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Las riquezas de la Iglesia
Si hay algún comentario que puede fastidiarme es oír de pronto la típica frase: “si el Vaticano vendiera todo lo que tiene se erradicaría el hambre en África”. Al oír esta frase habría que decir como en las películas: “cualquier parecido con la vida real es pura coincidencia”.

Me fastidia por varias razones: porque la Iglesia es mi madre, porque es una muestra de ignorancia tremenda, y porque, en caso de que no sea por ignorancia, es por malicia. Solo con decir que el presupuesto anual de la Iglesia Católica es un quinto del presupuesto de la Universidad de Harvard debería bastar para callar cualquier polémica.

El tema del dinero de la Iglesia suele ser lo primero que alguien te saca si le dices que eres católico practicante, ¡cuánto dinero tiene el Vaticano y que poco da a los pobres!

Yo también he sido de éstos. Siempre pensé que la Iglesia Católica era un negocio, menos mal que me di cuenta de que estaba equivocado al comprobar el dinero que la Iglesia destina (sin quedarse con nada) a la labor humanitaria y también la cantidad de misioneros y gente que se dedica a los pobres porque su fe le invita a ello, sin necesidad muchas veces de cobrar nada por esta labor, simplemente ofreciendo su vida como la ofreció Cristo.

Sobre el dinero de la Iglesia Católica en realidad no es necesario dar ningún tipo de explicación porque las cuentas de la Iglesia Católica son públicas, aquí, en el Vaticano y en cualquier país, y cualquiera puede echar un vistazo si desea saber a qué destina la Iglesia el dinero que recauda.

Lo primero que habría que definir primero ¿qué es el Vaticano?

Como me supongo que la mayoría sabrá el Vaticano es un país, el último vestigio de los llamados Estados Pontificios que fueron cedidos a la Iglesia Católica en la Edad Media, cuando los Obispos a parte de ser obispos ostentaban algún otro título nobiliario o eran señores feudales.

Ya desde los primeros siglos existía la duda de si la Iglesia debía tener un “territorio físico” propio de ella o no, puesto que en realidad la Iglesia existe en cualquier lugar donde haya un cristiano.

Aunque es verdaderamente cierto que la Iglesia está donde hay un cristiano también es cierto que la Iglesia ha sido llamada por Cristo a ser “Luz de las naciones” y esta misión provoca persecuciones, torturas y asesinatos de cristianos por el simple hecho de que no me gusta lo que dicen. Como también una persecución ideológica y mediática contra los pastores de la Iglesia, los obispos, pero, sobretodo, una manipulación mediática contra el Papa.

La existencia del Vaticano como un lugar físico, propio de la Iglesia Católica y con una constitución y gobierno propios garantiza la independencia de la Iglesia Católica frente al mundo que la rodea. De tal forma que aunque en China, por poner un ejemplo, no le esté permitido a los católicos expresarse públicamente a favor o en contra del sistema totalitario instaurado allí, siempre estará la voz de la Iglesia que resuena desde el Vaticano donde ningún gobierno pueda callarla, a pesar de que gobiernos como el nuestro pretenden reprobar las palabras que un jefe de Estado, como es el Papa Benedicto XVI, sobre el uso del preservativo que pronunció en su visita oficial a África. Algo inaudito y que no entra dentro de las competencias de ningún país.

Cuando Bush declaró la guerra a Irak, se planteó algún gobierno… ¿reprobar las palabras de Bush? O cuando Zapatero dice las salvajadas que dice sobre el aborto ¿algún país se plantea reprobar sus palabras? ¡No!, ¿será porque todos están de acuerdo? ¡Tampoco!, sino porque cada cual es libre de expresar lo que piensa, a pesar de que muchos al expresarlo hablan de lo que no saben y simplemente confirman que son unos ignorantes.

Como decíamos el Vaticano es un país que como tal mantiene relaciones diplomáticas con otros países. En estas relaciones que mantiene con el resto de países el Vaticano presta los servicios que ofrece la Iglesia Católica a ese país: hospitales, colegios, universidades, albergues, casas de acogida, lugares de oración, asistencia social, etc. Servicios que el Estado se ahorra y por otra parte el Estado permite a la Iglesia Católica llevar a cabo su labor evangelizadora en ese país respetando siempre los derechos y libertades religiosos de los ciudadanos.

Como país que es, el Vaticano tiene que guardar una dignidad si de verdad quiere mantener relaciones diplomáticas con otros países. Tiene que haber un embajador de tal o cual país que les represente en el Vaticano y que mantenga relaciones con la delegación vaticana. Así pues también tiene que haber algún sitio donde recibir a los Jefes de Estado de otros países cuando deseen hablar personalmente con el Papa, bien en calidad de líder espiritual de la Iglesia Católica o bien en calidad de Jefe de Estado del Vaticano. Y esos lugares deben ser dignos. ¿Cómo dejar que el embajador de España en el Vaticano trabaje en una cloaca oliendo a suciedad? ¿Cómo recibir al presidente de España (y ministro de deportes) en medio de una cabaña llena de bacterias y, sobretodo, sin ninguna seguridad para el presidente? Nadie querría entrar en el Vaticano. No habría por tanto relaciones con España si así fuera, ni con España ni con ningún país. La dignidad con la que nos tratamos unos a otros es un requisito imprescindible a través del cual se intuye la importancia y estima que nos tienen.

Esta dignidad no contradice la fe cristiana de ayudar y compartir tus bienes con el necesitado. Jesús mismo, siendo un pobre carpintero que tenía que mantener a su madre María, vestía una túnica tejida de una sola vez, que solo llevaban los sacerdotes del Templo de Jerusalén y que eran muy caras. Jesús vestía con dignidad, con la dignidad propia de su persona. Y María también. No vestían con harapos ni ropas rotas.

Así mismo estando una vez Jesús con sus discípulos en casa de uno, cuenta el evangelio de Marcos1 que se acercó una mujer y rompiendo una ampolla de perfume “carísimo” se puso a ungirlo por el cabello de Jesús. El resto de los discípulos se indignaron diciendo que era un perfume muy caro “que se podría haber vendido y el dinero habérselo dado a los pobres”. Sin embargo, Jesús mismo dijo que lo que había hecho aquella mujer estaba bien y seria recordado allí donde se predicara el Evangelio. Es decir, Jesús, aceptó la ofrenda que la mujer libremente le quiso hacer. No le dijo: “Mujer, no gastes el perfume en mí, véndelo y el dinero dáselo a los pobres”, sino que aceptó su ofrenda.

La Iglesia, esposa de Cristo, llamada a imitar a su Esposo, hace lo mismo. Las riquezas del Vaticano la mayoría son obras de arte donadas a la Iglesia que las custodia, conserva y restaura. No son propiedad de la Iglesia, ni del Vaticano. Son patrimonio de la humanidad. Todo lo que tiene la Iglesia procede de donaciones u obras de arte. La Iglesia no puede oponerse a lo que uno libremente quiera regalarla (aunque sea un Mercedes para el Papa) igual que Cristo no se opuso a lo que la mujer hizo. Ahora bien si al Papa le preguntaran ¿necesita usted un mercedes, quiere que se lo regale? Seguramente diría, no hijo, no lo necesito, pero gracias. Lo mismo que habría hecho Cristo si la mujer le hubiese preguntado ¿quieres que compre un perfume para ungir tu cabeza, Jesús?

Además visitar la Basílica de San Pedro y ver sus obras de arte o entrar en los museos vaticanos (1 vez a la semana) es gratis lo que permite poder contemplar dichas obras de arte libremente mientras que si la Iglesia diera todo eso a los museos el dinero iría a los bolsillos de unos cuantos y sólo unos cuantos podrían contemplar el arte.

Como Jefe de Estado, el Papa no puede ir vestido de cualquier forma, así como Cristo no iba vestido de cualquier forma. El comportamiento del Papa, sus vestidos y su residencia han de mantener la dignidad de la persona que alberga, ningún presidente de ningún país viviría debajo de un puente por más que se preocupe por las personas que así viven y como sucesor del apóstol Pedro y por lo tanto máxima autoridad de la Santa Iglesia Católica ha de conservar esa dignidad recibida de lo alto en su propia persona de manera que sus formas no lleven a los demás a ridiculizar o reírse de aquello a lo que representa.

Igualmente en las celebraciones litúrgicas donde el Señor se hace presente de una manera real como es la Santa Misa, o en aquellas fiestas importantes en que la Iglesia celebra la memoria de los santos tanto los pastores que presiden las misas como el templo, e incluso nosotros que asistimos debemos ir todos “engalanados” con la dignidad que se merece… que es manifestación de la importancia y afecto que dedicamos a aquello a lo que asistimos.

Nos preguntamos tantas veces sobre el dinero de la Iglesia y decimos que tiene tanto dinero que no podemos tener fe en ella porque es un negocio. Pero no nos preguntamos por qué el Real Madrid se gasta 94 millones de euros en fichar a Cristiano Ronaldo o por qué se mueve tanto dinero en los fichajes futbolísticos.

Al contrario, cuántos comentarios habré oído estos días sobre… “por Cristiano Ronaldo yo pago lo que haga falta”, “en cuando salga su camiseta me la compro”, etc. ¿No nos importaban los pobres? ¿Dónde queda ahora esta gran generosidad de la que queremos hacernos dueños cuando nos quejamos del dinero de la Iglesia? ¿O es que decimos por decir y justificarnos pero luego no hacemos nada? Ya lo advirtió Jesucristo: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos, haced lo que dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen. Por que ellos no hacen lo que dicen.” (Mateo 23, 1-12)

La Escritura ya predijo que el pueblo de Dios se vería enriquecido por la providencia divina: “Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean atraídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes” (Isaías 60, 11)

Marcos 14, 3-9: “Estando él en Betania, sentado a la mesa en casa de Simón, el leproso, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro muy caro; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Entonces algunos se enojaron dentro de sí y dijeron:
–¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?, pues podía haberse vendido por más de trescientos denarios y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.
Pero Jesús dijo:
–Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.”

Si cambiamos el nombre de “mujer” o el de “ella” por “la Iglesia” quizá entendamos mejor el texto. [↩]

Autor: Daniel Talavante
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