InicioApuntes Y MonografiasLa escalera de jacob. Cuentos de un motoquero errante.

La escalera de jacob. Cuentos de un motoquero errante.

Lunes media mañana.


El otoño comienza a golpear las calles y un frío novedoso se extiende por la ciudad, nada grave, es que los primeros fríos siempre parecen ser algo mas fuertes. Hasta que se acomoda el esqueleto.

Lo cierto, es que temprano a la mañana tenía algo de trabajo, alguna cosita a domicilio para arreglar. Y allí me fui.
La ciudad se comenzaba a sacar las pulgas de un lunes a la mañana. Y las hormigas recien se suben a sus autos.
Las miradas vacías y descansadas, de aquellos que esperan los colectivos me resultaban simpáticas, claro es lunes por la mañana y el humor fresco siempre ayuda.
Como les contaba un frío punzante vigoroso comenzaba a asomar, preludio de un clima que cambia.
Viajé manso y tranquilo, escapando a las primeras bocinas que indefectiblemente comenzarían a aullar en un rato.
Cabrera y Gascón.
En dos patadas y sin las clásicas complicaciones arreglé un auto, y como andaba con algo de tiempo aún, crucé la calle hacia una falsa placita situada en la esquina y me bajé para fumarme un cigarro tranquilo t a tomarme un cafe de dudoso y turbio origen .
La falsa plaza, era un especie de invento sin sentido.
Enrejada, como una mazmorra y casi sin pasto. Bancos y mesas de cemente gris, con resabios de una pintura ya inexistente. Algo de pasto despelucado aquí y allá. Un lugar sucio y desprolijo. Varias botellas e cerveza rotas en el piso y bolsas de basura diseminadas con absoluta eficacia y precisión.
Iba a entrar pero cuando divisé a los campistas durmiendo en los costados, les confieso que me intimidé.
No soy un tipo temeroso, es más rastrillo la ciudad con la inconciencia del tipo que se cree invulnerable y esa estampa me trajo a casa siempre a salvo, aunque a veces algo tarde y magullado.
Es una cuestión de actitud.
Tampoco soy un valiente de esos que se ven en las películas, soy un tipo común con algo de calle, varias peleas perdidas y algunas ganadas. Camino con soltura en la oscuridad en una ciudad traicionera. como si fuese mi hábitat natural.
Pero volviendo a la falsa plaza.
El lugar parecía un campamento de la O:N:U, esos lugares que vemos en películas, o documentales.
A lo largo ya ancho del lugar, la gente, tapada como sea, dormía arrinconada. Tapados con cartones, mantas sucias y viejas trapos y demás pertrechos.
Peregrinos de la noche, nómades del día.
Ahí nomás y gracias a un oportuno cafetero, estacioné en la puerta. Donde el mundo parece cambiar de fase.

Recuerdo haber pasado la cuarta parte de mi vida buscando maestros. Otro tanto buscando un camino. Y otro tanto a tientas.
Lo cierto es que estudié varios años, fiel a mi origen, en una Ieshiva (centro de estudios bíblicos de judíos ortodoxos) , otros tanto en un centro budista en el barrio de Flores y junto a un curita amigo, en interminables mesas de un bar viejo, como los de antes.
De todos, tengo lo mejor, pero soy un hueso duro de roer y tengo mas preguntas que respuestas.
Reconozco que siento admiración por aquellos que inquebrantables siguen convencidos su fe. Los veo en paz, cada sábado o domingo por la mañana los veo tranquilos en cada meditación y siento un sutil escalofrío. Una envidia exquisita.
Lo único que puedo afirmar sin temor a errar fiero, es que todos coinciden con lo mismo.
Dios, se expresa en los sueños. Y es ahí donde le hablamos y nos habla.
Pero, que soñaban aquellos refugiados de la falsa plaza, abrigados por el primer frío?.


Una mujer arrinconada, seguro soñaba con sus hijos, con aquellos pequeñines que andarían rodando tras las vías de un tren, envueltos en humo y pastillas. Soñaba que los volvería a ver y que eran felices, y que rodeando una gran mesa llena de felicidad habría un hombre que regresaría a casa cansado de su trabajo pero pleno y orgulloso. Que la falsa plaza, era una pesadilla y que en realidad estaba tomando una siesta calida, en el pórtico de su casa, humilde pero noble. Con vecinos charlatanes pero leales, con un perro cuzco perezoso y guardián.
Seguro soñaba eso, me pareció verla sonreír levemente.


El flaco de la punta seguro soñaba con sus épocas de boxeador amateur, cuando los rivales pegaban dóciles y la señora fortuna le auguraba un campeonato nacional y luego sudamericano, para pegar el salto al titulo mundial. Las mujeres que en multitud se acercaban a su masa en el baile de su pueblo, al que volvería triunfante a vengar a los suyos. Que ese coche ultimo modelo dormía placido en su cochera junto a sus trofeos y a su museo de fotos con presidentes, actrices, futbolistas y modelos. Que se retiraba campeón y era actor, y que su nombre era conocido, tanto que firmaba distinto para pasar de incógnito en la multitud que lo aclamaba donde iba. Era famoso, importante, intocable, era un faro para los suyos y era “El Campeón”.
Me pareció verlo tirar un par de piñas al aire.

Aquel, de rulos barrosos y pinchudos, soñaba casi con seguridad, con la quietud de su pueblo. Con ese atardecer eterno entre mates y medialunas guitarreando con amigos. Soñaba con el regreso tarde al rancho, embriagado barato, pero feliz, mientras el patso verde crujía con el rocío matinal. Con la Teresita, esa chica que había sido suya toda la vida y que le preparaba las empanada mas jugosas y picantes que jamás había probado. Soñaba con la muchacha inalcanzable, la hija del patrón, que todas las noches lo sonrojaba mientras se subía a la camioneta salvaje y lustrada. Con lo pájaros revoloteando sin parar, picoteando algo de maíz, o alguna lombriz furtiva. Su sueño, era el de las eternas salidas de pesca a ese riacho medio seco pero abundante. Soñaba y veía a “Pochoclo” el viejo alazán, compañero infinito de las aventuras.
Él también sonreía disimulado y entre sueños y hasta parecía oler la hierba.




El pibe del fondo de unos veinte años en la cara y trece en el documento, soñaba con la “Bombonera”. Era el diez de Boca, el diez de la gente. Seguramente, murmuraba en sueños
Que regresaba a la villa y sus amigos de toda la vida lo aplaudían, lo vitoreaban y lo llevaban en andas a la puerta de su casa, y allí su mamá lo esperaba con el puchero y comía, él y sus nueve hermanos inclusive aquel que iba por mal camino. Y todos lo besaban y todos lo mimaban. y hasta Susana Gimenez lo llamaba para su programa. Y él, era el centro, y su mamá, mirando la foto del viejo decía entre lágrimas. “- Viste Cacho , el nene llegó, el nene va a la selección” .
Les juro que me pareció verlo patear entre las mantas



Al igual que la nena, aquella minima en el fondo. Invisible.
Seguro se veía en el colegio, con sus amigas del barrio, y jugaba en el patio del cole. Y corría con el viento en la cara, escapando de los nenes, que en verano le tiraban bombitas de colores. Y se metía en una calesita hermosa, gigante y colorida; y a hasta ganaba la sortija. Pero no la cambiaba por otra vuelta, se la daba al dueño de la calesita y él le regalaba un chupetín y dos caramelos, y ella se metía todo junto e la boca. Y la mamá le compraba una Coca enorme y ella de tanto reírse, la escupía por la nariz. Soñaba que estaba otra vez en la escuela y que su maestra le enseñaba y ella leía un cuento de princesas una y otra vez, y juraba que sería ella misma, una princesa, con hadas, unicornios, y brujas malas.Y, en el sueño había burbujas y hasta un arcoirs gigante. Soñaba con el príncipe, ese el de la tele, que la iba a rescatar, que era alto, rubio y de los ojos color mar, los mas lindos que había visto, y se querían por siempre.
A ella no la vi sonreír, yo estaba lejos, pero estoy seguro que no sonreía.
Parecían risas …pero solo tiritaba.

Permanecí un tiempo corto terminando el cigarrillo y el café.
Recordé,pensé en la escalera de Jacob, en el patriarca en el desierto durmiendo placido sobre una roca y soñando con Ángeles que suben y bajan; y dios ahí tan distante y tan cerca, a tan solo un ángel de distancia.


Un dios solitario muy solitario, solo al alcance de nuestros sueños.

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