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Vulnerabilidad Infantil

INTRODUCCION:



Dentro de un país se suceden historias, que corresponden y van acorde a los tiempos que se vive a nivel mundial. Dentro de este contexto nos situaremos en Argentina de mediados de los años setenta. El deterioro de la economía de este país tiene su génesis a partir del 24 de Marzo de 1976. Las autoridades que tomaron el poder y el rumbo del país mediante el terrorismo de estado, lograron hacer un giro radical de 360º a la política económica que se venia ejecutando, ese era el modelo de industrialización. El nuevo modelo impuesto por los dictadores, hacia hincapié en la destrucción de la industria interna y le daba prioridad a la importación de productos y a la apertura económica global. Así de esta manera comienza otro genocidio, el genocidio a la infancia, que acompaña a los ya conocidos y que todavía esta presente en la actualidad. No poder ser niños. Esa es la peor consecuencia que padecen los que se ven obligados a trabajar, cuando en realidad deberían estar jugando, descansando, pasando tiempo con sus familias o yendo a la escuela.
Mediante este trabajo vamos a comprobar, si el proceso de destrucción del la industria, producto de un plan equivoco de economía, fue la semilla madre, que causo la desocupación, y producto de ello, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, dejando como rehenes indefensos a la infancia de las clases sociales mas bajas.
Es el estado mediante sus políticas históricas responsable de este genocidio o nosotros, como sociedad, estamos tan ausentes como el estado y tenemos falta de compromiso a esta problemática.
La presencia de chicos que viven en las calles parece causar indiferencia en varios sectores de la sociedad, donde la situación pasó a formar parte del aspecto cotidiano.




MARCO TEORICO:




Con respecto a la Vulnerabilidad de la Infancia, debemos destacar conceptos sociales y económicos dentro de nuestro país.
Los conceptos mencionados, están estrechamente ligados, y su génesis la situaremos en el año 1976, de la mano del Plan Económico de Martinez de Hoz, basado en la apertura económica, con consecuencias nefastas a la industria nacional; la deuda externa y las elevadas tasa, que hacían imposible el acceso a un crédito para una vivienda, incrementando así, los asentamientos de villas miserias. Teniendo en cuenta que los menores son los individuos más indefensos de la sociedad, todas las causas de las desiciones políticas y económicas de la Nación, golpean sobre ellos sin compasión.
Mas adelante en el tiempo, en los años 90, se continuo con el modelo neoliberal, que profundizo dicha política económica.
Las elevadas tasa de intereses, hacían inaxecibles la adquisición de viviendas, entonces muchas familias comenzaron a improvisar viviendas (villas, asentamientos precarios, ocupación de casas, infraviviendas, etc.)
A medida que la deuda externa se incrementaba, crecía al mismo ritmo el desempleo, sumado a la apertura económica, que destruyo la industria nacional progresivamente, las familias de estos niños, por problemas externos, no cumple la función de contención familiar.
Hoy son chicos que se vieron obligados a cambiar libros y juguetes por malabares y estampitas. Algunos, incluso, son producto de terceras generaciones que cargaron los ingresos familiares en las manos de sus hijos menores dejándolos sin herramientas para construir un futuro digno.
En Morón existe un plan social para personas en situación de calle, la Municipalidad habilitó salas en el edificio de Acción Social municipal para que las personas sin techo puedan pasar la noche. Además se anunciaron programas destinados a combatir la ola polar. La secretaria de Salud de la Municipalidad de Morón, Delia Sanlungo, se refirió a las medidas implementadas en relación a las personas en situación de calle de ese distrito: “Es una problemática que siempre la tratamos desde Acción Social y Salud, a lo largo de todo el año”, dijo. Además, la funcionaria agregó: “Tenemos un programa denominado Chicos por Menos Calle en articulación con la provincia, donde trabajan operadores sociales con los menores que viven en la estación de Morón principalmente”. Asimismo, Sanlungo explicó que “estamos trabajando con algunas personas para resolver la situación alimentaria, cuestiones sanitarias y el otorgamiento de DNI a personas que se encuentren en las calles de Morón”. En cuanto a la situación desatada a raíz de la ola de frío, mencionó que se implementó “un operativo con Acción Social, el Same y Defensa Civil, hacemos recorridos por donde los vecinos nos informan que hay gente en situación de calle; se acercan frazadas, ropa, algo caliente para comer”. También “dispusimos un lugar donde la gente pueda dormir en un edificio de Acción Social”.
Desde el punto de vista Nacional, un millón y medio de chicos de 5 a 17 años realizan actividades económicas o labores domésticas en la Argentina, obligados a contribuir con el sustento familiar. Esto no sólo los priva de disfrutar de ser niños sino que además compromete su educación, su salud y su futuro.
En nuestro país, los niños que trabajan participan de casi todo tipo de trabajo: agricultura, industria, minería, construcción, trabajo doméstico, comercio, servicios, explotación sexual y comercio de droga. En los sectores urbanos, los niños realizan tareas en pequeños comercios -camareros, ayudantes de cocina, reparto de alimentos a domicilio, meseros, limpieza de locales- y en la vía pública -reparto de volantes en la calle, venta de artículos, cuidado de autos en playones, limpieza de calzado y mendicidad, entre otros-. El estar en la calle los expone a amenazas como la oferta y producción de pornografía, la explotación sexual y el tráfico de estupefacientes. Qué linda la nena como cuida a sus hermanitos", "mejor que esté cartoneando que vagueando en la calle", "trabajar de chico lo ayuda a estar mejor preparado para el futuro". Son frases que se escuchan y pasan desapercibidas todos los días, pero para algunos especialistas constituyen el cimiento cultural sobre el cual se erige el trabajo infantil en la Argentina.
Justamente estos mitos, que valoran como positiva la incorporación de los niños al mundo laboral, son los que según estas voces hacen que esta problemática sea tan difícil de erradicar, puertas adentro en el ámbito familiar y puertas afuera en la percepción social. Sin embargo, existe otra corriente de pensadores que sostienen que en contextos específicos y bajo determinados cuidados, el trabajo infantil es aceptable, y hasta puede ser beneficioso para el chico y su grupo familiar.
¿Será casual que la Argentina ostente el triste record de poseer al mismo tiempo la legislación más antigua y atrasada de la región para los menores de 16 años (la ley Agote de 1919), la institucionalidad más inútil y perversa (un Consejo Nacional del Menor que gasta más del 80 por ciento de su presupuesto en Buenos Aires, la provincia más rica del país) y el sistema más brutal de América Latina para los menores de 18 y mayores de 16 (único país de la región con sentencias de reclusión perpetua a menores de edad)?
"Los escenarios posibles no tienen que ser trabajo infantil o droga, trabajo infantil o situación de calle, trabajo infantil o desnutrición. Lo que se naturalizó es la falta de igualdad de oportunidades para todos los chicos. Romper con esta injusticia en temas de educación, salud y recreación es lo más complicado, y por eso es fundamental un abordaje integral de la temática", sostiene Pilar Rey Méndez, presidenta de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti).
No son cientos ni miles, sino que constituyen una masa de 1,5 millones de niños y adolescentes entre 5 y 17 años, que según el informe 2010 del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) realizan algún tipo de trabajo. Este relevamiento se realiza en grandes centros urbanos de la Argentina y en este caso se basa en entrevistas a 6400 niños y adolescentes hasta 17 años. "Como no tenemos cifras poblacionales renovadas sacamos estimaciones en función de los datos de 2001 haciendo una proyección directa de esta muestra urbana al total país. Siendo el tema trabajo infantil podemos trabajar sobre la conjetura de que en las zonas rurales la propensión al trabajo es mayor", dice Lanina Tuñón, coordinadora del estudio. Estas nuevas cifras encienden la alarma sobre esta realidad que condena a casi 621.000 niños a realizar trabajo doméstico intensivo (esto quiere decir que tienen bajo su responsabilidad todas las tareas del hogar), a 783.000 a realizar tareas económicas (venta ambulante, ayuda en un comercio y mendicidad, entre otras) y a 126.000 a estar sometidos a ambos tipos de trabajo.
"No reniego de los datos cuantitativos y a nosotros nos sería muy útil tenerlos a nivel nacional porque estamos convencidos de que se redujo el trabajo infantil en los últimos años, y no lo podemos respaldar con cifras. Los estudios que se hacen sobre la base de cruces de datos nos parecen poco serios", sostiene Rey Méndez, haciendo un mea culpa de la ausencia de cifras oficiales actuales en este tema. De hecho, el último relevamiento nacional -la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes- data de 2004 e indicaba que eran 750.000 los chicos de 5 a 17 años que estaban en situación de trabajo infantil. Sobre la base de estimaciones del porcentaje de chicos que hacían tareas de trabajo doméstico, ese número se redondeó en 1,5 millones, la misma cifra que hoy arroja el estudio de la UCA.


¿Esto quiere decir que la situación del trabajo infantil en la Argentina no se modificó en los últimos siete años? "No sabemos si actualmente son más los chicos que trabajan, pero sí que son más los que están en riesgo de trabajar, esto quiere decir que alguna vez trabajaron o que son posibles candidatos a hacerlo por primera vez. Esto se da por un deterioro general de las familias en el territorio, porque padecen situaciones de pobreza, maltrato, abuso, adicción a las drogas, falta de trabajo de sus padres y violencia. Son chicos que en general tienen padres con empleos en negro, en situaciones precarias, muchos de los cuales también pasaron su infancia trabajando", sostiene Soledad Gómez, responsable del Programa de Inclusión Social de la Asociación Conciencia.

La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CIDN) establece, en su artículo 32, que todos los niños tienen derecho a "estar protegidos contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social".
Este instrumento jurídico fue ratificado por la Argentina por la ley N° 23849 y tiene el mayor rango legal, desde que en 1994 la Argentina la incorporó a su Constitución Nacional en el inciso 22 del artículo 75.
En cuanto a la legislación nacional, la ley 26390 de prohibición del trabajo infantil y protección del trabajo adolescente fue promulgada en 2008. Su principal modificación es elevar la edad mínima de admisión al empleo a 16 años, prohibiendo su actividad laboral en todas sus formas, exista o no relación de empleo contractual, y sea éste remunerado o no.

En relación a la protección del trabajo adolescente, establece que no podrán realizar jornadas mayores a 8 horas diarias, que no podrán realizar trabajo nocturno, que tendrán descanso al mediodía y un mínimo de 15 días de vacaciones anuales pagas.
Más allá de la letra, lo cierto es que en un contexto económico en el que según cifras de SEL Consultores el desempleo se encuentra en el orden del 7% y el trabajo informal en el 34,1%, muchos de los hogares donde los ingresos no son suficientes ven como posible solución que los niños contribuyan con su aporte al sostenimiento del hogar. "En los sectores más postergados podemos decir que la situación de la infancia no mejoró. Porque más allá de algunas mejoras a nivel social son poblaciones muy dañadas, que necesitan de muchas generaciones para poder reconstruirse. Lo que sí notamos es que, lamentablemente, cada vez empiezan a trabajar desde más pequeños. Hace poco tuvimos que ingresar a chicos que tenían 5 años y cuidaban a los hermanitos", dice preocupada Marcela de la Fuente, coordinadora del Programa Proniño de la parroquia de Nuestra Señora de Itatí, en Virreyes oeste, provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, desde la Conaeti aseveran que la Asignación Universal por Hijo (AUH) ha sido una herramienta eficaz en la reducción del trabajo infantil. Actualmente la medida alcanza a más de 3,5 millones de niños y adolescentes en casi 1,9 millones de hogares, que en promedio reciben 415 pesos por mes cada uno.
Mientras tanto ellos están por todas partes. Vendiendo artículos en el subte, limpiando vidrios y haciendo malabares en los semáforos, lustrando zapatos en las esquinas, cartoneando por las noches, ayudando en las cosechas, trabajando en talleres textiles o cuidando a sus hermanos menores y ocupándose de las tareas del hogar. Y si bien una parte de la sociedad ha tomado conciencia de su flagelo, a la hora de actuar queda superada por la impotencia de no saber qué hacer para devolverle la niñez a estos chicos atrapados por el fantasma de la subsistencia cotidiana y la precariedad de recursos.
Son chicos que se vieron obligados a cambiar libros y juguetes por malabares y estampitas. Algunos, incluso, son producto de terceras generaciones que cargaron los ingresos familiares en las manos de sus hijos menores dejándolos sin herramientas para construir un futuro digno.

En nuestro país, los niños que trabajan participan de casi todo tipo de trabajo: agricultura, industria, minería, construcción, trabajo doméstico, comercio, servicios, explotación sexual y comercio de droga. En los sectores urbanos, los niños realizan tareas en pequeños comercios -camareros, ayudantes de cocina, reparto de alimentos a domicilio, meseros, limpieza de locales- y en la vía pública -reparto de volantes en la calle, venta de artículos, cuidado de autos en playones, limpieza de calzado y mendicidad, entre otros-. El estar en la calle los expone a amenazas como la oferta y producción de pornografía, la explotación sexual y el tráfico de estupefacientes.
De la falta de contención familiar, a ser un menor en situación de calle, hay un solo paso. Pero no solo la familia es la institución madre. Ella esta dentro de otra institución, madre por excelencia: el Estado, como contenedor social, se presenta ausente, sencillamente porque el Estado también, entre otras, cumple la función de contención. Las soluciones de política social implementadas estas últimas décadas, a nuestro parecer, no hicieron más que ser funcionales al sistema, con el plus de haber instaurado el clientelismo político, situación que es una forma de exclusión, porque no solamente le da una ayuda provisoria, sino que además, no les permite progresar. No nos oponemos a las ayudas sociales implementadas, sino rechazamos la manipulación política que gira en torno a estas.

El concepto del sociólogo A. Giddens, define bien esta situación:
dijo:“Las reglas a partir de las cuales se define la desviación y los contextos en
los que se aplican, están diseñado por los ricos para los pobres, por los hombres para las mujeres, por los mayores para los jóvenes y las mayorías étnicas para las minorías”[/quote]

Por las falencias de estas instituciones, anteriormente mencionadas, entran en escena recursos de contención externa, como los hogares de niños, que a su manera, tratan de llenar el vació de estos niños, vulnerados por las familias, por el estado, por la economía y por nuestra sociedad.
Tambien llegan aquí, niños judicializados, aquellos que rehenes de la justicia ciega y lenta, esperan la sentencia de su destino. Seguramente muchos simpatizantes del capitalismo mas conservador, quisieran menos hogares y mas carceles, desde esa posición creemos que esta situación de los menores es funcional a su ideología.
Los hogares de niños cumplen con varias funciones. Son los encargados de estar con los niños en la etapa más fundamental de la vida, que es la infancia. Los acompañan en el ciclo lectivo, alentando la no deserción, situación carente de control por parte de las autirodades.
Además, son el modelo de sociedad, ese modelo que ellos, cuando pasen a ser ciudanos mayores, aplicaran los valores aprendidos.
Y las mas importante de todas las funciones que cumplen estos hogares, es la de brindarle al niño vulnerado, es algo muy natural y simple, ser un niño…
Los hogares evitan que los niños caigan en los males de la calle, adultos que puedan lucrar con su mano de obra, drogas y prostitucion, entre otros males que se pueden encontrar esa jungla de cemento…(con respeto a los animales) que a diferencia de los hombres, el animal no piensa.






Distorsionar una infancia es responsabilidad de todos.



Si un niño vive criticado.
Aprenderá a condenar
Si un niño vive con hostilidad.
Aprenderá a pelear.
Si un niño vive avergonzado
Aprenderá asentirse culpable.
Si un niño vive alabado
Aprenderá a apreciar.
Si un niño vive con honradez
Aprenderá a ser justo.
Si un niño vive con seguridad
Aprenderá que es fe.
Si un niño vive con aprobación
Aprenderá a quererse a si mismo.
Si un niño vive con cariño y amistad
Aprenderá a encontrar amor en el mundo.
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