
Ocupar Wall Street
Ramón Cota Meza
dijo:Las elecciones de Estados Unidos serán calentadas por el movimiento “Occupy Wall Street”. Es probable que se ventilen ideas novedosas sobre regulación financiera y estilo de vida.[/quote]

El movimiento “Occupy Wall Street” y “We are the 99 percent” (OWS) de Estados Unidos parece más concreto. Aunque su manifiesto enlista casi todos los pecados del capitalismo, queda claro que las causas inmediatas de su indignación son el abuso y el cinismo de Wall Street y la clase política cómplice. Todos los movimientos transformadores de la historia han empezado como desplantes de indignación y van afinando su blanco poco a poco. OWS acepta no entender y escucha a personas claridosas.
Ahora sabemos su perfil socioeconómico: 50.4% son empleados de tiempo completo; 20.4% son empleados de tiempo parcial; sólo el 13.1% son desempleados. El 47.5% gana menos de 25 mil dólares al año; el 24% gana entre 25 mil y 50 mil; el resto gana más o no gana nada. Edad promedio: 34 años; el 92.1% tiene grado de college (licenciatura). El 70.3% son políticamente independientes. El movimiento es apoyado por 90% de la población (Mainstream Support for a Mainstream Movement, Héctor Cordero Guzmán, Univ. Cd. de Nueva York).
“We are the 99 percent” es un blog donde los indignados presentan textos a mano sobre su situación económica: graduados endeudados con sus colegios (como en Chile), echados de sus casas, personas con más de un empleo sin derechos laborales ni servicio médico, inquilinos obligados a decidir entre pagar alquiler o comprar alimentos, víctimas de discriminación racial o acoso sexual… Historias de explotación, desposesión y agravio, como las muchas que dieron lugar a la América progresista.
El motivo “99%” subraya que el 1% de la población posee el 20% de la riqueza del país. De éstos el 30% son cuadros financieros altos y medios. La indignación fue desatada al saberse que los financieros que habían precipitado la crisis obtenían bonos millonarios a cargo del rescate público. Éstos justifican sus ganancias con el argumento de que las cosas estarían peor si no fuera por ellos. De risa loca, pero tiene lógica neoliberal.
Sucede que los ejecutivos financieros calculan su ingreso, bonos y prestaciones con el método comparativo, no con la relación entre trabajo y resultados. Es decir, estiman el ingreso promedio global en su campo y lo contrastan con el capital total que manejan, de modo que los ejecutivos de Wall Street resultan ser los que se asignan mayor ingreso, independiente de si la institución en que laboran recibe fondos de rescate público o está en bancarrota.
Hay consejos de remuneraciones, pero como los puestos de autorregulación y operación financiera son intercambiables, la colusión de intereses está a la orden del día. Por eso los inversionistas y accionistas están cada vez más interesados en vigilar a sus propios ejecutivos. Obsérvese que los villanos no son los dueños del capital sino sus gestores. George Soros y Warren Buffet apoyan a OWS. Tal situación sólo pudo haber ocurrido por la separación del capital de su gestión.
Este problema es una novedad histórica, pero encaja en lo que Hannah Arendt llamó “banalidad del mal”: conductas perniciosas legitimadas por un orden de cosas generalmente aceptado, por lo cual son defendidas por sus beneficiarios a capa y espada. La moral tradicional las juzga cínicas, pero los inculpados se defienden aduciendo su función neutral. Max Weber llamó a esto “jaula de la racionalidad”: especialistas sin espíritu, sensualistas sin corazón.
“Los indignados” vienen a cuestionar este horizonte civilizatorio, pero no es claro que su conciencia esté a la altura. Lo importante es que desean comprender. El economista Jeffrey Madrick, invitado a hablar, cuenta: como la ley prohíbe usar micrófono, el círculo inmediato repite a coro las palabras del expositor para que sean escuchadas por el resto. Para aprobar hay que levantar el dedo gordo, para reprobrar hay que ponerlo hacia abajo, para mostrar escepticismo hay que cruzarse de brazos.
Señales de humo en plena globalización. Lo elemental humano se afirma ante la técnica pero convive con ella. No sabemos qué resultará de este movimiento, pero sus consecuencias pueden ser vastas. En algún momento los indignados articularán su ethos con las fuerzas políticas establecidas para producir cambios tangibles. El presidente Obama los ve como aliados principales. Podría producirse una fusión del movimiento de los derechos civiles de los sesenta con las demandas contemporáneas.
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