos han prestado más atención a los temas indígenas y están demostrando de forma distinta a la de Darío y a veces tan convincente que en ellos «hay poesía».
Así, en el poema «A Roosevelt», Hispanoamérica y los Estados Unidos aparecen en planos opuestos, y, al haber sido escrito en un período de gran aprensión a las maniobras de los Estados Unidos, el poema se presta a ser clasificado como político. Pero los elementos que lo componen: la musicalidad, como de himno, de su alabanza a Hispanoamérica resonando sobre la solemne descripción sermoneadora de los agresivos Estados Unidos, y el sacrificio de la fuerza lógica de los argumentos políticos a la acumulación coherente de imágenes que representan lo ideal, todo esto coloca al poema dentro de la tendencia predominante de la poesía de Darío, y explica el aserto hecho en el prefacio a Cantos de vida y esperanza de que la composición «queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes»
Espero les guste a todos los que al igual que yo soñamos con una America libre del Imperio Norteamericano
Saludos.
Aquí el Poema, su letra y un análisis estructural del Poema.
A Roosevelt - Recitado por Jorge Cafrune
Letra
¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, Cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción;
en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida,
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del gran Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
que habría que llegar hasta ti, Cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción;
en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida,
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del gran Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
Análisis Estructural por Keith Ellis
Pocos poemas de Darío han sobrepasado la fama de su poema «A Roosevelt». Desarrollando un tema que era de actualidad palpitante en el año 1904, en que fue escrito, el poema se hizo popular inmediatamente y se ha venido citando como ejemplo de una manifestación literaria de un gran problema político-social nacido de las relaciones entre los Estados Unidos e Hispanoamérica. Me parece que, a pesar de su popularidad y de los innumerables comentarios que se le han dedicado, puede todavía intentarse un análisis más completo y otra interpretación del poema. Creo que un examen detallado de la composición hará resaltar algunas contradicciones en la última parte del poema donde Darío desarrolla la caracterización de Hispanoamérica, y que un estudio cuidadoso de estas contradicciones nos acercará a un conocimiento más amplio del significado del poema.
La situación dramática se establece en la estrofa inicial. El poeta se dirige a Roosevelt al cual ve como una amenaza a La América ingenua». Le presenta como «cazador» en referencia específica a su pasión por la caza y simbólica a su política de expansionismo agresivo. La invocación «voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman» explica el tono predicador en que ha de dirigirse al Roosevelt contradictorio en cuyo carácter predomina Nemrod, el cazador legendario, símbolo de la tiranía. Los Estados Unidos están personificados explícitamente en Roosevelt, la acusación se hace específica y el carácter de Hispanoamérica, tal y como se va a desarrollar más tarde en el poema, queda recapitulado en la segunda parte de la estrofa:
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
El contraste entre los dos pueblos se subraya en la segunda estrofa, al dar a Roosevelt algunos rasgos directamente opuestos a los contenidos en «ingenua». El es «soberbio» y «hábil»; al rechazar a Tolstoy se opone lo sencillo y lo pacífico al tiempo que Hispanoamérica viene a identificarse con estos atributos. El ansia de Roosevelt por la caza
está presentada de forma hiperbólica en la doble referencia a los grandes conquistadores Alejandro y Nabucodonosor. En tres versos paralelamente construidos se define su actitud de patente agresión antes de ser repudiada por el «No» desafiador, el cual, a pesar de que completa la métrica romance de la estrofa, está colocado aparte. El acortamiento gradual de los versos desde catorce sílabas al principio del poema a diez y a ocho, con el consiguiente apresuramiento rítmico, realza la cualidad climática del «No». Como frase aparte adquiere un acento propio enfático y hace resaltar la asonancia en «o», todo lo cual contribuye al tono predicador del poema. Los alejandrinos reaparecen en la tercera parte de la composición cuando el poeta describe, con imágenes de un poder temible, a los Estados Unidos en relación a Hispanoamérica:
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como él rugir del león.
Refiriéndose al reproche que Hugo hizo al general Grant, sugiere que el poderíoimperialista de los Estados Unidos amenaza a las jóvenes repúblicas del sur. La fuerza física («[el] culto de Hércules»), la avaricia («el culto de Mammón») y la propaganda cínica («alumbrando el camino de la fácil conquista, / la libertad levanta su antorcha») cooperan a alcanzar esa meta (2). En la parte final del poema Darío elabora la definición de Hispanoamérica
dada en la primera estrofa. La América que se enfrenta a los Estados Unidos contiene la doble herencia—la indígena y la española—:
La América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«.Yo no estoy en un lecho de rosas»;
La opinión implícita en este poema sobre los Estados Unidos constituye un claro resumen de las opiniones que Darío había expresado anteriormente a la composición de este poema. Véase JOSÉ AGUSTÍN BALSEIRO: .«Arieles y Calibanes»,- en Revista Hispánica Moderna, núm. XXI, pp. 46-53. En la segunda edición de
Azul... (1890), Darío había hecho hincapié en los valores materiales de los Estados Unidos, en su soneto a Walt Whitman, al iniciar el poema con las palabras: «En su país de hierro vive el gran viejo.» En su artículo «El triunfo de Calibán», publicado en El Tiempo (Buenos Aires, 20 de mayo de 1898), Darío desarrolla su teoría de la correspondencia entre los Estados Unidos y Calibán, que había indicado en Los raros (1896). Por esta y por otras razones que estudiaremos más tarde, la influencia de Rodó en la formulación de la actitud de
Darío hacia los Estados Unidos no parece tan grande como suele suponerse.
Y, sin embargo, el sentido de estos versos puede ser un tanto irónico al considerar el argumento lógico de todo el poema. El poeta se encara con Roosevelt al principio del poema ya que, al representar y personificar a los Estados Unidos, es «el futuro invasor de la América ingenua». Cuando Darío se refiere al factor español en la parte del poema últimamente tratada, de hecho invoca, si hemos de considerar toda la alusión histórica, a otro invasor de «la América ingenua». En la referenciaa Guatemoc, yuxtapuesta como está al verso «la América católica, la América española», el conflicto se agudiza ya que el comentario de Guatemoc «Yo no estoy en un lecho de rosas» lo dirigió, según la tradición, a un compatriota mientras los dos eran torturados por los invasores españoles, queriendo indicar su deseo de no traicionar a su país.
Hay complejidades importantes que deben de ser comprendidas antes de poder valorar la contribución de' esta parte al significado del poema y al lugar del poema mismo en la obra de Darío. Los quince primeros versos establecen el idealismo primordial, intrínseco y comprensivo del pueblo hispanoamericano. El primero de los atributos que el poeta encuentra en América es que, al contrario de los Estados Unidos, «tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcóyotl». El interés por el idealismo social sugerido en la referencia al rey-poeta chichimeca (que no era un «rey burgués» y, por tanto, no era representante de un ideal materialista) se mantiene en la alusión a su conocimiento de la Atlántida, o sea, la suprema mancomunidad de Platón. Las referencias a la devoción de Hispanoamérica por las enseñanzas de Baco sobre su inclinación a la poesía, la música y la alegría y el mensaje de las musas y las estrellas muestran el idealismode la tradición artística que ha de ser a la vez sensual y espiritual, estética y religiosa.
Esta descripción del idealismo hispanoamericano continúa al declarar el poeta que América «vive de luz, de fuego, de perfume, de amor». Los versos citados anteriormente refuerzan esta caracterización. Su estructura anafórica apunta que los adjetivos tienen un significado central, y que este significado, sugerido por los adjetivos explícitamente evaluadores, «grande», «fragante» y «noble», une estos versos al elevado espíritu idealista de los precedentes.
El aserto de Guatemoc debe ser interpretado de acuerdo con este espíritu. Moctezuma, el Inca, los elementos español y católico de América, Cristóbal Colón y Guatemoc representan aquí la búsqueda de un ideal heroico; y las palabras «Yo no estoy en un lecho de rosas» no aluden a la identidad de los torturadores, sino más bien y únicamente al heroísmo de Guatemoc. Por tanto, a pesar de que los versos carecen de fuerza lógica al considerar la relación política entre los invasores españoles y Guatemoc, sirven de forma efectiva para dar un significado consistente con el resto de la tercera parte del poema. Como algunos aspectos del contexto político son de importancia secundaria, el tema del idealismo es, por consiguiente, más pronunciado.
En estos quince primeros versos hay grupos anafóricos conteniendo frases adjetivales aliterativas que cantan la gloriosa herencia de Hispanoamérica. El pasaje culmina con fuerza dramática en el verso quince, donde a los Estados Unidos, llamados «hombres de ojos sajones y alma bárbara», se les dice que esta herencia todavía «vive» en la América
hispana. Debido a las numerosas frases amplificativas insertas en esta extensa oración entre «Más la América nuestra» y «vive», esta palabra llega a adquirir un efecto climático considerable (3). A «vive» le sigue una serie de verbos indicando los actos que hacen a Hispanoamérica invulnerable a Roosevelt, quien, al final del poema, como al principio, personifica a los Estados Unidos. El verso final del poema,
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
recopila en el símbolo «Dios» la diferencia esencial entre el pueblo de Hispanoamérica y el de los Estados Unidos: la falta en el último de ideales verdaderos.La preponderancia de figuras retóricas y la estructura climática de esta parte del poema, crean un nivel de expresión más elevado que el que se encuentra en la parte que caracteriza a los Estados Unidos. La diferencia entre los niveles de expresión es en sí misma indicadora de la discrepancia entre los ideales vigentes de ambos pueblos. Cuando se muestra de esta forma el alcance de la preocupación por lo ideal en «A Roosevelt», se hace evidente la relación del poema con gran parte de la poesía de Darío y se abre camino a la interpretación de otras composiciones del autor agrupadas comúnmente bajo la clasificación de «políticas». El parentesco del poema con «Salutación del optimista» y «Los cisnes» ha sido observado a menudo; y «Salutación al águila», aparecido dos años más tarde (1906), parece como una contradicción, que lo es sin duda en cuanto a la opinión dada, de los Estados Unidos.
Pero al examinar los poemas es manifiesto que una constante artística, basada en una percepción de lo ideal, está siempre presente. Esto es tan patente en la presentación de los Estados Unidos en «Salutación al águila» como lo es en su interpretación de Hispanoamérica en «A Roosevelt». En «Salutación al águila» trata favorablemente a los Estados Unidos y los coloca en posición para entrar en la visión idealista del panamericanismo que presenta en el poema. Todo el curso de su carrera poética indica que para él la unidad artística basada en un deseo o una manifestación de un ideal era más importante que la fidelidad de sus argumentos políticos. Esto explica su declaración de que algunas tendencias políticas expresadas en su poesía no eran más que «cosas de poetas». El papel dado a lo indígena en la percepción del ideal de Darío merece ser puesto de relieve. Ya en 1896 declaró que:
Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en
Palenke y Utatlán, en el indio legendario y el inca sensual y fino, y en
el gran Moctezuma de la silla de oro
No nos debe sorprender, pues, que cuando Darío inició la caracterización de Hispanoamérica como un ideal, las imágenes del mundo indígena predominasen. Es tal vez por estilizar de esta manera a Hispanoamérica, que con toda seguridad se le puede llamar «el poeta de América» (10). Desde los tiempos de Darío, los poetas hispanoamericanos han prestado más atención a los temas indígenas y están demostrando de forma distinta a la de Darío y a veces tan convincente que en ellos «hay poesía».
Así, en el poema «A Roosevelt», Hispanoamérica y los Estados Unidos aparecen en planos opuestos, y, al haber sido escrito en un período de gran aprensión a las maniobras de los Estados Unidos, el poema se presta a ser clasificado como político. Pero los elementos que lo componen: la musicalidad, como de himno, de su alabanza a Hispanoamérica resonando sobre la solemne descripción sermoneadora de los agresivos Estados Unidos, y el sacrificio de la fuerza lógica de los argumentos políticos a la acumulación coherente de imágenes que representan lo ideal, todo esto coloca al poema dentro de la tendencia predominante de la poesía de Darío, y explica el aserto hecho en el prefacio a Cantos de vida y esperanza de que la composición «queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes»
Espero les guste a todos los que al igual que yo soñamos con una America libre del Imperio Norteamericano
Saludos.