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Universidad Obrera Nacional - Continuacion parte 2

1.4. El estímulo de la enseñanza técnica y la capacitación obrera. a) El contexto internacional. Puede considerarse que la historia de la moderna instrucción técnica y vocacional comenzó a mediados del siglo XIX con los esfuerzos de Francia, Alemania y Bélgica que entonces advirtieron su desventaja tecnológica respecto de Gran Bretaña y convirtieron a la educación en el medio más eficaz para recuperar el terreno perdido. Sin embargo, la atención brindada a la enseñanza técnica varió de acuerdo con las circunstancias nacionales particulares. Durante un prolongado período de tiempo la teoría del laissez faire que justificó el desarrollo de la industria, también sirvió de base al argumento de que era la industria misma la que debía instruir al personal que ocupaba y fijar los objetivos de dicha instrucción. Desde fines de la Segunda Guerra Mundial se generalizó e intensificó el cambio respecto del papel cumplido por la instrucción industrial. El eje de esa transformación fue la certeza de que el potencial humano instruido representaba un recurso nacional cuya importancia podía equipararse con la de los yacimientos petrolíferos por ejemplo. Por eso, la capacitación vocacional y profesional dejó de ser concebida como un gasto y fue comprendida como una inversión lucrativa en tanto incrementaba el capital nacional. Admitiendo el valor económico de la educación, muchos gobiernos justificaron sus gastos en ese rubro con argumentos referidos al interés nacional. Se difundió la noción de que la fuente más importante de innovación tecnológica era la educación. El examen de algunos antecedentes internacionales confirmará la evolución señalada a la vez que posibilitará la comparación con lo actuado en nuestro país en esa materia. En Francia, la organización integral de la educación técnica tuvo su punto de partida en la ley Astier de 1919. Sobre su base se creó un sistema público de educación técnica y se definieron las condiciones de un sistema privado en el cual la industria fue invitada a colaborar. Esta organización, que afectaba a todo el sistema educacional, era muy compleja; abarcaba la instrucción profesional de jóvenes y aprendices para los oficios especializados y los cargos técnicos de supervisión, la instrucción vocacional de los adultos, la formación de técnicos superiores, cursos complementarios profesionales para los que ya trabajaban en determinado oficio, etc.29 Tan amplio panorama escapa al interés que nos motiva; sin embargo resulta útil resumir las características de la formación de técnicos en el nivel superior, tema que en 1959 ocupaba la atención de la Revista del Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Bs.As. La orientación hacia la ciencia y la técnica se introducía en los estudios de los jóvenes franceses en los tres últimos años de la escuela secundaria. El bachillerato, que constituía el primer título universitario, importaba una determinada orientación. Una vez graduado el bachiller podía optar por el ingreso a la Facultad de Ciencias o someterse a un severo concurso de admisión a las Grandes Escuelas en las que se estudiaba ingeniería. Las Grandes Escuelas eran establecimientos del Estado creados con vista a una formación determinada de los alumnos. Unas debían formar los cuadros superiores de la administración y del ejército; eran las célebres Escuelas Normales Superiores de Varones y Mujeres, la Escuela Normal Superior de Enseñanza Técnica, la Escuela Nacional de Administración, etc. Las otras, que eran la mayoría, estaban destinadas a la formación de ingenieros: Escuela Politécnica, Escuela Central de Artes y Oficios de París, Escuela Nacional Superior de Ingeniería Naval, las de Aeronáutica, Minas, Vialidad, etc. En estos establecimientos el número de alumnos era restringido y el examen de ingreso particularmente difícil. A cambio, los diplomas aseguraban el inmediato ejercicio de la profesión. En la misma época, la educación técnica se impartía en Alemania en las llamadas Escuelas Técnicas Superiores, de igual categoría que las universidades y con idéntico nivel académico. En 1958 existían en Alemania Oriental dos de estos establecimientos y ocho en Alemania Occidental. Allí, dos años antes, la Escuela Técnica Superior de Berlín había cambiado su nombre por el de Universidad Técnica. Similares tendencias se observaban en otros países europeos, sin embargo es en la Unión Soviética donde mejor se detecta el desarrollo de un plan general tendiente a subordinar el sistema educativo a las necesidades de la industria. Nos detenemos en su reseña atendiendo a la influencia que este plan habría ejercido sobre las iniciativas del peronismo, según el diputado Nerio Rojas. 31 Después de 1917 la educación y la instrucción popular se convirtieron en la tarea fundamental que el estado soviético se dispuso a cumplir como condición esencial para la construcción de la nueva sociedad. La organización de un sistema centralizado recorrió distintas etapas; comenzó a estructurarse hacia 1919 con la creación de escuelas- fábrica destinadas a instruir jóvenes de 14 á 18 años y convertirlos en obreros calificados. El plan trazado diferenció el personal formado para la industria en tres categorías: obreros, técnicos e ingenieros, de acuerdo con su papel en el proceso de producción y sus antecedentes educacionales. Los trabajadores especializados se instruían en las escuelas técnicas de oficios o en la extendida red de escuelas – fábrica. Sólo en 1940 se fundaron 1549 establecimientos y en 1941 se organizaron 500 escuelas – fábrica adicionales. Las especialidades ofrecidas superaban el millar y el proceso de instrucción se cumplía en etapas. Los técnicos y los ingenieros se formaban en establecimientos educativos especiales. Hacia 1955 las escuelas técnicas secundarias contaban con 3.654.300 alumnos y ofrecían más de cien especialidades. En la misma época los institutos técnicos superiores ofrecían sesenta y siete especialidades a más de 3.800.000 estudiantes. La creencia en el poder transformador y en la potencialidad del sistema educativo para la generación del progreso, también apareció como una constante en los países latinoamericanos. El convencimiento del papel económico que cumplía la educación se manifestó en la creación de instituciones que, frecuentemente al margen de los ministerios de educación, tuvieron características y fines similares. En Brasil, este proceso fue iniciado por la Ley Orgánica de Educación Industrial, en 1942; dicha norma orientaba la preparación profesional de los trabajadores en la industria, el transporte y las comunicaciones. La educación industrial se integraba al sistema escolar del país y se dividía en dos ciclos: el primero abarcaba cuatro órdenes de instrucción con sus correspondientes cursos, el industrial básico y los de aprendices, artesanos y maestros. El segundo ciclo incluyó dos órdenes: el curso técnico y el pedagógico. La ley se complementó con la creación de escuelas técnicas e industriales. El decreto ley 4048/42 creó un sistema nacional concebido para mantener, dirigir y administrar la instrucción industrial: el Servicio Nacional de Instrucción Industrial (SENAI) El nuevo organismo vinculados a los Ministerios de Educación y Trabajo, se consagró especialmente a la formación de aprendices de 14 á 18 años a quienes se impartía una educación general básica, unida al estudio de la tecnología especializada. Otros tipos de cursos mantenidos por el SENAI estaban destinados a los obreros adultos, maestros artesanos y a la formación del personal de nivel medio en las empresas, es decir, técnicos y supervisores. Las acciones emprendidas en Brasil inspiraron la creación de servicios semejantes en otros países sudamericanos; en Colombia el S.E.N.A. (Servicio Nacional de Enseñanza); en Venezuela el I.N.C.E. (Instituto Nacional de Cooperación Educacional); en Chile la Comisión Nacional de Formación Vocacional y la Universidad Técnica del Estado; en Perú el S.E.N.A.T. (Servicio Nacional de Formación y Trabajo Industrial) y en la Argentina la C.N.A.O.P. (Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional) y la Universidad Obrera Nacional. En el caso particular de nuestro país no puede considerarse que la educación haya constituido uno de los factores dinámicos del proceso de crecimiento industrial, como la disponibilidad de capital, la ampliación del mercado o el incentivo de la política estatal. Tampoco en la Argentina la elaboración de recursos educacionales destinados a promover el crecimiento industrial ha sido el resultado de un plan integral cuidadosamente preconcebido. La estructura de la educación técnica se desarrolló desordenadamente acumulando iniciativas y decisiones relativamente independientes que más bien resolvían problemas parciales antes que satisfacer las necesidades de un sistema total. En el período que consideramos el acento puesto en la enseñanza técnica, de los oficios y artes manuales coincidió con la tendencia manifiesta en el resto de Sudamérica y, básicamente, fue una pronta respuesta a las exigencias del proceso de industrialización recientemente iniciado. El plan concebido tendió a articular un sistema integral, aunque dejó de lado la estructura institucional dependiente del Ministerio de Educación y fue acusado, por esto, de constituir una diversificación innecesaria. Además, y a diferencia de lo que sucedía en la mayoría de los otros países, el sistema se prolongó al ámbito universitario con una creación original, la Universidad Obrera, que escapaba a los cánones tradicionales y no reconocía demasiados antecedentes. El mensaje que Perón dirige al Congreso en 1948 ilustra sobre el espíritu y fundamentos de las nuevas concepciones en materia de enseñanza técnica y capacitación profesional: “Preparación técnica, respeto de sus derechos, protección biológica, vivienda sana y económica: he aquí enunciada en cuatro proposiciones, la suma de las aspiraciones de un pueblo que se siente libre y se sabe fuerte (...) Vivimos la era de la especialización en todos los órdenes de la actividad humana...”; por ello es que el Estado ha creado diversas escuelas en las que los jóvenes se preparan para integrar después “...los cuadros de especialistas que nuestra economía reclama” Inicialmente el Primer Plan Quinquenal 36 (1947-1951) persiguió como objetivo clave armonizar la enseñanza técnica en una estructura que la unificara y la integrara a un plan general. Sin embargo, la acción de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP) como ente directivo de un sistema destinado a los obreros, diversificaría nuevamente la enseñanza técnica perfilando dos áreas desvinculadas entre sí: la dependiente del Ministerio de Educación y la que, por intermedio de la CNAOP, se subordinaba al Ministerio de Trabajo y Previsión. b) La labor del peronismo A la vista del tema central de este trabajo, sólo reseñaremos la labor del peronismo en materia de enseñanza media técnica, dependiente del Ministerio de Educación, para detenernos en el área del aprendizaje y la formación profesional. La estructura de la enseñanza técnica que antes describimos fue reformada por el peronismo de acuerdo con los lineamientos de la política educativa nacional. El Primer Plan Quinquenal expuso el objetivo de refundir en un solo organismo la dispersión que caracterizaba este ámbito de la instrucción y convertirla en camino para que el obrero y el artesano lleguen a la universidad. De la Sección Tercera del nuevo Consejo Nacional de Educación dependía la enseñanza técnica en sus tres grados: capacitación, perfeccionamiento y especialización. El título de perito en la especialidad correspondiente habilitaba para el ingreso a la universidad. A la vez que se uniformaban los planes de estudio de los tres ciclos implantados 38 se unificaban, por decreto 19379/48, las Escuelas de Artes y Oficios, las Técnicas de Oficios y las Industriales. Todas se denominaron Escuelas Industriales de la Nación. Las de Artes y Oficios pasaron a constituir el ciclo básico o de capacitación y al cabo de tras años de estudio otorgaban el correspondiente certificado. Las escuelas Técnicas de Oficios correspondieron al ciclo medio o de perfeccionamiento y permitieron obtener, después de otros dos años, el certificado de experto en un oficio. El ciclo superior o de especialización, equivalente a las Escuelas Industriales, se extendía durante tres años y hacía posible acceder al título de técnico en un oficio. Estos planes fueron nuevamente reformados en 1952; por decreto 2164 39 se implantó un ciclo básico que reemplazó a los anteriores de capacitación y perfeccionamiento, con una duración de tres años y la posibilidad de obtener un certificado de experto en el oficio cursado. El ciclo superior, también de tres años, con un mayor número de clases de taller, otorgaba el título de técnico. Se implantaron además cursos complementarios técnicos y humanísticos. Técnicos, de un año de duración, para egresados de escuelas industriales regionales, ciclos básicos de bachillerato, magisterio y escuelas de comercio; humanísticos para los egresados de los cursos nocturnos. Quedaron además diferenciadas tres categorías de establecimientos dependientes de la ya creada Dirección General de Enseñanza Técnica y se estableció el régimen de homologación de planes. Casi paralelamente a este proceso y con el fin de impulsar la enseñanza técnica en el interior del país, se crearon las Misiones Monotécnicas y de Extensión Cultural 40 para difundir la artesanía rural en el primer grado y en diversos oficios. Cada misión funcionaba con carácter transitorio, en las más alejadas comunidades rurales que señalara el departamento de Justicia e Instrucción Pública. Las Misiones de Cultura Rural y Doméstica41 tuvieron características similares pero estuvieron limitadas a la formación de la mujer en las artesanías rurales y quehaceres domésticos. En lo que respecta al aprendizaje y perfeccionamiento obrero, la labor de Perón comenzó en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Por su iniciativa, desde 1944, el gobierno militar comenzó a centrar su atención en los problemas obreros. Perón encarnaba una política social lúcida y original cuyos objetivos fueron organizar las masas obreras, antes desarticuladas o controladas por sindicatos de la extrema izquierda, llenar el vacío existente en materia de legislación social e instaurar un Estado fuerte capaz de terminar con el enfrentamiento de clases. La obra legislativa que realizó en pocos meses el Coronel-Secretario, con innegable eficacia, se manifestó en una multitud de decretos y leyes 42 entre las que figura la organización del aprendizaje industrial y la capacitación obrera. Por decreto 14538 del 3 de junio de 1944 43 se organizó y reglamentó el aprendizaje y trabajo de los menores y se creó la Dirección de Aprendizaje y Trabajo de los Menores, dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión. El objetivo propuesto era “...propender al mejoramiento moral y material de los trabajadores...” ya que “...si el obrero aumenta su nivel cultural y técnico podrá esperar y pretender un lógico acrecentamiento de su capacidad de producción y, en consecuencia, salarios más altos y una mejor ubicación en los cuadros sociales...” La creación se fundamentaba en los imperativos de la justicia social a la vez que, especialmente, se proponía satisfacer las exigencias del “...creciente desarrollo de las industrias argentinas...”, necesitadas de personal especializado. El decreto 14538/44 fue modificado por otros dos, en 1945 y 1946 y, finalmente, convertidos en ley 12921 del 21 de diciembre de 1946.44 Las modificaciones operadas introdujeron la creación de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP), ente autárquico que suplía a los organismos anteriores y centralizaba la acción del Estado en materia de aprendizaje y perfeccionamiento obrero. Presidida por el Secretario de Trabajo y Previsión, o funcionario que éste indicara, sus miembros eran designados por el Poder Ejecutivo y desempeñaban sus funciones ad honorem. Los sesenta y seis artículos de la norma legal estaban organizados en catorce capítulos en los que se estructuró un sistema completo en el que el Estado tenía el primordial papel de vigilar, controlar y dirigir el trabajo de los menores entre 14 y 18 años. Estos menores se incluyeron en tres categorías: aprendiz, menor ayudante obrero y menor instruido, establecidas según el grado de capacitación logrado en el proceso de aprendizaje. Se consideró aprendizaje a todo régimen de trabajo cuya organización permitiera asegurar la enseñanza de un oficio, en forma gradual, metódica y acorde con el vigor físico. La enseñanza teórica de conocimientos indispensables para la formación cultural, moral y cívica complementaba la actividad práctica. Los cursos se organizaron en tres categorías, de aprendizaje, complementarios y de preaprendizaje. Los primeros, para menores de 14 á 16 años, se ofrecían en los mismos establecimientos industriales o en las escuelas instaladas por la CNAOP. Los establecimientos industriales estaban obligados a ocupar un número preestablecido de menores y a organizar cursos para la formación técnica de sus aprendices, según planes de estudio aprobados por la Comisión Nacional. Paralelamente, dicha comisión instaló escuelas profesionales y técnicas de medio turno para aquellos aprendices que no asistieran a los cursos antes mencionados en las fábricas o desearan completarlos. Los cursos complementarios para menores de 16 á 18 años que trabajaran ocho horas, se dictaban en las propias fábricas o talleres. Comprendían una tarea semanal de diez horas, tenían carácter obligatorio y una duración de uno a tres años según el oficio. Cursos similares se organizaron para obreros adultos que quisieran completar su formación técnica y cultural. En los planes de estudio se incluyeron nociones de cultura general (idioma nacional, geografía e historia argentinas), una preparación específica en el oficio y nociones de legislación obrera y reglamentos de trabajo. En las escuelas de medio turno, primarias, podían funcionar los llamados cursos de preaprendizaje que sin ser estrictamente profesionales, enseñarían trabajos industriales adecuados a la edad y sexo. Otros dos tipos de establecimiento completaban el sistema: las Colonias –Escuela, destinadas a menores inadaptados, deficientes, huérfanos o abandonados, bajo un régimen mixto de enseñanza y producción, y las Escuelas – Fábrica. Instaladas para formar aprendices en aquellas industrias que lo necesitaran, las escuelas-fábrica estuvieron también sujetas a un régimen de enseñanza y producción, orientándose hacia el fomento de las industrias nuevas o al perfeccionamiento de las existentes. En estas escuelas se fabricaban además los útiles y elementos necesarios para el mantenimiento de los servicios de asistencia social u otros de previsión. Tanto el decreto original como los que lo modificaron atendieron totalmente lo referido a las condiciones de trabajo de los menores: duración de la jornada y salarios. También, la confección de registros de menores que trabajaban y la coordinación de exámenes médicos, psicofísicos y psicotécnicos, a cargo del Instituto de Psicotecnia y Orientación Profesional; la elaboración de estadísticas, organización de bibliotecas y campañas de propaganda en todo el país. Para posibilitar el cumplimiento de la ley se creó un fondo especial denominado “Fondo para Aprendizaje”, administrado por la CNAOP y constituido por el producido de un impuesto “para aprendizaje” de diez por mil sobre el total de los sueldos pagados al personal ocupado en los establecimientos industriales de cualquier índole, excepto los del Estado. A él se sumarían las donaciones, multas, legados y los saldos sobre los recursos efectivos y los gastos reales. Aquellas empresas que organizaron cursos de aprendizaje o contribuyeron a su sostenimiento en las escuelas de la Comisión, se vieron beneficiadas con una reducción al dos por mil del impuesto antes mencionado. Esta circunstancia refrenda la opinión de que la instalación de una escuela-fábrica favoreció doblemente a los empleadores: por una parte les permitió obtener mano de obra joven y barata y, por otra, reducir el monto del impuesto. Atendiendo a los aspectos positivos de la medida es preciso notar que la habilitación de las escuelas y los cursos benefició a muchos jóvenes trabajadores que luego de las jornadas en la fábrica, pudieron seguir estudiando y perfeccionarse. Asimismo, las normas del decreto 14538 / 44 y sus modificaciones constituyen un jalón importante en el propósito de restablecer el aprendizaje orgánico, a pesar de que atendía exclusivamente al llamado “aprendizaje industrial”. Más que aprendizaje en el sentido tradicional, éste era una formación profesional, según la distinción establecida en los manuales de derecho laboral La característica fundamental de este aprendizaje contemplado en la norma legal de referencia, es el ensamble del trabajo del taller con una enseñanza suplementaria organizada en cursos especiales. Los jóvenes que reciben el nombre genérico de aprendices, más bien se forman por la observación, la imitación y la colaboración, sin una enseñanza directa; por esto necesitan el complemento e cursos teórico - prácticos fuera de las horas de trabajo. El aprendizaje tradicional o artesano, que suponía la obligación del maestro de enseñar, no fue reglamentado y, en realidad no ha sido objeto de legislación en nuestro país47; probablemente porque la evolución industrial determinó su gradual pérdida de importancia en la práctica. En 1948 Perón destacaba la labor cumplida por la CNAOP, encuadrándola en el área de acción social del gobierno. Apuntaba la existencia en ese año de cinco escuelas-fábrica, veintisiete cursos de aprendizaje, cinco escuelas privadas de fábrica, veinte cursos de medio turno y anunciaba los planes de creación de la Universidad Obrera. 48 Los primeros resultados fueron notables. Entre 1947 y 1951 se crearon setenta y ocho escuelas – fábrica, ciento tres escuelas de aprendizaje, ciento seis escuelas de medio turno, trescientos cuatro escuelas de capacitación obrera para adultos y setenta y ocho de capacitación profesional para mujeres.49 Las especialidades dictadas eran numerosas: radiocomunicaciones, mecánica general, artes gráficas, zapatería, plomería, carpintería de obra, obras sanitarias y muchas otras. Para mujeres se enseñaba corte y confección, bordado, lencería, camisería, juguetería, etc. El Segundo Plan Quinquenal (Cap. IV,E,4) proyectaba en el ámbito del aprendizaje y orientación profesional, el reajuste de los programas adecuándolos a la necesidad de una formación más especializada. Estas previsiones comenzaron a concretarse ya en 1953 con la renovación de planes y programas; previa consulta con entidades gremiales y patronales se seleccionaron las especialidades para las escuelas-fábrica y se crearon nuevos establecimientos. El impulso de la CNAOP parecía no detenerse. Es que se adaptaba coherentemente al régimen; satisfacía las necesidades de los sectores sociales del trabajo, los requerimientos de la política de industrialización y, al mismo tiempo, encarnaba los principios de justicia social que inspiraban al conductor. II. La diversificación de la enseñanza técnica superior: De la Universidad Obrera Nacional a la Universidad Tecnológica Nacional (1943¬1962) 2. La creación de la Universidad Obrera Nacional 2.1. El proyecto y los debates parlamentarios 2.2 La organización de la Universidad Obrera 2.3. El funcionamiento hasta 1955 2.4. Repercusión y trascendencia II. 2. LA CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD OBRERA NACIONAL 2.1. El proyecto y los debates parlamentarios. Las elecciones de febrero de 1946 habían dado a Perón una mayoría superior a los dos tercios en la Cámara de Diputados; sobre el total de diputados ciento seis eran peronistas y cuarenta y nueve bancas, de las cuales cuarenta y cuatro eran radicales, pertenecían a la oposición. En el Senado, excepto Corrientes, todos los representantes de las provincias debían su lealtad al presidente. Estas circunstancias determinaron el papel del Congreso durante este período. La bancada radical, el legendario bloque de los 44, constituyó un conjunto notable de hombres jóvenes y dinámicos. Félix Luna lo distingue como el grupo más brillante, parejo y eficaz que haya desempeñado la función opositora en los anales parlamentarios argentinos.1 Otros historiadores, sin embargo, le achacan haber ejercido la oposición basándose “...en principios, con terquedad, frustración y esnobismo intelectual.” 2 Lo cierto es que en las sesiones, fueron frecuentes los insultos, más o menos sutiles y hasta elegantes; pero las alusiones a Perón, su esposa y el gobierno, llegaron a convertirse en frases ofensivas que la mayoría sancionó con suspensiones y expulsiones. En este clima de hostilidad, puede afirmarse que, sumados los excesos del oficialismo, los radicales contribuyeron con su actitud al duro destino que les tocó vivir en aquellos años. La mayoría peronista tenía también sus flancos débiles y sólo se contaron entre sus filas unas pocas personalidades sobresalientes por su capacidad y lucidez. La calidad de los legisladores no era una especial preocupación de Perón, que controlaba muy de cerca lo que sucedía en la Cámara de Diputados dando instrucciones precisas sobre proyectos, leyes pendientes y tácticas a emplear. El debilitamiento de la posición política del Congreso constituye una de las notas características del período. El control ejercido por el ejecutivo, especialmente después de la reforma del ´49, se hizo evidente aún para los propios legisladores peronistas. Raúl Bustos Fierro sostenía que “...la responsabilidad histórica de tal desjerarquización (...) nos alcanza a todos y a cada uno de los que ocupábamos las bancas.... Incluyéndonos, por ser común, hasta los mismos que vivimos con indeclinable e interminable reclamo por ello, en el seno del partido y ante el jefe del partido. Y que lo enjuiciamos como funesto error de conducción política”. El poder ejecutivo asumió el monopolio de los emprendimientos en materia legislativa, y como el debate interno en la bancada oficial no era frecuente, se facilitó la expeditiva sanción de innumerables leyes. Entre ellas, la que lleva el número 13229, del 19 de agosto de 1948, sobre la creación de la Universidad Obrera Nacional (U.O.N.) En la reunión segunda del 3 de mayo de 1948 ingresó a la Cámara alta el proyecto de ley suscripto por el Presidente, su ministro del Interior, Ángel Borlenghi y por el Secretario el Trabajo y Previsión José María Freire. La paternidad del proyecto fue atribuida a Perón y esto es probable ya que su directo colaborador en esa materia, Freire, desempeñó una opaca tarea en la Secretaría y ésta fue pronto controlada por Eva Perón. En el mensaje que acompañó el proyecto se reseñaba el contenido de las normas legales que implantaron el primer ciclo de aprendizaje bajo la dirección de la CNAOP y se exponían los fundamentos. Básicamente la nueva medida cumpliría dos cometidos fundamentales; el de coadyuvar en la recuperación económica del país permitiendo que “...la industria nacional sea dirigida por técnicos argentinos y realizada por obreros argentinos...” y también posibilitar a los trabajadores “escalar posiciones que antes les fueron ordinariamente negadas”. (Senadores, 1948. T. I., p.170) El proyecto de ley constaba de dos capítulos. El primero implantaba el segundo ciclo de aprendizaje, cursos de perfeccionamiento técnico, con la finalidad reiterada de proporcionar a la industria técnicos competentes, mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y proporcionar los conocimientos indispensables para acceder a los estudios superiores en la U.O.N. Eran condiciones de ingreso para este ciclo, la aprobación del ciclo básico en las escuelas de la C.N.A.O.P. u otras técnicas, demostrar mediante libreta de trabajo condición de obrero y, finalmente, mediante certificado expedido por autoridad competente, comprobar buena conducta. Los cursos comprendían cuatro años de estudios y se distinguían por su carácter teórico-práctico y el horario vespertino en que se dictaban a fin de facilitar la asistencia de los trabajadores. Los egresados obtenían el título de técnico de fábrica en la especialidad correspondiente. Los institutos donde se cumplía este segundo ciclo, debían realizar tareas de extensión y especialización para personal docente y directivo de los establecimientos de la CNAOP. El capítulo II disponía la creación de la Universidad Obrera Nacional como institución superior de enseñanza técnica, dependiente de la CNAOP. Sus objetivos eran la formación integral de profesionales de origen obrero para satisfacer las necesidades de la industria, proveer a la enseñanza técnica de docentes formados en la experiencia del taller, asesorar en la redacción de planes y programas de estudio de los ciclos inferiores y en las actividades de organización, dirección y fomento de la industria nacional; promovería investigaciones y toda realización tendiente a satisfacer los fines propuestos. Para ingresar a la U.O.N. era necesario acreditar título de técnico de fábrica o egreso de secuelas industriales del estado, aunque se daba preferencia a los primeros Además, como en el segundo ciclo, condición de obrero y buena conducta comprobadas. Los cursos tenían una duración de cinco años y su aprobación otorgaba el título de ingeniero de fábrica. Finalmente el Ejecutivo disponía que los costos de instalación, en terrenos fiscales adecuados, fueran cubiertos por una suma de treinta millones de pesos moneda nacional y un subsidio anual de dos millones hasta tanto el fondo especial destinado al Aprendizaje permitiera que la CNAOP solventara los gastos de funcionamiento de la institución. Examinado por las comisiones de Instrucción Pública y de Presupuesto, hacienda y Finanzas, el despacho se produjo en los primeros días de junio y fue considerado inmediatamente.5 Las modificaciones introducidas refirieron casi exclusivamente a la duración de los cursos, aconsejándose no precisar en el texto legal la cantidad de años sino consignar que sería determinada por reglamentación pertinente. El legislador puntano Sosa Loyola reseñó el proyecto y sus finalidades caracterizándolo como un “... paso gigantesco en pro de la enseñanza industrial y técnica para la capacitación de los obreros argentinos”. El senador Lorenzo Soler sumó su apoyo entusiasta y elogió la creación como “...una de las ideas más geniales que pudo haber tenido nuestro presidente...”; por esto propuso que la ley se denomine ley Perón en homenaje a su creador. Por intervención del jujeño Miguel Tanco se realizaron algunas aclaraciones formales sobre los estudios requeridos para ingresas a primer año que, en realidad, poco tenían que ver con el tema tratado. El senador Amelotti, tras expresar su apoyo, introdujo en el debate la única nota que podría haber suscitado una discusión relativamente sustancial. Sus preocupaciones se centraron en la obligación de los ingresantes de comprobar su condición de obreros; podía ocurrir que aunque tuvieran la preparación suficiente, no estuvieran prestando servicios en ninguna fábrica; su inquietud fue soslayada. Era de suponer que el joven que había cursado estudios en las escuelas industriales “...es un obrero, porque en ellas se hace trabajo de obrero...” respondió Soler evasivamente. No obstante la exigencia era imprescindible para evitar la formación de “...obreros puramente intelectuales...” subrayaba el legislador Ramón Martínez. El incipiente debate se diluyó pronto y el despacho fue aprobado sin observaciones. El 17 de junio el proyecto de ley, incluido entre las sanciones en revisión provenientes del Senado, pasó a las Comisiones de Instrucción Pública, Hacienda y Presupuesto de la Cámara de Diputados de la Nación.6 El 21 de julio la Comisión de Instrucción Pública comunicó haber producido anteproyecto de despacho y ese mismo día el diputado Visca propuso que la Cámara se constituyera en comisión para estudiar la propuesta con la mayor urgencia. Las objeciones de Dellepiane y Nerio Rojas, diputados del bloque minoritario, centradas en la superficialidad del análisis del proyecto efectuado por la Comisión de Instrucción Pública y en la inexistencia de despacho de la otra comisión, dieron lugar a una discusión tan ardua como estéril sobre los métodos de trabajo del bloque oficialista, la condescendiente unanimidad del Senado y la actitud obstaculizadora de la oposición. La disputa fue matizada con risas, aplausos, alegorías zoológicas7 y acotaciones irónicas intercambiadas por Nerio Rojas, Del Carril y Bustos Fierro. Finalmente la superioridad del oficialismo se impuso y la Cámara consideró el proyecto constituida en comisión. Abrió el debate el diputado Ayala López Torres con una prolongada disertación en la que expuso las modalidades de la enseñanza técnica en el país, reseñó las características del primer ciclo de aprendizaje creado por la ley 12921/46 y se extendió en el análisis de las siguientes etapas, reiterando los fundamentos expuestos por el Ejecutivo. Luego detalló ampliamente la obra realizada por la CNAOP, bajo la dirección del teniente coronel Juan F. Castro. Después comenzó la discusión del proyecto. Los debates previos a la votación en particular y en general fueron verdaderamente intensos. Discursos pródigos en citas históricas, consideraciones pedagógicas, erudición, mordacidad e incluso falta de originalidad, se cruzaron en una urdimbre cuya complejidad era más aparente que real. Una lectura cuidadosa del Diario de Sesiones pronto perfila las dos concepciones políticas enfrentadas y representadas en el Congreso durante los primeros años del gobierno peronista. Los diputados de la oposición que hicieron uso de la palabra para objetar la iniciativa fueron numerosos; se destacaron las intervenciones de Nerio Rojas, Dellepiane, Sobral, Absalón Rojas, Yadarola, Monjardín, Del Mazo, Dávila y Pérez Martín. El diputado conservador Reynaldo Pastor apoyó el proyecto pese a las imperfecciones detectadas. La bancada oficialista expresó su adhesión a través de los diputados Guardo, Lasciar, Bustos Fierro, Garay, Filippo, Montiel y Díaz, entre otros. El capítulo segundo, referido a la Universidad Obrera, monopolizó el debate. Los argumentos de la oposición estuvieron focalizados en algunos aspectos significativos. Sostenían que la medida atentaba contra el propósito unitario que debía guiar el sistema educativo nacional al dejar al margen escuelas que dependían de otros organismos. Se producía una evidente contradicción con los objetivos de unificación de la enseñanza técnica propuestos en el primer plan quinquenal. Esta ley acentuaba la dispersión al crear una estructura dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión que “... solo reconoce los sindicatos oficializados.” (Dellepiane, Diputados, III, 1948, p.1983) Otro de los asuntos que acometió la bancada de la U.C.R. fue la implicada en el artículo 3º. Sus dos incisos fueron objeto de severos cuestionamientos. El primero referido a la necesidad de comprobar la condición de obrero para ingresar a cualquiera de estos ciclo, llevo a la oposición a dictaminar que la Universidad Obrera era una universidad de clase y, por ende, antidemocrática, destinada a mantener la división de clases o a “...seducir con ilusiones demagógicas a una de las clases.” (Rojas, N. Diputados, 1948, III, p. 2229) El inciso b) del mismo artículo, referido a la presentación de un certificado de buena conducta, consagración al trabajo y respeto por las leyes, generó también numerosos alegatos en su contra. ¿Cómo comprobarían buena conducta aquellos aspirantes que no fueran gratos al gobierno? se preguntaba Dellepiane (Diputados, 1948, III, p. 1983). Además el requisito fue considerado como una exigencia carente de carácter pedagógico, impuesta con una “...finalidad eminentemente política y extorsiva”. (Monjardín, Diputados, 1948, IV, p. 2926) También el conservador Pastor se manifestó en su contra aunque más laxamente (Diputados, 1948, IV, p.2940). Estas cuestiones derivaron hacia otra sustancial: la Universidad Obrera Nacional carecía de fundamentos por múltiples razones. Una de ellas se asentaba en la convicción de que la universidad argentina debía ser única y estar abierta a toda la sociedad. 8 La implementación de dos tipos de vida educativa, “... una de cultura general para unos y otra de cultura insuficiente o nula para los demás...” era una verdadera aberración social (Del Mazo. Diputados, III, p.2076) Si la universidad cerraba sus puertas a las clases humildes, la solución la solución profunda y real del problema era revisar la política universitaria y educativa, nunca crear un organismo cuyas funciones podían ser cumplidas por la universidad tradicional; “...bastaría con crear en las distintas facultades del país los aspectos técnicos que a ellas les faltan y que no fuera coartada la posibilidad (de ingreso) para ningún trabajador...” (Dellepiane, Diputados, III, p.1948) Los diputados de la oposición consideraron además que la erección de la U.O.N. entrañaba otro riesgo. Esta institución tendría una orientación fragmentaria; la enseñanza impartida en ella sería incompleta y “...sus egresados carecerían de cultura básica y general...” (Rojas, N. Diputados, 1948, III, p. 2234) El exceso de tecnicismo mutilaría la cosmovisión del hombre sostuvieron Yadarola, Del Mazo y caso todos los legisladores de la minoría. “No es posible que salgan técnicos sin preocupaciones intelectuales o morales...” aducía N. Rojas recurriendo a Ortega y Gasset para fortalecer sus aseveraciones ( Diputados, 1948, III, p.2236) Aún pudo deducir el diputado Sobral una consecuencia más extrema que luego profundizaría Del Mazo. La U.O.N. era una institución clasista al servicio del sistema capitalista porque ponía vigoroso acento en el sentido utilitario y productivo de la enseñanza. Así, este proyecto en vez de servir a la liberación del hombre lo ponía “...en esclavitud y lo perfecciona(ba) en ella al servicio de la ley. (Sobral, Diputados, 1948, III, 1999). También las consecuencias del maquinismo preocuparon al diputado Pastor y sobre todo, las consecuencias que podía suscitar en el país; concretamente, “...la alucinación de la masa agricultora nacional.” (Diputados, 1948, III, p.2219) El nombre de la universidad cuya creación se proyectaba promovió nuevas controversias. La oposición presentó por medio de Absalón Rojas (Diputados, 1948, IV, p. 2933) la moción concreta de que su denominación fuera sustituida por la de Escuela Técnica Superior. Pastor propuso Escuela Técnica del Trabajo Argentino (Diputados, 1948, III, p. 2218) por entender que el otro nombre era Aquél había sido, por otra parte, el propósito manifiesto por la ley universitaria Nº 13031/47. ostentoso y simbolizaba la lucha de clases. Del Mazo primero y Yadarola después fundamentaron la posición de la minoría sobre este tema analizando el concepto clásico de universidad; la definieron como un centro destinado a la formación integral del hombre y llegaron a la conclusión de que esta institución no podía llamarse universidad por su orientación unilateral hacia la técnica. La Universidad Obrera “...no es obrera ni es universidad. No es obrera porque es vanidosa como una creación oligárquica y no es universidad porque le falta el sentido de la universalidad, de ecumenidad, de totalidad, que es característico y esencial a toda universidad.” (Rojas,A. Diputados, 1948, IV, p. 2931) ¿Cómo defendió el proyecto la bancada oficialista?. El fundamento de los peronistas fue el conjunto de beneficios sociales y económicos que acarrearía su aprobación y la necesidad de actuar con sentido realista frente a problemas largamente postergados. Básicamente se señalaron dos facetas positivas. La formación de una conciencia técnica nacional a la que la Universidad Obrera contribuiría como elemento imprescindible para “...poder contar en el cumplimiento del Plan Quinquenal (...) con obreros argentinos perfectamente capaces...” (De la Torre, Diputados, III, p. 2231) En segundo término se consideró que el proyecto venía a cubrir “...la ausencia de derecho social en nuestra constitución...” (Bustos Fierro, Diputados, 1948, III, p. 2206) y otorgaba a la clase proletaria aquello que le había sido secularmente negado: el acceso al mundo de la técnica, de la ciencia y la cultura. En ese sentido, “... la Universidad Obrera como continuación de la enseñanza de oficios, abre para todos los hogares argentinos el camino de la superación...” (Guardo, Diputados, 1948,III, p. 1990) Merece especial atención la intervención del diputado Bustos Fierro que sumó algunos aspectos originales a la fundamentación del proyecto e intentó refutar las observaciones de la oposición. Respecto de la atomización del sistema educativo que esta creación produciría, Bustos Fierro afirmo que la U.O.N. no era una diversificación conceptual sino tan sólo física que simplemente “...salvaba el tránsito necesario hasta que algún día podamos tener una sola clase social: la clase social de argentinos bien educados.” (Diputados, 1949, III, p.2210) Con su oratoria brillante y aguda el legislador cordobés complemento los conceptos del diputado Lasciar que en la sesión anterior se había esforzado por demostrar que no existía divorcio alguno entre formación técnica y formación cultural afirmando que la Universidad Obrera estaría “...nutrida de espíritu de técnica y de cultura...” (Diputados, 1949, III, p.2209). Aunque compartía las inquietudes de la minoría sobre la elaboración de un programa pedagógico integral y articulado, Bustos Fierro defendió este proyecto fundado en las urgencias del país. La necesidad de atender estas exigencias de la vida nacional, subordinando los medios a los fines, fue en definitiva, el argumento más sólido para justificar la creación de la U.O.N. La medida fue vista por los legisladores peronistas como un instrumento para la redención social de la clase obrera y la concreción de los proyectos económicos. Respecto de las críticas que recibió el nombre de este tercer ciclo, los diputados oficialistas no mostraron gran capacidad de reacción. Montiel afirmó que se le daba el nombre de Obrera porque “...algún nombre hay que darle” (Diputados, 1948, III, p.2217) y Filippo adujo que los argentinos “...estaban hartos de vivir de palabras; queremos vivir la realidad”, y ella exige “...nuevos nombres” Asumió finalmente que la Universidad Obrera “...será una universidad de clase proletaria que, como la universidad de clase media y alta, no estará cerrada para ninguna clase social.” (1948,IV, p. 2933¬2934). Pese al intento de los radicales por prolongar el análisis del proyecto, en la sesión del 30 de julio la mayoría impuso su decisión de actuar con presteza e iniciar la votación en particular. Era esta la metodología que, según los diputados opositores condujo a la improvisación y al tratamiento superficial de muchas iniciativas del Ejecutivo. Sin embargo, el debate parlamentario descubre algunos aspectos relevantes que conviene resumir. El bloque minoritario apareció como un conjunto homogéneo cuyos argumentos no se ofrecieron vacíos de contenido y fundamentos. En el grupo se destacaron las intervenciones tan sagaces como oportunas de Del Mazo y Sobral, legisladores con sólida experiencia y un profundo conocimiento del tema educacional. Sus discursos fueron el basamento sobre el que se estructuró la posición de los radicales. Aunque el tema fue también esporádico canal a través del cual se censuró la política oficial, tenemos la impresión de que el bloque de los 44 expresó un genuino interés por resolver con acierto un tema que le preocupaba y cuya importancia advertía. La intervención de los legisladores peronistas se limitó al intento de desarticular los embates de la oposición. No siempre lo lograron. Bustos Fierro fue el pilar ideológico del grupo aunque enfrentó las críticas de la oposición con razones que sólo en forma ocasional, referían a lo estrictamente educativo. El aporte de los diputados–sindicalistas fue fervoroso; la simpleza de sus argumentos no les restó fecundidad por cuanto introdujeron una cuota de realismo aunque evidenciaron una gran falta de preparación para enfrentar debates de fondo. El 19 de agosto de 1948 quedó sancionado, sin modificaciones, el proyecto de ley; mediaron entre su presentación y aprobación poco más de tres meses. Las cámaras habían procedido con celeridad; faltaba ahora instrumentar los medios para que la iniciativa se pusiera concretamente en marcha. Durante todo el mes de julio del 48, el diario La Prensa 9 había venido detallando a sus lectores la actuación del Congreso respecto de la creación de la U.O.N., a la que con frecuencia se denominó Universidad Popular. Los debates parlamentarios fueron reproducidos textualmente y en casi toda su extensión, sin introducir en la información ningún comentario crítico. Sin embargo, en notas editoriales contemporáneas se difundían las conclusiones del Congreso Mundial de Universidades en Utrech, en un tono francamente adverso a la política cultural y educativa del gobierno. El mismo día de la promulgación de la ley 13229, la nota editorial de La Prensa llevó el siguiente título: Técnica y cultura en las Universidades.11 Se señaló en aquel espacio la disparidad de criterios en materia educativa como resultados de la inconveniente ingerencia del Ejecutivo en la conducción de la enseñanza pública, relegando a los organismos específicos. En directa alusión a la Universidad Obrera, advirtió el peligro de la preparación de profesionales sin una completa formación cultural y adhirió a la orientación sostenida por los diputados de la minoría en nombre de “...los espíritus libres, amantes del progreso general de la humanidad.” 2.2. Organización de la Universidad Obrera El artículo 18 de la ley 13229/48 fijaba un plazo de noventa días a partir de la promulgación de la ley para que el Poder Ejecutivo organizara el funcionamiento de la Universidad Obrera. No obstante, esto recién se concretaría cuatro años más tarde, cuando el 7 de octubre de 1952 fue reglamentada dicha ley. Esa fecha se fijó como la de la fundación por resolución de Rectorado del 23 de enero de 1953.12 Los problemas económicos y políticos que ocuparon prioritariamente la atención del gobierno entre 1949 y 1952 no constituyen razón suficiente para explicar la dilación. Tal vez, el motivo del retraso fuera más simple. Esta institución había sido concebida como la culminación de un ciclo organizado en tres etapas, la primera puesta en marcha en 1944 y las dos últimas en 1948. Si consideramos que los cursos de perfeccionamiento técnico duraban cuatro años, una sencilla operación matemática permite comprender que hasta 1952 no fue necesario implementar el ciclo superior. Recién ese año egresarían los técnicos de fábrica que conformaban la clientela estudiantil de la nueva universidad. El año 1952 marcó nuevos rumbos y señaló una serie de acontecimientos significativos: el inicio del segundo gobierno peronista y la muerte de Evita. El Segundo Plan Quinquenal abrió nuevas perspectivas al desarrollo argentino y se insinuó una política económica y social más liberal; la oposición fue dominada y controlada. El 7 de octubre de 1952 el presidente aprobó por decreto 8014 el reglamento de organización y funcionamiento de la U.O.N.,13 “...trascendental creación de la Revolución Justicialista.” En los considerandos se exponía que la institución coronaba una larga serie de conquistas destinadas a asegurar condiciones dignas a los trabajadores. Al hacer accesibles al pueblo los instrumentos de la cultura y el saber, contribuía a operar un cambio en la sociedad; la transformaba en una estructura de trabajadores organizados que se distinguía por su elevada cultura social. Se expresaba así una de las ideas que Perón perseguía casi obsesivamente, la de la comunidad organizada. En diecisiete artículos el reglamento organizó los diversos aspectos inherentes al funcionamiento de la universidad. Dependiente de la CNAOP, la Universidad Obrera estaba constituida por Facultades Regionales. Su gobierno era ejercido por un Rector nombrado por el Poder Ejecutivo, por tres años con posibilidad de reelección. Se exigía a este funcionario ser argentino, obrero, egresado de la Escuela Sindical dependiente de la C.G.T.; sus atribuciones fueron enumeradas a lo largo de diecinueve artículos y, aunque son amplias en su variedad, en general subordinan las cuestiones sustanciales a la decisión final de la CNAOP. Junto al rector actuaban un vicerrector, un secretario, un prosecretario y un contador habilitado a los que no se exigía condición de obrero pero sí título profesional habilitante, idoneidad y experiencia técnico-educativa en el caso de los dos primeros; sólo la ciudadanía argentina a los últimos. Entre las más importantes atribuciones del vicerrector, también nombrado por el Presidente de la Nación, figuraba la elaboración de anteproyectos sobre planes y programas de estudios y normas sobre exámenes. Secretario y prosecretario de la universidad, nombrados por el rector, asumían la responsabilidad de redactar toda la documentación interna, llevar el archivo de la misma, prepara el registro de personal y cuanta función les encomiende el rector. El contador cumplía funciones específicas, propias de su profesión, cuidadosamente consignadas en el documento. El Consejo Asesor de Coordinación Industrial era el nexo entre la universidad y la estructura productiva. Presidido por el Rector estaba integrado por representantes de la industria y de los obreros, designados por la CNAOP en número de dos por cada especialidad correspondiente a los cursos que se dicten. Cumplía funciones de asesoramiento respecto de la enseñanza y de la creación de nuevas orientaciones. El gobierno de cada Facultad Regional era ejercido por un Decano designado por el Poder Ejecutivo, al que se exigían los mismos requisitos que al Rector. Con atribuciones también similares, pero en el ámbito limitado de cada facultad, el decano dependía estrechamente del rector y de la CNAOP. La enseñanza técnico- profesional quedaba a cargo del secretario de la Facultad, designado pro el Presidente de la Nación, con título profesional, experiencia e idoneidad habilitantes para ejercer con eficacia tareas tan importantes como “...la vigilancia de la enseñanza y la jurisdicción policial y disciplinaria dentro de la facultad.” Intervenía además en la preparación de planes y programas de estudio y coordinaba el funcionamiento de las distintas cátedras. El capítulo XI refería a la enseñanza, basada en la exposición teórica de las asignaturas y la correlativa aplicación práctica de las mismas. La Comisión Nacional aprobaba planes, programas e instrucciones generales; incluso el comienzo y duración de las clases aunque cada facultad reglamentaba el horario. El ciclo lectivo era repartido en tres trimestres y al cabo de cada uno los alumnos rendían un examen teórico-práctico. Las notas obtenidas, en escala de 0 á 5, se promediaban con la correspondiente al examen final que debía rendirse sin excepción para conformar la calificación definitiva en la materia. Los exámenes podían darse solamente después de haber aprobado el curso teórico-práctico, en marzo o diciembre. El título obtenido al aprobar la totalidad de las asignaturas era Ingeniero de fábrica en la especialidad correspondiente. El personal docente del establecimiento podía tener categoría de titular, extraordinario, honorario o adjunto. La CNAOP designaba los adjuntos previo concurso ante el Decano; contrataba a los extraordinarios y concedía título de profesor honorario. Los titulares eran designados por el Poder Ejecutivo, de una terna integrada, previo concurso de méritos, antecedentes y títulos ante el Decano. Los deberes de los profesores estaban detallados en diez ítems cuyo espíritu coincide con los propósitos manifiestos a escala nacional. Junto al correcto cumplimiento de sus tareas, se proponen al docente como fines primordiales de su labor “...completar la formación y el desarrollo de la personalidad y el carácter de los estudiantes, preparando ciudadanos justos, prudentes y virtuosos e inculcar a los alumnos el concepto de que el trabajo constituye una función social (...) Exaltar en los alumnos el concepto del propio valer como elemento eficaz de la grandeza nacional, educar su capacidad productiva encaminándola al beneficio de la colectividad y desarrollar la noción e importancia del ahorro.” La actuación docente, como la de todo el personal de la Universidad, era anualmente conceptuada y constituían causa de cesantía la obtención reiterada de conceptos insuficiente o regular y el exceso de inasistencias injustificadas. Sobre los alumnos, la norma es clara respecto de la exclusiva condición de regular y de los requisitos para el ingreso, según lo establecido por la ley 13229 de creación de la universidad. Se aplicaba a los estudiantes un régimen de asistencia obligatoria a clases y a los actos de la universidad. La inconducta se sancionaba con suspensiones o con la expulsión, de acuerdo con la falta cometida. Reglamentado su funcionamiento la UON intentaba brindar respuestas adecuadas a los requerimientos sociales y económicos de la Nación. Se distinguía de la universidad tradicional por sus fines, su régimen de estudios y su íntima vinculación con el medio en que se desempeñarían sus egresados. De acuerdo con sus propósitos manifiestos la institución impartía estudios superiores técnicos a alumnos que trabajaran, por esto el horario de clases era vespertino y la modalidad teórico-práctica. Finalmente la representación de industriales y obreros pretendía asegurar el contacto con el medio. Así concebida la U.O.N. canalizó muchos aspectos de la ideología que inspiraba a su creador. Era expresión de los anhelos de Perón sobre la “Nación organizada”; constituía una exaltación del trabajo y de su función social y educativa. Reafirmaba la convicción del conductor de que existe una sola clase de hombres, los que trabajan, y constituía un intento firme por poner a su disposición la ciencia y la cultura. En el plano estrictamente educacional podría haber supuesto un replanteo de tradiciones y políticas si esta acción renovadora se hubiera proyectado desprovista de todo matiz político sobre el conjunto de la enseñanza técnica. Sin embargo, la creación de un sistema fuertemente diferenciado del que ya existía, constituyó una parcelación de la realidad educativa y, obviamente esto también acotó su trascendencia. 2.3. El funcionamiento hasta 1953 El 17 de marzo de 1953 la Universidad Obrera abrió sus puertas. Su sede central y también la Facultad Regional Buenos Aires, se hallaban en el amplio edificio de la calle Medrano al 951, que compartían con la Dirección General de Enseñanza Técnica. Las fotografias que reproduce la Revista de la Universidad Obrera 15 permiten descubrir espacios cómodos, aulas y laboratorios generosamente equipados, una amplio salón de actos y otros detalles reveladores. En el hall, los bustos de Perón y su esposa, algunas esculturas y, por doquier, leyendas murales breves que testimoniaban el agradecimiento de los obreros argentinos o transcribían frases del conductor. La Universidad pretendía ofrecer la imagen de una nueva realidad del justicialismo que el 14 Ibid. p. 651. 15 ARGENTINA. Ministerio de Educación de la Nación. Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional. Revista de la Universidad Obrera Nacional. Bs.As., 1953-1955, Nº 13. (En adelante: Revista de la UNO) 16 Dentro de la austeridad impuesta por el 2º Plan Quinquenal, los gastos totales de equipamiento de los establecimientos así como los de carácter asistencial para los alumnos, insumieron $18.455.987. En el mismo período la Dirección de Arquitectura del ministerio de Educación realizó 4800 reparaciones y 198 obras por valor de $ 4.287.831,52. (Presidencia de la Nación, Subsecretaría de informaciones, Reseña General de Actividades, 1953, vol. II, p.79 y p. 90.) gobierno propugnaba. La tutelar indicación del Presidente orientó su marcha y fue evidente en la gestión de su primer y único rector durante el peronismo. Cecilio Conditi, dirigente sindical, egresado de la Escuela Sindical de la C.G.T., simbolizó en el rectorado el nuevo concepto de universidad abierta al pueblo que sustentaba el oficialismo. Su vehemente adhesión a Perón fue el rasgo que definió su actuación en los claustros universitarios; expresar esa adhesión permanentemente parece haber sido su función más importante. El acto de inauguración del primer ciclo lectivo contó con la asistencia del Gral. Perón, profesor honorario del establecimiento, y adquirió los matices propios de un gran acontecimiento nacional. Tras el Himno y el minuto de silencio en homenaje a Evita, sucedió el discurso del Rector Conditi, dedicado con exclusividad al encomio de la obra peronista y a la evocación de la figura de la esposa del Presidente. La institución puesta bajo su dirección fue caracterizada como “...el corolario magnífico de una obra que no admite paralelo en todo el mundo”. 18 Más tarde, en una clase magistral ofrecida al auditorio, el Gral. Perón retomó sus concepciones acerca de la cultura, la ciencia, la instrucción industrial y la virtud ciudadana y rememoró sus “sueños” como Secretario de Previsión sobre la elevación cultural del pueblo. Esta universidad concretaba aquellos ideales; preparaba técnicos y a la vez, formaría los virtuosos ciudadanos de la Nueva Argentina. Tras ubicar a la universidad Obrera como una respuesta a las necesidades de la industria, Perón definió sus características diciendo: “No queremos universidades para formar charlatanes y generalizadores. No queremos escuelas para formar hombres que les digan a los demás cómo hay que hacer las cosas sino hombres que sepan hacer por sí las cosas (...) y para esto hay que tener manos de trabajador y vivir con olor a aceite de las máquinas”. 19 Al mismo tiempo que estos actos iniciaban los cursos en la Capital Federal, inauguraban el primer ciclo lectivo las Facultades Regionales de Santa Fe, Rosario y Córdoba; unos meses más tarde, el 16 de junio de 1953, lo hacía la de Mendoza. Su creación había sido prevista por la ley 13229/48 y se incluyó en el Segundo Plan Quinquenal. 20 Posteriormente se crearon las de Bahía Blanca (28/1/54), La Plata (28/154), Tucumán (28/1/54) y Avellaneda (31/3/55).
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