Hoy hace 29 años, después de tanta gente que entró y salió de la casa rosada, y luego de la etapa más horrorosa de la historia Argentina comenzaba a palpitarse la esperanza. Había retornado la democracia.
Conseguirla no fue fácil, y en sus primeros tiempos se pensó que moriría. Y desde entonces hemos hecho lo posible y lo imposible por mantener su llama viva. Hoy también nos cuesta, son tiempos difíciles, pero está en nosotros conservarla o degradarla. Porque democracia es ni más ni menos que una forma de dignidad.
Hablar de democracia no es referirse a un grupo de gente, en una escuela, colocando un sobre en una caja de cartón; hablar de democracia no es pararse detrás de un atril y con voz potente y gesto acusador hablar de derechos. Es mucho más que eso.
Hablar de democracia es hablar de solidaridad, y esto no es darle una moneda a un chico que pide en un semáforo. Ser solidarios es construir juntos lo que nos hace falta.
Hablar de democracia es hablar de respeto, hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes, aunque piensen distinto.
Hablar de democracia es hablar de compromiso, de contribuir desde la mas pequeña acción (no es necesario volver a cruzar los andes) a lograr una sociedad mas justa y más inclusiva. Porque no depende de ningún gobierno, depende de nosotros.
Hablar de democracia es hablar de transparencia, de que sean nuestras acciones las que nos definan como ciudadanos y no lo que queramos aparentar.
Hablar de democracia es hablar, en fin, de valores. Y también de memoria. De recordar a todos aquellos hombres y mujeres que la forjaron y que aportaron su granito de arena para que hoy podamos tener la posiblidad de elegir (bien o mal) sin que nadie interfiera en ello.
Democracia. Cuando sentimos nombrar esa “bendita” palabra, se nos viene la imagen del Dr. Raúl Alfonsín, que fue en estos últimos tiempos su máximo defensor. Debemos saber que el coraje de don Raul no fue el único que empujo la consolidación de la voluntad popular. Arturo Illia, Amadeo Sabatini , Hipólito Irigoyen, Leandro Alem , Ricardo Balbín, Florentina Gomez Miranda; fueron parte de ese esfuerzo. Pero no debemos restringirlo solamente a la Unión Cívica Radical. Socialistas como Juan B. Justo, Alicia Mureau, Alfredo Palacios, Guillermo Estévez Boero, Alfredo Bravo; Demócratas progresistas de la integridad de Lisandro de la Torre, Enzo Bordabehere. ¡Cuántos valores resuenan en cada uno de esos nombres! Y tantos otros ciudadanos que sin ninguna filiación política o menos conocidos aportaron su tiempo, sus vidas para mantener viva la esperanza de este país. Estos hombres y mujeres son, como me gusta llamarles, regalos de la historia que se dan con mucha frecuencia pero no se ven hasta que no se van y se ve su obra. Su recuerdo debe quedar en sus ideales y no en el frío mármol de una lápida. Porque las personas pasan, pero las ideas quedan. Y es, a partir de ahí, que podemos empezar a definir correctamente a la democracia.
Si en una democracia seguimos personas y no ideas empezamos a correr riesgos, porque podemos pensar que hay personas indispensables para sostenerla. Nadie en esta vida es imprescindible. Detrás de quien no sabe hacer correctamente algo hay miles de millones que saben hacerlo cien veces mejor .Y nadie controla a la verdad absoluta, porque no existe tal cosa. Por eso existen las ideas, que son verdades relativas. Eso es democracia, ideas y valores y también alternancia. Si la seguimos vamos a poder encontrar lo que los Argentinos quisimos desde siempre. Un país mejor.
Pero no depende de ningún gobierno o partido político. Ese cambio que buscamos está en nosotros.
¡¡Felíz día de la democracia!!