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Una nueva propuesta animada llega a las salas del cine mundial con la intención de establecer una franquicia donde hay muchas que ya están más que quemadas (La Era de Hielo, Madagascar) y otras que hasta se murieron (Shrek).
Las ambiciones de la nueva película de Dreamworks, no son muy altas y deja claro que su rendimiento en taquilla es prioridad, por encima de premiaciones y crítica. Es por ello que se descuidaron tanto en la parte del guion. Aun así, los grandes aciertos técnicos permitirán a esta propuesta cavernícola emerger como una nueva franquicia millonaria.
Aunque los protagonistas son unos habitantes de las cavernas que se sorprenden y asustan con lo nuevo, en un principio, suelen tener de manera inconsistente algunos conceptos que se desarrollaron en la modernidad, dando así comportamientos contradictorios y diálogos que sobran y sólo se corrigen mediante el sobrevalorado acto sentimental. Por fortuna, la película se salva gracias a la oportuna aparición de Guy, en cuanto llega el punto de giro.
En contraste con lo anterior, las escenas de acción son fluidas y bien ambientadas tanto en música como en arte conceptual, exponiendo bellas texturas en diferentes materiales. Además, la película se solidifica con buenas tomas que explotan la principal fortaleza de la animación (el ojo de dios). De esa manera, hay varias secuencias divertidas que exponen bien el excelente diseño de criaturas y que permite el lucimiento de una bella paleta de colores que sin duda alguna, se quedará en la cabeza del target principal: los niños.
Lo mejor de este filme es la composición musical de Alan Silvestri, sencillamente épica y bella. El ost de los Croods, tiene piezas que son siempre adecuadas y que por calidad se convierten en los hilos reguladores de las emociones.
En resumidas cuentas, tenemos un producto sencillo, pero bonito, que tendrá que mejorar mucho su calidad textual si aspira a ocupar un lugar en las taquillas mundiales, con sus secuelas al menos por esta década. Sin dedicarse a repetir chistes y sin torcer arbitrariamente las decisiones de los personajes.