Sin aliento (Entrevista a Slavoj Žižek, Parte II)
- Muy bien. Yo hubiera dicho que nuestra historia no es solo finita, y ahí estamos otra vez hablando de Hegel, de cuaya filosofía se dice que es la última gran metafísica, que un espíritu mundano se realiza en lo material… y mi pregunta es: su interés por todas estas posiciones de la historia de la filosofía que fué nombrándonos, que de alguna manera son filosofías dualistas, o por lo menos tienen un componente dualista inherente, una separación entre lo espiritual y lo humano… es como si el hombre siempre estuviera persiguiendo el destello espiritual que hay en él…
- ¡Pero no en Hegel! Es una aseveración precisa, y lamentablemente no tenemos tiempo suficiente para desarrollarla por completo, pero espero que podamos, al menos, acercárle a nuestra audiencia lo esencial de esta cuestión: Digo que lo que Hegel llama “el saber absoluto” no es esa idea infantil de “lo se todo”, al contrario, es una especie de autolimitación radical. Para Hegel, ese dualismo que ud. nombró, esa división entre nuestra vida humana y finita, y la búsqueda de lo eterno, es siempre saber humano, limitado. Llegamos a un límite cuando descubrimos que detrás de eso no hay nada, que todo lo que tennemos es nuestra finitud. Lo que Hegel denomina “Wahre Unendlichkeit”7 nos es otra cosa que la limitación autoreflejada, cuando descubrimos que detrás de ella no hay nada. Aquí hay otra conexión con Freud, en donde sucede casi lo contrario… hay que leer a Freud muy atentamente, cuando él habla la “Pulsión de Muerte”, no se está refiriendo al principio del Nirvana, o el “Quiero desaparecer, quiero morir”. Si lee a Freud con atención se dará cuenta de que eso que Freud llama la “Pulsión de Muerte”, es una denominación de “inmortalidad”. La pulsión de muerte está relacionada con la repetición compulsiva, es algo que se repite compulsivamente más allá de la muerte, de manera obscena. Por eso utilizo figuras como la de los “muertos vivos” (otra vez, de la cultura popular), Stephen King, etc… éso es la pulsión de muerte freudeana, los muertos vivos…
- Entonces, ud. intenta completar esos tipos de lectura, y no acepta la división dualista que estoy haciendo… Y mi pregunta es, por qué, en eso que está buscando, no se concentra más en la tradición no-dualista, como aparece por ejemplo en la tradición mística cristiana, o en la filosofía oriental…
- Aquí puedo construír la pregunta precisa: para mí, los místicos (aún cuando aseguran no ser dualistas), no son monistas en el sentido de “no-dualistas”, pero sí monistas en la búsqueda de una paz final, en el querer llegar a una reconciliación final con lo absoluto. Para mí, el mensaje del cristianismo, y de Hegel, (y otra vez, Chesterton, que formuló lo maravillosamente siguiente), la moral del Dios cristiano no es “unidad y reconciliación”; es “finitud y división”… Por eso cristo dice, se acuerda de aquel pasaje que tantos dolores de cabeza les dió a los intérpretes: “No traigo la paz, traigo la espada, traigo el fuego… y si no renuncias a tu padre y a tu madre, no eres mi discípulo”. Cristo es una figura luchadora, como la dialéctica de Hegel. Rechazo esa idea gnóstica, mística o lo que sea, de una entidad superior; la realidad última es antagonismo, lucha.
- Pasemos a un aspecto de su personalidad…
- Wenn ich eine Persönlichkeit habe, das ist eine große Diskussion…8
- …ud. se crió en Eslovenia, ¿es cierto que sus amigos le dicen “Fidel”?
- Si, pero en broma… no tiene una motivación política, simplemente (como habrán observado) es porque hablo mucho, la referencia no es “Fidel, comunista”, sino Fidel que dice: “Compañeros, solo unos minutos” y luego dura siete horas, con suerte…
- Hay un buen chiste sobre el socialismo, que ud. cuenta en su libro “La revolución está por comenzar”. Dice: “el socialismo es la síntesis de de los grandes logros de la humanidad: tiene el primitivismo de las sociedades prehistóricas, la esclavitud de la antigüedad, la dominación brutal de la edad media, la explotación del capitalismo, y el nombre… del socialismo”. ¿Es lo que verdaderamente piensa?
- Si, en principio si. Aunque me considere un izquierdista radical, un comunista, no siento absolutamente ninguna nostalgia por el denominado “Real existierender Sozialismus”9. Pero volviendo al chiste, es maravilloso, porque ilustra perfectamente el momento en el que el nombre como tal entra en la realidad. Uso frecuentemente ese chiste para explicar, por ejemplo, el antisemitismo, porque funciona de la misma forma: El antisemitismo (sea lo que sea “el judaísmo”) equipara al… como decirlo, equipara a la “misera judía” con el “espíritu especulador”, a la “explotación” com los “grandes capitales”, o a la “obscenidad judía” con “lo perverso”, etc. etc. Lo que toma de los judíos es solo el nombre, es la misma paradoja. El mecanismo que describe ese chiste es en escencia el mecanismo de lo que Lacan denomina “Le signifiant mettre”: el significante principal, un significante vacío que contempla todas las posibilidades. Pero volvamos a la dimensión política. Me encuentro en una situación muy difícil. Por un lado, soy sumamente crítico, no solamente en el sentido de rechazo a la experiencia del socialismo real; creo que el stalinismo fué una catástrofe total, la catástrofe del siglo XX, mucho peor que el faccismo y el nazismo, y que sigue siendo enigmático… es mi mayor crítica a la escuela de Frankfurt, a Horkheimer, Adorno, etc… porque practicamente ignoraron al stalinismo… claro que lo rechazaban, pero se concentraron tanto en el faccismo y en el antisemitismo que no fueron capaces de elaborar una teoría del stalinismo. Y esa actitud continúa hasta en Habermas: cuando lee a Habermas ¿piensa en algún momento que su propio país, Alemania, estaba dividido en dos? Todavía sigue siendo un enigma… Por otra parte, sigo creyendo que la revolución de octubre fué un gran momento… no me malentienda, no soy idealista, no soy uno de esos trotskistas locos que dicen que si Lenin hubiera vivido tres años más y hubiera hecho un pacto con Trotsky, no hubiera surgido el stalinismo, sino una Unión Soviética feliz y democrática; no, era una situación sin salida, el stalinismo era una necesidad. Ahí radica la tragedia: ¿cómo pudo ese grandioso leninismo, esa increíble explosión de un nuevo pensar político, terminar en el stalinismo? Todavía tenemos que entender ese proceso, ¿que fué lo que realmente sucedió en el stalinismo? Tenemos que repensarlo, de manera radical, si queremos ser otra vez de izquierda. Es una tarea todavía inconclusa.
- Es interesante que tenga esa mirada sobre la unión soviética, siendo que creció en un país perteneciente a ella… En 1990 Ud. se postuló para la presidencia de Eslovenia…
- No, ese es un típico malentendido Yugoslavo. No me postulé para la presidencia, sino para el presidio colectivo (y casi ganamos), era un gremio de cuatro miembros…
- ¿Y cuál hubiera sido su plataforma política?
- Puede sonar un poco cínico, pero en primera línea quise sabotear… y puedo probarlo, simplemente quise ayudar a mi partido: el programa era sencillo: no tenía ilusiones, en aquel momento sabíamos perféctamente dónde estábamos, el régimen comunista se estaba desintegrando, y existía el peligro (como sucedió en Serbia y en Croacia), que surgiera un fuerte movimiento populista, de derecha o de izquierda, que diera lugar a una especie de populismo autoritario, como el de Tudman en Croacia o el de Miloševic en Serbia. En otras palabras, nuestro objetivo fué evitar llegar a una situación en donde solo tuvieramos la opción de elejir entre nacionalistas populistas de derecha o ex-comunistas. Ése fué mi principal compromiso, y lo logramos: en Eslovenia el espacio político fué ampliado (por lo menos hasta hoy) y pudimos evitar ese bloqueo.
- Desde el 2004, Eslovenia pertenece a la comunidad Europea, y Ud. escribe en un artículo en el Süddeutsche Zeitung en el año 2005: “Debemos separarnos de la europa de las costumbres históricas, trazar un claro corte, desprendernos de los cuerpos tambaleantes de la vieja europa. Solo así podremos renovar el legado europeo y mantenerlo con vida.” ¿Qué entiende Ud. por “Legado Europeo”?
- El libro al que pertenece ese artículo (todos mis artículos son fragmentos de mis libros), lo explica claramente: el “legado emancipador”, que se remonta a democracia griega, a ese primer nivel, la “Polis” de la égalité radical, se convirtió en la vara para medir todas las cosas. Esa idea, según la cual en la democracia no todos están, simplemente, en “su lugar”, sino que por el contrario, existe una igualdad, comenzó con la democracia, siguió en el cristianismo (con las famosas palabras de Pablo: “Ni judíos, ni griegos, ni hombres, ni mujeres…”), continúa con la subjetividad moderna, desde Descartes hasta Hegel, y sigue en el comunismo, por lo menos en la idea del comunismo, etc. Creo que necesitamos un empujón; mi llamada a una “Nueva Europa” es desesperada, pero también radical, para decirlo de una manera sencilla: ¿Dónde estamos hoy? Hoy exsiten dos, quizás tres modelos culturales: el liberalismo anglosajón, el (para decirlo amablemente) capitalismo con valores asiáticos (o sea: el capitalismo autoritario) y, eventualmente y quizás sin demasiada fuerza, el capitalismo populista latinoamericano. Francamente, no quiero vivir en un mundo en donde ésas sean las úncas alternativas posibles. Mis fantasías más salvajes (y tampoco lo veo bien), las deposito en Europa. Europa se encuentra en una evidente crisis… sobre Europa escribí un artículo, con un título que hacía referencia a un texto de de Freud “Was will das Weib?” ((“¿Qué quiere la mujer?”, en Alemán)). Was will Europa, ¿Qué quiere Europa? No está del todo claro. ¿Solo una comunidad económica? ¿O una comunidad más fuerte, ideológica? Quizás surja alo más…
- ¿Qué más quisiera activar de la historia del pensamiento europeo?
- Aquí llegamos al punto en donde se me acusa de ser un totalitarista escondido: precisamente esa radical tendencia apocalíptica, específicamente europea, que encuentra en la cartas de Pablo, esa idea de que se aproxima el fin de los tiempos, nos acercamos al punto cero… En cierto sentido, me atrevo a afirmar, nos acercamos al punto cero; no soy un apocalíptico rígido, no digo que mañana será el fin del mundo, pero: tomemos la ecología… es un tema complejo, y mañana no se terminará el mundo, pero es clara la tendencia a acercarnos al punto cero, que debemos cambiar algo. Tomemos la biogenética, en donde se produjo un desarrollo tremendo, ya estamos en condiciones de conectar nuestro cerebro directamente a la realidad externa, y a partir de éste punto deberíamos reconsiderar la definición del ser humano. Tomemos el capitalismo: el problema de la denominada “propiedad intelectual”, es un gran problema, no creo que el capitalismo pueda resolverlo; no funciona. Bill Gates es una mounstrosidad atípica, ¿de donde sale todo su dinero? Lo que él vende no es un producto real, él privatizó una parte de lo que Marx denominó el “intelecto general” o “el saber común”, el medio neutral y público de nuestra comunicación. Según Marx, está cobrando un alquiler, no un beneficio: es el mayor arrendador del mundo.
- Otra vez está del lado de la crítica, no de la solución [...] y en su libro “La suspención política de lo ético”, dice: “Hoy en dia, siendo bombardeados de todos lados con las diferentes versiones de la órden del super-yo: “¡Disfruta!”, desde el placer sexual inmediato hasta la alegría del éxito laboral o del despertar espiritual, deberíamos dirigirnos hacia un nivel mucho más radical. El psicoanálisis es hoy el único discurso en el que nos está permitido ‘no disfrutar’”.
- Si, insisto en ello. ¿Y sabe por qué? Vivimos en una época única, porque estamos motivados por la ideología. Ya no existen las llamadas clásicas “Sé un cristiano” o “Sé un comunista”, “Sacrifícate”… lo que la sociedad hoy quiere de nosotros es una vaga especie de hedonismo iluminado, “Sé tu mismo”, “Sé fiel a tí mismo”, “Realiza tus potenciales”, y siempre con ese aspecto terrorista: ¡Disfruta! ¿Sabe dónde pude experimentarlo? Aquí en Zurich, en la Bahnhofstraße, compré un paquete de golosinas mus caras, empaquetadas herméticamente, hay que comerlas muy frescas, y me reí mucho al abrir el paquete, pues decía: “Sofort Geniessen!” ((“Disfrútelas en seguida!”, en Alemán)) Éso es ideología hoy. Creo que hay algo realmente liberador en en psicoanálisis, que ya no es más el viejo psicoanálisis freudeano: la idea de Freud era que tenemos deseos sexuales, pero que la moral dominante nos reprime, y que el psicoanálisis nos ayuda a liberarnos de las trabas y a gozar plenamente; pero hoy la represión surge de la exigencia del goce. Literalmente, lo escucho una y otra vez de psicoanalistas: las personas tienen culpa, no porque tengan deseos prohibidos, como antes, cuando los homosexuales sentían culpa, no: las personas sienten culpa porque no son capaces de disfrutar.
- ¿Quiere proponernos una dieta espiritual?
- No usaría la palabra “espiritual”, pero “dieta”, sí. Creo que deberíamos desobedecer la órden del super-yo: “Disfruta!”. No estamos obligados a disfrutar.
- Si trasladamos esa idea a la política, estoy hablando de una cosmovisión: ¿Cómo seguimos?, y en su libro habla de la “suspensión política de lo ético”
- No, no me refiero a que tengamos que comenzar a matarnos. Lo que quiero decir es que la izquierda actual está atrapada en un esquema ético-legalista. Sobre todo, la izquierda no tiene una alternativa real sobre como reordenar las cosas; esa fué la mayor tragedia del movimiento anti-globalización de Porto Alegre: “están en contra”. Pero en cuanto se le pregunta cuál es su programa, se recibe una serie de respuestas vagas, como “más autodeterminación”, y cosas por el estilo. La izquierda se limita a moralizar “Que terrible, las personas se mueren de hambre”, y tratan de traducir eso a conceptos operativos, “Necesitamos nuevas leyes”… Hablamos de legalidad y moralidad, pero creo que deberíamos romper con ese esquema. Mi fórmula actual es hasta más agresiva: “La suspensión teológica-política de lo ético”. Claro que no digo “Teología” refiriéndome a Dios, sino pensando en las visiones apocalípticas…
- ¿Y se queda con esa vivión apocalíptica o nos brinda una luz de esperanza?
- Soy apocalíptico. Cuando se dice “Luz”, la gente se refiere a una luz al final del tunel, pero yo (y esta sabiduría cínica sobre las cosas la obtuve del “socialismo real”) digo que al final del tunel está la luz del tren que viene a estrellarse con uno. No, solo veo problemas. Y no veo ninguna solución clara, pero creo que ésa es mi tarea como filósofo. Cuando la gente me pregunta ¿Qué podemos hacer contra la crísis financiera? o ¿por la ecología?, mi respuesta es siempre: “No lo sé”. Lo que puedo hacer, y creo que es muy importante, es corregir las preguntas. Muchas veces, la forma en la que planteamos un problema es parte del problema. Reproducimos el problema. Por ejemplo, en la ecología… toda esa mitología de la “Madre Tierra”, del “Equilibrio roto”, del “Retorno al equilibrio”… es solo esa mitología del New Age, que solo es impeditiva. Lo mismo pasa con el racismo. Yo estoy en contra de la tolerancia. No es que esté a favor de la intolerancia, pero rechazo la idea de que los problemas del racismo y del sexismo puedan ser automáticamente traducidos a problemas de la tolerancia. Tomemos a Martin Luther King: el jamás habló de tolerancia. Nosotros hablamos de tolerancia, porque vivimos, permítame decirlo, en la era post-política: la economía y la administración pública están cada vez más despolitizadas, y los únicos conflictos reales que quedan son, en mayor o en menor medida, conflictos culturales, el aborto y esas cosas.
- Hemos conocido un poco del “Universo Žižek”, pero hay quienes no lo encuentran simpático, quienes lo critican. Aquí tengo una reseña de la revista “Orientierung”, en donde puede leerse: “De incontables cajones saca Žižek ejemplos históricos, culturales y filmográficos, para referenciarlos en un cambio permanente según el folio interpretativo del momento. Esto no solo convierte a los ejemplos en algo completamente intrascendente: el remolino de citas activa una monotoneidad que es preocupante, pues la suma de los materiales utilizados no conlleva el apercibimiento de un conocimiento nuevo, sino simplemente una interpretación falsificable y sin sentido”
- Todo lo que tengo para decir (como sabe, es una de las críticas típicas), es que lo mismo fué dicho sobre Hegel: me honra estar en su compañía. Inmediatamente después de la publicación de la “Fenomenología del espíritu” se dijo “esto es una confusión de ejemplos de aquí y de allá, y sobre ellos siempre los mismos monótonos inténtos dialécticos…” Lo que quiero responderle a esa persona es: ¿Sabe lo que dice Hegel en esa misma “Fenomenología del espíritu”? Dice: “A veces, la maldad está en los ojos de quien la percibe” Quiero decir: mis textos pueden causar esa impresión, pero afirmo que tratan una serie precisa de problemas profundos. ¿Y por qué salto de aquí para allá? Pues porque no estoy hablando ni de esto ni de aquello, estoy hablando de un problema fundamental detrás de todo eso. Pero esta gente, evidentemente, no lo ve.
- En el TAZ10 hay otra nota: “Si existe algo como el prototipo del intelectual nervioso, entonces Žižek es su encarnación”
- Eso puedo aceptarlo. Lo que no soporto es la “sabiduría” del “intelectual sabio”… no, creo que vivimos en una época potencialmente peligrosa, y por eso estoy nervioso. Hay buenos motivos para estar nervioso. Creo que ya no podemos darnos más el lujo de la sabiduría a lo “Dalai Lama”, ése es el camino directo a la catástrofe.
- Pero ¿de donde viene la falta de aliento en su pensamiento?
- No lo sé. No estoy seguro, quizás sea una tendencia, una parte de mi carácter. Pero quisiera agregar algo más: lo que me parece muy triste en ese tipo de críticas es que todas apuntan a mi persona, tildándome de “nervioso” o “torpe”, o deteniéndose en custiones puramente formales. ¿Se ha dado cuenta? Esas dos críticas que acaba de citar (y yo puedo darle muchas más), tienen un punto en común: ¡ninguna menciona nada sobre lo que estoy diciendo! Y tengo tésis muy precisas: “lea a Hegel de la siguiente manera”, o “el cine funciona ideológicamente de tal y cual manera”… Pero no, solo son reproches formales y así, para mí, carecen de todo interés. Pero estoy acostumbrado, a eso y amucho más. Hace poco fuí acusado en la “New Republic”, una revista norteamericana, de ser el ideólogo de un nuevo holocausto. Literalmente. Decían que mi tésis es que hay que matar a todos los judíos, excepto a aquellos que sean críticos contra el Estado de Israel. Por supuesto, es una mentira sin sentido. Pero más problemático para mí es como todas esas críticas no apuntan a lo que hago… es como si yo ahora describiera como se mueve Ud… ¡Por Dios, estoy planteando una teoría!
- ¿Y cual es, dicho en pocas palabras, su teoría?
- Leer a Hegel con la ayuda del psicoanálisis, y utilizar para ello la visión central de Freud, la pulsión de muerte. Ése concepto, que nada tiene que ver con un biologismo instintual, y con su ayuda, leer el tema central del idealismo alemán: la negatividad absoluta. Esa es mi pasión.
- Muchas gracias por la charla.
- Ich danke Ihnen. Danke.
- Muy bien. Yo hubiera dicho que nuestra historia no es solo finita, y ahí estamos otra vez hablando de Hegel, de cuaya filosofía se dice que es la última gran metafísica, que un espíritu mundano se realiza en lo material… y mi pregunta es: su interés por todas estas posiciones de la historia de la filosofía que fué nombrándonos, que de alguna manera son filosofías dualistas, o por lo menos tienen un componente dualista inherente, una separación entre lo espiritual y lo humano… es como si el hombre siempre estuviera persiguiendo el destello espiritual que hay en él…
- ¡Pero no en Hegel! Es una aseveración precisa, y lamentablemente no tenemos tiempo suficiente para desarrollarla por completo, pero espero que podamos, al menos, acercárle a nuestra audiencia lo esencial de esta cuestión: Digo que lo que Hegel llama “el saber absoluto” no es esa idea infantil de “lo se todo”, al contrario, es una especie de autolimitación radical. Para Hegel, ese dualismo que ud. nombró, esa división entre nuestra vida humana y finita, y la búsqueda de lo eterno, es siempre saber humano, limitado. Llegamos a un límite cuando descubrimos que detrás de eso no hay nada, que todo lo que tennemos es nuestra finitud. Lo que Hegel denomina “Wahre Unendlichkeit”7 nos es otra cosa que la limitación autoreflejada, cuando descubrimos que detrás de ella no hay nada. Aquí hay otra conexión con Freud, en donde sucede casi lo contrario… hay que leer a Freud muy atentamente, cuando él habla la “Pulsión de Muerte”, no se está refiriendo al principio del Nirvana, o el “Quiero desaparecer, quiero morir”. Si lee a Freud con atención se dará cuenta de que eso que Freud llama la “Pulsión de Muerte”, es una denominación de “inmortalidad”. La pulsión de muerte está relacionada con la repetición compulsiva, es algo que se repite compulsivamente más allá de la muerte, de manera obscena. Por eso utilizo figuras como la de los “muertos vivos” (otra vez, de la cultura popular), Stephen King, etc… éso es la pulsión de muerte freudeana, los muertos vivos…
- Entonces, ud. intenta completar esos tipos de lectura, y no acepta la división dualista que estoy haciendo… Y mi pregunta es, por qué, en eso que está buscando, no se concentra más en la tradición no-dualista, como aparece por ejemplo en la tradición mística cristiana, o en la filosofía oriental…
- Aquí puedo construír la pregunta precisa: para mí, los místicos (aún cuando aseguran no ser dualistas), no son monistas en el sentido de “no-dualistas”, pero sí monistas en la búsqueda de una paz final, en el querer llegar a una reconciliación final con lo absoluto. Para mí, el mensaje del cristianismo, y de Hegel, (y otra vez, Chesterton, que formuló lo maravillosamente siguiente), la moral del Dios cristiano no es “unidad y reconciliación”; es “finitud y división”… Por eso cristo dice, se acuerda de aquel pasaje que tantos dolores de cabeza les dió a los intérpretes: “No traigo la paz, traigo la espada, traigo el fuego… y si no renuncias a tu padre y a tu madre, no eres mi discípulo”. Cristo es una figura luchadora, como la dialéctica de Hegel. Rechazo esa idea gnóstica, mística o lo que sea, de una entidad superior; la realidad última es antagonismo, lucha.
- Pasemos a un aspecto de su personalidad…
- Wenn ich eine Persönlichkeit habe, das ist eine große Diskussion…8
- …ud. se crió en Eslovenia, ¿es cierto que sus amigos le dicen “Fidel”?
- Si, pero en broma… no tiene una motivación política, simplemente (como habrán observado) es porque hablo mucho, la referencia no es “Fidel, comunista”, sino Fidel que dice: “Compañeros, solo unos minutos” y luego dura siete horas, con suerte…
- Hay un buen chiste sobre el socialismo, que ud. cuenta en su libro “La revolución está por comenzar”. Dice: “el socialismo es la síntesis de de los grandes logros de la humanidad: tiene el primitivismo de las sociedades prehistóricas, la esclavitud de la antigüedad, la dominación brutal de la edad media, la explotación del capitalismo, y el nombre… del socialismo”. ¿Es lo que verdaderamente piensa?
- Si, en principio si. Aunque me considere un izquierdista radical, un comunista, no siento absolutamente ninguna nostalgia por el denominado “Real existierender Sozialismus”9. Pero volviendo al chiste, es maravilloso, porque ilustra perfectamente el momento en el que el nombre como tal entra en la realidad. Uso frecuentemente ese chiste para explicar, por ejemplo, el antisemitismo, porque funciona de la misma forma: El antisemitismo (sea lo que sea “el judaísmo”) equipara al… como decirlo, equipara a la “misera judía” con el “espíritu especulador”, a la “explotación” com los “grandes capitales”, o a la “obscenidad judía” con “lo perverso”, etc. etc. Lo que toma de los judíos es solo el nombre, es la misma paradoja. El mecanismo que describe ese chiste es en escencia el mecanismo de lo que Lacan denomina “Le signifiant mettre”: el significante principal, un significante vacío que contempla todas las posibilidades. Pero volvamos a la dimensión política. Me encuentro en una situación muy difícil. Por un lado, soy sumamente crítico, no solamente en el sentido de rechazo a la experiencia del socialismo real; creo que el stalinismo fué una catástrofe total, la catástrofe del siglo XX, mucho peor que el faccismo y el nazismo, y que sigue siendo enigmático… es mi mayor crítica a la escuela de Frankfurt, a Horkheimer, Adorno, etc… porque practicamente ignoraron al stalinismo… claro que lo rechazaban, pero se concentraron tanto en el faccismo y en el antisemitismo que no fueron capaces de elaborar una teoría del stalinismo. Y esa actitud continúa hasta en Habermas: cuando lee a Habermas ¿piensa en algún momento que su propio país, Alemania, estaba dividido en dos? Todavía sigue siendo un enigma… Por otra parte, sigo creyendo que la revolución de octubre fué un gran momento… no me malentienda, no soy idealista, no soy uno de esos trotskistas locos que dicen que si Lenin hubiera vivido tres años más y hubiera hecho un pacto con Trotsky, no hubiera surgido el stalinismo, sino una Unión Soviética feliz y democrática; no, era una situación sin salida, el stalinismo era una necesidad. Ahí radica la tragedia: ¿cómo pudo ese grandioso leninismo, esa increíble explosión de un nuevo pensar político, terminar en el stalinismo? Todavía tenemos que entender ese proceso, ¿que fué lo que realmente sucedió en el stalinismo? Tenemos que repensarlo, de manera radical, si queremos ser otra vez de izquierda. Es una tarea todavía inconclusa.
- Es interesante que tenga esa mirada sobre la unión soviética, siendo que creció en un país perteneciente a ella… En 1990 Ud. se postuló para la presidencia de Eslovenia…
- No, ese es un típico malentendido Yugoslavo. No me postulé para la presidencia, sino para el presidio colectivo (y casi ganamos), era un gremio de cuatro miembros…
- ¿Y cuál hubiera sido su plataforma política?
- Puede sonar un poco cínico, pero en primera línea quise sabotear… y puedo probarlo, simplemente quise ayudar a mi partido: el programa era sencillo: no tenía ilusiones, en aquel momento sabíamos perféctamente dónde estábamos, el régimen comunista se estaba desintegrando, y existía el peligro (como sucedió en Serbia y en Croacia), que surgiera un fuerte movimiento populista, de derecha o de izquierda, que diera lugar a una especie de populismo autoritario, como el de Tudman en Croacia o el de Miloševic en Serbia. En otras palabras, nuestro objetivo fué evitar llegar a una situación en donde solo tuvieramos la opción de elejir entre nacionalistas populistas de derecha o ex-comunistas. Ése fué mi principal compromiso, y lo logramos: en Eslovenia el espacio político fué ampliado (por lo menos hasta hoy) y pudimos evitar ese bloqueo.
- Desde el 2004, Eslovenia pertenece a la comunidad Europea, y Ud. escribe en un artículo en el Süddeutsche Zeitung en el año 2005: “Debemos separarnos de la europa de las costumbres históricas, trazar un claro corte, desprendernos de los cuerpos tambaleantes de la vieja europa. Solo así podremos renovar el legado europeo y mantenerlo con vida.” ¿Qué entiende Ud. por “Legado Europeo”?
- El libro al que pertenece ese artículo (todos mis artículos son fragmentos de mis libros), lo explica claramente: el “legado emancipador”, que se remonta a democracia griega, a ese primer nivel, la “Polis” de la égalité radical, se convirtió en la vara para medir todas las cosas. Esa idea, según la cual en la democracia no todos están, simplemente, en “su lugar”, sino que por el contrario, existe una igualdad, comenzó con la democracia, siguió en el cristianismo (con las famosas palabras de Pablo: “Ni judíos, ni griegos, ni hombres, ni mujeres…”), continúa con la subjetividad moderna, desde Descartes hasta Hegel, y sigue en el comunismo, por lo menos en la idea del comunismo, etc. Creo que necesitamos un empujón; mi llamada a una “Nueva Europa” es desesperada, pero también radical, para decirlo de una manera sencilla: ¿Dónde estamos hoy? Hoy exsiten dos, quizás tres modelos culturales: el liberalismo anglosajón, el (para decirlo amablemente) capitalismo con valores asiáticos (o sea: el capitalismo autoritario) y, eventualmente y quizás sin demasiada fuerza, el capitalismo populista latinoamericano. Francamente, no quiero vivir en un mundo en donde ésas sean las úncas alternativas posibles. Mis fantasías más salvajes (y tampoco lo veo bien), las deposito en Europa. Europa se encuentra en una evidente crisis… sobre Europa escribí un artículo, con un título que hacía referencia a un texto de de Freud “Was will das Weib?” ((“¿Qué quiere la mujer?”, en Alemán)). Was will Europa, ¿Qué quiere Europa? No está del todo claro. ¿Solo una comunidad económica? ¿O una comunidad más fuerte, ideológica? Quizás surja alo más…
- ¿Qué más quisiera activar de la historia del pensamiento europeo?
- Aquí llegamos al punto en donde se me acusa de ser un totalitarista escondido: precisamente esa radical tendencia apocalíptica, específicamente europea, que encuentra en la cartas de Pablo, esa idea de que se aproxima el fin de los tiempos, nos acercamos al punto cero… En cierto sentido, me atrevo a afirmar, nos acercamos al punto cero; no soy un apocalíptico rígido, no digo que mañana será el fin del mundo, pero: tomemos la ecología… es un tema complejo, y mañana no se terminará el mundo, pero es clara la tendencia a acercarnos al punto cero, que debemos cambiar algo. Tomemos la biogenética, en donde se produjo un desarrollo tremendo, ya estamos en condiciones de conectar nuestro cerebro directamente a la realidad externa, y a partir de éste punto deberíamos reconsiderar la definición del ser humano. Tomemos el capitalismo: el problema de la denominada “propiedad intelectual”, es un gran problema, no creo que el capitalismo pueda resolverlo; no funciona. Bill Gates es una mounstrosidad atípica, ¿de donde sale todo su dinero? Lo que él vende no es un producto real, él privatizó una parte de lo que Marx denominó el “intelecto general” o “el saber común”, el medio neutral y público de nuestra comunicación. Según Marx, está cobrando un alquiler, no un beneficio: es el mayor arrendador del mundo.
- Otra vez está del lado de la crítica, no de la solución [...] y en su libro “La suspención política de lo ético”, dice: “Hoy en dia, siendo bombardeados de todos lados con las diferentes versiones de la órden del super-yo: “¡Disfruta!”, desde el placer sexual inmediato hasta la alegría del éxito laboral o del despertar espiritual, deberíamos dirigirnos hacia un nivel mucho más radical. El psicoanálisis es hoy el único discurso en el que nos está permitido ‘no disfrutar’”.
- Si, insisto en ello. ¿Y sabe por qué? Vivimos en una época única, porque estamos motivados por la ideología. Ya no existen las llamadas clásicas “Sé un cristiano” o “Sé un comunista”, “Sacrifícate”… lo que la sociedad hoy quiere de nosotros es una vaga especie de hedonismo iluminado, “Sé tu mismo”, “Sé fiel a tí mismo”, “Realiza tus potenciales”, y siempre con ese aspecto terrorista: ¡Disfruta! ¿Sabe dónde pude experimentarlo? Aquí en Zurich, en la Bahnhofstraße, compré un paquete de golosinas mus caras, empaquetadas herméticamente, hay que comerlas muy frescas, y me reí mucho al abrir el paquete, pues decía: “Sofort Geniessen!” ((“Disfrútelas en seguida!”, en Alemán)) Éso es ideología hoy. Creo que hay algo realmente liberador en en psicoanálisis, que ya no es más el viejo psicoanálisis freudeano: la idea de Freud era que tenemos deseos sexuales, pero que la moral dominante nos reprime, y que el psicoanálisis nos ayuda a liberarnos de las trabas y a gozar plenamente; pero hoy la represión surge de la exigencia del goce. Literalmente, lo escucho una y otra vez de psicoanalistas: las personas tienen culpa, no porque tengan deseos prohibidos, como antes, cuando los homosexuales sentían culpa, no: las personas sienten culpa porque no son capaces de disfrutar.
- ¿Quiere proponernos una dieta espiritual?
- No usaría la palabra “espiritual”, pero “dieta”, sí. Creo que deberíamos desobedecer la órden del super-yo: “Disfruta!”. No estamos obligados a disfrutar.
- Si trasladamos esa idea a la política, estoy hablando de una cosmovisión: ¿Cómo seguimos?, y en su libro habla de la “suspensión política de lo ético”
- No, no me refiero a que tengamos que comenzar a matarnos. Lo que quiero decir es que la izquierda actual está atrapada en un esquema ético-legalista. Sobre todo, la izquierda no tiene una alternativa real sobre como reordenar las cosas; esa fué la mayor tragedia del movimiento anti-globalización de Porto Alegre: “están en contra”. Pero en cuanto se le pregunta cuál es su programa, se recibe una serie de respuestas vagas, como “más autodeterminación”, y cosas por el estilo. La izquierda se limita a moralizar “Que terrible, las personas se mueren de hambre”, y tratan de traducir eso a conceptos operativos, “Necesitamos nuevas leyes”… Hablamos de legalidad y moralidad, pero creo que deberíamos romper con ese esquema. Mi fórmula actual es hasta más agresiva: “La suspensión teológica-política de lo ético”. Claro que no digo “Teología” refiriéndome a Dios, sino pensando en las visiones apocalípticas…
- ¿Y se queda con esa vivión apocalíptica o nos brinda una luz de esperanza?
- Soy apocalíptico. Cuando se dice “Luz”, la gente se refiere a una luz al final del tunel, pero yo (y esta sabiduría cínica sobre las cosas la obtuve del “socialismo real”) digo que al final del tunel está la luz del tren que viene a estrellarse con uno. No, solo veo problemas. Y no veo ninguna solución clara, pero creo que ésa es mi tarea como filósofo. Cuando la gente me pregunta ¿Qué podemos hacer contra la crísis financiera? o ¿por la ecología?, mi respuesta es siempre: “No lo sé”. Lo que puedo hacer, y creo que es muy importante, es corregir las preguntas. Muchas veces, la forma en la que planteamos un problema es parte del problema. Reproducimos el problema. Por ejemplo, en la ecología… toda esa mitología de la “Madre Tierra”, del “Equilibrio roto”, del “Retorno al equilibrio”… es solo esa mitología del New Age, que solo es impeditiva. Lo mismo pasa con el racismo. Yo estoy en contra de la tolerancia. No es que esté a favor de la intolerancia, pero rechazo la idea de que los problemas del racismo y del sexismo puedan ser automáticamente traducidos a problemas de la tolerancia. Tomemos a Martin Luther King: el jamás habló de tolerancia. Nosotros hablamos de tolerancia, porque vivimos, permítame decirlo, en la era post-política: la economía y la administración pública están cada vez más despolitizadas, y los únicos conflictos reales que quedan son, en mayor o en menor medida, conflictos culturales, el aborto y esas cosas.
- Hemos conocido un poco del “Universo Žižek”, pero hay quienes no lo encuentran simpático, quienes lo critican. Aquí tengo una reseña de la revista “Orientierung”, en donde puede leerse: “De incontables cajones saca Žižek ejemplos históricos, culturales y filmográficos, para referenciarlos en un cambio permanente según el folio interpretativo del momento. Esto no solo convierte a los ejemplos en algo completamente intrascendente: el remolino de citas activa una monotoneidad que es preocupante, pues la suma de los materiales utilizados no conlleva el apercibimiento de un conocimiento nuevo, sino simplemente una interpretación falsificable y sin sentido”
- Todo lo que tengo para decir (como sabe, es una de las críticas típicas), es que lo mismo fué dicho sobre Hegel: me honra estar en su compañía. Inmediatamente después de la publicación de la “Fenomenología del espíritu” se dijo “esto es una confusión de ejemplos de aquí y de allá, y sobre ellos siempre los mismos monótonos inténtos dialécticos…” Lo que quiero responderle a esa persona es: ¿Sabe lo que dice Hegel en esa misma “Fenomenología del espíritu”? Dice: “A veces, la maldad está en los ojos de quien la percibe” Quiero decir: mis textos pueden causar esa impresión, pero afirmo que tratan una serie precisa de problemas profundos. ¿Y por qué salto de aquí para allá? Pues porque no estoy hablando ni de esto ni de aquello, estoy hablando de un problema fundamental detrás de todo eso. Pero esta gente, evidentemente, no lo ve.
- En el TAZ10 hay otra nota: “Si existe algo como el prototipo del intelectual nervioso, entonces Žižek es su encarnación”
- Eso puedo aceptarlo. Lo que no soporto es la “sabiduría” del “intelectual sabio”… no, creo que vivimos en una época potencialmente peligrosa, y por eso estoy nervioso. Hay buenos motivos para estar nervioso. Creo que ya no podemos darnos más el lujo de la sabiduría a lo “Dalai Lama”, ése es el camino directo a la catástrofe.
- Pero ¿de donde viene la falta de aliento en su pensamiento?
- No lo sé. No estoy seguro, quizás sea una tendencia, una parte de mi carácter. Pero quisiera agregar algo más: lo que me parece muy triste en ese tipo de críticas es que todas apuntan a mi persona, tildándome de “nervioso” o “torpe”, o deteniéndose en custiones puramente formales. ¿Se ha dado cuenta? Esas dos críticas que acaba de citar (y yo puedo darle muchas más), tienen un punto en común: ¡ninguna menciona nada sobre lo que estoy diciendo! Y tengo tésis muy precisas: “lea a Hegel de la siguiente manera”, o “el cine funciona ideológicamente de tal y cual manera”… Pero no, solo son reproches formales y así, para mí, carecen de todo interés. Pero estoy acostumbrado, a eso y amucho más. Hace poco fuí acusado en la “New Republic”, una revista norteamericana, de ser el ideólogo de un nuevo holocausto. Literalmente. Decían que mi tésis es que hay que matar a todos los judíos, excepto a aquellos que sean críticos contra el Estado de Israel. Por supuesto, es una mentira sin sentido. Pero más problemático para mí es como todas esas críticas no apuntan a lo que hago… es como si yo ahora describiera como se mueve Ud… ¡Por Dios, estoy planteando una teoría!
- ¿Y cual es, dicho en pocas palabras, su teoría?
- Leer a Hegel con la ayuda del psicoanálisis, y utilizar para ello la visión central de Freud, la pulsión de muerte. Ése concepto, que nada tiene que ver con un biologismo instintual, y con su ayuda, leer el tema central del idealismo alemán: la negatividad absoluta. Esa es mi pasión.
- Muchas gracias por la charla.
- Ich danke Ihnen. Danke.