Mascarón de proa
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El uso del Mascarón de proa, es una costumbre pagana y de origen incierto. Es una figura decorativa generalmente tallada en madera y ornamentada o pintada según la jerarquía de la embarcación que engalana.
Tenía el doble objeto de decorar y servir como identificación a una sociedad marinera, en aquellas épocas no alfabetizada en su conjunto.
En nuestra Armada lo tuvieron el bergantín goleta Río Bamba (1857) y el buque escuela corbeta La Argentina (1884).
La fragata escuela sarmiento lució en su proa un mascaron representando a la República Argentina, con su mano izquierda sobre el pecho y sosteniendo en su flanco derecho el Escudo Nacional, el que actualmente se conserva en el Museo Naval de la Nación de Tigre.
Su sucesora, la Fragata ARA "Libertad" tiene un mascarón que representa la imagen de la República Argentina y su sentimiento arraigado de la libertad. La mujer mira el horizonte custodiando la proa durante su derrota por los mares del mundo.
Silbato Marinero
Este tan marinero adminículo es de un muy antiguo uso a bordo: ya lo encontramos en la época de las galeras, siendo el símbolo del Almirantazgo británico desde el siglo XVIII.
De metales nobles, inclusive de plata u oro, su uso se generalizó a tal punto de ser distintivo de mando.
Los contramaestres de cada palo daban las órdenes para la maniobra del mismo a pito, por ser éste perfectamente audible aún en medio de fuertes temporales.
El Almirante D. Guillermo Brown instituyó el uso del pito marinero a bordo, a partir de marzo de 1814, estableciendo los honores a ser rendidos con este instrumento, al cual los viejos contramaestres inclusive saben curar para sacarles los más armoniosos trinos.
El símbolo por excelencia del pito marinero en nuestra Armada es el que perteneciera al contramaestre Liorca, que fuera quién rindió honores de pito al entonces Presidente de la República General D. Julio A. Roca en la circunstancia de embarcar éste en la corbeta A.R.A. "La Argentina". En recuerdo de este hecho el Presidente regaló al contramaestre Liorca un pito marinero de oro, que su hijo el Suboficial Trompetista Serapio Liorca, donó posteriormente al Museo Naval de la Nación, donde se conserva.
Actualmente, en los cuadros de suboficiales, existe el escalafón Mar, y sus integrantes son quienes mantienen la tradición ejecutando las maniobras transmitidas con este elemento casi tan antiguo en uso como la vela.
La campana a bordo
La campana ha sido utilizada a bordo y colocada en el alcázar desde principios del siglo XIII, siendo su tañido controlado con relojes de arena de media hora, hasta mediados del siglo XIX, haciéndose sonar cada vez que se daba vuelta el reloj.
Cada cuarto de guardia la misma debe sonar adicionándose una campanada cada media hora, terminando en ocho campanadas y reiniciando la rutina en el nuevo cuarto de guardia.
En esta muy particular forma de hacer tañer la campana, los toques de a pares deben hacerse rápidamente, con una pausa para el siguiente toque, por ejemplo: Tres toques se hacen: rat-tata, pausa, tat - Cuatros toques: rat-tata, pausa, rat-tat.
El ancla
El término ancla deriva de la palabra griega gancho o garfio, aunque estudiosos de la cultura china afirman que ya 2.000 años A.C. los mismos la utilizaban, llamándola Ting, si bien al escribir la representaban con el carácter piedra.
Las anclas usadas por los primeros navegantes, eran bolsas de arena o piedra. Posteriormente expertos picapedreros comenzaron a hacerlas en piedra, diciéndose que la antigua ciudad de Ancyra en Egipto, deriva su nombre de la fabricación de anclas en sus canteras.
Los romanos usaron el ancla como símbolo de riqueza y comercio, mientras que para los griegos la misma simbolizaba confianza y seguridad, significado que persiste en la heráldica.
Los primeros cristianos adoptaron el simbolismo de los griegos, con el sentido de inmutabilidad, confianza y salvación, razón por la cual se encuentran en las catacumbas pinturas de anclas de forma similar a las utilizadas en la actualidad.
Monedas al pie o en las fogonaduras de los mástiles
La costumbre de poner monedas bajo la base de los mástiles de los veleros al ser éstos construidos proviene de la antigüedad, no siendo seguro su origen, aunque en general se la atribuye a los vikingos, que la habrían adoptado como extensión del uso telúrico de colocar monedas de plata en la fundación de nuevas casas y dentro de ellas, especialmente en los hogares o chimeneas, para asegurar así la felicidad de sus moradores.
Hay también quien la explica como derivación de la costumbre romana de poner una moneda en la boca de los muertos, para que con ella pagaran durante el viaje a Caronte, el barquero que debía cruzarlo a través de la laguna Estigia. Por extensión, de esta manera quedaría saldada la contribución de los tripulantes de ese buque, que perdieran la vida en caso de hundirse éste.
En nuestra Armada no está determinado cuando se inició esta tradición, pero en las últimas construcciones, los destructores y las corbetas tipo Meko 360 y 140, se colocaron bajo la primera chapa de quilla puesta en grada, sendos patacones, antigua moneda argentina de plata de un peso (c.1880/82).
En los submarinos tipo 1700 construidos y en construcción, también se colocó una moneda similar, pero por la forma en que son botados, la moneda se recupera y, como parte de la ceremonia de botadura, el más joven de los operarios que intervino en la construcción la entrega a la Madrina del buque, la que a su vez la deja en custodia del Comandante de la nave.