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Un arroz coloreado con verde o con un bello color rojo puede ser la solución para que sus niños se decidan a probar con mayor alegría la comida o sorprender a sus invitados, saliéndose así del tradicional blanco o si acaso el tono amarillo que otorga la cúrcuma, el azafrán o un colorante artificial.
También unos rebozados de pescado, en tonos violáceos, obtenidos por el jugo prensado de la remolacha, o un puré de papas, pueden perder su naturaleza convencional y engalanar cualquier plato invitando a un disfrute gastronómico integral.
Si bien existen los llamados colorantes alimentarios que se emplean mucho en la repostería casera, así como los identificados en la industria como aditivos que se inician con la letra E, con la numeración entre E100 y E200, quienes prefieran decantarse por lo natural, pueden buscar alternativas sanas y ecológicas que no comprometan su salud, sobre todo la de los más pequeños, pues es sabido que algunos como la tartrazina o amarillo nro 5, se ha asociado por ejemplo a la hiperactividad infantil y alergias.
Antes de empezar
Antes de experimentar con colorantes naturales, tenga en cuenta la naturaleza del plato, pues los salados admiten mejor cualquier ingrediente, mientras los postres son más delicados. Sea moderado en su uso si no quiere transformar el sabor de la preparación.
El azafrán, la cúrcuma y la zanahoria son bastante neutros en sabor, así que funcionan para dulces y salados, pero las fresas y las moras, por ejemplo, son mejores para postres.
De cualquier manera, puede complementar en este último caso, con esencias como la vainilla, que se impondrán sobre el sabor aportado por la cúrcuma, por ejemplo, en unas galletas o glaseado.
Si el colorante se obtiene mediante la extracción de líquido o con adición de agua, disminuya la cantidad de líquido que va a añadir a la receta. Una buena herramienta es contar con un procesador de alimentos, el cual permite obtener los zumos puros, sin añadir agua.
Elige las verduras, frutas y verduras que tengan colores más concentrados, y que manchen mucho (como las fresas, las cerezas y la remolacha).
Antes de hacer el colorante, tenga en cuenta el tipo de preparación al que lo va a añadir. Los colorantes caseros pueden conferir sabor si se usan en bastante cantidad, y no es lo mismo para preparaciones saladas que dulces.
Los colores de la naturaleza
Brindan un tono amarillo la cúrcuma, el azafrán y la naranja. Es mejor diluir la cúrcuma en un poco de agua caliente o sofreírla en un poco de aceite si es para un plato salado. En el caso del azafrán, si es en polvo, se puede usar directamente; si no, es mejor dejar que suelte el color poniendo unas cuantas hebras en un cuarto de taza de agua caliente. El extracto de zanahoria se puede realizar con este tubérculo crudo o cocido, sin añadir sal.
Para lograr un color verde, hay varias opciones: puede machacar perejil, cilantro o hierbabuena y extraer el zumo; triturar el pimentón verde o asado; utilizar una infusión fuerte de té verde o hidratar y luego licuar algas kombu, nori, etc, para un tono verde oscuro.
El rojo y el rosa se obtienen fácilmente con zumo de remolacha cocida o cruda, pimentón crudo, cocido o en polvo, tomate bien maduro licuado, fresas cocidas a fuego fuerte durante 10 minutos y luego procesadas sin agua o cerezas también licuadas.
Las moras negras aportarán un bello tono violáceo, así como la col morada. Esta última, solo apta para platos salados, debe cocerse en un poco de agua durante cinco minutos y luego se licúa y se cuele con un cedazo fino.
El marrón, muy empleado en postres o en platos salados como el mole, se puede obtener con café (mejor soluble), cacao en polvo, chocolate, caramelo, melaza y canela (a emplear con moderación).
Con azúcar glass (ya sea en un glaseado o simplemente rociada en forma de lluvia) o coco rallado, podrá obtener una bella cobertura blanca. Y finalmente, para un tono marfil podrá hacer una pasta de semillas de sésamo peladas o de garbanzo cocido si se trata de una preparación salada.
Además de embellecer la comida, los colorantes provenientes de las plantas son ricos en antioxidantes, por lo que le ayudarán a prevenir el cáncer, mejorar la salud cardiovascular y promover la función cerebral.