InicioApuntes Y MonografiasLa neurosis es el opio de los pueblos...
DIAPORIAS
Revista de Filosofía y ciencias sociales

Numero 10, Noviembre 2011
Publicación de la Cátedra de Sociología de la Religión. Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

Rafael Villegas*

LA NEUROSIS ES EL OPIO DE LOS PUEBLOS
Teología de la Liberación y Psicoanálisis Implicado
Hacia una Clínica Social Liberadora



La psicología burguesa tiene por costumbre en estos casos el querer explicar mediante la psicología por qué motivos, llamados irracionales, se ha ido a la huelga o se ha robado, lo que conduce siempre a explicaciones reaccionarias. Para la psicología materialista dialéctica la cuestión es exactamente lo contrario: lo que es necesario explicar no es que el hambriento robe o que el explotado se declare en huelga, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roban y por qué la mayoría de los explotados no van a la huelga.


Wilhelm Reich

Comprender lo que es el placer, el dolor, la angustia y la enajenación contribuirá necesariamente y en un plano de gran significación a la emancipación del hombre.

Carta de Marx a Freud

1. Introducción.

La relación entre el psicoanálisis y la religión a lo largo de su historia ha sido compleja y antagónica, pero también transitó momentos de encuentro y diálogo fecundo. Dicha relación se remonta a los orígenes mismos del psicoanálisis. Freud, en su círculo más íntimo, tuvo como colaborador y admirado amigo, a uno de los más importantes difusores del movimiento psicoanalítico, el Pastor y Teólogo Protestante Oskar Pfister (1).
Freud da cuenta de haber sido un asiduo lector de la Biblia. En su autobiografía, señala que:
Mi temprano ahondamiento en la historia bíblica, apenas hube aprendido el arte de leer, tuvo, como lo advertí mucho después, un efecto duradero sobre la orientación de mi interés (Freud, 1976:8).
Del mismo modo, Marx, proveniente de familia de Rabinos, fue un gran conocedor de la literatura hebrea. En su formación académica –influenciada por el ambiente del pietismo Alemán- recibe un sólido conocimiento bíblico y filosófico que no abandonará a lo largo de toda su obra.
Jesús, un campesino Judío inserto en la tradición libertaria de los profetas del Antiguo Testamento, organiza un movimiento revolucionario de liberación que anuncia el Reino de Dios cuyo legado, será una fuente de inspiración para los pueblos oprimidos en toda Latinoamérica. Sus enseñanzas y praxis liberadora integrarán aspectos esenciales de la vida humana, que posteriormente Freud abordará desde el campo del psicoanálisis y Marx desde la economía.
Vemos pues que, provenientes de una misma tradición Semita, los tres grandes maestros, Freud, Marx, y Jesús, son portadores de un invalorable legado humanista. Herederos de una cosmovisión materialista que, como bien señala Frei Betto, “trabajarán con los conceptos, tiempo e historia” (2).
En el marco de nuestras tradiciones Latinoamericanas, en las que numerosas vertientes de las ciencias sociales confluyen creativamente para dilucidar nuestro presente, nos proponemos desde el marco teórico del Psicoanálisis implicado (3) y la Teología de la liberación Latinoamericana, dar una contribución a la comprensión de lo histórico social en el campo de lo psíquico.
La Teología de la liberación es una praxis que reflexiona desde el pobre (4), una teología de clase. El Psicoanálisis implicado, un analizador de la cultura desde la implicación de clase del analista o militante social (5). Ambas perspectivas convergen en un mismo campo de intereses; “Lo corporal, el sujeto negado como sujeto viviente, y la imperiosa necesidad de su retorno como potencia instituyente” (6).

2. La cultura del malestar. Salud Mental y Política

Fundamentalmente el ser humano es un organismo vivo, sujeto a las condiciones sociales en las que está inmerso, interactuando de modo tal que no podemos prescindir de comprender al sujeto desde una dialéctica de los procesos psíquicos (7) pues “lo que le pasa al sujeto “psicológicamente” enfermo, es que su dialéctica se ha visto trabada” (Dri, 2002:125).
Por tanto, plantear los términos “salud” o “enfermedad” a secas, es una mera abstracción no ingenua. Circunscribirlos exclusivamente al ámbito intrapsíquico, vela un posicionamiento de intereses políticos con el statu quo en nombre de una supuesta neutralidad que, deshistorizando al sujeto, escotomiza las condiciones sociohistóricas de donde emerge el padecimiento psíquico.
Dado que “la sociedad capitalista, es una sociedad invertida” (Dri, 2004:127) entre los factores etiopatogénicos de los trastornos mentales, lo sociopolítico juega un papel preponderante en la conformación de un sistema sofisticado de coacciones que conducen e inducen a la renuncia pulsional. En ello estriba la raíz de las patologías mentales, o sea, la enajenación del sujeto. Enajenación como en un estar fuera de sí, ajeno de sí.
Marx, en la crítica que hiciera al Capital, nos invita a transitar una pascua liberadora hacia la trascendentalidad. Trascendencia que se despliega como aquello que está “más allá” pero no del horizonte terrenal, sino de la opresión como límite a atravesar. Entendemos por límite opresor, a toda legalidad al servicio de la dominación que, en su uso profano, niega la vida del sujeto.
Como una crítica de las apariencias, -siguiendo a Marx- lo real aparente, perpetuado desde una legalidad contractual, es el mundo de las mercancías que oculta en su fetichismo, el modo de producción por el cual, los sujetos consagran su derrota e inmolan su corporalidad en los altares del mercado. Es “la desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación” (Marx, 1977: 105, 106).
De este modo, arrojados al abismo de una espiral de violencia sacrificial y mercantil, la alquimia fundante entre el capital y lo subjetivo, abre una órbita alucinada dentro de la cual, el sujeto deambula de manera espectral sobre categorías burguesas, delimitando en nosotros, el no pensar más allá de una racionalidad fetichizada que para provecho del amo de turno y la ganancia, mantiene en el secuestro, nuestra condición de sujetos deseantes.
Rubén Dri, comentando el caso de un endemoniado, en el Evangelio de Marcos (5,1-20) señala:
Uno de los efectos más nocivos de la dominación, es la incorporación del dominador en el dominado. Éste introyecta al dominador. Sufre una profunda escisión. No necesita que el dominador lo castigue, él mismo se castiga. Él mismo es dominador y dominado. Toda la violencia que sufre del opresor y que no puede devolvérsela al mismo, la emplea contra sí mismo o contra los suyos.... Abrumado por la culpa no tiene fuerzas para reaccionar. (Dri, 2004: 76, 77).
Aquí, la figura del endemoniado –conocido como el endemoniado de Gerasa- es sumamente ilustrativa. En los relatos míticos de sanaciones y exorcismos provenientes de otras culturas, los milagros transcurren en ámbitos esotéricos, individuales, y supraterrenales, a diferencia de los narrados en los evangelios cuya singular característica es el contexto político y social en el que se hallan, donde poder, dominación y enfermedad mental, guardan una estrecha relación conexa. Volveremos sobre esto.

2.1. Colonialismo interno: Neurosis

De los efectos devastadores de dicha expropiación corporal, podemos inferir como bien lo describió W. Reich que el capitalismo ejerce su dominio no sólo sobre la economía de la producción, sino también sobre la economía sexual (8).
Vampirizada la energía vital, el carácter instrumental de lo jurídico, decantó en una legalidad policial internalizada, cuya filiación siniestra, nos remite a la autoridad patriarcal inseminada en la conciencia como Superyó (9) o conciencia represora, a través de la primer mediación institucional de la familia -nuestra primera “nación en miniatura” (Reich, 1972: 79) mediante una doble operación encubridora sobre la cual, emplazada –la represión- en positivo como mandato y a su vez, invertida como deseo, la conciencia formateada irá a coengranar término a término, con las formas de dominio legal que, desde afuera, refuerzan y sostienen una forma invertida de representación contractual y no corporal del sujeto.

Esta ha sido la primera privatización o subsunción real, como lugar preparatorio de una congruencia necesaria entre el sujeto reprimido y el sistema represor que ulteriormente se prolongará en la aceptación pasiva de las formas económicas de la propiedad privada. Conciencia moral, conciencia oficial o mejor dicho, oficial conciencia, que en el decir de A. Grande “no tiene conciencia de que fue construida desde la hegemonía represora de la cultura” (Grande, 2003-2004:73) justamente porque quedarán borradas, las huellas de su origen por ser conciencia desde esa misma represión que la inaugura como tal. Un tránsito morbígeno de nuestra condición de sujetos deseantes, para fantasmagóricamente pasar a ser, sin ser, propiedad privada de la culpa al servicio del mandato.

Así, carne y ley imbricadas, completan un circuito de retroalimentación exterior-interior, cuyo objetivo será “decretar que donde hubo deseo ahora habrá mandato” (Ibíd.: 68). Proceso de interiorización del opresor en el oprimido, que desde el Psicoanálisis Implicado es denominado “modo superyóico de producción de subjetividad” (Grande, 2004:28). Matriz colonial en la cual, “el fundamento de la subjetividad es el desalojo permanente de la satisfacción”. (Ibíd.:28).
En esta dirección, aquellos demonios que poseyeron al geraseno, tenían por nombre “Legión”, término que refiere a las legiones romanas. Impactante figura que también Freud ha de tomar para referirse al Superyó, comparándolo a un ejército de ocupación (10) en la conciencia, cuya función entre otras - al igual que el endemoniado hiriéndose con piedras- será la de volver la agresión contra uno mismo (11).

La metapsicología freudiana nos permite vislumbrar que las categorías de la economía política por sí solas no bastan para dar cuenta de la extrema complejidad del fenómeno de la opresión. El sujeto adulto, no existe como adulto sin historia. No nació adulto. Está determinado también por su historia infantil mediada por la familia, en las condiciones socioeconómicas que la configuran.
Entonces, considerar la compleja trama pluridimensional de las determinaciones históricas participantes en los procesos de subjetivación que han de replicar en el psiquismo, las propias estructuras del sistema, nos torna concientes de la raigambre social del padecimiento psíquico ubicándonos en un terreno privilegiado para pensar la dimensión de lo político, en el campo de la subjetividad.
Freud mismo es quien otorga una importancia fundamental a lo social y cultural en relación a la construcción del sujeto (12), y desde allí es que proponemos –sin descartar nociones importantes de la nosografía clásica- pensar una etiología política de la neurosis y cómo, en el proceso de enfermar, la sociedad capitalista contribuye decididamente en su causación.
Desde una perspectiva mas radical que Max Weber, Walter Benjamin vislumbró que el capitalismo es sin más, una religión (13). Como modo de producción y reproducción de la vida social e individual, no sólo genera plusvalor, también reproduce subjetividades desexualizadas acordes a una “normalidad” neurótica funcional a sus intereses.

Se distinguen como características sintomáticas de este trastorno, la personalidad normótica, el sometimiento, la resignación, la sobreadaptación, la mediocridad. El neurótico “tiene conciencia de enfermedad psicológica, pero es incapaz de pensar el conflicto social. La cultura represora, lo ha neutralizado” (Grande, 1996: 45).
Por el retraimiento de la libido en la neurosis, una recarga de energía -originalmente destinada al placer y la descarga- va a operar como mecanismo mediante el cual, el sujeto, deseando no desear, elude su contacto con la realidad mediante la represión, a fin de encontrar una satisfacción sustitutiva por medio de síntomas. Este fenómeno tiene su correlato en la abstinencia religiosa.
En este sentido, Freud plantea la estrecha semejanza existente, entre las prácticas religiosas y las neurosis obsesivas en cuyo origen, ambas tienen como piedra angular, la renuncia instintual que a su vez, se manifestará de dos modos: como religión individual en la neurosis y como neurosis universal en la religión (14).

En toda cultura represora o cultura del malestar, el “principio de realidad” se opondrá al principio del placer, “El ser humano se vuelve neurótico porque no puede soportar la medida de frustración que la sociedad le impone” (Freud, 2004: 86). Por eso “El neurótico es incapaz de gozar y de producir” (Freud, 1993c: 413).
El orden social exige la no satisfacción inmediata, y para evitar complicaciones, la no satisfacción directa. O concedamos: la satisfacción en el mas allá, el pesebre celestial, o para el después del después, porque estamos mal pero vamos bien, hay que pasar el invierno. Esta soldadura entre malestar y cultura aparece natural, cuando en realidad está producida como tal por la misma cultura que preconiza la no satisfacción como condición de perdurabilidad (Grande, 1996: 189).
La enorme frustración que padece en su inhibición el neurótico, es palpable también bajo las formas de fatalismo y dogmatismo como uno de sus rasgos prominentes. El neurótico es un conformista disidente, que en su rebelión contra el mundo exterior, al igual que el religioso, resignó su deseo, y en buena parte, su contacto con la realidad. Una victoria pírrica del yo “al precio de graves sufrimientos y renuncias” (Freud, 2004: 114).

Hemos llegado al nivel fundante del sujeto, al corazón y precondición de toda formación económica capitalista; La crucifixión del cuerpo, como condición necesaria para la reproducción misma del capital. Es la marca de la bestia (666) en la frente (símbolo de la conciencia) y en la mano (símbolo del trabajo) de la que nos habla el libro del Apocalipsis (13,16-17). Sólo quienes poseen esta marca imperial pueden comprar y vender, pero no Ser.
Vale aclarar que, no toda experiencia religiosa es patógena. Freud abordó el fenómeno religioso sólo en su modo alienante. En otro sentido, no profundizado por Freud y que veremos en la praxis de Jesús, valoramos de manera sumamente positiva la experiencia religiosa, y cómo la relación entre fe y compromiso social (15), contribuyen al desarrollo de la salud mental.
El psicoanálisis implicado “intenta dar cuenta no sólo de la miseria psicológica de las masas, sino de las condiciones históricas de producción de la miseria real” (Grande, 2008: 16). De allí que entre los numerosos cuadros patológicos que propicia el capitalismo, la neurosis se constituye en uno de los trastornos que consideramos sumamente grave. Pero el psicoanalismo(16) ha banalizado su naturaleza bajo la premisa de que “todos somos neuróticos” o que la neurosis “es lo mejor que nos podría pasar”.

La frase "todos somos neuróticos" transpira convencionalidad. La neurosis no está leída desde un estatuto psicopatológico o metapsicológico sino valorativo, aunque esto sea negado con énfasis. Algunos dicen que lo mejor que "nos puede pasar es la neurosis". Supongo que se refiere a que es lo mejor que le puede pasar a los psicoanalistas, para mantener una demanda sostenida de áureos tratamientos.

Muchas veces he escuchado una curiosa "teoría" por la cual la psicosis es lo peor; psicopatía y perversión están en un nivel intermedio, especialmente si se trata de "rasgos"; finalmente la neurosis es lo mejor, porque tiene conciencia de enfermedad y además, "transfiere". Pienso que esta idealización del neurótico es correlativa de la neutralización que el psicoanalismo hace de los efectos político-sociales. Justamente la subjetividad neurótica está altamente neutralizada (Grande, 1996: 44-45).

Entonces nos preguntamos, ¿para quién la neurosis es “lo mejor que nos pueda pasar”?. Sin dudas que para beneficio de todo sistema de dominación. ¿Por qué?. Porque la sexualidad –categoría análoga a la de “trabajo vivo” en Marx- es fuente creadora de plusvalor que el capital subsume, de donde se nutre para tener “vida” a costa de producir sujetos neurotizados, exiliados de sus cuerpos desde “una captura superyóica, donde las sombras de todos los objetos han caído sobre su yo. No hay autorreproche como en la melancolía. Hay resignación” (Grande, 2003: 9).
En suma, como intento de reparación fallido, la neurosis” es la vía de escape cuando se deja de tener el destino en las manos y se encuentran cerrados los caminos políticos” (Mendel, 1972: 8)(17).

3. Hacia una Clínica de la liberación.

Jesús conocía en profundidad la geografía social de los vínculos humanos y el padecimiento propio de la cultura del malestar de su tiempo donde, en la lucha de clases como organizador social y sus efectos psicológicos que devendrán en un yo sitiado por el opresor, se halla el feroz secreto de una dominación interior-exterior. Por esta razón dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Jn. 18,36) es decir, no de este sistema, porque está fetichizado.
Retomando el episodio del “endemoniado” de Gerasa (18), la curación de las enfermedades mentales por entonces descriptas como posesiones demoníacas, fueron abordadas por Jesús desde una dimensión social y política. Para el maestro de Nazareth no hay tal cosa como una división entre un afuera social y un adentro subjetivo. Puso en marcha una auténtica clínica social que reconoce en el centro del padecimiento psíquico, las determinaciones sociales de los poderes de la época que se observan -como bien lo explica Dri (19)- en la fuerte alusión a la simbología militar del imperio Romano como figuras de la introyección del dominador en el dominado en su relación directa con la economía del imperio.

El endemoniado de Gerasa, es sin dudas el neurótico de Freud y el proletario oprimido de Marx.
En su dimensión metapsicológica la dominación también es descripta como:
La instancia, repelente, resistente y represora que Freud describiera como un ejército de ocupación. Ejército invisible, es decir, inconsciente. Ejército de ocupación, es decir, de sometimiento del sujeto pero construido dentro de sí mismo. Y sostenido por el propio yo encadenado (Grande, 2002: 86).
La liberación que experimentó aquel atormentado geraseno, símbolo de una sociedad oprimida, provocó la violenta expulsión de la legión de demonios que, rogando ir hacia una importante manada de cerdos, luego se arrojarán al mar (Mc.5,12-13). Los cerdos -propiedad de un terrateniente del lugar- representan el capital, con lo cual, el mensaje de Jesús es contundente: cuando el sujeto se libera comunitariamente de las cadenas de la represión interna y se pone en pie contra la externa, el capital (los cerdos) se desfetichiza y muere. En sentido contrario, cuando el capital cobra vida, el sujeto esta muerto, y “vive” solitario en los sepulcros de una vida inauténtica.

La derrota del ejército imperial simbolizada en la piara de cerdos que se despeña y se ahoga en el mar tiene como contrapartida la liberación del oprimido. El endemoniado, es decir, el colonizado, ya no anda por los sepulcros. Y no se lastima a sí mismo ni huye por los montes, sino que está “sentado, vestido y en su sano juicio”. La recuperación de la libertad es la recuperación de la propia dignidad. Terminada la opresión, el individuo y la sociedad recuperan la paz, la tranquilidad (Dri, 2004: 79).
El enfrentamiento de Jesús y su movimiento, contra el Imperio Romano, es claro. El geraseno encontró una salida liberadora; la construcción de una nueva sociedad; un nuevo “ethos” que nace de la fe como fidelidad a la vida. Es el Reino de Dios.
La plena realización del hombre se da en el seno de la comunidad de iguales, donde es posible recrear una subjetividad “recuperada para el deseo. Recuperada para el trabajo creador. Recuperada para la alegría. Recuperada para la salud mental y los derechos humanos. Recuperada para el pensamiento”(Grande 2004: 115). Locus desde donde el sujeto puede reapropiarse del poder colectivo expropiado, en una praxis que deconstruye estructuras neuróticas, rígidas y estereotipadas que cristalizan al sujeto y lo paralizan, recreando desde una ética del bien común, la dimensión nueva de una conciencia crítica o conversión epistemológica que deviene de la propia reflexión comunitaria en el esclarecimiento, elaboración y enfrentamiento de escenarios de injusticia estructural.

No hay cura genuina, ni felicidad plena cuando ésta se pretende dar únicamente en el ámbito de lo individual. Es una pretensión burguesa, neurótica y restitutoria.“El que quiera salvar (sanar) su vida –dice Jesús- la perderá” (Mt.16,25).

4. Conclusiones.

Desde la Teología de la liberación y el Psicoanálisis Implicado, Freud, Marx y Jesús, nos interpelan e inspiran a pensar en cómo la normalidad convencional denominada neurosis, se constituye en un poderoso mecanismo de dominación inconfeso, que debemos desenmascarar, no sólo como una de las tantas formas de extracción de plusvalía, sino también como un trastorno en el que “se niega en forma implícita la posibilidad de modificarla” (P. Rivière, 1988: 13) cuando el episcopado de la salud la considera benévolamente desde una dimensión puramente endógena. Lamentablemente ésta es la idea dominante, y "las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones dominantes concebidas como ideas". (Marx y Engels, 1994: 58).

Seguramente quedan pendientes mucho problemas por plantear e interrogantes que sería necesario precisar. Pero hasta aquí la propuesta fue tan sólo esbozar una vía de reflexión crítica con el objeto de repolitizar la cuestión de la salud mental desde una perspectiva social, comunitaria y liberadora que nos permita ahondar en la imperiosa tarea de construir poder popular, a fin de exorcizar a todos los poseídos por los demonios del imperialismo.

*Lic. en Psicología. Psi. Social. [email protected]


Bibliografía.
Biblia (1960). Antigua versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Sociedades Bíblicas Unidas.
Boff, L. (1986). Teología desde el lugar del pobre. España: Sal Térrae.
Domínguez Morano, C.(2000). Psicoanálisis y Religión: dialogo interminable. Madrid: Trotta.
Dri, R. (2002). Racionalidad, Sujeto y Poder , Irradiaciones de la Fenomenología del Espíritu. Buenos Aires: Biblos.
Dri, R. (2004). El Movimiento Antiimperial de Jesús. Jesús en los conflictos de su tiempo. Buenos Aires: Biblos.
Dri, R. (2004). La Fenomenología del Espíritu y los Grundisse. Diaporías, Revista de Filosofía y Ciencias sociales (UBA), nº 3. Buenos Aires: Cibergraf.
Freud, S. (1976). Presentación autobiográfica [1925]. Obras Completas, Vol. XX. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1989). Psicología de las Masas y Análisis del Yo [1920]. Obras Completas, Vol. XVIII Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1993). Conferencia de introducción al psicoanálisis nº 31 [1933]. La descomposición de la personalidad psíquica. Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis. Obras Completas, vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1993b). Acciones obsesivas y prácticas religiosas [1907]. Obras Completas, vol. IX . Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1993c).Conferencias de Introducción al Psicoanálisis (Parte III) [1933 - 1917]. 28º Conferencia. La Terapia Analítica. Obras Completas, vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (2004). El malestar en la cultura. Obras Completas, Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu.
Grande, A. (1996). El Edipo después del Edipo, del Psicoanálisis Aplicado al Psicoanálisis Implicado. Buenos Aires: Topía.
Grande, A. (2002). Psicoanálisis Implicado, la marca social en la clínica actual. Buenos Aires: Topía.
Grande, A. (2003). El paciente mediocre. Revista Topía, Psicoanálisis, Sociedad y Cultura. Año XIII - Nº 38. Buenos Aires: Topía.
Grande, A. (2003-2004). Sexualidad represora: del deseo al mandato. Revista, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para graduados, nº 23. Buenos Aires: AEAPG.
Grande, A. (2008). Introducción penetrante. Psicoanálisis Implicado 4, Crónicas del oprimido. Colectivo de autores. Buenos Aires: ICONO
Hinkelammert, Franz J. (2007). Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la Modernidad. Materiales para la discusión. San José: Arlequín.
Marx, K. (1973). El capital. Crítica de la economía política. El fetichismo de la mercancía y su secreto.Tomo I. México: FCE.
Marx, K. (1977). Manuscritos: economía y filosofía. Traducción de Francisco Rubio Llorente. Madrid: Alianza.
Marx, K. y Engels, F. (1994). La ideología Alemana. 4ª ed. Español. Universitat de Valencia: Servei de publicacioins.
Pichon Rivière, E. (1988). El proceso grupal. Del psicoanálisis a la psicología social (1). Ed. nº 28. Buenos Aires: Nueva Visión.
Reich, W. (1972). Psicología de masas del fascismo. Buenos Aires: Latina.
Reich, W. (1972b). Marxismo y psicoanálisis. 2º edición. Buenos Aires: Ediciones del Siglo.
Reich, W. (1983). La irrupción de la moral sexual. Buenos Aires: Homo Sapiens.
Rozitchner, L. (2003). Freud y el problema del poder. Buenos Aires: Losada.
Villegas, R. (2004). El Psicoanálisis implicado y la Teología Latinoamericana de la Liberación. Primer encuentro Regional de Psicoanálisis Implicado. Buenos Aires. Disponible en: http://www.aticocooperativa.com.ar/psicoanalisis4/06.pdf

________________________________________


(1) Ver Domínguez Morano (2000).
(2) Véase Betto, F. Los desafíos de la educación popular en, La Jiribilla. Revista de cultura Cubana . Disponible en: http://www.lajiribilla.cu/2011/n507_01/507_22.htm
(3) Para una descripción teórica del Psi. Implicado; ver, Grande, A. El Psicoanálisis Implicado y la interdisciplina. Disponible en:
http://www.xpsicopedagogia.com.ar/el-psicoanalisis-implicado-y-la-interdisciplina.html
(4) Véase Boff, L. (1986).
(5) Véase Grande, A. (2004: 22-23; 26-27).
(6) Véase Villegas, R. (2004).
(7) El psicoanálisis concibe de una manera dialéctica, aun cuando inconscientemente, todos los procesos mentales (Reich, 1972b: 122).
(8) Véase Reich, 1983: 132.
(9) Pero el niño pequeño es notoriamente amoral, no posee inhibiciones internas contra sus impulsos que quieren alcanzar placer. El papel que luego adopta el superyó es desempeñado primero por un poder externo, la autoridad parental. El influjo de los progenitores rige al niño otorgándole pruebas de amor y amenazándolo con castigos que atestiguan la pérdida de ese amor y no pueden menos que temerse por sí mismos. Esta angustia realista es la precursora de la posterior angustia moral; mientras gobierna, no hace falta hablar de superyó ni de conciencia moral. Sólo más tarde se forma la situación secundaria que estamos demasiado inclinados a considerar la normal: en el lugar de la instancia parental aparece el superyó que ahora observa al yo, lo guía y lo amenaza, exactamente como antes lo hicieron los padres del niño. Ahora bien, el superyó, que de ese modo toma sobre sí el poder, la operación y hasta los métodos de la instancia parental, no es sólo el sucesor de ella, sino de hecho su legítimo heredero (Freud, 1993:57,58).
(10) Por consiguiente, la cultura yugula el peligroso gusto agresivo del individuo debilitándolo, desarmándolo y vigilándolo mediante una instancia situada en su interior, como si fuera una guarnición militar en la ciudad conquistada (Freud, 2004: 120).
(11) La agresión es introyectada, interiorizada , pero en verdad reenviada a su punto de partida; vale decir, vuelta hacia el yo propio (Ibíd. 2004: 119).
(12) Ver Freud (1989).
(13) Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios, inquietudes, a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones (Benjamin, 2007: 166), citado por Hinkelammert (2007).
(14) De acuerdo con estas concordancias y analogías, uno podría atreverse a concebir la neurosis obsesiva como un correspondiente patológico de la formación de la religión, calificando a la neurosis como una religiosidad individual, y a la religión, como una neurosis obsesiva universal (Freud, 1993b: 109).
(15) Véase Dri, R. (2007), Religión y política en la superación de la triple fractura humana. Revista Sociedad y religión. Vol. XVIII, nº 28/29. Disponible en:
http://www.ceil-piette.gov.ar/docpub/revistas/sociedadyreligion/sr28-29/sr28295dri.pdf
(16) Expresión de Roberto Castel. Psicoanalismo, “Es la neutralización de los efectos políticos-sociales del psicoanálisis” (Grande, 1996:43).
(17) En: Derecho y deberes de los Jóvenes (1972). Estudios y documentos de educación. Nueva serie, 6. UNESCO. Disponible en: http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001335/133519so.pdf
(18) La construcción narrativa de este relato es altamente simbólica. Un texto escrito en clave, por una comunidad que vive en la clandestinidad.
(19) Véase Dri (2004:75-111).
Datos archivados del Taringa! original
18puntos
376visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

N
NariGures🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts7
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.