InicioParanormalCreepypasta N°7 El Tulpa (Continuacion)

Creepypasta N°7 El Tulpa (Continuacion)

Paranormal1/3/2014
Desperté de mi desmayo de nuevo en el cuarto, atado a la cama, con la música estruendosa en mis oídos y mi doppelganger parado sobre mí, cacareando. Ya no se veía como un ser humano, sus facciones estaban torcidas y sus ojos estaban hundidos en sus cuencas, como los de un cadáver. Era mucho más alto que yo, pero encorvado, sus manos estaban retorcidas y las uñas parecían garras. Yo estaba, en pocas palabras, cagándome de miedo. Traté de alejarlo, pero no podía concentrarme. Él se rió y golpeó ligeramente la intravenosa en mi brazo. Traté de liberarme de las correas, pero estas no se movieron.

“Creo que te están bombeando mercancía de la buena. ¿Cómo está tu cabeza? ¿Toda revuelta?” Se acercaba a mí mientras hablaba. Sentí náuseas, su aliento olía a carne podrida. Traté de concentrarme, pero no pude desvanecerlo.

Las siguientes semanas fueron terribles. De vez en cuando, un doctor venía y me inyectaba o me obligaba a tomar píldoras. Me mantenían mareado y desenfocado, e incluso me dejaban alucinando. Mi doble seguía presente, burlándose constantemente, interactuando con, o quizá causando mis alucinaciones. Soñaba que mi madre estaba allí, regañándome, y luego el tulpa le cortaba cuello y su sangre me bañaba. Era tan real que podía saborearla.

Los doctores nunca hablaron conmigo. Les rogué, grité, lancé indirectas, hice preguntas. Nunca me respondieron. Quizás habían hablado con mi tulpa, mi monstruo personal, no estaba seguro pues estaba tan drogado y confundido que podía haber sido tan sólo otra ilusión, pero recuerdo haber hablado con ellos. Me empecé a convencer de que él era el real y yo la copia. Él me lo repetía a veces y otras sólo se burlaba de mí.

Otra cosa que deseaba con todas mis fuerzas que fuera tan sólo una alucinación era que él podía tocarme. Más que eso, podía lastimarme. Me picaba con el dedo y me pellizcaba si sentía que no le prestaba suficiente atención. Una vez apretó mis testículos y los apachurró hasta que le dije que lo amaba. En otra ocasión, rasgó mi antebrazo con sus garras, aún tengo la cicatriz. Casi todos los días me convenzo de que me lastimé a mí mismo y que sólo aluciné con que él era el responsable… casi todos.

Unos días después, mientras me contaba una historia acerca de cómo iba a descuartizar a todos mis seres queridos, empezando por mi hermana, cuando se detuvo bruscamente. Una mirada quejumbrosa cruzó su rostro y tocó mi cabeza con la mano, como mi madre lo hacía cuando tenía fiebre. Se quedó quieto un instante y luego sonrió. “Todos los pensamientos son creativos” me dijo, y salió por la puerta.

Tres horas más tarde, me pusieron una inyección y me desmayé. Desperté sin las correas, temblando, llegué a la puerta y la encontré abierta. Caminé hacia el pasillo vacío y luego corrí. Tropecé más de una vez, pero logré bajar las escaleras y salir al estacionamiento del edificio. Allí me colapsé, llorando como un niño. Debía seguir mi camino, pero simplemente no podía hacerlo.

Eventualmente llegué a casa, aunque no recuerdo cómo. Cerré la puerta y empujé un ropero contra ella, tomé una larga ducha y dormí por un día y medio. Nadie vino a buscarme en la noche ni al día siguiente, o el siguiente. Había terminado y pasé una semana encerrado en esa habitación, aunque me pareció un siglo. Me había aislado tanto de mi vida anterior al tulpa que nadie notó que me había ido.

La policía no encontró nada. El centro de investigación estaba vacío cuando lo registraron, el papeleo no tenía sentido y los nombres eran seudónimos. Incluso el dinero que recibía era aparentemente irrastreable.

Me recuperé tanto como pude. No salgo mucho de mi casa y tengo ataques de pánico cuando lo hago. Lloro mucho, pero no duermo mucho y mis pesadillas son terribles. ‘Se terminó’ me digo a diario… y sobreviví, uso la concentración que esos bastardos me enseñaron para convencerme. Y funciona… a veces. Pero creo que hoy no. Hace tres días recibí una llamada de mi madre, había ocurrido una tragedia. Mi hermana había sido la última víctima de una serie de asesinatos, según la policía. El responsable atacaba a sus víctimas y luego las destazaba.

El funeral fue esta tarde. Supongo que fue un servicio tan adorable como puede serlo un funeral. Creo que estaba un poco distraído, pues todo lo que podía escuchar era música viniendo de un lugar distante. Era disonante y terrorífica, que sonaba como vibraciones y gritos… y un módem conectándose. Aún la sigo escuchando, ahora un poco más fuerte.
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