Un paseo por el Mercado de San Fernando
“Aunque es un mercado que está en plena calle de Embajadores, muy poca gente del barrio lo conoce y utiliza. Muchos entran por la puerta y se piensan que es una iglesia o algo así”, lamenta José, miembro de La Casquería, nombre del establecimiento de venta al peso de libros de segunda mano que acaba de abrir junto a otras cinco personas.
Los mercados tradicionales son sin ninguna duda una de las víctimas más evidentes de la extensión del modelo comercial de las grandes superficies. Precisamente, una importante cadena de supermercados estuvo recientemente interesada en el Mercado de San Fernando, pero finalmente la operación se malogró y el lugar se quedó en una situación todavía más crítica: de sus doscientos puestos iniciales, se descendió a menos de un centenar en uso.
Ante este panorama, los responsables del mercado decidieron apostar decididamente por bajar el precio del alquiler de sus locales para llamar la atención de quienes pudieran estar interesados en la vía del autoempleo. El guante fue recogido por personas implicadas en la defensa del tejido social madrileño, principalmente desde centros sociales como La Tabacalera, que se encuentra a aproximadamente un minuto a pie del propio mercado, el Patio Maravillas o el movimiento 15M.
Gracias a esta iniciativa, ya se han recuperado 20 puestos para la actividad. “No solo de alimentación, hay todo tipo de actividades nuevas”, destaca a Noticias Positivas el gerente del Mercado de San Fernando, Víctor Manuel Alonso. Algunos de estos puestos ya están abiertos para el público, y otros serán inaugurados en las próximas semanas o meses.
Uno de los primeros establecimientos en abrirse fue precisamente el ya nombrado de La Casquería. Las personas que pusieron en marcha este puesto tuvieron muy claro desde el principio que iban a aprovechar la oportunidad. “No solo porque queríamos comenzar un proyecto de este tipo. También porque creemos en la necesidad de defender estos espacios de socialización tradicional” señala José, que pone el énfasis en la mayor profundidad de las relaciones humanas en este tipo de comercios. “Desde la perspectiva del consumidor a veces no lo notamos, pero al final las compras aquí tienen un componente humano que no tienen en las grandes superficies”.
José nos explica que en La Casquería se venden los libros de segunda mano al peso, sin discriminar el tipo de libro. El precio es de diez euros el kilo, con un coste mínimo por libro de un euro. “Seleccionas lo que te quieres llevar, lo pesas en alguna de las balanzas que tenemos para ello, y tanto pesa, tanto pagas”.
“Hay muchos libros que están durmiendo el sueño de los justos en casa de la gente, y es una pena que estén cogiendo polvo y que nadie les dé ninguna utilidad. La idea es provocar su recirculación y hacer que esos libros dormidos vuelvan a la vida y que la gente se los lleve y los lea”, añade José, que anuncia que en el futuro también quieren desarrollar un proyecto de “recirculación interna”, es decir, que los libros que salgan de La Casquería vuelvan a entrar, como si fuera una biblioteca.
En la madrileña calle de Embajadores, situada en el populoso y multicultural barrio de Lavapiés, se encuentra el Mercado de San Fernando. Un tradicional mercado de abastos que, como tantos otros, se encontraba hasta hace no mucho tiempo en una peligrosa situación de semiabandono y acentuado descenso de la actividad comercial.

“Aunque es un mercado que está en plena calle de Embajadores, muy poca gente del barrio lo conoce y utiliza. Muchos entran por la puerta y se piensan que es una iglesia o algo así”, lamenta José, miembro de La Casquería, nombre del establecimiento de venta al peso de libros de segunda mano que acaba de abrir junto a otras cinco personas.
Los mercados tradicionales son sin ninguna duda una de las víctimas más evidentes de la extensión del modelo comercial de las grandes superficies. Precisamente, una importante cadena de supermercados estuvo recientemente interesada en el Mercado de San Fernando, pero finalmente la operación se malogró y el lugar se quedó en una situación todavía más crítica: de sus doscientos puestos iniciales, se descendió a menos de un centenar en uso.
Ante este panorama, los responsables del mercado decidieron apostar decididamente por bajar el precio del alquiler de sus locales para llamar la atención de quienes pudieran estar interesados en la vía del autoempleo. El guante fue recogido por personas implicadas en la defensa del tejido social madrileño, principalmente desde centros sociales como La Tabacalera, que se encuentra a aproximadamente un minuto a pie del propio mercado, el Patio Maravillas o el movimiento 15M.
Gracias a esta iniciativa, ya se han recuperado 20 puestos para la actividad. “No solo de alimentación, hay todo tipo de actividades nuevas”, destaca a Noticias Positivas el gerente del Mercado de San Fernando, Víctor Manuel Alonso. Algunos de estos puestos ya están abiertos para el público, y otros serán inaugurados en las próximas semanas o meses.

Uno de los primeros establecimientos en abrirse fue precisamente el ya nombrado de La Casquería. Las personas que pusieron en marcha este puesto tuvieron muy claro desde el principio que iban a aprovechar la oportunidad. “No solo porque queríamos comenzar un proyecto de este tipo. También porque creemos en la necesidad de defender estos espacios de socialización tradicional” señala José, que pone el énfasis en la mayor profundidad de las relaciones humanas en este tipo de comercios. “Desde la perspectiva del consumidor a veces no lo notamos, pero al final las compras aquí tienen un componente humano que no tienen en las grandes superficies”.
José nos explica que en La Casquería se venden los libros de segunda mano al peso, sin discriminar el tipo de libro. El precio es de diez euros el kilo, con un coste mínimo por libro de un euro. “Seleccionas lo que te quieres llevar, lo pesas en alguna de las balanzas que tenemos para ello, y tanto pesa, tanto pagas”.
“Hay muchos libros que están durmiendo el sueño de los justos en casa de la gente, y es una pena que estén cogiendo polvo y que nadie les dé ninguna utilidad. La idea es provocar su recirculación y hacer que esos libros dormidos vuelvan a la vida y que la gente se los lleve y los lea”, añade José, que anuncia que en el futuro también quieren desarrollar un proyecto de “recirculación interna”, es decir, que los libros que salgan de La Casquería vuelvan a entrar, como si fuera una biblioteca.
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