"Recomendaciones para comprar un espejo"
de José Cardona-López

Hoy quiero compartir con ustedes este cuento que encontré. Es cortito, pero está muy bueno. Saludos!!!

-Mijo, lo quiero de cuerpo entero y ojalá con marco dorado y como quemado, dorado renacimiento, creo que así le dicen a ese dorado, así se usan ahora los marcos, la talla del marco que sea bien menudita, rococó, sobre todo muy apretada en las puntas, como de pellizcos de modistería, fijate que no tenga manchas natosas, ellas casi siempre se presentan hacia los bordes de la luna y eso indica que no es un espejo fino, el azogue debe estar bien fresco, reciente, es bueno que el espejo no haya visto mucho mundo todavía, lo más hermoso de una luna es su inocencia, su posibilidad de asombro para lo que va a ver, como si fuera un niño, también, el azogue tiene que estar intacto, si ves unas como ampollitas reventadas no te detengás en ése, es como si fuera quincalla de cartón, mirá a otro, el vidrio debe ser bien plano, que si te acomodás a unos diez metros de distancia, tu cuerpo aparezca sin ninguna deformación, es tan feo verse uno como todo hinchado en la cara o en las caderas, como un globo con tumores, un espejo así hace reír y espejo que haga reír es más agorero que el que se rompe, recordá lo que le pasó a Martha Irene, tu prima, terminó debajo de un carro el mismo domingo que estuvo en el teatro Palmeras doblándose a carcajadas en el espejo cóncavo que tienen a la entrada, ahora la pobre anda en silla de ruedas, y la muerte repentina del doctor Medina, como a la hora de haberse reído frente al mismo espejo, así que mucho ojo con lo del vidrio plano, mijo, por mis experiencias, entre más frío es el vidrio, mejor es el espejo, creo que más fino, cuidado te traés uno de ésos que son de aumento, quiero que en él nos veamos tal como somos, entonces para qué serviría, el espejo tiene que reproducirnos tal cual somos, con el mismo tamaño del cuerpo y del semblante, querer ver nuestras carnes más grandes de lo que son es una bobada que no entiendo, y querer verlas más pequeñas es vanidad de estos tiempos, basta con la vanidad venial que nos proporciona el hecho de poder mirarnos en él, por eso te repito que lo quiero de cuerpo entero, también lo quiero biselado, con el bisel bien ancho, más que el ancho de los pulgares tuyos, a ver, mostrame, sí, más ancho que tus pulgares, es tan lindo asomársele despacito a un espejo, como si lo fuéramos a asustar, y verse uno con la cara dividida por el bisel, con dos caras, y no saber uno cuál es la real, ¡ah!, y no te olvidés hacerle la prueba del vaho, mientras más se demore en desaparecer el vaho el espejo es más frío, por tanto de mejor calidad, ojalá consiguieras uno de cristal de roca, ¡claro que ahora están tan escasos!, no importa el precio del que escojás, si no te alcanza la plata venís por más, me llamás desde el almacén y yo te la tengo lista, acordate que la gran virtud de los espejos es reproducirnos a nosotros y al mundo, ésa es también casi que su naturaleza, y algo que nos permita tamaño encanto, por cualquier precio que lo compremos es barato, tomate todo el tiempo que necesités para conseguirlo ...
Ismael sale. Cruzando el zaguán todavía escucha que el espejo no vaya a estar rayado, que te lo lustren bien antes de empacártelo, que lo mirés bien por detrás, que te vengás junto a él en la camioneta del almacén, que no lo dejés solo, que lo atisbés desde distintos sitios, que debés sentirlo muy frío por delante y por detrás ...
En la puerta del almacén, recostado a una jamba, Ismael se acaricia el mentón, golpetea el paladar con la lengua al volver a repetirse las recomendaciones. Frente a cada espejo el primer descarte que hace es el de la prueba del vaho y deja dos. Al del rincón, porque las rosetas del marco le parecen muy finas y bellas, como en cabecera de cama de palacio, le hace todas las otras pruebas. Más de hora y media tarda su cuidadoso examen en la luna.
Cuando quiere voltearse para verificar cómo está la protección del azogue, no puede hacerlo, se siente inmóvil y presa de un frío rígido, metálico, sobre todo en la columna y en cada coyuntura.
Calcula su tiempo desde el de los espejos y deduce que al día siguiente de salir a cumplir con el recado de su madre, ella misma lo colgó en la sala, arriba del piano. Ahora su tiempo es exacto al de las fotografías. Cuando llegan visitas, su mamá siempre interpreta un preludio de Chopin y después llora señalando al espejo, mostrándolo a él. Ella, aún entre lágrimas, lo ve divino, con esa expresión tan teatral: el cuerpo un poco oblicuo, los ojos muy abiertos, la mano derecha a la altura de su barbilla, echada hacia adelante, la izquierda más
abajo y muy abierta. Algunos dicen que quedó como si arremedara a Berta Singerman, otros como si declamara un poema dramático de García Lorca. Los más pocos aseguran que parece como si estuviera asomado por una ventana, viendo pasar una bandada de cuervos en Comala.
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Y ya que estamos con los espejos, les dejo un poco de información, y para terminar, un lindo poema de Borges...Que lo disfruten!!!
Espejos, leyendas y misterios esotéricos
Desde el comienzo de la humanidad todo aquello que reflejase la realidad estaba ligado a lo esotérico y lo oculto. El verse retratado a uno mismo en los espejos de agua significó para los antiguos pobladores de nuestro mundo la imagen de la propia alma. Una vez que se creó el “espejo”, este artefacto de adoración de muchos pasó a ser otro objeto relacionado con fenómenos paranormales y rituales religiosos como paganos.
Muchas culturas creen que esa materia capaz de reflejar lo que ante ella se pone tiene también la capacidad de mostrar u atrapar el alma de quienes ante ella se han colocado. Por ello, a partir de que esta creencia se hizo popular, muchas personas tienen la costumbre de tapar los espejos con un lienzo negro durante un velorio o en las habitaciones de los moribundos.
Además de estas facultades, se les atribuyen otras que entran en el plano mágico. Según citan los antiguos escritos, se los ha usado para adivinar el futuro como si se tratase de oráculos. Los adivinos de siglos pasados sumergían en agua un espejo de plata y según la claridad del reflejo que brindaba era señal si una persona tendría larga vida o una existencia corta y penosa. Según afirman los expertos, las personas con el don de la clarividencia pueden divisar en estos objetos diversas imágenes que les brindan información detallada sobre el futuro.
Sus poderes además trascendieron la barrera de los alquimistas y pasaron a ser parte de las leyendas populares, muchas historias urbanas cuentan de apariciones malignas en los espejos luego de recitar determinadas frases frente a ellos y mostrando algún instrumento en particular. Por ejemplo la leyenda de Verónica, también conocida como Bloody Mary, quien se pare frente al espejo con una tijera abierta en sus manos y recite su nombre 9 veces invocará a su espíritu quien le pedirá que adivine la fecha de su muerte; en caso de fallar, la aparición matará a la persona que la ha invocado en vano.
Para la cultura oriental, por ejemplo, los espejos están dotados de un gran poder místico y son elementos capaces de espantar a los espíritus malignos. También representaban una ofrenda al mundo espiritual y por ello eran colocados en las tumbas imperiales.
Los espejos también son considerados portales que comunican al más allá, o hacia otro mundo similar al nuestro pero donde nada es lo que parece. Muchos son los relatos de personas que afirman haber visto reflejados en ellos a seres que en realidad no estaban allí o a familiares que recién habían fallecido y se presentaban a modo de despedida.
Sea cual fuere la verdad en este caso, las miles de leyendas fantásticas que rondan en torno a estos artefactos capaces de reflejar nuestra realidad al revés de cómo la vemos han traspasado la barrera de los siglos, culturas y creencias, instaurándose en la conciencia popular.

Los Espejos - Jorge Luis Borges
Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos
Sino ante el agua especular que imita
El otro azul en su profundo cielo
Que a veces raya el ilusorio vuelo
Del ave inversa o que un temblor agita
Y ante la superficie silenciosa
Del ébano sutil cuya tersura
Repite como un sueño la blancura
De un vago mármol o una vaga rosa,
Hoy, al cabo de tantos y perplejos
Años de errar bajo la varia luna,
Me pregunto qué azar de la fortuna
Hizo que yo temiera los espejos.
Espejos de metal, enmascarado
Espejo de caoba que en la bruma
De su rojo crepúsculo disfuma
Ese rostro que mira y es mirado,
Infinitos los veo, elementales
Ejecutores de un antiguo pacto,
Multiplicar el mundo como el acto
Generativo, insomnes y fatales.
Prolongan este vano mundo incierto
En su vertiginosa telaraña;
A veces en la tarde los empaña
El hálito de un hombre que no ha muerto.
Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
Paredes de la alcoba hay un espejo,
Ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
Que arma en el alba un sigiloso teatro.
Todo acontece y nada se recuerda
En esos gabinetes cristalinos
Donde, como fantásticos rabinos,
Leemos los libros de derecha a izquierda.
Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
No sintió que era un sueño hasta aquel día
En que un actor mimó su felonía
Con arte silencioso, en un tablado.
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
Que el usual y gastado repertorio
De cada día incluya el ilusorio
Orbe profundo que urden los reflejos.
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
En toda esa inasible arquitectura
Que edifica la luz con la tersura
Del cristal y la sombra con el sueño.
Dios ha creado las noches que se arman
De sueños y las formas del espejo
Para que el hombre sienta que es reflejo
Y vanidad. Por eso nos alarman.
Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos
Sino ante el agua especular que imita
El otro azul en su profundo cielo
Que a veces raya el ilusorio vuelo
Del ave inversa o que un temblor agita
Y ante la superficie silenciosa
Del ébano sutil cuya tersura
Repite como un sueño la blancura
De un vago mármol o una vaga rosa,
Hoy, al cabo de tantos y perplejos
Años de errar bajo la varia luna,
Me pregunto qué azar de la fortuna
Hizo que yo temiera los espejos.
Espejos de metal, enmascarado
Espejo de caoba que en la bruma
De su rojo crepúsculo disfuma
Ese rostro que mira y es mirado,
Infinitos los veo, elementales
Ejecutores de un antiguo pacto,
Multiplicar el mundo como el acto
Generativo, insomnes y fatales.
Prolongan este vano mundo incierto
En su vertiginosa telaraña;
A veces en la tarde los empaña
El hálito de un hombre que no ha muerto.
Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
Paredes de la alcoba hay un espejo,
Ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
Que arma en el alba un sigiloso teatro.
Todo acontece y nada se recuerda
En esos gabinetes cristalinos
Donde, como fantásticos rabinos,
Leemos los libros de derecha a izquierda.
Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
No sintió que era un sueño hasta aquel día
En que un actor mimó su felonía
Con arte silencioso, en un tablado.
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
Que el usual y gastado repertorio
De cada día incluya el ilusorio
Orbe profundo que urden los reflejos.
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
En toda esa inasible arquitectura
Que edifica la luz con la tersura
Del cristal y la sombra con el sueño.
Dios ha creado las noches que se arman
De sueños y las formas del espejo
Para que el hombre sienta que es reflejo
Y vanidad. Por eso nos alarman.

