InicioApuntes Y MonografiasYPF: desde su creación hasta la renacionalización (1922-20

Historia de YPF: desde la fundación hasta el proyecto de nacionalización

Hola. Este post está realizado sobre la base de recopilación de información que uso que uso para dar clases.

“Entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”
Gral. Enrique Mosconi

La Historia de YPF a través de sus hitos


Antecedentes de YPF:

1865 UN grupo de empresario jujeños funda la primer compañía argentina de explotación del petróleo: Compañía Jujeña de Kerosén S.A.

1907. Se impulsa desde el gobierno de José Figueroa Alcorta una política petrolera, descubriéndose ese mismo año petróleo en la ciudad de Comodoro Rivadavia, la historia del petróleo en la Argentina giró en torno a quién era su legítimo dueño y quién podía explotarlo. Si bien la legislación consideraba que el recurso debía ser explotado por el sector privado, el peso político y estratégico de mantener la producción petrolera bajo la órbita del Estado condicionó fuertemente la organización de la industria en esos primeros años de vida, teniendo como consecuencia posterior la decisión de crear Yacimientos Petrolíferos Fiscales (Y.P.F.)


1910 En 1910, bajo la presidencia de Roque Sáenz Peña, se crea la Dirección General de Explotación del Petróleo, formada por una comisión presidida por el Ing. Luis Huergo, con el objetivo de regular la actividad de las compañías extranjeras que comenzaban a establecerse en el país.


1915 El Ing. Enrique Cánepa llega al paraje de Plaza Huincul con equipos de perforación, descubriendo las primeras apariciones de gas dos años más tarde.

1922 Debido a rumores de irregularidades en la venta de petróleo, y a la baja producción de los pozos, se decide reestructurar la administración, reemplazándola por la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Ese mismo año, el entonces coronel Enrique Mosconi asume la dirección general de YPF.
Ampliación: tras una seguilla de conflictos y renuncias la administración estatal del petróleoafrontó y el residente afrontaron una crisis política significativa, que rozó a Yrigoyen. En marzo de 1922, en un clima de creciente inquietud pública por la situación de la organización petrolera estatal, renunció el Ministro de Agricultura, Alfredo Demarchi. Su reemplazante, Eudoro Vargas Gómez tenía un crítico diagnóstico sobre la situación del petróleo en Comodoro Rivadavia, y se negó a asumir sus funciones hasta no recibir soporte de parte del Presidente y de su gabinete para una investigación interna dirigida a deslindar responsabilidades.
Yrigoyen estaba cerca de finalizar su mandato, y los problemas en la explotación del petróleo estatal habían provocado una crisis política que convulsionaba a su gobierno y habían tomado estado público. Como respuesta, el 3 de junio de 1922 creó por decreto la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) que había imaginado en un proyecto de ley enviado al Congreso casi cuatro años atrás.
La nueva Dirección de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales tenía muy baja autonomía en materia comercial y financiera, y en las semanas siguientes a su creación, Vargas Gómez y sus subordinados se enredaron en una discusión respecto del alcance de las nuevas reglamentaciones sobre precios que prácticamente paralizó la actividad comercial de la explotación estatal, obligándola a suspender las entregas de petróleo a sus clientes habituales. Vargas Gómez renunció al Ministerio de Agricultura en agosto de 1922, y la recién nacida YPF navegó en un mar de problemas hasta el recambio presidencial de octubre.
La creación de YPF ha estado rodeada de visiones polémicas desde el comienzo. Para los nacionalistas es un hito fundamental en la construcción de la industria petrolera estatal, que enaltece la gestión de Yrigoyen. Otros autores, sin embargo, tienen una visión más crítica, y creen que fue la respuesta política de Yrigoven a la profunda crisis administrativa que sufrió la explotación estatal y a las denuncias de corrupción que se ventilaban en los diarios y en el Congreso.
Además de abrir nuevos polos de producción, se construyeron barrios para los obreros, se abrieron caminos, se mejoró la comunicación y se instalaron escuelas para las poblaciones que se creaban alrededor de la explotación del petróleo.

YPF fue pionera en un tipo de concepción del trabajo que involucraba, junto con el empleo, la preocupación por la satisfacción de la vivienda, la educación y el tiempo libre de los trabajadores.

A pesar de que también existía una considerable participación en la industria de las multinacionales Shell y Esso, Mosconi e Hipólito Yrigoyen le dieron a la empresa el monopolio legal del petróleo durante toda su existencia como Sociedad del Estado.

De todos modos, su producción siempre superó con creces la del sector privado. El objetivo buscado por Mosconi era que el fisco debía contar con una gran empresa, para poder hacer frente a reclamos individuales que fueran contra el interés general del país.


1925 Se inicia la construcción de la destilería de La Plata, que llega a ser una de las más grandes del mundo en términos de capacidad de producción.

1929 Es inaugurada la sede central, en Paseo Colón al 900, despacho que abandonaría al año siguiente al producirse la revolución.

1944 El descubrimiento de petróleo en amplias zonas de la Patagonia promueve los asentamientos de YPF y, por consiguiente, el aumento de la población en lugares que permanecían con una densidad bajísima. Catriel, Plaza Huincul, Cutralco, Zapala, etc, comienzan a crecer rápidamente, creando toda una serie de barrios y asentamientos que darán origen a ciudades que viven, literalmente, de la explotación del petróleo. Una consecuencia lamentable de este crecimiento es la instalación de amplias redes de prostibularios en la zona, dado el desarraigo sufrido por los trabajadores de las zonas de petróleo y la voracidad de quienes buscaban explotar a cualquier ser humano para obtener ganancias.

1970-1990 La compañía llega a tener 50.000 empleados representados por uno de los sindicatos mas fuertes de entonces, SUPE, y pierde U$S6.000 millones durante la década del '80. La causas del descenso del rendimiento de YPF en este período son, a grandes rasgos, tres:
Aumento desproporcionado de la planta de empleados
Exploración para ampliar las zonas de explotación y las reservas
La conversión de YPF de Empresa del Estado en Sociedad Anónima en el inicio del menemismo, que hizo que el déficit de YPF se convirtiera en endémico.

Aclaración: si bien YPF daba “perdidas” en términos contables, buena parte del gasto se debía a la exploración para aumentar las reservas. Como en cualquier actividad, la inversión es un gasto, gasto que será compensado por las ganancias fruto del aumento de la explotación. Lamentablemente, la “empresa” estatal hizo el gasto en hallar y encontrar petróleo, quedando el retorno de las ganancias para quien la adquirió durante la ola privatizadora.
1991-1999 Período en el cual Repsol se hace cargo del paquete mayoritario de YPF: la empresa ya era privada en los inicios de este período, pero los tenedores de bonos eran múltiples y funcionaba bajo el formato de una sociedad anónima. La compañía española invierte U$S15.000 millones para comprar acciones y hacerse con el control mayoritario del paquete accionario. Como la mayoría de las empresas públicas argentinas, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, YPF fue privatizada. Entre 1989 y 1992 se llevaron a cabo las principales reformas, cuyo primer paso fue el cambio de tipo societario de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (que era una Sociedad del Estado) para convertirse en una Sociedad Anónima (YPF S.A.).

En el año 1993, el Estado mantenía el 20% de las acciones y la acción de oro, y un 12% los estados provinciales. El sector privado era propietario del 46% del accionariado, y lo componían bancos y fondos de inversión de diversos países. En 1998, el sector privado poseía casi el 75% de las acciones, aunque el Estado mantenía la acción de oro.

Finalmente, en 1999, se culminó la privatización al venderse el último 24% de acciones estatales y provinciales a la española Repsol por un valor de 9.000 millones de dólares. REPSOL compró en el mismo año otro 73% de acciones que pertenecían al sector privado.


2000 en adelante: Empleaba a sólo 5.500 personas y ganaba U$S500 millones por año. Posee el 46% del market share de combustibles.

Artículos complementarios:

1) Autor: José Castillo es economista. Profesor de Economía Política y Sociología Política en la UBA.

El 13 de diciembre de 1907, mientras se perforaba en busca de agua en el entonces pequeño pueblo de Comodoro Rivadavia, se produce el primer hallazgo de petróleo en territorio argentino.

'Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero para favorecer a éste, con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera.' (Coronel Enrique Mosconi, primer presidente de YPF).

Al día siguiente de aquel descubrimiento en Comodoro Rivadavia el gobierno emite un decreto tomando posesión del yacimiento. En 1911 se crea la Dirección General de la Explotación de Petróleo de Comodoro Rivadavia y en 1922 la Dirección Nacional de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, asumiendo como su primer director el coronel Enrique Mosconi. Ahí comienza una extensa y rica historia, donde YPF se transformó en símbolo de nuestro país. Desde esa empresa se exploró, extrajo, destiló, refinó, transportó y comercializó el petróleo y sus derivados en nuestro país por décadas. Ahí donde llegaba YPF se fundaban pueblos, hospitales, escuelas, llegaba el ferrocarril. Centenares de miles de argentinos de varias generaciones constituyeron su identidad como orgullosos trabajadores de YPF, 'los ypefianos', sea como ingenieros, técnicos, obreros o empleados. En el ya citado Comodoro Rivadavia, pero también en Neuquén, Santa Cruz, Salta, Mendoza, Tierra del Fuego, en la plataforma continental del Mar Argentino, en cualquier océano del mundo a través de alguno de sus 16 buques-tanque, en todas y cada una de las ciudades o rutas del país con su extendida red de estaciones de servicio -que llegaban ahí donde no llegaba nadie-, o en su edificio de Buenos Aires, el símbolo de YPF, rodeado como si fuera una escarapela por los colores celeste y blanco, mostraba a la empresa más grande del país. Llegó a ser la octava petrolera estatal del mundo. En 1946 va a nacer su 'hermanita menor', Gas del Estado.

Al acecho

No toda su historia fue color rosa. Ya desde el comienzo las grandes petroleras mundiales vieron el negocio en la Argentina y salieron en su búsqueda. Por algo el primer golpe militar del siglo XX, en 1930, fue repetidamente citado como 'con olor a petróleo'. Luego empezó el lobby, bajo el argumento de que 'no éramos capaces' de extraer nuestro crudo. Y aparecieron los contratos de concesión, que llegaron a su máxima expresión con el espectacular giro de Frondizi, que pasó de defensor del recurso en su libro 'Petróleo y política', a ser el impulsor de la entrada de todos los pulpos mundiales del sector.

Parte de esta historia negra fue también el desguace de la época de la dictadura militar.

En la época previa a la privatización de los '90, los publicistas de la derecha se regodeaban diciendo que YPF era la 'única petrolera del mundo que daba pérdida'. Mentían descaradamente. Lo que había sucedido era que el gobierno más genocida de nuestra historia había usado las ganancias y los activos de YPF como 'garantía' para pedir préstamos al exterior que después se giraban a otros rumbos, descapitalizando la empresa, lo que está registrado como parte del origen de nuestra todavía pendiente deuda externa.

Finalmente, en 1993, se produjo la entrega mayor: desaparecía un pedazo importante de nuestra historia. Lo que sigue es historia reciente. Centenares de miles de 'ypefianos' despedidos, pueblos fantasmas y miseria en comunidades otrora pujantes, como Tartagal o Cutral-Có. Pero el petróleo se siguió extrayendo, ahora para beneficio exclusivo de los pulpos mundiales. Y hoy, que todos los diarios del mundo anuncian que el barril alcanzó valores récord de 100 dólares, el saqueo se torna aún más patente.

La renta petrolera

El valor anual de la renta petrolera argentina es de 30.000 millones de dólares. Esto es exactamente lo que estamos perdiendo por culpa de la privatización. Por hacer algunas comparaciones: México y Venezuela, con las estatales PEMEX y PDVSA se quedan con el 100% de su renta petrolera. Lo mismo Brasil, aunque ahí Petrobrás es sólo un 60% estatal, quedando entonces una importante 'tajada' en manos de los monopolios internacionales. En Bolivia, donde participan del negocio tanto el Estado a través de YPFB como los privados, queda en manos públicas el 82% de la renta. En Ecuador, con un esquema similar al boliviano, el Estado se apropia del 68% de la renta. Mientras tanto, en nuestro país, donde el negocio es realizado exclusivamente por privados, la apropiación de renta por parte del Estado (vía retenciones y regalías de las provincias) apenas si alcanza al 32%. Y lo más vergonzoso es que el cálculo se hace en base a la simple declaración jurada de las empresas, sin ninguna verificación in-situ. Para ser claros: el costo de producción del barril de petróleo en nuestro país es de entre 8 y 10 dólares. Tomando el 'mix' de valores a los que se vende el petróleo argentino en el mercado mundial, a las petroleras le quedan alrededor de 42 dólares limpios por barril.

El saqueo se profundiza

Ahora, en pleno siglo XXI, y con muchos países de Latinoamérica recuperando, con sus contradicciones, la renta de sus recursos no renovables, es inadmisible que sigamos regalando nuestro petróleo. Pero lo peor no es que continúe la política privatista de los '90. El problema es que se profundiza: en octubre de 2006 se votó la ley 26.154 que amplía los beneficios impositivos que ya tenían las petroleras y gasíferas.

Este año se renovó la concesión del Yacimiento de Cerro Dragón, en Chubut y Santa Cruz, a British Petroleum, Amoco y Bulgheroni. Se trataba de una concesión que recién vencía en el 2017, pero se resolvió adelantar la firma en 10 años. Y se firmó una nueva que recién comienza al vencimiento de la actual, con opción de extender el contrato otros 20 años. En concreto se le regala el yacimiento a Panamerican hasta que lo agote. Estamos hablando de reservas comprobadas por 28.653 millones de dólares, mientras que Panamerican tendría que desembolsar apenas 3.352 millones en concepto de regalías.

Mientras sigue el desguace y el saqueo, nuestros recursos se agotan: todos los estudios serios insisten que nos quedaremos sin petróleo en 6 años y sin gas en 8. En ambos casos se extrae para exportar, sin preocuparse siquiera de garantizar el mercado interno. Las refinerías producen nafta, más redituable en el mercado mundial, antes que gas oil. Los gasoductos que se construyen van 'directo' hacia Chile y Brasil, nuestros grandes compradores. Nadie controla nada. De vez en cuando, cuando el escándalo llega al extremo del desabastecimiento, el gobierno amenaza con multas a Shell, a Esso o a Petrobrás (nunca a Repsol). Pero ni siquiera eso funciona, ya que Shell tiene 'pendiente' una multa del 2006 por 23 millones de pesos, que no la pagó ni nadie se la reclama.

La política de Repsol

La principal petrolera del país está sufriendo un proceso de vaciamiento inexorable de su capacidad productiva. La política de la dirección española, avalada por acción y omisión por el Estado argentino, es maximizar la ganancia que se obtiene vía la extracción y venta en el exterior de lo obtenido en los pozos existentes. Ni siquiera se invierte para aumentar la capacidad local de refinación y mucho menos se realizan exploraciones. Lo que está sucediendo con YPF-Repsol se puede graficar muy sencillamente: compraron la empresa en 1999 pagando 15.000 millones de dólares. Desde el año 2001 al 2006, pagaron utilidades que fueron reenviadas a su casa matriz por 8.200 millones. O sea que en apenas 6 años se recuperó más del 50% del total de lo invertido en la compra.

A 100 años, ¿qué hacer?

La salida no pasa por crear 'empresas' estatales petroleras nuevas, como Enarsa, sin técnicos, pozos, ni capacidad alguna. Su única utilidad será servir como 'socio fantasma argentino' para nuevos negocios, como ya empieza a pasar en la exploración de la plataforma continental. Tampoco sirve para nada 'argentinizar' un pedacito de YPF-Repsol comprando el paquete minoritario de acciones del que quieren desprenderse los españoles. Y mucho menos cuando los que aparecen como 'compradores' argentinos son sujetos de dudosa capacidad técnica y currículum como emprendedores nacionales.

Seamos claros: está en juego quién se apropia hoy de la renta petrolera y cómo protegemos un patrimonio que no es infinito. Para no quedarnos sin gas ni petróleo; para poder aprovechar la renta que hoy rinde elevados valores internacionales; para tener un sistema energético que no colapse en cualquier momento; para que se cumpla el derecho tan simple de que todos tengan electricidad y calefacción; para que en cada zona petrolera del país vuelvan a florecer pueblos con trabajo, escuelas, hospitales, ferrocarriles, cultura; para que tantos técnicos y profesionales formados con el esfuerzo de todos puedan volver a poner sus conocimientos y capacidades al servicio del país: hay que empezar de nuevo. En la trayectoria de Mosconi, de Huergo y de tantos otros, se impone la reestatización de todo el complejo gasífero-petrolero del país, y la recreación de una gran empresa estatal, con el emblema de la vieja y gloriosa YPF.
Fundada en 1922, YPF llegó a contar con más de 50 mil empleados como empresa del Estado, antes de ser sometida a un endeudamiento extremo durante la última dictadura militar y convertirse, años más tarde, en la estocada final del proceso de privatizaciones que llegó adelante el ex presidente Carlos Menem, en 1992.
Los orígenes de la compañía Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) se remontan a comienzos del siglo pasado y obedecen al descubrimiento de petróleo en Argentina, en 1907, en cercanías de Comodoro Rivadavia, Chubut.
Años más tarde, tras la creación de la Dirección General de Explotación del Petróleo con la premisa de regular una actividad floreciente, el militar e ingeniero Enrique Mosconi asumió el 16 de octubre de 1922 en el primer directorio de la compañía YPF, puesto que ocuparía hasta 1930. Ese año, el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen en su segundo mandato como presidente, e inauguró la llamada Década Infame en la Argentina, también convirtió a YPF en un precisado botín de guerra, agregando así el primer eslabón de una larga cadena de infortunios en la historia de la petrolera.
La empresa, fundada hace 90 años, forjó su existencia al ritmo de los vaivenes políticos y económicos del país, que la llevaron de convertirse en una empresa estatal con más de 50 mil empleados en 1975 al descarte final del proceso de privatizaciones que impulsó Menem en la década de 1990. En el medio, un endeudamiento feroz durante la última dictadura militar en el país dejó a la compañía sumida en una profunda crisis financiera que, según algunos analistas del sector, se convertiría en el puntapié inicial de su posterior transformación en una sociedad anónima.
Icono de un modelo de país a comienzos de 1900 y fuente de empleo para numerosas generaciones de argentinos, YPF comenzó a sufrir mutaciones incluso durante la presidencia de Raúl Alfonsín, quien implementó políticas de desregulación en la empresa, antes de que Menem la vendiera. En medio de un fuerte proceso de achicamiento que dejó a miles de empleados en la calle, su privatización quedó consumada con la sanción de la Ley 24.145, el 24 de septiembre de 1992, después de que el decreto 2.778/90 plasmara la transformación de YPF, de una sociedad del Estado a una SA.


En aquel momento, el gobierno de Menem, enarbolando presuntas banderas de "eficiencia" y "competitividad", decidió desprenderse de la petrolera como parte de una serie de ventas -compulsivas- de todo aquello que no fuera considerado "estratégico" para los intereses del país. La compañía, que factura 64.500 millones de pesos al año en la actualidad, se mantuvo hasta 1999 como una empresa con gestión mixta, un modelo similar al que desarrolla en la actualidad la brasileña Petrobras y que tantos elogios despertó en Argentina en estas últimas semanas.
El Estado argentino percibió ingresos por la privatización de YPF entre 1992 y 1999 por 20.269 millones de dólares, de los cuales U$S 15.169 millones correspondieron a la adquisición realizada por Repsol en 1999. Ese año, la compañía adquirió el último 24 por ciento de las acciones estatales y provinciales que permanecían aquí en manos del Estado, y también compró otro 73% que pertenecía al sector privado, para iniciar una nueva era en la historia de la principal petrolera del país. Más tarde, en 2007, con el respaldo del ex presidente Néstor Kirchner, el Grupo Petersen, de la familia argentina Eskenazi, adquirió el 14,9% del paquete accionario y en mayo de 2011 aumentó su participación, para llegar así al 25,46% y pasar a comandar el management de Repsol-YPF en el país.
En la actualidad, la firma española se mantiene como el accionista mayoritario, con el 57,43%, mientras que un 17,09% está en manos de inversores privados, flotando en bolsa, y un 0,02% ya está en poder del Estado nacional. ¿Pero qué sucedió con aquellos 50.500 empleados de 1975? La empresa poco a poco fue achicando su nómina, sobre todo a comienzos de la década de 1990. En el año anterior a que la privatización se tornara efectiva, se produjo un achicamiento de la planta de personal que rondó los 13.500 trabajadores en todo el país.
En tanto, en 1992 la cantidad de cesantías trepó a las 7.300 y un año más tarde ascendieron a 4.400 los trabajadores que debieron abandonar la empresa. ¿Los motivos? Falta de rentabilidad, argumentó el gobierno de Menem, al darle la estocada final a su proceso de privatizaciones y desprenderse de una empresa que, durante la dictadura de 1976 a 1983 había sido forzada a incrementar su deuda externa de 372 millones a unos 6.000 millones de dólares en apenas siete años.


2) Enrique Mosconi y la defensa de YPF - Por Emilio J. Corbière.


Si las nuevas generaciones argentinas necesitan encontrar una figura a la que invocar, en defensa de la soberanía nacional, esa personalidad es la del general Enrique Mosconi, ejemplo del militar consustanciado con su país. Porque para Mosconi la soberanía nacional no comenzaba ni terminaba en los discursos celebratorios de fechas patrióticas, ni era una metáfora de circunstancia. Para él, soberanía y nacionalidad, era algo tangible: la defensa del patrimonio argentino, sus riquezas naturales, eran los hombres y mujeres que con su trabajo escriben las páginas más auténticas de la nacionalidad.
Fue un tenaz defensor de los intereses petrolíferos nacionales durante los ocho años que permaneció como director de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Supo impulsar a la nueva empresa, no sólo multiplicando su Enrique Mosconi producción sino dotándola de la estructura necesaria para el cumplimiento de sus objetivos básicos. Luego de una prestigiosa carrera militar, el general Mosconi dedicó su accionar a tratar de conseguir una política que permitiera resultados positivos para el país. En su libro El petróleo argentino y la ruptura de los trusts petrolíferos inglés y norteamericano el 1º de agosto de 1929, expuso sus ideas centradas en una política de “puerta cerrada” y monopolio estatal que –según su palabras- “terminará con la lucha entre los trusts e YPF”.
En ese sentido, Mosconi afirmó: “Dos organizaciones, la fiscal y la privada, no pueden coexistir, pues representan intereses antagónicos, destinados a vivir en una lucha de la cual sólo por excepción saldrá triunfante la organización estatista. Para asegurar para nuestro país la riqueza petrolera debe en cararse a fondo la cuestión, siendo ello imposible de lograr mientras el Estado no monopolice íntegramente la explotación de sus yacimientos”.
Nacido en Buenos Aires el 21 de febrero de 1877, cursó estudios en el Colegio Militar de la Nación, al que ingresó en mayo de 1891. Ingresó luego a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y desempeñó el cargo de subdirector general de Arsenales de Guerra desde 1914 a 1918.
Luego de graduarse como ingeniero civil, se le reconoció como profesional militar pasando al arma de ingenieros. Durante su prestación de servicios viajó a Italia, Bélgica y Alemania donde realizó estudios para la construcción de la usina hidroeléctrica y a gas pobre que funcionaba en Campo de Mayo.
Antes de regresar al país en 1914, patentó en Alemania y cedió al Ministerio de Guerra de la Argentina un dispositivo para cambio trocha en rodados militares. Otra vez en la Argentina volvió a comandar el cuerpo de ingenieros hasta ser nombrado subdirector general de Arsenales de Guerra en 1915. Fue designado luego director del Arsenal Esteban de Luca y en marzo de 1920 –ejerciendo el cargo de director de Aeronáutica- fundó el Grupo 1º de Aviación dando así impulso el arma.
Romper con los Trusts
A través del libro citado y varios trabajos periodísticos explicó Mosconi sus ideas sobre la cuestión petrolera. En una nota publicada en Noticias Gráficas del 17 de septiembre de 1932, señaló: “El país reclama una ley que garantice el pueblo argentino el usufructo total de los beneficios derivados de las explotaciones petrolíferas, y que esto se realice en la mayor tranquilidad, libre de la áspera lucha de intereses que pone a prueba, y a menudo mancha, el honor de las personas y la dignidad de las funciones públicas”.
“Se trata –continuaba Mosconi- de un asunto demasiado complejo, constituido por múltiples especializaciones que deben ser consultadas para formular una proyecto que coordine con unidad de doctrina las distintas actividades que integran la industria petrolífera y defender así, esta fundamental riqueza pública, establecer el conveniente ordenamiento de su explotación y alcanzar los objetivos que imponen el presente y el porvenir económico de la Nación”.
Designado titular de la Dirección General de YPF, el 19 de octubre de 1922, el general Mosconi consiguió a lo largo de sus ocho años de gestión que la empresa pasara de una producción de 348.888 metros cúbicos de petróleo de 1922 a 872.171 metros cúbicos en 1929. Defensor del patrimonio petrolífero del país, puso de manifiesto más de una vez su opinión adversa a los trusts. En el artículo anteriormente citado, agregaba a apropósito de un proyecto parlamentario sobre hidrocarburos que “es decididamente propulsor del capital privado, que en nuestro país forman casi sin excepción, empresas extranjeras filiales de los grandes trusts y, lo que es peor, descuida este proyecto la necesidad de impulsar el desenvolvimiento de YPF, colocado con respecto a los trusts en la inferioridad de condiciones”.
Tenaz opositor de los trusts petrolíferos ingleses y norteamericanos señaló en esa oportunidad, y ante las controversias suscitadas por “el trance de acaparamiento” de la Standard Oil –efectivizada mediante la concesión petrolífera en Salta-, “me aferro ahora más que nunca al concepto de puerta cerrada y monopolio que terminará con la actual lucha de predominio entre los trusts e YPF, lucha cuya aspereza irá siempre en aumento”.
En el transcurso de su mandato inauguró la Destilería de La Plata –en diciembre de 1925- que entró en producción inmediatamente elaborando nafta, kerosene, fuel-oil y a menos de cinco meses de su habilitación, comenzó la producción de nafta de aviación. El año 1926 señala la entrada de YPF en el mercado de combustibles con sus propios productos. Dos años después comenzó la explotación de petróleo en Salta y debido a una intensa exploración llevada a cabo en la zona noroeste, se produjo en 1933 el descubrimiento petrolífero de Tranquitas.
En la faz comercial la empresa ganó terreno rápidamente bajo la gestión de Mosconi que en agosto de 1929 rebajó el precio de la nafta en todo el país concentrando una nueva rebaja tres meses más tarde. Resalta aún más este acontecimiento comercial si se tiene en cuenta que desde 1928 tenía vigencia en el plano internacional el convenio Achnacarry –firmado entre Standard Oil, Royal Dutch, Shell y Anglo Persian- regido por el principio del “as is” y según el cual cada empresa conservaba la posición que tenía en el mercado en el momento en que se firmara el acuerdo.
La exposición de las ideas del general Mosconi denotaba su preocupación por asegurar los beneficios de la explotación petrolera nacional a través de una legislación adecuada. “El monopolio (sin expropiación de las concesiones existentes) acabará con los rozamientos y lucha de intereses –afirmaba el entonces titular de YPF- con los entorpecimientos y falsas canalizaciones de los trámites legales y reglamentarios de los expedientes. Acabará asimismo con la intromisión de elementos extraños en nuestra política interna, con el soborno, cada vez más alarmante. Evitará futuras complicaciones y perturbaciones en nuestra economía, en nuestro derecho y nuestra soberanía. Usufructuaremos así, íntegramente, en paz y tranquilidad, con honor y dignidad, como podemos y debemos hacerlo, los beneficios de nuestras explotaciones petrolíferas”.
AQUELLA MAÑANA DE 1922
Una mañana de agosto de 1922, Mosconi se enteró que la empresa norteamericana West India Oil Co., la única que vendía nafta de aviación, se negaba a suministrarla sin pago adelantado. El entonces coronel Mosconi entrevistó al gerente de la empresa, para ratificar la noticia. Si, era así, Mosconi le replicó al gerente de la compañía extranjera según cuenta en su libro: “Advierta que el servicio Aeronáutico del Ejército no debe un centavo a su compañía; que se trata de una repartición militar solvente y dependiente del Ministerio de Guerra y que, por lo tanto, no sólo me sorprenden sus manifestaciones y su exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto”. Más tarde comentará Mosconi: “Allí, en el mismo escritorio me propuse juramentándome conmigo mismo, cooperar con todos los medios legales para romper con los trusts”.
Pero todo se lo llevará el vendaval del 6 de septiembre de 1930, hasta que en 1931, el presidente Uriburu lo citó en la Casa Rosada para anunciarle –para ordenarle- que viajara a Italia en misión de estudios. Era un destierro disfrazado, y continuará –aunque retorne al país- en esa condición. El general Justo lo designará director del Tiro y Esgrima de Ejercito. Era algo inaudito. El viejo luchador quedaba relegado a un papel protocolar. Poco después un ataque de hemiplejia lo fulminaría y el 31 de diciembre era retirado de oficio como general de división. Inválido en el ostracismo político, fallecía el 4 de junio de 1940.
Al memorar su ejemplo –un ejemplo vigente para estos días-, vale la pena recordar aquella sentencia en la que afirmó: “Es bueno vitorear a la Patria, pero es mejor ayudarla a vivir contribuyendo a su engrandecimiento y bienestar”.

*Publicado originalmente en la revista TODO ES HISTORIA (Edición Nº 151 – Diciembre de 1979).
3) Noticia de proyecto de renacionalización enviado por la presidenta Cristina Fernández
Ultimas Noticias|Lunes, 16 de abril de 2012
Soberanía hidrocarburífera
El Gobierno Nacional propuso la expropiación del 51 por ciento de YPF y declara de interés público el autoabastecimiento de combustible


A través de un proyecto de ley enviado al Congreso, el Ejecutivo Nacional establece como "objetivo prioritario el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, y la explotación, la industrialización, el transporte y la comercialización" de los mismos, dispone la creación de la Comisión Federal de Hidrocarburos y la remoción de la totalidad de los directores y síndicos titulares y suplentes de la empresa petrolera. Al encabezar el acto, la presidenta Cristina Kirchner afirmó que de "proseguir con esta política de vaciamiento, de no producción, de no exploración, prácticamente nos tornaríamos en un país inviable, por políticas empresariales y no por recursos, ya que somos el 3er. país en el mundo luego de China y EEUU en tener gas" y agregó que "es la primera vez en 17 años que Argentina tiene que importar gas y petróleo". Además anunció la intervención de YPF a cargo del minsitro de Planificación, Julio De Vido y el viceministro de Economía, Axel Kicillof.
A través de cadena nacional, Cristina afirmó que presentó el proyecto para la recuperación de la soberanía de hidrocarburos porque "somos casi el único país que no maneja los recursos naturales", y consignó que desde 1999 hasta el 2011 "la utilidad neta de YPF fue de 16.450 millones de dolares" y que la empresa distribuyó dividentos por 13.246 millones de dólares. "El problema fue la desnacionalización", agregó.
Además, la mandataria afirmó que el modelo elegido para el futuro de YPF "no es de estatización" sino de "recuperación de la soberanía y control" de los hidrocarburos. "Durante muchos años en distintos sectores de la economía manejados por el Estado, se aplicó un criterio partidario, que siguió dando argumento a que el Estado era inútil y que sólo los privados podían manejar recursos del Estado".
Entre los 19 artículos que conforman el texto que ingresará Senado, se establece la necesidad de garantizar el desarrollo económico, y el crecimiento "equitativo y sustentable de las provincias" y dispone que el Ejecutivo "arbitrará las medidas al cumplimiento de esta medida con el concurso de los estados provinciales y el capital público y privado nacional e internacional".

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PabloCuc🇦🇷
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