Lo mataron a Víctor Jara porque cantaba, porque pensaba, porque luchaba.
¿Qué vieron en Víctor Jara aquellos fascistas que, en el mes de setiembre de 1973, en el Estadio Chile, decidieron torturarlo de manera salvaje y luego asesinarlo?
¿Qué quisieron destruir con su muerte? No estaban tan sólo vengándose de un chileno que defendia a su gobierno legítimo. No estaban tan sólo vengándose de un comunista.
En este hombre que ya había sido tomado prisionero y que continuaba cantando, que continuaba componiendo su música, que seguía pensando, creando y luchando, el fascismo vio a uno de sus terribles enemigos. Víctor Jara estaba simbolizando allí una de las fuerzas más potentes de Chile: la alianza del arte con el pueblo, el compromiso de la cultura con la lucha por la justicia, la unión viva de la imaginación con las masas populares que en el mundo entero se oponen al agresor.
Porque en Chile florecía el 11 de setiembre una auténtica cultura popular. Especialmente los artistas jóvenes supieron continuar con entusiasmo el camino que dejaron abierto Pablo Neruda y Violeta Parra.
Una arte nuevo, revolucionario en todo el sentido, fue tomando cuerpo a medida que las fuerzas democráticas fortalecían su presencia en el país. Y con el Gobierno de Salvador Allende surgió ya en forma decidida todo ese inmenso auge cultural que de mil maneras diferentes enriqueció la vida del pueblo.
Las Brigadas Ramona Parra que hicieron florecer los viejos muros de Chile con sus pinturas combatientes, que fueron aplaudidas en todo el mundo, que viajaron a París a presentar sus obras, que transformaron al joven común y corriente pintor, que trabajaron codo con codo junto a Roberto Matta, José Balmes y tantas otras primeras figuras del arte pictórico contemporáneo.
La voz de Víctor Jara. Las voces de Isabel Parra, de Angel Parra, del Quilapayún, del Temucano, del Inti-Lilimani. Las voces de cientos y miles de conjuntos populares participaban en festivales a lo largo del país e imponían (afirmaban) la nueva canción chilena ante América y ante el mundo. La artesanía, que por vez primera comenzó a viajar por el mundo desde Tacanao y Chiloe hacia la capital y hacia otros países.
Los conjuntos de teatro que florecieron en las poblaciones, en los campos, transformando al trabajador en protagonistas y autor de las obras.
El ballet, la música sinfónica que salieron a pasear por las poblaciones, por los barrios obreros dejando de servir tan sólo a los ricos.
El impulso enorme, gigantesco, que se le da al libro durante el Gobierno Popular. Por primera vez el pueblo pudo comprar en los quioscos de diarios, al precio de una cajetilla de cigarillos, las obras de García Lorca, de Gabriela Mistral, de Neruda, de Carlos Marx, de Lenin, de Chéjov, de Dostoevski, de Mark Twain. Por primera vez los escritores chilenos dejaron de morirse de hambre y sus obras visitaron las casas de sus compatriotas.
Así fue: el país logró realizar esa alianza poderosa entre el pueblo y el arte. Víctor Jara y los demás artistas populares lograron darle vida a la cultura chilena.
Por eso es que la cultura es vista por el fascismo como un enemigo implacable. Todo aquello que exprese la verdad, todo aquello que exprese lo que realmente sienten los chilenos, fue un obstáculo para la Junta Militar. Como al fascismo no le gusta la verdad, porque la verdad quiere decir cambio y quiere decir vida, y quiere decir pueblo, el fascismo se ha dedicado a aplastar las síntomas de la verdad.
Torpe error.
Porque no existe ningún arma capaz de terminar con la imaginación y el espíritu de lucha de un pueblo acostumbrado a la libertad.
Asesinaron a Víctor Jara, pero en Chile circulaban clandestinamente los discos con sus canciones. Cada disco de Víctor Jara es hoy día conservado como una joya en los hogares de los jóvenes chilenos.
El asesinato de Víctor Jara no fue un hecho aislado. El fascismo dejó caer su mano destructora sobre muchos otros representantes del arte y la cultura de Chile.La muerte de Neruda, Premio Nóbel de Literatura y el vandálico saqueo de su casa que se añade al hecho de que su cadáver fue meses más tarde arrojado a una fosa comun; el asesinato bestial del doctor Enrique París, uno de los autores de la Reforma Universitaria, el arresto de tres ministros de educacion del presidente Allende; la “operación limpieza” que borró de los muros de Santiago en pocas horas el trabajo creador e imitado en muchos países; la quema masiva y publica de libros considerados “perniciosos”; el cierre de todos los órganos de prensa antifascista...; todo ello muestra que en esto terreno Pinochet y otros fascistas chilenos se mantenian fieles al modelo más tradicional del fascismo, aquel que imponían Hitler y Mussolini en los peores años de nuestra historia moderna.
¿Qué vieron en Víctor Jara aquellos fascistas que, en el mes de setiembre de 1973, en el Estadio Chile, decidieron torturarlo de manera salvaje y luego asesinarlo?
¿Qué quisieron destruir con su muerte? No estaban tan sólo vengándose de un chileno que defendia a su gobierno legítimo. No estaban tan sólo vengándose de un comunista.
En este hombre que ya había sido tomado prisionero y que continuaba cantando, que continuaba componiendo su música, que seguía pensando, creando y luchando, el fascismo vio a uno de sus terribles enemigos. Víctor Jara estaba simbolizando allí una de las fuerzas más potentes de Chile: la alianza del arte con el pueblo, el compromiso de la cultura con la lucha por la justicia, la unión viva de la imaginación con las masas populares que en el mundo entero se oponen al agresor.
Porque en Chile florecía el 11 de setiembre una auténtica cultura popular. Especialmente los artistas jóvenes supieron continuar con entusiasmo el camino que dejaron abierto Pablo Neruda y Violeta Parra.
Una arte nuevo, revolucionario en todo el sentido, fue tomando cuerpo a medida que las fuerzas democráticas fortalecían su presencia en el país. Y con el Gobierno de Salvador Allende surgió ya en forma decidida todo ese inmenso auge cultural que de mil maneras diferentes enriqueció la vida del pueblo.
Las Brigadas Ramona Parra que hicieron florecer los viejos muros de Chile con sus pinturas combatientes, que fueron aplaudidas en todo el mundo, que viajaron a París a presentar sus obras, que transformaron al joven común y corriente pintor, que trabajaron codo con codo junto a Roberto Matta, José Balmes y tantas otras primeras figuras del arte pictórico contemporáneo.
La voz de Víctor Jara. Las voces de Isabel Parra, de Angel Parra, del Quilapayún, del Temucano, del Inti-Lilimani. Las voces de cientos y miles de conjuntos populares participaban en festivales a lo largo del país e imponían (afirmaban) la nueva canción chilena ante América y ante el mundo. La artesanía, que por vez primera comenzó a viajar por el mundo desde Tacanao y Chiloe hacia la capital y hacia otros países.
Los conjuntos de teatro que florecieron en las poblaciones, en los campos, transformando al trabajador en protagonistas y autor de las obras.
El ballet, la música sinfónica que salieron a pasear por las poblaciones, por los barrios obreros dejando de servir tan sólo a los ricos.
El impulso enorme, gigantesco, que se le da al libro durante el Gobierno Popular. Por primera vez el pueblo pudo comprar en los quioscos de diarios, al precio de una cajetilla de cigarillos, las obras de García Lorca, de Gabriela Mistral, de Neruda, de Carlos Marx, de Lenin, de Chéjov, de Dostoevski, de Mark Twain. Por primera vez los escritores chilenos dejaron de morirse de hambre y sus obras visitaron las casas de sus compatriotas.
Así fue: el país logró realizar esa alianza poderosa entre el pueblo y el arte. Víctor Jara y los demás artistas populares lograron darle vida a la cultura chilena.
Por eso es que la cultura es vista por el fascismo como un enemigo implacable. Todo aquello que exprese la verdad, todo aquello que exprese lo que realmente sienten los chilenos, fue un obstáculo para la Junta Militar. Como al fascismo no le gusta la verdad, porque la verdad quiere decir cambio y quiere decir vida, y quiere decir pueblo, el fascismo se ha dedicado a aplastar las síntomas de la verdad.
Torpe error.
Porque no existe ningún arma capaz de terminar con la imaginación y el espíritu de lucha de un pueblo acostumbrado a la libertad.
Asesinaron a Víctor Jara, pero en Chile circulaban clandestinamente los discos con sus canciones. Cada disco de Víctor Jara es hoy día conservado como una joya en los hogares de los jóvenes chilenos.
El asesinato de Víctor Jara no fue un hecho aislado. El fascismo dejó caer su mano destructora sobre muchos otros representantes del arte y la cultura de Chile.La muerte de Neruda, Premio Nóbel de Literatura y el vandálico saqueo de su casa que se añade al hecho de que su cadáver fue meses más tarde arrojado a una fosa comun; el asesinato bestial del doctor Enrique París, uno de los autores de la Reforma Universitaria, el arresto de tres ministros de educacion del presidente Allende; la “operación limpieza” que borró de los muros de Santiago en pocas horas el trabajo creador e imitado en muchos países; la quema masiva y publica de libros considerados “perniciosos”; el cierre de todos los órganos de prensa antifascista...; todo ello muestra que en esto terreno Pinochet y otros fascistas chilenos se mantenian fieles al modelo más tradicional del fascismo, aquel que imponían Hitler y Mussolini en los peores años de nuestra historia moderna.